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Pantallas y primera infancia: el impacto silencioso en el desarrollo

Pantallas y primera infancia: el impacto silencioso en el desarrollo

Las pantallas ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Celulares, tablets, televisores y computadoras están presentes en casi todos los espacios que habitamos y la infancia no es la excepción. Es cada vez más frecuente ver bebés y niños pequeños interactuando con dispositivos desde muy temprana edad, lo que genera una pregunta que hoy atraviesa a muchas familias: ¿cómo influye esta exposición en el desarrollo infantil?

Durante los primeros años de vida, el cerebro atraviesa una etapa de enorme crecimiento. En ese período, cada experiencia cuenta. Jugar, explorar, moverse, escuchar voces, mirar a otras personas y descubrir el mundo a través de los sentidos son actividades fundamentales para desarrollar el lenguaje, la atención, las emociones y las habilidades sociales. Por eso, distintos especialistas advierten que el problema no es la existencia de las pantallas, sino el lugar que ocupan cuando comienzan a reemplazar esas experiencias.

La evidencia científica actual señala que un uso excesivo y sin acompañamiento puede asociarse con dificultades en la atención, el lenguaje, la regulación emocional y la calidad del sueño. Sin embargo, esto no significa que las pantallas sean por sí solas la causa de esos problemas. El desarrollo infantil depende de muchos factores, y la tecnología es solo uno de ellos. La clave está en el equilibrio y en el contexto en el que se utiliza.


Otro aspecto que preocupa a los profesionales es el impacto sobre los vínculos. Los primeros aprendizajes de un niño no ocurren frente a una pantalla, sino en la interacción con otras personas. Una conversación, una sonrisa, un cuento antes de dormir o un juego compartido son experiencias que ningún dispositivo puede reemplazar. Es en esos intercambios donde se construyen el lenguaje, la empatía, la creatividad y la capacidad de relacionarse con los demás.

Al mismo tiempo, este tema invita a mirar la realidad con empatía. Las familias de hoy enfrentan jornadas laborales extensas, múltiples responsabilidades y una tecnología disponible las veinticuatro horas. Por eso, la intención no es culpabilizar a quienes recurren a una pantalla en determinados momentos, sino generar información que permita tomar decisiones más conscientes y encontrar un equilibrio posible.

Las recomendaciones de organismos internacionales y de especialistas coinciden en un punto: no se trata de prohibir la tecnología, sino de acompañar su uso. Priorizar el juego libre, la actividad física, la lectura compartida, las conversaciones y el tiempo en familia sigue siendo una de las mejores maneras de favorecer un desarrollo saludable durante la primera infancia.

En este episodio de Todo es Contenido conversamos sobre este desafío a partir de investigaciones recientes y de entrevistas con una terapeuta ocupacional, una psicopedagoga y una psicóloga, que ayudan a comprender por qué el uso temprano de pantallas se convirtió en uno de los grandes debates de nuestro tiempo. Más que ofrecer respuestas definitivas, la propuesta es abrir una conversación necesaria sobre la infancia que estamos construyendo.

¿Vos qué opinás? ¿Creés que las pantallas ocupan un lugar demasiado importante en la vida de los más chicos? ¿Qué experiencias de tu infancia recordás con más cariño? Te invito a dejar tu comentario y seguir reflexionando juntos, porque entender el mundo digital también implica preguntarnos cómo queremos crecer, educar y vincularnos en él.

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La realidad digerida: algoritmos y sesgos de confirmación

 Como los algoritmos filtran nuestra realidad

Cuando pienso en cómo usamos internet hoy, nos damos cuenta de que no solo producimos y consumimos información, sino que también convivimos con sistemas que deciden por nosotros el qué mostrar y qué esconder. Los algoritmos de Google, Instagram o TikTok ya no son una simple herramienta técnica, sino que funcionan como mediadores culturales. En definitiva, ellos filtran la realidad que habitamos.



Burbujas de filtro irreales

Un artículo de Wired destaca cómo los algoritmos crean "burbujas de filtro", rodeandonos de entornos informativos que refuerzan nuestras creencias y limitan la exposición a perspectivas diversas. Esto causa que muchas veces creamos que lo que estamos leyendo dentro de las redes, o del internet, sea completamente cierto, cerrando nuestro panorama, complaciendo nuestra necesidad de siempre estar en lo correcto.

Un estudio de Facebook publicado en Science revela que los usuarios tienen un impacto significativo en el tono político de su News Feed, diciéndonos a quién seguir y qué contenido consumir. Aunque los algoritmos también juegan un papel, los usuarios “curan” su propio contenido sesgado y limitado. Esto no solo genera comodidad, sino que nos deja vulnerables, ya que estamos viendo solo lo que queremos ver, y eso afecta nuestra manera de pensar, debatir y relacionarnos con otros.

Opinion: ¿Aceptamos los filtros o los discutimos?

Lo que más me preocupa de los algoritmos no es que nos ayuden a encontrar información, sino que lo hacen según reglas que casi nunca vemos y que muchas veces son arbitrarias. Siento que aceptamos demasiado rápido que el “orden” que nos muestran las plataformas es neutral, cuando en realidad refleja decisiones de diseño, intereses comerciales y, a veces, prejuicios que ni notamos. Que ciertos temas aparezcan todo el tiempo en nuestro feed mientras otros directamente desaparecen no es casualidad; es el resultado de fórmulas que buscan atención y clics más que verdad o diversidad. Para mí, esto genera un riesgo cultural, mientras terminamos normalizando ciertos discursos y dejando afuera otros sin darnos cuenta.

En resumen, los algoritmos no son neutrales; son actores políticos y culturales que median la forma en que vemos el mundo. Entenderlos críticamente, apoyándonos en investigaciones y artículos accesibles, es el primer paso para decidir si aceptamos las jerarquías que nos imponen o si buscamos alternativas más transparentes e inclusivas.


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Tu Vida en Línea: entre pantallas, datos y atención. ¿Quiénes somos en la era digital?

Por Lucas Biondi

Que vivimos rodeados de pantallas es un hecho. Todo pasa por ellas la lectura, el trabajo, el descanso y las relaciones. Pero más allá del uso cotidiano, hay una pregunta que cada vez suena más fuerte: ¿cómo nos está cambiando todo esto? Este artículo busca detenernos en esas transformaciones invisibles que la vida digital provoca día a día. 

