Hablemos sin saber: de la mente humana a la I.A


-Por Joaquin Perez | Tiempo de lectura 3 a 5 minutos
 

Vivimos en un ecosistema mediático donde la certeza se produce a mayor velocidad que la verdad. Cuando una persona opina con total seguridad sobre un tema que desconoce por completo, o cuando un modelo de Inteligencia Artificial inventa un dato disparatado pero lo sostiene con una sintaxis perfecta, en el fondo está ocurriendo un fenómeno cognitivo bastante similar: la confabulación o alucinación de la IA. 

Lejos de ser un fallo malicioso o una mentira deliberada, confabular es el mecanismo de emergencia mediante el cual tanto el cerebro humano como los algoritmos rellenan los baches de información creando relatos que suenan impecables, aunque sean falsos.

Si a esto le sumamos las plataformas digitales, el combo explota. Las redes sociales funcionan como un acelerador perfecto del clásico efecto Dunning-Kruger, ese sesgo donde los que menos saben son los que más fuerte gritan porque su propia ignorancia les impide ver cuán complejo es el problema. En este panorama, nunca tuvimos tanta información al alcance de la mano y, al mismo tiempo, nunca estuvimos tan indefensos frente a la ilusión de saber.

El refugio contra la duda

En la neuropsicología tradicional, las investigaciones sobre la construcción de la memoria y la confabulación explican que la mente aborrece el vacío absoluto. Ante una laguna de conocimiento o un recuerdo difuso, el cerebro prefiere fabricar una explicación coherente antes que asumir el desgaste y la incomodidad de la incertidumbre. Lo jodido de este mecanismo es que la persona que confabula cree honestamente en lo que dice; no hay dolo, sino una falla profunda en la autoevaluación.

Ahí es donde entra en juego la trampa de la elocuencia. Vivimos en una cultura del atajo donde analizar datos duros, suspender el juicio y hacer el esfuerzo lógico de investigar exige un tiempo que las redes no perdonan. Un relato bien armado, con gancho y palabras lindas, se compra de taquito porque confunde la fluidez formal con el rigor conceptual.

El aplauso fácil de las redes

El combo se vuelve peligroso cuando las plataformas entran en juego. Los estudios sobre sesgos cognitivos en entornos virtuales demuestran que las redes sociales premian la inmediatez por encima de los matices. Algoritmos diseñados para retener la atención recompensan las afirmaciones tajantes, los hilos de veintiocho tweets y los videos cortos que prometen explicarte la crisis geopolítica o la macroeconomía en sesenta segundos.

Cuando alguien lanza una opinión infundada pero atractiva, la interacción inmediata de la comunidad —los likes, los retuits, los comentarios validándose entre sí— actúa como una cámara de eco (linkear nota de burbujas). Esa palmadita virtual transforma una corazonada tirada al pasar en una verdad dogmática. La ilusión del experto se alimenta de aplausos: nadie frena a pensar si realmente entendió del tema, porque el propio sistema te premia por opinar rápido y seguro de todo.

Espejos de colores

La paradoja se vuelve todavía más densa cuando cruzamos la vereda hacia la tecnología. Cuando le pedimos a un modelo de lenguaje que nos resuelva un problema complejo y este nos devuelve una respuesta inventada, con fechas, autores o estadísticas inexistentes, pero todo escrito con un tono  formal, que la industria suele llamarlo "alucinación". Sin embargo, desde la perspectiva de la ciencia cognitiva aplicada a la tecnología, el término correcto es confabulación algorítmica.

Los modelos no razonan ni entienden el mundo real; son bestias probabilísticas entrenadas para adivinar cuál es la palabra que estadísticamente debería venir a continuación. Ante la falta de un dato certero en sus bases, el sistema no se calla: prioriza la continuidad sintáctica y la elegancia del texto antes que admitir que no sabe. En el fondo, la inteligencia artificial confabula exactamente por la misma razón que nosotros frente a un micrófono o una pantalla: porque la estructura prioriza la forma por sobre la verdad.

