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El lado oscuro de las redes sociales: ¿cuánto de nosotros dejamos en el camino? - por Eliana Silva

Imagen ilustrativa

Las redes sociales forman parte de nuestra vida, pero también plantean riesgos para nuestra privacidad, e incluso, bienestar psicológico. Dos investigaciones científicas publicadas en 2024 y 2026 analizaron los factores asociados al uso problemático de estas plataformas y las decisiones que tomamos sobre nuestros datos personales. A esto se suman investigaciones periodísticas que exponen cómo circula nuestra información. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que sucede detrás de la pantalla?

Tu privacidad es un negocio

Cuando publicamos una foto, compartimos nuestra ubicación o simplemente navegamos por una aplicación, dejamos información sobre nuestros hábitos, intereses y preferencias. El problema no es solamente qué mostramos voluntariamente, sino también qué datos se recopilan sin que lo sepamos, cómo se procesan y quiénes pueden acceder a ellos.

En julio de 2025, la organización británica de consumidores Which? publicó una investigación sobre 20 aplicaciones populares, entre ellas Instagram, Facebook, TikTok y WhatsApp. En conjunto, identificó 882 permisos potenciales si una persona instalaba las 20 aplicaciones, de los cuales 78 fueron clasificados como riesgosos. Entre ellos había permisos relacionados con la ubicación precisa, el micrófono y los archivos del dispositivo. 

Por su parte, una investigación internacional coordinada por Le Monde en enero de 2025 examinó datos comerciales de un intermediario publicitario. La muestra contenía más de 47 millones de identificadores publicitarios de dispositivos correspondientes a 137 países en un solo día de 2024. Asociados con información geográfica, esos identificadores permitían reconstruir desplazamientos y, con ello, aproximarse a domicilios particulares.

Estos hallazgos muestran que la información digital puede circular mucho más allá de la aplicación en la que se originó, y lo que parece una actividad privada puede convertirse en un dato comercial útil para perfilar comportamientos, orientar anuncios o inferir rutinas.

¿Por qué compartimos información si nos preocupa la privacidad?

Un metaanálisis publicado en 2026 en el Journal of Computer-Mediated Communication, de Oxford University Press, reunió resultados de 79 estudios realizados entre 2016 y 2025, con 51.085 participantes. Las investigadoras Jana Dombrowski y Sabine Trepte analizaron la relación entre la confianza en las plataformas, la percepción de control y las preocupaciones por la privacidad con nuestras conductas digitales.

Los resultados mostraron que quienes confían más en las plataformas tienden a utilizarlas y compartir información con mayor frecuencia. En cambio, sentir que tenemos control sobre nuestros datos y preocuparnos por su privacidad se relaciona con conductas de protección más específicas, como modificar la configuración de una cuenta.

Esto permite entender una contradicción cotidiana: podemos preocuparnos por nuestros datos y, al mismo tiempo, seguir compartiéndolos. Las redes ofrecen comunicación, entretenimiento y pertenencia; abandonar esos espacios no siempre parece una alternativa viable. Además, aceptar permisos o condiciones de uso no implica necesariamente comprender todas las consecuencias.

La cuestión, entonces, no se reduce a que los usuarios sean descuidados. También importa cuánta información y y transparencia ofrecen las plataformas sobre sus prácticas, junto a qué posibilidades reales tenemos de decidir cómo se utiliza nuestra actividad.

Cuando dejar de scrollear se vuelve difícil

El uso problemático de las redes sociales también está relacionado con la cantidad de datos que generamos al usarlas. Cada búsqueda, publicación, reacción o video que miramos aporta información sobre nuestros intereses y preferencias. Cuanto más tiempo pasamos en una plataforma, más oportunidades tiene de recopilar señales sobre nuestro comportamiento y utilizarlas para personalizar los contenidos que nos muestra.

Revisar una notificación puede parecer un gesto insignificante y pequeño, pero repetirlo durante horas puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir. Las recomendaciones personalizadas y las notificaciones nos invitan a seguir mirando y, al hacerlo, generamos nuevas señales que alimentan el sistema. Así, la captación de nuestra atención y la recopilación de nuestros datos pueden reforzarse mutuamente.