La ilusión del saber y el ruido de las voces seguras

Internet permitió democratizar la palabra, pero también amplificó la sobreconfianza de los usuarios. El famoso efecto Dunning-Kruger explica cómo, muchas veces, quienes menos saben son los que más seguros hablan. Y en la era digital, eso tiene un micrófono constante. En televisión o redes, vemos ejemplos todos los días, todos somos dueños de la verdad o de nuestra verdad, algunos panelistas opinan con firmeza sobre temas complejos, sin información ni formación suficiente.

En Argentina lo vimos muchas veces. Durante la pandemia, algunos comunicadores promovían tratamientos sin evidencia científica, como el consumo de cloro o dióxido de cloro, poniendo en riesgo la salud pública. En programas deportivos, otros minimizaban la salud mental de los jugadores, reduciendo problemas profundos a frases vacías, por la realidad de estas personas

El punto no es señalar con el dedo, sino entender que la palabra pública tiene peso. Cuando se habla desde un micrófono, se influye, se moldea la opinión y se instala una manera de pensar. La responsabilidad del comunicador, ya sea profesional o no, debería ser la de informar y empatizar, no solo entretener.

Privacidad y vigilancia: los nuevos límites de la libertad

“Si no pagás por el producto, vos sos el producto.” Esa frase, que suena cliché, nunca fue tan real. Hoy nuestros datos son la moneda más valiosa, lo que vemos, compramos, sentimos y compartimos alimenta algoritmos que conocen más de nosotros que nosotros mismos.

Casos como el de Cambridge Analytica, donde millones de perfiles fueron utilizados para manipular elecciones, o las investigaciones sobre TikTok y su posible relación con el gobierno chino, no son solo polémicas tecnológicas: son recordatorios de que vivimos en un sistema de vigilancia permanente.

Como dice Marta Peirano, la vigilancia digital no es un problema individual, sino colectivo. No alcanza con “cuidar tus datos” si el entorno digital entero está diseñado para recolectarlos. A esto se suma lo que planteaba Carissa Véliz durante la pandemia, las apps de seguimiento de COVID recabaron información sensible sin transparencia ni regulación.

En este contexto, la privacidad no es solo un derecho, es una forma de resistencia. Resistir a la idea de que todo debe ser público, medido o compartido.

Atención, estímulo y agotamiento

Pasamos casi 7 horas diarias frente a pantallas, según informes de We Are Social 2024. Y sin darnos cuenta, eso modifica la forma en que pensamos. La lectura tradicional exige pausa, concentración y tiempo. Pero lo digital nos acostumbra a los saltos, casi como una clase de Funcional, pero aca es de un video a otro, de un titular a un tweet, sin hilo conductor. Esa dinámica fragmenta la atención y entrena al cerebro para la inmediatez. 

Lo curioso es que nos volvimos expertos en la “inmersión” digital, pero con contenidos que muchas veces no nutren. Podemos pasar horas mirando reels o historias, pero pocos minutos leyendo algo extenso. Y eso no es casualidad: las plataformas están diseñadas para retenernos, no para enseñarnos.

El autor Nicholas Carr, en Superficiales, plantea que internet no nos vuelve tontos, pero sí más impacientes. El pensamiento profundo nos resulta incómodo, y la dopamina que generan las notificaciones reemplaza la satisfacción de entender algo realmente.

El nuevo yo digital: entre la exposición y la soledad

Sherry Turkle lo explicó mejor que nadie, en internet no mostramos quiénes somos, sino quiénes queremos ser. Las redes nos dan una identidad moldeable, editada, filtrada. Publicamos lo bueno, ocultamos lo demás. Y así, terminamos construyendo una versión idealizada de nosotros mismos que muchas veces nos exige más de lo que nos representa.

La paradoja es que estamos más conectados que nunca, pero más solos también. El antropólogo Robin Dunbar demostró que el cerebro humano solo puede mantener relaciones significativas con unas 150 personas. Sin embargo, hoy seguimos a miles, hablamos con decenas y recordamos pocos. El vínculo digital se volvió fugaz, casi de consumo rápido.

Del pensamiento lineal al pensamiento fragmentado

Antes leíamos de izquierda a derecha, ahora, de arriba hacia abajo. Antes seguíamos una idea, hoy saltamos entre estímulos. Esa transformación no es menor, ya que cambió la manera en que procesamos la información.

Los investigadores llaman a esto el paso del pensamiento “erizo” (profundo y concentrado) al pensamiento “zorro” (rápido y disperso). No necesariamente es algo malo, pero exige adaptarnos. Saber cuándo hace falta velocidad, y cuándo profundidad.

Leer en digital y recordar: una nueva batalla mental

Un estudio de la Universidad de Stavanger (2019) mostró que quienes leen en papel comprenden y recuerdan mejor el contenido que los lectores digitales. No se trata de nostalgia, sino de biología. El papel no interrumpe, no brilla, no notifica. Por eso, leer un libro o un artículo largo hoy es casi un acto de resistencia ante la cultura del scroll infinito.

Tal vez el desafío más grande no sea desconectarnos, sino reaprender a estar presentes. Volver a leer sin apuro, a mirar sin comparar, a informarnos sin ruido. 

La tecnologia ¿Amiga o enemiga?

La tecnología no es el enemigo. Somos nosotros quienes decidimos cómo convivir con ella.

Usarla con conciencia puede potenciar nuestra vida, pero hacerlo en automático, puede drenarla. Quizás la verdadera pregunta no sea “qué nos hace internet”, sino “qué hacemos nosotros con internet”. Porque si todo se mide en clics, reproducciones y seguidores, el mayor acto de libertad puede ser elegir en qué poner la atención.

Si te quedaste pensando en todo esto, te invito a escuchar el episodio del podcast Tu Vida en Línea.

Allí profundizamos desde la voz y la experiencia, con ejemplos, historias y una pregunta que sigue abierta: ¿Quiénes somos cuando nos desconectamos?

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Tu Vida en Línea: Lo que no sabías que compartías

¡Hola a todos! Soy Lucas Biondi y estoy acá para hablarles de algo que, al igual que a mí, espero que les sorprenda cuando empezamos a entenderlo, se trata de la cantidad brutal de datos que entregamos cada día en internet.

