El ágora fragmentada: cómo las plataformas aceleran la polarización

Fotograma de la película The Matrix con la píldora roja y azul


La promesa utópica de la era digital nos hacía imaginar una gran plaza pública virtual donde cada ciudadano pueda participar en un debate libre y constructivo: un ágora universal, transparente y democrática. Pero la actualidad ofrece un paisaje muy distinto, marcado por la hostilidad y la polarización.

El origen de la "grieta" no viene de las plataformas digitales. Estas disputas por el sentido tienen raíces históricas que anteceden a los algoritmos. Lo que introdujeron fue reconfiguraciones de las formas en las que se expresa la política. Así, la argumentación extensa que antaño caracterizó el debate político hoy fue reemplazada por "micro-mensajes". En palabras de Ernesto Calvo y Paula Clerici:

"Hoy sabemos que la democracia deliberativa no incluye ciudadanas y ciudadanos filósofos, enfrascados en largos intercambios comunicacionales, sino miles de millones de micro-mensajes, descentralizados y localistas, circulando en espacios en los que gobierna una élite de influencers" [1].

Frente a la saturación constante de información que caracteriza al entorno digital actual, la mente humana recurre a atajos cognitivos que priorizan aquello que coincide con las creencias individuales previas. Si una noticia respalda nuestra opinión, la aceptamos de inmediato. Si la contradice, la ignoramos.

En el último episodio del podcast Demasiado bueno para ser IA, exploramos la incidencia de los sesgos cognitivos en el entorno digital. Siguiendo lo expuesto por Cass Sunstein en su libro #Republic: Divided Democracy in the Age of Social Media [2], podemos decir que las cámaras de eco son un proceso clave en la polarización que ha sido incorporado en la infraestructura de las propias plataformas digitales.

Las cámaras de eco tienen lugar cuando los usuarios refuerzan sus narrativas políticas al limitar su interacción social a otros usuarios con discursos afines. En este entorno, los algoritmos generan cámaras de eco al detectar tendencias y entregar a cada individuo mensajes alineados ideológicamente con sus posturas previas. Como indican Natalia Aruguete y Ernesto Calvo en Fake news, trolls y otros encantos (2020):

"Lo novedoso del escenario mediático actual reside en la personalización y el desagrupamiento de la información mediante códigos algorítmicos" [3].

Los propios usuarios intervienen activamente en la creación de sus propias cámaras de eco mediante el fenómeno del pruning o poda digital. Aruguete y Calvo han mostrado que los sujetos con identidades políticas fuertemente consolidados suelen bloquear, silenciar o eliminar de sus contactos a amigos, familiares o conocidos que publican posturas disonantes.

Este fenómeno es muestra de que la separación entre grupos ya no se organiza solo en torno a desacuerdos políticos, sino en función de la polarización afectiva: el adversario deja de ser percibido como un rival legítimo y pasa a ser visto con una antipatía visceral. Como advierten Calvo y Aruguete, la polarización no implica únicamente un aumento en la distancia de las políticas públicas:

"Constituye, además, un cambio en las distancias simbólicas que observamos, en los encuadres que son preactivados mediante distintas estrategias comunicacionales" [4].

En ese marco, la circulación de contenidos responde menos a su precisión fáctica que a su capacidad de activar marcos identitarios y pasiones intensas. Las plataformas digitales están diseñadas para premiar los posteos que generen indignación o entusiasmo, ya que la emocionalidad es el insumo clave en la economía de la atención. Para ver cómo se relaciona este tema con película Matrix (1999) y la teoría del simulacro de Baudrillard, te recomiendo este video que hice:


Así, la convergencia entre el diseño algorítmico, las dinámicas de gratificación inmediata y los sesgos cognitivos consolida una transformación estructural en la manera en que se expresa la política. La polarización deja de ser un síntoma coyuntural del debate público para convertirse en la lógica organizativa del entorno digital.

En este sentido, resulta claro y deprimente saber que los incentivos del sistema continúan y continuarán premiando la radicalización del debate sobre el acuerdo.


[1] Ernesto Calvo y Paula Clerici (2023). Después de la #Consolidación Democrática: Redes sociales, polarización y fake news. Desarrollo Económico, 63(240), 195-202.

[2] Cass R. Sunstein (2017). #Republic: Divided Democracy in the Age of Social Media. Princeton University Press.

[3] Natalia Aruguete y Ernesto Calvo (2020). Fake news, trolls y otros encantos. Cómo funcionan (para bien y para mal) las redes sociales. Siglo XXI.

[4] Natalia Aruguete y Ernesto Calvo (2020). op. cit.


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