Reflexiones al voleo

El verdadero desafío de  hoy en dia no es conseguir datos, sino afinar el criterio para separar lo verosímil (lo que suena lindo y cierra por todos lados) de la verdad contrastada. Tanto nuestros propios sesgos potenciados por la lógica de las pantallas como las respuestas automáticas de la tecnología nos empujan todo el tiempo hacia una comodidad intelectual peligrosa.

Desconfiar de las certezas automáticas, revisar las fuentes y entender que las herramientas están para potenciar el análisis —y no para pensar por nosotros— es la única forma de no quedar atrapados en este gran simulacro de sabios.


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El lado oscuro de las redes sociales: ¿cuánto de nosotros dejamos en el camino? - por Eliana Silva

Imagen ilustrativa

Las redes sociales forman parte de nuestra vida, pero también plantean riesgos para nuestra privacidad, e incluso, bienestar psicológico. Dos investigaciones científicas publicadas en 2024 y 2026 analizaron los factores asociados al uso problemático de estas plataformas y las decisiones que tomamos sobre nuestros datos personales. A esto se suman investigaciones periodísticas que exponen cómo circula nuestra información. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que sucede detrás de la pantalla?

Tu privacidad es un negocio

Cuando publicamos una foto, compartimos nuestra ubicación o simplemente navegamos por una aplicación, dejamos información sobre nuestros hábitos, intereses y preferencias. El problema no es solamente qué mostramos voluntariamente, sino también qué datos se recopilan sin que lo sepamos, cómo se procesan y quiénes pueden acceder a ellos.

En julio de 2025, la organización británica de consumidores Which? publicó una investigación sobre 20 aplicaciones populares, entre ellas Instagram, Facebook, TikTok y WhatsApp. En conjunto, identificó 882 permisos potenciales si una persona instalaba las 20 aplicaciones, de los cuales 78 fueron clasificados como riesgosos. Entre ellos había permisos relacionados con la ubicación precisa, el micrófono y los archivos del dispositivo. 

Por su parte, una investigación internacional coordinada por Le Monde en enero de 2025 examinó datos comerciales de un intermediario publicitario. La muestra contenía más de 47 millones de identificadores publicitarios de dispositivos correspondientes a 137 países en un solo día de 2024. Asociados con información geográfica, esos identificadores permitían reconstruir desplazamientos y, con ello, aproximarse a domicilios particulares.

Estos hallazgos muestran que la información digital puede circular mucho más allá de la aplicación en la que se originó, y lo que parece una actividad privada puede convertirse en un dato comercial útil para perfilar comportamientos, orientar anuncios o inferir rutinas.

¿Por qué compartimos información si nos preocupa la privacidad?

Un metaanálisis publicado en 2026 en el Journal of Computer-Mediated Communication, de Oxford University Press, reunió resultados de 79 estudios realizados entre 2016 y 2025, con 51.085 participantes. Las investigadoras Jana Dombrowski y Sabine Trepte analizaron la relación entre la confianza en las plataformas, la percepción de control y las preocupaciones por la privacidad con nuestras conductas digitales.

Los resultados mostraron que quienes confían más en las plataformas tienden a utilizarlas y compartir información con mayor frecuencia. En cambio, sentir que tenemos control sobre nuestros datos y preocuparnos por su privacidad se relaciona con conductas de protección más específicas, como modificar la configuración de una cuenta.

Esto permite entender una contradicción cotidiana: podemos preocuparnos por nuestros datos y, al mismo tiempo, seguir compartiéndolos. Las redes ofrecen comunicación, entretenimiento y pertenencia; abandonar esos espacios no siempre parece una alternativa viable. Además, aceptar permisos o condiciones de uso no implica necesariamente comprender todas las consecuencias.

La cuestión, entonces, no se reduce a que los usuarios sean descuidados. También importa cuánta información y y transparencia ofrecen las plataformas sobre sus prácticas, junto a qué posibilidades reales tenemos de decidir cómo se utiliza nuestra actividad.