Hace poco leí un artículo que me dejó pensando, Google Maps no solo registra por dónde manejás, sino cuánto tiempo te quedás en la panadería o a qué hora llegás a tu trabajo. Y no es solo Google, es Netflix, que ya sabe qué "preferimos" para darnos una mejor experiencia de usuario a maratonear antes que nosotros, o Spotify, que conoce nuestros gustos musicales a la perfección.

Me gustaría que piensen, ¿qué tan privada es realmente nuestra vida digital? Los invito a escuchar el episodio completo de Tu vida en línea, donde desglosamos estos tres puntos clave: el costo real de las apps gratuitas, la funcion de los algoritmos en redes, y esa sensación de que nuestros dispositivos inteligentes nos escuchan hasta cuando cocinamos.

Apps "Gratuitas": El Intercambio Invisible que Hacemos

Empecemos por lo más básico, las aplicaciones que tenemos en el celular. Las descargamos porque son "gratis" ¿pero qué pasa si el verdadero precio es nuestra información? Es como el dicho, si no pagás por el producto, el producto sos vos. Incluso un simple juego, el que sea, registra cada movimiento que hacíamos, que luego se vende. Es una locura cómo esa data se mezcla con otras apps para crear un perfil de consumo hiperdetallado. Y no se trata de paranoia, más del 85% de los usuarios de smartphones usamos apps que registran y recopilan nuestra ubicación o nuestros contactos. Pensando de esta forma, ¿dónde queda la privacidad?

Redes Sociales: Cuando un "Like" Define Tu Vida

El segundo punto son las redes. Cada like, cada scroll que hacés, es como darle un ladrillo a un algoritmo para que construya una casa entera sobre tu personalidad. Y realmente son buenos constructores. Por ejemplo, estudios de The Guardian demostraron que Facebook es capaz de adivinar nuestras preferencias de compra basándose solo en nuestras interacciones. ¿A quién no le pasó que hablás de X producto y al otro día te explota el feed de anuncios de ese modelo? La profesora Carissa Véliz de Oxford afirma que estamos alimentando una "estructura perfecta" de vigilancia porque vendemos nuestros datos sin dudar un segundo, aceptando políticas y cookies sin parar.   

El Hogar Inteligente: ¿Nos Están Escuchando?

Por último, hablemos de esa sensación incómoda que nos ha pasado a todos: ¿nos escuchan? Nuestros dispositivos inteligentes (Alexa, Google Home, Smart TVs, relojes) son como pequeños espías en casa. The Verge afirma en un artículo que estos asistentes pueden registrar sonidos del ambiente incluso cuando no los estamos usando de forma directa. No es raro que después de una charla sobre viajes o recetas, los anuncios en el teléfono parezcan directamente sacados de esa conversación. Y ni hablar de los smartwatches, que tienen un mapa completo de nuestra salud, patrones de sueño y rutina diaria. Cada aparato con WiFi se convierte en un recolector constante de nuestra información. Es una cosa que asombra y preocupa a partes iguales. 

Para Cerrar y Reflexionar

Al final del día, esto no es para que apagues tu celular, sino para que navegues con los ojos bien abiertos. Nuestra vida digital es la moneda de cambio más valiosa que tenemos. Entender cómo funciona este sistema es el primer paso para proteger algo tan esencial como nuestra privacidad.

¡Gracias por acompañarme en este episodio de Tu vida en línea! Soy Lucas Biondi, y nos vemos la semana que viene para conocer más acerca del mundo digital. ¡No te lo pierdas! 

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Un texto fundamentado, no una opinión



Algo que me llamó la atención al leer Superficiales es que Carr no escribe “desde la intuición” o desde una posición pesimista sin pruebas. Él construye su argumento sobre más de 400 estudios. Y eso hace una diferencia enorme. Muchas veces escuchamos frases como “los chicos de ahora son más rápidos porque crecieron con la tecnología” o “somos multitasking por naturaleza”, pero ¿dónde están los datos que lo demuestran? Lo que Carr hace es mostrar que no basta con repetir eslóganes optimistas: si queremos hablar en serio sobre Internet, necesitamos evidencia científica que explique lo que pasa con nuestro cerebro y con nuestra cultura.

Creo que ahí está la clave: no se trata de decir que la tecnología es mala o buena, sino de reconocer que sus efectos son reales, medibles y comprobables. Si queremos discutirle a Carr, no alcanza con entusiasmo o con frases motivacionales; necesitamos estudios que estén a la misma altura. Como futuros comunicadores, esta diferencia entre “opinión” y “argumento fundamentado” me parece esencial.

Merzenich y la plasticidad cerebral

En este punto, uno de los autores que Carr menciona y más llamó mi atención fue Michael Merzenich. Él demuestra algo que parece obvio pero que recién ahora comprendemos en toda su magnitud: el cerebro no es fijo, cambia constantemente con lo que hacemos. La llamada “plasticidad cerebral” significa que cada hábito que repetimos, cada práctica cotidiana, literalmente moldea nuestra mente.

Cuando Carr cita a Merzenich para hablar de Internet, lo que pone en evidencia es que no pasamos por la Red sin que ella nos pase por dentro. Navegar, escanear información, pasar de pestaña en pestaña: todo eso va reforzando circuitos neuronales específicos. El problema no es que Internet no entrene nada, sino que entrena demasiado ciertas capacidades (rapidez, respuesta inmediata, búsqueda superficial) y descuida otras (concentración, reflexión, memoria de largo plazo).

Personalmente, esta idea me incomodó porque me vi reflejada. Paso horas frente a la pantalla y me doy cuenta de que me cuesta más leer un texto largo sin distraerme. Merzenich me hizo entender que no es solo “falta de voluntad”, sino que mi cerebro ya se está cableando de otra forma. Eso me da un poco de miedo, pero también me ayuda a pensar en que todavía podemos equilibrar esos hábitos: darle un espacio a la lectura profunda, a la escritura larga, a la concentración.

La lectura fragmentada: Liu

Otro estudio que Carr trae, y que me pareció relevante, es el de Ziming Liu. Él observó cómo la gente lee en entornos digitales y descubrió que pasamos de la lectura lineal a una lectura fragmentada, casi en “F”: miramos títulos, saltamos párrafos, escaneamos más que nos detenemos.