Una revisión sistemática publicada en 2024 en Computers in Human Behavior Reports examinó 45 estudios con un total de 34.332 participantes. Su objetivo fue analizar la relación entre el uso problemático de las redes sociales y procesos como la autorregulación, el autocontrol, la impulsividad y la regulación emocional.

Es importante hacer una distinción: la investigación suele utilizar el concepto de uso problemático cuando la actividad se vuelve difícil de controlar o genera consecuencias negativas en la vida cotidiana.

Esta relación también permite ampliar la pregunta sobre la privacidad. Si las plataformas pueden identificar qué contenidos captan nuestra atención, también pueden utilizar esa información para ajustar sus recomendaciones y orientar la publicidad. No se trata -solamente- de cuánto tiempo pasamos conectados, sino de cómo ese tiempo se convierte en información aprovechable comercialmente.

¿Qué pueden hacer otros con nuestros datos?

El alcance de la recopilación de datos va más allá de la publicidad. La información que dejamos en internet puede influir en cómo otras personas e instituciones nos evalúan, qué oportunidades tenemos y hasta qué punto pueden reconstruir nuestros movimientos.

Un ejemplo es la selección de personal. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre la evaluación de perfiles en redes sociales encontró que esta práctica se utiliza para analizar a candidatos durante los procesos de contratación. Las publicaciones, fotografías, intereses y opiniones pueden influir en la percepción que un empleador construye sobre una persona, incluso cuando esos elementos no reflejan sus competencias profesionales, funciono a modo de sesgos.

Otro caso es el uso de datos comerciales de geolocalización en investigaciones de seguridad. En Estados Unidos, un documento del Departamento de Seguridad Nacional de 2024 describió cómo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza podía consultar información de ubicación comercializada por intermediarios. Estos datos, asociados a identificadores publicitarios de dispositivos, podían utilizarse para investigar patrones de desplazamiento y relacionar ubicaciones con otras fuentes de información. Esto muestra que los datos recopilados con fines publicitarios también pueden adquirir utilidad para organismos estatales.

En ambos casos, el riesgo no depende exclusivamente de que hayamos publicado información íntima. Datos aparentemente inofensivos pueden adquirir otro significado cuando se combinan con otras fuentes o se utilizan para tomar decisiones sobre nosotros.

¿Podemos usar las redes de otra manera?

La respuesta no consiste necesariamente en borrar todas las aplicaciones ni en responsabilizar exclusivamente a cada usuario. La privacidad y el uso problemático requieren combinar decisiones personales con mayor transparencia y responsabilidad por parte de las empresas.

Podemos empezar por revisar los permisos de las aplicaciones, limitar el acceso a la ubicación cuando no sea necesario, configurar la privacidad de nuestras publicaciones y desactivar las notificaciones que no aportan nada.

Pero las medidas individuales tienen límites. Si los modelos de negocio dependen de recopilar información y sostener la atención, también hacen falta políticas de protección de datos, mecanismos de control efectivos y diseños que no exploten sistemáticamente nuestras vulnerabilidades.


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Si esta pregunta te dejó pensando, podés seguir explorando cómo la tecnología transforma nuestra relación con la mente, la percepción y la realidad.

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Fuentes:

• Dombrowski, J. y Trepte, S. (2026). Taking stock of social media privacy: meta-analytic evidence on how control, trust, and concerns are associated with social media use, disclosure, and protection. Journal of Computer-Mediated Communication. https://doi.org/10.1093/jcmc/zmaf025

• Relationship between regulatory processes and problematic social media use: A systematic review (2024). Computers in Human Behavior Reports. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2024.100507

• Which? (2025). Investigación sobre los permisos y el acceso a datos solicitados por aplicaciones populares.

• Le Monde (2025). Investigación internacional sobre el seguimiento de la ubicación de usuarios mediante aplicaciones.