Cuando dejar de scrollear se vuelve difícil

El uso problemático de las redes sociales también está relacionado con la cantidad de datos que generamos al usarlas. Cada búsqueda, publicación, reacción o video que miramos aporta información sobre nuestros intereses y preferencias. Cuanto más tiempo pasamos en una plataforma, más oportunidades tiene de recopilar señales sobre nuestro comportamiento y utilizarlas para personalizar los contenidos que nos muestra.

Revisar una notificación puede parecer un gesto insignificante y pequeño, pero repetirlo durante horas puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir. Las recomendaciones personalizadas y las notificaciones nos invitan a seguir mirando y, al hacerlo, generamos nuevas señales que alimentan el sistema. Así, la captación de nuestra atención y la recopilación de nuestros datos pueden reforzarse mutuamente.

Una revisión sistemática publicada en 2024 en Computers in Human Behavior Reports examinó 45 estudios con un total de 34.332 participantes. Su objetivo fue analizar la relación entre el uso problemático de las redes sociales y procesos como la autorregulación, el autocontrol, la impulsividad y la regulación emocional.

Es importante hacer una distinción: la investigación suele utilizar el concepto de uso problemático cuando la actividad se vuelve difícil de controlar o genera consecuencias negativas en la vida cotidiana.

Esta relación también permite ampliar la pregunta sobre la privacidad. Si las plataformas pueden identificar qué contenidos captan nuestra atención, también pueden utilizar esa información para ajustar sus recomendaciones y orientar la publicidad. No se trata -solamente- de cuánto tiempo pasamos conectados, sino de cómo ese tiempo se convierte en información aprovechable comercialmente.

¿Qué pueden hacer otros con nuestros datos?

El alcance de la recopilación de datos va más allá de la publicidad. La información que dejamos en internet puede influir en cómo otras personas e instituciones nos evalúan, qué oportunidades tenemos y hasta qué punto pueden reconstruir nuestros movimientos.

Un ejemplo es la selección de personal. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre la evaluación de perfiles en redes sociales encontró que esta práctica se utiliza para analizar a candidatos durante los procesos de contratación. Las publicaciones, fotografías, intereses y opiniones pueden influir en la percepción que un empleador construye sobre una persona, incluso cuando esos elementos no reflejan sus competencias profesionales, funciono a modo de sesgos.

Otro caso es el uso de datos comerciales de geolocalización en investigaciones de seguridad. En Estados Unidos, un documento del Departamento de Seguridad Nacional de 2024 describió cómo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza podía consultar información de ubicación comercializada por intermediarios. Estos datos, asociados a identificadores publicitarios de dispositivos, podían utilizarse para investigar patrones de desplazamiento y relacionar ubicaciones con otras fuentes de información. Esto muestra que los datos recopilados con fines publicitarios también pueden adquirir utilidad para organismos estatales.

En ambos casos, el riesgo no depende exclusivamente de que hayamos publicado información íntima. Datos aparentemente inofensivos pueden adquirir otro significado cuando se combinan con otras fuentes o se utilizan para tomar decisiones sobre nosotros.

¿Podemos usar las redes de otra manera?

La respuesta no consiste necesariamente en borrar todas las aplicaciones ni en responsabilizar exclusivamente a cada usuario. La privacidad y el uso problemático requieren combinar decisiones personales con mayor transparencia y responsabilidad por parte de las empresas.

Podemos empezar por revisar los permisos de las aplicaciones, limitar el acceso a la ubicación cuando no sea necesario, configurar la privacidad de nuestras publicaciones y desactivar las notificaciones que no aportan nada.

Pero las medidas individuales tienen límites. Si los modelos de negocio dependen de recopilar información y sostener la atención, también hacen falta políticas de protección de datos, mecanismos de control efectivos y diseños que no exploten sistemáticamente nuestras vulnerabilidades.


Seguí la conversación

Si esta pregunta te dejó pensando, podés seguir explorando cómo la tecnología transforma nuestra relación con la mente, la percepción y la realidad.