Lo interesante es que no es que leamos menos, sino que leemos distinto. Estamos entrenados para cazar información rápido, pero no para quedarnos con ella, analizarla o relacionarla con otras ideas. Y cuando pienso en mi experiencia, me pasa exactamente eso: leo muchas cosas por día, pero hay días en lo que tengo tanta saturación que parece que nada me queda del todo. 

Ese estudio de Liu me ayudó a ponerle nombre a una sensación: la atención fragmentada no es solo una costumbre personal, es un fenómeno colectivo, estudiado y comprobado. Y, desde una postura de comunicadora, creo que tenemos que ser conscientes de esto, porque también influye en cómo producimos mensajes.

La pérdida de la lectura profunda: Wolf


Por último, Maryanne Wolf habla de algo importante: la pérdida de la lectura profunda. Wolf advierte que cuando leemos online estamos sacrificando la capacidad de concentración que nos permite entrar en un texto, reflexionar, empatizar con lo que el autor dice. En sus palabras, nos convertimos en “meros descodificadores de información”.

Esta preocupación se refleja también en los hábitos de lectura actuales. Una encuesta de Statista muestra que, en países como España, más del 70 % de los usuarios sigue prefiriendo el formato físico frente al digital. Esto sugiere que, aunque lo digital avanza, todavía existe una valoración fuerte de la lectura en papel, asociada a una experiencia más profunda y concentrada. Este contraste refuerza lo que advierte Wolf: la lectura en papel conserva un valor único, difícil de reemplazar por la experiencia digital.


Esto me hizo pensar en cómo disfruto cuando me siento a leer un libro en papel, sin interrupciones, y cómo ese tipo de experiencia se volvió rara en mi día a día. No es solo un problema de tiempo, es un problema de hábito y de entrenamiento del cerebro. Si no practicamos la lectura profunda, la vamos perdiendo.

Lo que me deja Wolf es una especie de alerta, pero también de motivación. No se trata de renunciar a lo digital, pero sí de cuidar esos espacios que nos permiten pensar de manera más lenta y más humana.


Reflexión final: entre la ciencia y la cultura digital

Lo que más valoro de leer a Carr, a través de estudios como los de Merzenich, Liu o Wolf, es que nos saca de la zona cómoda de las opiniones fáciles. Nos muestra, con evidencia, que Internet cambia nuestro cerebro, nuestra manera de leer y hasta nuestras capacidades cognitivas más profundas.

Esto también me hizo recordar un documental de la BBC que vi hace un tiempo, donde se analizaba si Internet realmente es un “gran nivelador” que abre oportunidades para todos, o si en realidad reproduce viejas formas de concentración y control. Esa tensión creo que es clave: no solo hablamos de cómo la Red impacta en nuestra atención, sino también de cómo unas pocas corporaciones (como Google, Facebook o Amazon) concentran buena parte del tráfico y de la información que consumimos.

Por eso, no alcanza con decir que “Internet es progreso” o que “los jóvenes son multitasking”. Son frases optimistas que suenan bien, pero que no tienen detrás la solidez de cientos de estudios científicos. Carr nos invita a mirar con más cuidado: Internet no es neutra, nos moldea por dentro y, al mismo tiempo, organiza el poder hacia afuera.

Como futura comunicadora, siento que el desafío es doble: por un lado, cuidar mis propios hábitos para no perder la concentración ni la lectura profunda; por otro, analizar críticamente este ecosistema digital que no siempre es el “gran nivelador” que promete. Solo con una mirada fundamentada podemos entender lo que realmente está en juego.


Para seguir leyendo:

Si este tema te despertó preguntas o curiosidad, hay una gran cantidad de materiales que permiten profundizar en lo que aquí apenas rozamos. La riqueza de Superficiales de Nicholas Carr no está solo en sus ideas, sino en la enorme base de estudios y referencias que las sostienen. Por eso, acercarse a las fuentes originales es una forma de dimensionar mejor el debate sobre cómo Internet cambia nuestra mente y nuestra cultura.

También resulta valioso complementar esas lecturas con autores y documentales que exploran los mismos problemas desde otros ángulos: la neurociencia, la educación, la filosofía y la historia de la web. De ese modo, cada uno puede seguir armando su propio mapa de referencias y lecturas críticas, lejos de las simplificaciones que suelen dominar el discurso público sobre lo digital.

Aquí dejo algunas sugerencias para quienes quieran seguir explorando:

1-Nicholas Carr, Superficiales:

Cap. 3, “Volviéndose Googly”: donde explica la plasticidad cerebral con base en los estudios de Michael Merzenich.

Cap. 6, sobre la lectura digital: cita a Ziming Liu y su investigación sobre el “patrón en F” en entornos académicos.

Cap. 4, sobre la lectura profunda: referencia a Maryanne Wolf y la pérdida de la concentración en la lectura extendida.

2-Michael Merzenich: investigaciones sobre neuroplasticidad.

3-Ziming Liu: “Digital Reading and the Fragmentation of Attention” (estudios sobre lectura digital en bibliotecas universitarias).

4-Maryanne Wolf, Proust y el calamar (sobre cómo la lectura transforma el cerebro y qué perdemos en la era digital).

5-Serie documental de la BBC: The Virtual Revolution (episodio 1, “The Great Levelling?): explora si Internet es un espacio de igualdad o una nueva forma de concentración de poder.

6- Statista. “Porcentaje de usuarios de libros en formato físico o electrónico en países seleccionados.” Statista España, gráfico nº 27286, accesado el 11 de septiembre de 2025. Disponible en: https://es.statista.com/grafico/27286/porcentaje-de-usuarios-de-libros-en-formato-fisico-o-electronico-en-paises-seleccionados/


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Internet bajo la lupa: efectos invisibles


Vivimos rodeados de dispositivos e Internet forma parte de nuestra rutina diaria. Estás leyendo este artículo gracias a su conexión, probablemente bajo la creencia de tener control sobre la tecnología. Pero, ¿realmente somos nosotros quienes la controlamos? ¿Cómo nos afecta el ecosistema digital?

Existen muchas formas para lo que la gente utiliza la red. Se convirtió en el medio de comunicación e información preferido, ofreciendo numerosas herramientas, pero a su vez, transformando nuestras hábitos y funciones cognitivas como la atención y la memoria. Curiosamente, el control de este entorno digital esta en manos de grandes compañías trasnacionales extremadamente influyentes: Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

El dilema entre el daño y el beneficio

El cerebro es plástico, por lo tanto, puede cambiar con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Nuestra manera de pensar, percibir y comportarnos se transforma según el modo en que vivimos y las herramientas que utilizamos. Así lo advierte Nicholas Carr, escritor estadounidense, quien expresa su postura critica respecto al impacto de Internet en su libro Superficiales ¿Qué esta haciendo Internet con nuestros cerebros? 