• Mönke, F. W., Roulin, N., et al. (2024). Validity of social media assessments in personnel selection: A systematic review of the initial evidence. https://ink.library.smu.edu.sg/lkcsb_research/7653/⁠

• U.S. Department of Homeland Security (2024). Privacy Impact Assessment: CBP Commercial Telemetry Data Evaluation. https://www.dhs.gov/sites/default/files/2024-08/24_0812_priv_pia-cbp-080-commercial-telemetry.pdf

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Internet bajo la lupa: efectos invisibles


Vivimos rodeados de dispositivos e Internet forma parte de nuestra rutina diaria. Estás leyendo este artículo gracias a su conexión, probablemente bajo la creencia de tener control sobre la tecnología. Pero, ¿realmente somos nosotros quienes la controlamos? ¿Cómo nos afecta el ecosistema digital?

Existen muchas formas para lo que la gente utiliza la red. Se convirtió en el medio de comunicación e información preferido, ofreciendo numerosas herramientas, pero a su vez, transformando nuestras hábitos y funciones cognitivas como la atención y la memoria. Curiosamente, el control de este entorno digital esta en manos de grandes compañías trasnacionales extremadamente influyentes: Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

El dilema entre el daño y el beneficio

El cerebro es plástico, por lo tanto, puede cambiar con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Nuestra manera de pensar, percibir y comportarnos se transforma según el modo en que vivimos y las herramientas que utilizamos. Así lo advierte Nicholas Carr, escritor estadounidense, quien expresa su postura critica respecto al impacto de Internet en su libro Superficiales ¿Qué esta haciendo Internet con nuestros cerebros? 

Según Carr (2011) "los malos hábitos pueden arraigar en nuestras neuronas con tanta facilidad como los buenos" (p.25), debido al uso constante y desmedido de Internet concentrarse es más difícil que nunca. Las tecnologías de la distracción están siempre al asecho, listas para interrumpirnos. Desde una notificación en la pantalla hasta simplemente el impulso de revisar, por miedo a perdernos de la inmediatez.

Sacrificamos la calma, la concentración y el pensamiento critico en favor de la urgencia de lo inmediato. Saltamos de una tarea a otra, sin apenas terminar lo que empezamos. Afirma Carr (2011) "esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p.8). Y al final, todo esto termina afectando cómo pensamos, cómo hablamos con los demás y hasta cómo estamos con nosotros mismos. ¿Alguna vez te lo habías preguntado?

Sin embargo, Internet ofrece una gran variedad de herramientas e información que, bien utilizadas, tienen muchos beneficios. En este sentido, Gary Small, neurocientífico y autor de El cerebro digital comparte investigaciones mas bien favorables, aunque advierte sobre los riegos de un uso excesivo. Muestra que el uso moderado estimula áreas del cerebro vinculadas al razonamiento, la creatividad y la toma de decisiones, favorece un aprendizaje mas rápido y puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo provocado por la edad. 

Lectura superficial, pensamiento débil

El declive cognitivo de los nativos digitales es una realidad a la vista. Varias investigaciones demostraron que el aumento del uso de los dispositivos digitales disminuye el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo. Una de ellas: La fábrica de cretinos digitales, un libro del neurocientífico francés Michel Desmurget, quien alerta sobre los riesgos del uso desproporcionado de la tecnología en las nuevas generaciones.  

Lejos de favorecer el desarrollo infantil y académico genera serias consecuencias físicas, emocionales e intelectuales. Se estima que, a este ritmo, antes de cumplir los 18 años los niños habrán acumulado tantas horas frente a las pantallas como si hubieran cursado 30 años escolares o trabajado durante 16 años a jornada completa.  

La exposición creciente a la tecnología, con la inmediatez y la multitarea como cimientos promueve un pensamiento más superficial. Como resultado, la disminución y pérdida de la comprensión lectora se presenta como un panorama preocupante, que desalienta y pone en riesgo el ejercicio del pensamiento crítico. En Argentina, el 46% de los estudiantes de primaria no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, una cifra que debe hacernos reflexionar sobre la influencia de los soportes digitales en los hábitos de lectura. 

¿Qué papel juegan las grandes corporaciones?


Los "gigantes tecnológicos" (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dominan y monitorizan el mercado de las tecnologías de la información. Actualmente, resulta impensable no estar vinculado a alguna de estas corporaciones. Sus servicios son utilizados por miles de millones de personas en todo el mundo, influyendo y moldeando tanto nuestra percepción de la realidad como la información que consumimos. 