Según Carr (2011) "los malos hábitos pueden arraigar en nuestras neuronas con tanta facilidad como los buenos" (p.25), debido al uso constante y desmedido de Internet concentrarse es más difícil que nunca. Las tecnologías de la distracción están siempre al asecho, listas para interrumpirnos. Desde una notificación en la pantalla hasta simplemente el impulso de revisar, por miedo a perdernos de la inmediatez.

Sacrificamos la calma, la concentración y el pensamiento critico en favor de la urgencia de lo inmediato. Saltamos de una tarea a otra, sin apenas terminar lo que empezamos. Afirma Carr (2011) "esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p.8). Y al final, todo esto termina afectando cómo pensamos, cómo hablamos con los demás y hasta cómo estamos con nosotros mismos. ¿Alguna vez te lo habías preguntado?

Sin embargo, Internet ofrece una gran variedad de herramientas e información que, bien utilizadas, tienen muchos beneficios. En este sentido, Gary Small, neurocientífico y autor de El cerebro digital comparte investigaciones mas bien favorables, aunque advierte sobre los riegos de un uso excesivo. Muestra que el uso moderado estimula áreas del cerebro vinculadas al razonamiento, la creatividad y la toma de decisiones, favorece un aprendizaje mas rápido y puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo provocado por la edad. 

Lectura superficial, pensamiento débil

El declive cognitivo de los nativos digitales es una realidad a la vista. Varias investigaciones demostraron que el aumento del uso de los dispositivos digitales disminuye el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo. Una de ellas: La fábrica de cretinos digitalesun libro del neurocientífico francés Michel Desmurget, quien alerta sobre los riesgos del uso desproporcionado de la tecnología en las nuevas generaciones.  

Lejos de favorecer el desarrollo infantil y académico genera serias consecuencias físicas, emocionales e intelectuales. Se estima que, a este ritmo, antes de cumplir los 18 años los niños habrán acumulado tantas horas frente a las pantallas como si hubieran cursado 30 años escolares o trabajado durante 16 años a jornada completa.  

La exposición creciente a la tecnología, con la inmediatez y la multitarea como cimientos promueve un pensamiento más superficial. Como resultado, la disminución y pérdida de la comprensión lectora se presenta como un panorama preocupante, que desalienta y pone en riesgo el ejercicio del pensamiento crítico. En Argentina, el 46% de los estudiantes de primaria no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, una cifra que debe hacernos reflexionar sobre la influencia de los soportes digitales en los hábitos de lectura. 

¿Qué papel juegan las grandes corporaciones?


Los "gigantes tecnológicos" (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dominan y monitorizan el mercado de las tecnologías de la información. Actualmente, resulta impensable no estar vinculado a alguna de estas corporaciones. Sus servicios son utilizados por miles de millones de personas en todo el mundo, influyendo y moldeando tanto nuestra percepción de la realidad como la información que consumimos. 

Es evidente que las Big Tech están impulsadas, ante todo, por intereses económicos. La monetización de nuestros clics y datos se convirtieron en recursos fundamentales de su modelo de negocio, pero también en herramientas de control y manipulación. De ahí la perdida progresiva de la privacidad: cuanto más interactuamos, más información entregamos, y más expuestos quedamos.

Dirigen sutilmente nuestras conductas, decisiones de consumo y el modo en que administramos nuestro tiempo. Todo está diseñado con un fin y un determinado sentido: los algoritmos y las estrategias de consumo adictivo están pensados para generar dependencia y maximizar el beneficio económico. En este sentido, plataformas como Netflix son un claro ejemplo de agentes que moldean percepciones, promoviendo hábitos de consumo pasivo dirigidos por algoritmos. 


Netflix no sólo entretiene: actúa como medio de comunicación. Con su estrategia elige qué contenido ver, cuándo y cómo, definiendo también qué narrativas sociales se vuelven relevantes. El formato del binge watching favorece a la lógica de consumo que atrapa, succiona y desorienta al espectador. Los contenidos que ofrece Netflix, muchas veces, definen qué temas se vuelven parte del debate social y mediático. 

Recuperar el control: el primer paso es entender el juego 

Saber cómo funciona el "detrás de escena" de Internet es el primer paso hacia un uso más consciente y responsable. Comprender que cada clic, cada búsqueda y cada dato que tienen un valor en este sistema. Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar los modos en que interactuamos con ella. Se trata de volvernos más críticos, más conscientes y con la voluntad de recuperar el control.

Bibliografía:

- Argentinos por la Educación. (s.f) #NoEntiendenLoQueLeen. https://argentinosporlaeducacion.org/quienes-somos/ 

- Cappelotto, L. (30 de abril de 2018). Netflix: ¿Portal de series o medio de comunicación? Cámara Cívica. https://camaracivica.com/netflix-portal-series-medio-de-comunicacion/ 

- Carr, N. (2011). Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

- Conecta Software (3 de febrero de 2024) Big Tech: Los gigantes tecnológicos. https://www.conectasoftware.com/magazine/big-tech-los-gigantes-tecnologicos/ 

- Gómez‑Cotta, C. (2023, 5 de diciembre). Igual de adictivas que el alcohol o el tabaco. Ethic. https://ethic.es/2023/12/plataformas-adictivas-mas-que-alcohol-tabaco/ 

González Pérez, E. (2024, 17 de mayo). El internet y el cerebro. Universidad Intercontinental. https://www.uic.mx/como-afecta-internet-al-cerebro-humano/ 

- Sandoval‑Almazán, R. (2011). Mentes en peligro: El daño de internet en nuestro cerebro. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352011000200010 






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¿SOMOS VULNERABLES POR EL INTERNET Y LA TECNOLOGÍA?



Por Augusto Pomponio Hotton.


En este artículo vamos a ver lo que generó la tecnología en nuestra sociedad actual. Puntos que vamos a tocar, son : Como la tecnología moldea nuestros pensamientos, ¿Es una Herramienta o droga digital? y como podemos frenar esta tormenta de dispositivos.

¿Todavía tenemos pensamientos propios?

Este primer punto es crucial en la actualidad, en el libro Superficiales lo deja en claro con la cita "Los efectos de la tecnología no se dan en el nivel de las opiniones o los conceptos... más bien alteran los patrones de percepción continuamente y sin resistencia" (Carr, 2011, 7)




En un principio nos dice que la tecnología y el contenido que transmite tiene un gran efecto en la sociedad. No solo cambia nuestras opiniones o creencias, sino que altera lo que percibimos. Acá es donde ponemos de ejemplo la plataforma Netflix, que pasó de entretener a ser un difusor de ideologías, donde ellos deciden lo que van a contar y de que manera va a influir en nosotros, obviamente, tratando de moldear nuestras mentes, percepciones y realidades.

¿De que manera lo hacen? Todo lo que opinamos y pensamos alimenta al algoritmo, que después decide qué aparecer en nuestras pantallas. Así, trabajan las platafornas de streaming y las redes sociales, eligen que temas poner y cuales van a quedar afuera. De este modo nos orientan y limitan lo que vemos, moldeando nuestros pensamientos y percepciones. "El uso de cualquier herramienta puede influir en nuestros pensamientos y perspectivas" (Carr, 2011, 32).

Herramienta o droga digital

En la nota de la Cadena Ser, hay una introduccion al libro de Javier Albares, un neurofisiólogo, que denomina el exceso de tecnología como generación zombie. Estas son algunas consecuencias que nos traen los dispositivos, vivir distraidos sin interes de lo que nos rodea. Tambien afirma que el cociente intelectual disminuyó en el 2010 con la llegada de los telefonos inteligentes, en la nota de la BBC dicen que  "Los nativos digitales son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres".

Esto se dice, porque "los nativos digitales", que son aquellos chicos, niños o niñas que crecen rodeados de la actal tecnología, como pantallas, celulares, etc... En la publicación vemos que nos dicen que antes el CI (coeficiente intelectual) crecia de generación en generación, pero que en la actualidad, los nativos son los primeros en tener el CI bajo. Desmurget creador de "La fabrica de cretinos digitales" cuenta esto, pero, con datos duros y muy contundente de como los dispositivos afectan para mal, el desarrollo neuronal de los niños en su etapa de crecimiento.

El exceso de pantalla, nos cambia. En los más chicos hizo que interfirieran en el sueño, en lo emocional y lo más importante, el desarrollo cerebral. Carr, en la mayoría de debates, articulos y entrevistas nos dice que el internet nos impide pensar de manera profunda y calmada, que hoy con tal solo una notificación de un correo que nos llega perdemos información que reteníamos, después, que la tecnologia e internet limita nuestra concentración y que estropea nuestro intelecto.

Ponemos de ejemplo la pérdida de hábitos, en el primer capítulo "Hal y yo" de Superficiales, Carr nos dice que sentía como se rediseñaba su circuito neuronal. Explica que antes leia demasiado, pero con el tiempo, el internet hizo que su concentracion le cueste más o perdiera ese proceso mental. "Ahora mi concentración empieza a disiparse de una pagina o dos. Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar en otras cosas" (Carr, 2011, 8).

En consecuencia, el exceso de internet nos lleva a disminuir nuestro pensamiento crítico y debilitar nuestras habilidades cognitivas.




Una pausa segura

Este apartado lo dejamos para sentir confort de que lo digital no nos arruinará. 
Obviamente, necesitamos un freno a tanta tecnologia. Hoy en día los dispositivos actuales vienen con una app de binestar digital o las redes con una opción para limitar horas dentro de la app. A veces no somos concientes de que estamos tanto tiempo navegando y se nos va de las manos.

¿Que podemos hacer? Es claro que mantener el equilibrio, por eso tenemos que tomar medidas, entre estas son las pausas digitales, es decir, alejarse por completo de las pantallas, asi, podremos descansar. Después. la fomentación de lectura largas y profundas, tal como dice Carr, que fue perdiendo esta habilidad. Esto promueve demasiado nuestra concentración y la interacción social. "En los tranquilos espacios abiertos por la lectura prolongada, sin distracciones, de un libro, la gente hace sus propias asociaciones, saca sus propias inferencias y analogías, desarrolla sus propias ideas. Piensa profundamente porque lee profundamente" (Carr, 2011, 43)


En lugar de ser victimas de la droga digital, podemos ser usuarios conscientes que decidimos cómo y cuando darle espacio en nuestra vida. La tecnología no es el problema, sino como aprendemos a convivir con ella.


Bibliografía:






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Desconectar para conectar, crecer con consciencia tecnológica.

Por Lucas Biondi.

Crecer con la tecnología

El mundo actual puede tornarse abrumador. Para quien les habla, un centennial nacido en 2001, la experiencia fue particular, crecí en un entorno todavía analógico, jugando con cartas, juguetes o inventando historias. No fue hace tanto tiempo, pero hoy esa etapa que llamamos niñez parece vivirse de forma más efímera, rápida y sobreestimulada. 

¿Más estímulos es siempre mejor?

El estímulo, sin duda, puede traer beneficios, creatividad, aprendizaje veloz, acceso a información. Pero también puede generar consecuencias como la pérdida de atención, dependencia o ansiedad. Como dice Nicholas Carr en Superficiales: “La tecnología no es neutra, altera nuestros hábitos mentales y cognitivos. Y lo hace de un modo que parece no tener marcha atrás. 

Generaciones digitales

Hoy hablamos de cinco generaciones marcadas por la tecnología, baby boomers (1946-1964), generación X (1965-1980), millennials (1981-1996), generación Z (1997-2010) y generación Alpha (2011 en adelante). Las dos últimas conviven con Internet desde la infancia y, según un estudio de la Fundacion Fepropaz, pasan en promedio 9 horas diarias frente a dispositivos electrónicos. Ademas "los nativos digitales", son la primera generación que muestran un coeficiente intelectual mas bajo que el de sus padres.

Impacto en la comunicación infantil

Esta sobreestimulación tecnológica ha alterado profundamente el desarrollo de los niños, especialmente en sus capacidades comunicativas. ¿Para qué hablar o comunicarse cuando tienen una pantalla enfrente? Hoy vemos dificultades en la comunicación cara a cara, retrasos en el desarrollo del habla a temprana edad y otros problemas de socialización que se perciben día a día. 