Es evidente que las Big Tech están impulsadas, ante todo, por intereses económicos. La monetización de nuestros clics y datos se convirtieron en recursos fundamentales de su modelo de negocio, pero también en herramientas de control y manipulación. De ahí la perdida progresiva de la privacidad: cuanto más interactuamos, más información entregamos, y más expuestos quedamos.

Dirigen sutilmente nuestras conductas, decisiones de consumo y el modo en que administramos nuestro tiempo. Todo está diseñado con un fin y un determinado sentido: los algoritmos y las estrategias de consumo adictivo están pensados para generar dependencia y maximizar el beneficio económico. En este sentido, plataformas como Netflix son un claro ejemplo de agentes que moldean percepciones, promoviendo hábitos de consumo pasivo dirigidos por algoritmos. 


Netflix no sólo entretiene: actúa como medio de comunicación. Con su estrategia elige qué contenido ver, cuándo y cómo, definiendo también qué narrativas sociales se vuelven relevantes. El formato del binge watching favorece a la lógica de consumo que atrapa, succiona y desorienta al espectador. Los contenidos que ofrece Netflix, muchas veces, definen qué temas se vuelven parte del debate social y mediático. 

Recuperar el control: el primer paso es entender el juego 

Saber cómo funciona el "detrás de escena" de Internet es el primer paso hacia un uso más consciente y responsable. Comprender que cada clic, cada búsqueda y cada dato que tienen un valor en este sistema. Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar los modos en que interactuamos con ella. Se trata de volvernos más críticos, más conscientes y con la voluntad de recuperar el control.

Bibliografía:

- Argentinos por la Educación. (s.f) #NoEntiendenLoQueLeen. https://argentinosporlaeducacion.org/quienes-somos/ 

- Cappelotto, L. (30 de abril de 2018). Netflix: ¿Portal de series o medio de comunicación? Cámara Cívica. https://camaracivica.com/netflix-portal-series-medio-de-comunicacion/ 

- Carr, N. (2011). Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

- Conecta Software (3 de febrero de 2024) Big Tech: Los gigantes tecnológicos. https://www.conectasoftware.com/magazine/big-tech-los-gigantes-tecnologicos/ 

- Gómez‑Cotta, C. (2023, 5 de diciembre). Igual de adictivas que el alcohol o el tabaco. Ethic. https://ethic.es/2023/12/plataformas-adictivas-mas-que-alcohol-tabaco/ 

- González Pérez, E. (2024, 17 de mayo). El internet y el cerebro. Universidad Intercontinental. https://www.uic.mx/como-afecta-internet-al-cerebro-humano/ 

- Sandoval‑Almazán, R. (2011). Mentes en peligro: El daño de internet en nuestro cerebro. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352011000200010 






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¿El fin de la metáfora?... o que parezca tu idea

Por Gabriela Regueira 

El cerebro es plástico, como si estuviese cableado. Todos nuestros circuitos neuronales están sometidos a cambios. Ya sea que se ocupen de sentir, ver, oír, moverse, pensar, aprender, percibir o recordar. Nuestro cerebro se adapta a nuestro entorno. 

La paradoja de la neuroplasticidad es que toda esa flexibilidad busca siempre repetir esos circuitos una vez que se recablean en nuestro cerebro. Nuestros hábitos, nuestro comportamiento, nuestra subjetividad se adapta a esa estimulación, a esa frecuencia.

"Los 'nativos digitales' son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres", afirmó el director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, Michel Desmurget.  

En el libro "La fábrica de cretinos digitales" el neurocientífico alerta que los dispositivos digitales están afectando gravemente al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.

Cuando una tendencia se revierte, se prenden algunas luces.

El efecto Flynn, denominado así por el psicólogo estadounidense que lo hizo notar,  es el fenómeno que observa que el coeficiente intelectual aumenta de generación en generación.

Si bien es multicausal todo aquello que puede repercutir en las capacidades intelectuales, es menester resaltar que en países que mantienen sus condiciones socioeconómicas la tendencia cambió.

Así lo denunciaba Nicholas Carr en su libro Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?(2010): “La posibilidad de deterioro intelectual es inherente a la plasticidad de nuestro cerebro. Eso no significa que no podamos esforzarnos una vez más en redirigir nuestras señales neuronales para reconstruir las habilidades perdidas”.

Circulan infinidad de estímulos que nos imantan a la pantalla. Se generan en nosotros demandas que no teníamos. Tenemos temor a perdernos de algo (FOMO por sus sigla en inglés). Eso de revisar las redes todo el tiempo deviene luego en falta de concentración, irritabilidad e incluso baja autoestima.

El tablero de juego es nuestra cabeza. Nuestra capacidad cognitiva se ve cada vez más condicionada. Y todo en nombre de una libertad que convendría mirar con algo de esa capacidad que estamos perdiendo. ¡Recórcholis! En estos flashes, reels de casino visual, loops de dopamina, hay experiencias de usuario, intereses de lucro y dominio. 

Con loop de dopamina se alude a cómo el diseño de la plataforma puede mantener a los usuarios enganchados por medio de la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa. 

Al interactuar con videos, es decir faveos, reposteos, rehistorizaciones, comentarios, o solo permitiendo que corra, el algoritmo aprende lo que nos hace permanecer frente a la pantalla. Se crea así una suerte de bucle de retroalimentación en donde el placer de cada nuevo video lleva a los usuarios a seguir desplazándose, lo que genera más liberación de dopamina, manteniéndonos enganchados. Ven Lisa, únetenos.


"El club de los 5 surfea más rápido que las olas" 

Hace 15 días, el presidente antiderechos, no el de estas latitudes sino el de Estados Unidos, se sentó a la mesa como si fuera Mirtha Legrand con una docena de megamillonarios. Allí estaban presentes Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Alphabet), Sergey Brin (Google), Sam Altman (OpenAI), Satya Nadella y Bill Gates (Microsoft), Safra Catz (Oracle) y Lisa Su (AMD). Ese encuentro fue leído como un intento de blindar la economía estadounidense ante el avance tecnológico de China.

La inteligencia artificial fue el eje clave de la reunión. Donald Trump instó a los directivos de las Big Tech a acelerar la carrera de las IA con  políticas de reducción de impuestos y menos regulaciones. 

La juntada dejó esa perlita de Zuckerberg en la que se ríen de lo fake que inversión que anunció. 

Recordemos que la matriz de Facebook, Meta, cambió su postura en temas de moderación de contenido y políticas de diversidad e inclusión. Otra vez en nombre de la libertad cambiaron las políticas de contenido. Ya no habrá tantos auditores automatrizados sino que se delegó a la comunidad global (?) esa tarea de vigilancia y moderación. 

-Ojalá no sean usuarios ávidos de sangre de cancelar cualquier cosa que no confirme su sesgo. *Inserte emoji manitos en posición de rezo al Dios de su agrado*

-Ojalá no sea el fin de la metáfora. *Desinserte emoji. Mate a sus dioses*

 Toda categoría es política

Las categorías, los géneros discursivos, las etiquetas, los tags, los rótulos. La teórica del arte Diana Taylor sostiene que el término performance "no puede referirse sólo a los términos que usualmente se utilizan como sus sinónimos: teatralidad, espectáculo, acción, representación". Encuentra como algo positivo el hecho de que sea intraducible pues representa un desafío. En esa impresión se nos recuerda que no nos percibimos de manera simple. Las cosas puede ser más simples, sí, probablemente hasta lo sean. Sin embargo, nos autopercibimos complejos. En otro orden de lo problemático, Netflix como actor cultural.

Recuerdo haber seguido de cerca la aparición de Anima en la plataforma Netflix. (Hey, antes eras chévere) Es un corto audiovisual de Paul Thomas Anderson (Cigarettes and Coffee, Across the Universe, Magnolia) protagonizado por Thom Yorke y Dajana Roncione. La fotografía es de Darius Khondji (Delicatessen, La cité des enfants perdus, Midnight in París) La coreografía es de Damien Jalet (Suspiria, Le passeur des lieux). La música es de Tom Yorke y Nigel Godrich, ambos colaboradores y compositores. Está compuesto por tres canciones del tercer álbum del proyecto paralelo a Radiohead: “Not The News”, “Traffic” y “Dawn Chorus”. 