Des-inteligencia

El neurocientífico francés Michel Desmurget, autor de La fábrica de cretinos digitales, advierte que el uso excesivo de dispositivos electrónicos en los niños causa un impacto negativo. Este autor advierte a través de sus estudios, que pasar demasiado tiempo frente a pantallas, ya sea viendo televisión o jugando videojuegos, puede afectar el desarrollo cognitivo, reduciendo habilidades fundamentales como el lenguaje, la concentración, la memoria y la capacidad de análisis. 

Chupete digital

Quizás no se les pueda culpar a los niños por crecer con la tecnología, pero sí a quienes los anteceden por dársela a tan temprana edad. Frente a cualquier gesto de incomodidad se recurre al “chupete digital”, usando dispositivos electrónicos para calmarlos. Esto genera sobreestímulos que impiden que aprendan a regular sus emociones. Como consecuencia, pueden aparecer dificultades para expresar sus sentimientos, incomodidades e inquietudes, afectando su desarrollo emocional y social. 


Conexión o Des-conexión

La sobreexposición a las pantallas no solo afecta a los niños. En la vida cotidiana, en restaurantes, cafés o caminando por la calle, es común ver personas absortas en sus dispositivos, ignorando lo que ocurre a su alrededor. Esta actitud debilita la empatía y la responsabilidad social, mientras la interacción humana se reduce y las relaciones personales se vuelven más superficiales. 


Disociación de la realidad y sobre-conectividad

Esta disociación con el mundo digital fue señalada por Carr: "Cuando estamos online, a menudo nos mostramos ajenos a todo lo que acontece en nuestro entorno." Y es algo que ocurre con frecuencia ¿quién no se ha quedado scrolleando mientras realiza otra actividad, olvidándose de lo que estaba haciendo? Quizás quienes no nacieron con la tecnología no vean afectadas sus capacidades de comunicación, pero sí su concentración. Los sobreestímulos digitales nos dejan casi “hipnotizados” frente a la pantalla, desconectándonos del mundo real.

El remedio para la desconexión

Aunque parezca difícil en un mundo donde casi todo pasa por el teléfono, la desconexión sí es posible. Antes de los smartphones también había vida social, ocio y vínculos que nos enriquecían. Como señala Arriagada (2023), el problema está en la pérdida de control en relación al uso de internet, donde la persona no es capaz de dejar de usarlo, e incluso puede presentar un gran malestar cuando no se encuentra conectado”. Recuperar espacios libres de notificaciones es posible.

¿Como superar la sobreconexíon? 

No se trata de renunciar a la tecnología, porque sería prácticamente excluirnos del mundo, sino de aprender a convivir con ella. Poner límites claros, reservar momentos libres de pantallas y apostar por actividades donde lo digital no intervenga puede marcar la diferencia. La clave está en un uso consciente, disfrutando lo positivo que ofrecen las redes sin quedar atrapados en la rueda infinita de los estímulos.

Re-Humanizarnos 

El gran desafío no es el avance tecnológico, sino cómo decidimos relacionarnos con él. Apostar a la educación digital, enseñar a usar las redes como herramientas y no como cadenas, y rescatar la conexión humana en cada gesto son pasos fundamentales. Como explica Espeitx (2023)“Nos estamos acostumbrando a estar constantemente estimulados, con cosas que nos resultan atractivas”. No es volver atrás, sino integrar y sacar provecho de lo mejor de ambos mundos, lo digital y lo humano. Solo así podemos elegir un ritmo más propio y recuperar la capacidad de estar presentes y conectar de verdad. 


Bibliografía

  • Aragón Noticias / Aragón TV. (s. f.). Objetivo: vivir sin internet. Aragón Noticias. https://www.cartv.es/aragonnoticias/aragon/objetivo-vivir-sin-internet
  • Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (P. Cifuentes, Trad.). Taurus.
  • Clínica Universidad de los Andes. (s. f.). Consejos para superar la adicción a las redes sociales. Clínica Universidad de los Andes. https://www.clinicauandes.cl/noticia/consejos-para-superar-la-adiccion-a-las-redes-sociales
  • Desmurget, M. (2020). La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos (L. Cortés Fernández, Trad.). Península.
  • Fundación Fepropaz. (2023, 20 de marzo). La tecnología y las nuevas generaciones. Fepropaz. https://fepropaz.com/la-tecnologia-y-las-nuevas-generaciones/


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La disputa por los recursos no se hace esperar

 


Introducción

En este articulo haremos referencia a las disputas que se producen entre las potencias por los recursos naturales y su agotamiento, algo que a futuro no hará mas que incrementar estas luchas.

Los recursos mas disputados son: El Agua potable, el petróleo, el acceso a las tierras, y ciertos minerales vitales. No conforme con esto, la lista de recursos demandados se ha ampliado y otros bienes en su mayoría tecnológicos, como por ejemplo los microchips que permiten que nuestros aparatos tecnológicos sigan su curso, pasen a ser objeto de disputa entre las potencias.


La disputa por los recursos y sus actores principales



Como anteriormente expresábamos la lucha entre las potencias se da a causa del inicio de la escases de recursos como Agua potable, petróleo, el acceso a las tierras, y ciertos minerales.

Para citar disputas que se desarrollan en la actualidad en base a los recursos, tenemos el caso del conflicto entre Israel y Palestina, en donde uno de los bienes en disputa es el agua potable y una de las zonas se ve totalmente carenciada en cuanto a su acceso.

En el caso del petróleo contamos también con una lucha bastante actual, ya que hace relativamente poco tiempo se encontró, una reserva de petróleo en las aguas y varios paises se mostraron interesados en hacerse de el.

Si hablamos de la Antártida no podemos dejar pasar que su soberanía podría traer una grave hipótesis de conflicto a futuro, ya que si bien gracias al tratado antártico propuesto el 1 de diciembre de 1959, con la firma de varias naciones, se acordó que la Antártida es un territorio patrimonio de la humanidad, en el año 2048 el pacto pierde su vigencia. Lo que hace que varias naciones desde ahora comiencen a poner sus reclamos sobre la mesa para quedarse con el territorio, lo cual traería un conflicto a nivel mundial.





Con todos los conflictos aquí puestas en escena y con el momento tan complejo que el mundo vive me interesa plantear el siguiente interrogante: ¿Estamos ante una tercera guerra mundial?