Los pasajeros de Anima van semidormidos ejecutando una coreografía muy Pina Bausch (Kontakthof, Café Müller, Le Sacre du printemps). Los movimientos son reiterativos, rápidos, pequeños, basados en el comportamiento automatizado de aquel que realiza tareas repetitivas. Se oyen sonidos que podrían haber sido sacados de distintos aparatos, por momentos parecen sonidos del sonar de un submarino, por momentos parecen pips contestador automático. Iteración, loop sonidos de notificaciones, ambiente de multitasking.



Este contenido figura como género “Películas experimentales”, “Dramas”, “Música y musicales” y ofrece como añadidura los calificativos de “surrealista” y “poco convencionales”. Netflix va modificando las categorías en base a información de usuarios basada en las interacciones que alimentan al algoritmo. Las primeras semanas estaba tagueado como “Cine de arte” o “videoclip”. Sería un poco grosero considerar Anima como un “videoclip largo". El etiquetado reduccionista constriñe y reescribe el sentido a su antojo ya sea para traer o alejar contenidos a los usuarios en función del vaivén de afán de lucro. Una ética cambiante en donde si no te gustan ciertos principios, se esgrimen otros.

 La modernidad llegó como un “huracán” invocada bajo el concepto de progreso y convirtió el devenir de los hombres en piezas de una economía capitalista basada en la producción en masa y el trabajo alienante. 

Los movimientos que realizan los pasajeros de Anima evocan expresiones de cansancio: ojos que se cierran, cabezas que se bambolean, cabezas que caen de golpe por su peso, manos que sostienen cabezas, esfuerzos por mantener el equilibrio. 

Esta economía produce seres cansados mas no agotados. El agotamiento indica material descartable. Para la economía capitalista un sujeto agotado es un sujeto inútil, muerto. 


Representaciones y Subproductos de la tecnología

Nicholas Carr elige los estudios de cartografía para explicar el proceso de complejización del sistema de representaciones. “Nuestra madurez intelectual como personas puede remontarse a la forma en que trazamos dibujos o mapas de nuestro entorno. Comenzamos con representaciones primitivas y literales del terreno que vemos a nuestro alrededor, y vamos avanzando hacia representaciones, cada vez más precisas y abstractas, del espacio geográfico y topográfico. Es decir, avanzamos de la representación de lo que vemos a la elaboración de lo que sabemos"

Literal, Realista, Abstracta así son las etapas de la maduración intelectual.

Si "Toda tecnología es expresión de la voluntad humana", si con las herramientas buscamos ampliar el poder y el control de nuestra circunstancia: tiempo, distancia, naturaleza, prójimo. En general, los inventores de las tecnologías no advierten la ética que contienen. Es un subproducto de la tecnología que incide en nuestra manera de vivir o sobrevivir.

¿Será entonces que siempre supimos viajar en el tiempo? La ciencia ficción de la historia ya nos pensó. Una red de redes que constriñe, atrapa, nos mantiene adictos, dóciles y zombies, cansados, consumiendo lo mismo que producimos y pagando por ello. 

¿Se puede recablear? ¿La soberanía cognitiva es tan solo un sueño?

Por lo pronto, levantar la cabeza de la pantalla aunque sea por un rato ya es algo. ¿Será muy Old School?


Imágenes:

  • Especial del Día del maestro de @Podeti99 en IG.
  • Idioterne de Lars von Trier.
  • Episodio El mago de la avenida Siempreviva The Simpsons.
  • Anima de Paul Thomas Anderson
  • Graffitti random estilo Banksy
  • Dibujando manos de M.C.Escher. 

Referencias: 

  • Carr, N. (2010) Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Taurus.
  • Taylor, D. (2005). Hacia una definición de "performance". Picadero.
  •  Han, B. (2012). La sociedad del cansancio. Herder. 


 

 


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