¿Estamos ante una tercera guerra mundial?

  


A partir del planteamiento de este interrogante, hay que decir que la temática ha comenzado a tomar mucha fuerza, tanto en las redes sociales como en algunos medios de comunicacion alternativos. Lo cual se produjo no solo por la cantidad de conflictos en el mundo en la actualidad, sino también por los testimonios por parte de los jefes de algunas de las naciones mas importantes del mundo

. Tal como es el caso del primer ministro de Ucrania Dennis Schmihal, cuando expreso que si su pais no recibía la ayuda necesaria en su conflicto con Rusia habría una tercera guerra mundial.



Lo mismo sucedió del otro lado de la brecha con el presidente de Rusia, Vladimir Putin en un contexto conflictivo con parte de Europa, en donde manifestó que si se metían con su pais serian capaz de desatar un infierno nuclear que terminaría con la civilización.




En conclusión debemos decir que el mundo se encuentra atravesando uno de los periodos mas difíciles de los últimos tiempos, y que si bien a lo largo de la historia han habido momentos mas críticos, como la primera y la segunda guerra mundial, este momento también es complejo, ya que con la llegada de los avances tecnológicos los conflictos se han incrementado dejando un saldo mayor en relacion a sus consecuencias negativas.  

Y por ultimo hay que decir que con el aumento de la tecnología, vivimos en una guerra fría constante en donde las potencias luchan por dominar los aparatos tecnológicos, ya que quien se adueña de estos, domina el flujo de información mundial, y por consiguiente el mundo.

 

Si queres acceder a mas información y conocer mas de mi como autor te invito a ver mi video de youtube:


Y también a escuchar el nuevo episodio de mi podcast para acceder a detalles exclusivos:  



 





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REALIDAD VIRTUAL, EPISODIO 7: ¿Cómo han impactado las nuevas tecnologías en la industria editorial?

 


Bienvenidos a un nueva publicación de realidad virtual.


EPISODIO 7 DE PODCAST: LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y LA INDUSTRIA EDITORIAL.



En este episodio te invito a recorrer los cambios que han traído las nuevas tecnologías a nuestras prácticas de Lectura y como esto a afectado a la industria editorial.


Desde hace tiempo las tecnologías vienen revolucionando nuestra vida y eso incluye también nuestras practicas y nuestros consumos de entretenimiento.  Desde la aparición de las nuevas pantallas que trajeron el acceso a contenidos audiovisuales desde la comodidad de nuestros dispositivos electrónicos y el abuso  de consumo de redes sociales, se dice que las personas de hoy en día ya no leen tanto como antes. 



Sin embargo en este episodio de REALIDAD VIRTUAL nos cuestionamos si esto es realmente cierto, ya que el paso del tiempo nos ha demostrado que los libros no han desaparecido y que pese a las nuevos dispositivos de lectura que se han creado, las personas aún siguen eligiendo el libro impreso por sobre el libro electrónico. 


Sin embargo, el libro electrónico a traído a las personas una nueva forma de consumo de libros  muy por debajo del costo de los libros en formato físico, por lo cual esto puede resultar bastante desafiante para algunos agentes del mercado de la industria editorial. 


Por otro lado, la aparición de las nuevas plataformas de lectura, han traído nuevos beneficios para los escritores los cuales les ofrecen nuevas formas de poder publicar sus trabajos, sin necesidad de pertenecer a algún sello editorial.


¡Si te interesa la lectura y escribir, no podes perderte este nuevo episodio de Realidad Virtual, donde hablaremos de todo esto y mucho más!


¡Dale play y nos vemos ahí! 😎


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Bruno Podcast UNQ


Hola, mi nombre es Bruno Gómez y soy estudiante de la carrera de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Quilmes. 

Te invito a mi canal llamado Bruno Podcast UNQ, donde charlaremos en nuestros episodios semanales sobre como las redes sociales y las nuevas tecnologías se involucran, benefician o en el peor de los casos, perjudican día a día a la mayoría de las personas. 


Así que si te interesan estos temas que son muy interesantes para la comprensión y reflexión sobre como se debería convivir de forma fructífera con el uso de dichas redes y tecnologías, este podcast es para vos. 



Episodio I 

 En el primer episodio de Bruno Podcast UNQ, charlamos sobre la adicción a las redes sociales en jóvenes y adolescentes. En este caso, nos centramos principalmente en España. Donde a través de estudios académicos de la Universidad del País Vasco de Leoía, analizamos como detectar los síntomas de un adolescente que es adicto a las redes sociales y cuales pueden ser los métodos de ayuda para que logren sobrellevar y superar su situación de adicción. 







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Nuevo episodio de #LaPuertaDeAtras

 ¡Hola a todxs!

Espero que estén comenzando muy bien este mes, nuevamente me presento para los que no me conocen, soy Damaris Coronel, estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad de Quilmes, y hoy les vengo a presentar un nuevo capítulo de mi podcast llamado “La puerta de atrás”.

Les recuerdo que en este espacio voy a estar subiendo todos los capítulos semanales, que también los pueden encontrar en la plataforma de Ivoox. La puerta de atrás es un proyecto que está enfocado a eso que no podemos o no queremos ver de determinados asuntos, a lo que tiene una fachada hermosa pero tiene esa puerta de atrás, escondida, la que no nos muestran, en este caso la de la tecnología.

  Recapitulando un poco sobre la entrada anterior que les deje por acá sobre mis dos últimos podcast, en #LaPuertaDeAtrás hablamos sobre la captación de datos que brindamos a las redes sociales, para luego usarlo a beneficio de algún actor fuerte como por ejemplo; el político, además añadimos un llamado a la atención del uso de la tecnología en niñxs.

 Para este quinto episodio de este podcast hablaremos sobre como la tecnología sin un control adecuado puede llegar a incitar a la muerte a niñxs. Sin más preámbulos  los dejo con el podcast ⬇

  Si quieren conocer a voz y portadora de estas entradas en el blog, los invito a que me sigan en mi canal de Youtube “La puerta de atrás”, donde me adentraré un poco más en los conceptos de estos podcast. Acá va el primer video, no se olviden de suscribirse para no perderse los próximos videos.

 

Para descubrir lo que nos espera en el próximo capítulo no te olvides de agregar este blog a tu lista de lectura, también te invito a que compartas, comentes y obviamente nos acompañes en los podcasts siguientes.  

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