🎧 Escuchá el episodio de iVoox “El lado oscuro de las redes sociales: ¿cuánto de nosotros dejamos en el camino?” y seguí profundizando en estas cuestiones desde otro formato:

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Fuentes:

• Dombrowski, J. y Trepte, S. (2026). Taking stock of social media privacy: meta-analytic evidence on how control, trust, and concerns are associated with social media use, disclosure, and protection. Journal of Computer-Mediated Communication. https://doi.org/10.1093/jcmc/zmaf025

• Relationship between regulatory processes and problematic social media use: A systematic review (2024). Computers in Human Behavior Reports. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2024.100507

• Which? (2025). Investigación sobre los permisos y el acceso a datos solicitados por aplicaciones populares.

• Le Monde (2025). Investigación internacional sobre el seguimiento de la ubicación de usuarios mediante aplicaciones.

• Mönke, F. W., Roulin, N., et al. (2024). Validity of social media assessments in personnel selection: A systematic review of the initial evidence. https://ink.library.smu.edu.sg/lkcsb_research/7653/⁠

• U.S. Department of Homeland Security (2024). Privacy Impact Assessment: CBP Commercial Telemetry Data Evaluation. https://www.dhs.gov/sites/default/files/2024-08/24_0812_priv_pia-cbp-080-commercial-telemetry.pdf

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Vivir para ser visto: cuando la vida cotidiana se convierte en espectáculo

Las redes sociales cambiaron la manera en que compartimos nuestras experiencias y nos relacionamos con los demás. Cumpleaños, viajes, parejas, reuniones y hasta momentos difíciles pueden convertirse en publicaciones. La vida cotidiana ya no solamente se vive: también se muestra, se registra y se comparte con una audiencia. Pero ¿Qué sucede cuando empezamos a pensar en cómo se verá una experiencia antes de disfrutarla?¿ Hasta qué punto mostramos nuestra vida porque queremos compartirla y hasta qué punto sentimos que necesitamos mostrarla para que tenga valor?

De vivir las experiencias a convertirlas en contenido

Hace algunos años, una fotografía de un cumpleaños podía quedar guardada en un álbum familiar. Hoy, ese mismo momento puede publicarse en varias redes sociales y recibir comentarios de personas que ni siquiera estuvieron presentes. Esta posibilidad tiene ventajas. Podemos mantener el contacto con familiares que viven lejos, compartir recuerdos y encontrar comunidades con intereses similares. 

Pensemos en una salida con amigos. Mientras conversamos, alguien saca el teléfono para registrar el encuentro. Después, elige las fotografías, escribe una descripción y publica una historia. La experiencia no termina cuando volvemos a casa: continúa con las reacciones, los comentarios y las visualizaciones.

A veces, compartir un recuerdo es simplemente una forma de disfrutarlo nuevamente. En otras ocasiones, podemos terminar prestando más atención a cómo quedará la publicación que a lo que está ocurriendo.

La diferencia está en si utilizamos las redes para compartir nuestras experiencias o si comenzamos a organizar nuestras experiencias pensando en las redes.

La identidad como una puesta en escena

El sociólogo Erving Goffman estudió cómo las personas presentamos distintas versiones de nosotros mismos según la situación y el público con el que interactuamos. En su obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, publicada originalmente en 1956, utilizó la representación teatral como una manera de explicar las relaciones sociales.

Esta perspectiva permite analizar lo que sucede en las plataformas digitales. Cuando publicamos contenido, seleccionamos qué mostrar y qué dejar afuera. Podemos compartir nuestros logros, nuestras actividades y nuestros momentos felices, mientras reservamos para la intimidad las preocupaciones, los desacuerdos y las situaciones que no queremos hacer públicas.

Esta selección de lo que mostramos también aparece en investigaciones sobre el uso de las redes sociales. Un estudio del Pew Research Center, publicado en 2023, recogió testimonios de usuarios que explicaron cómo adaptan sus publicaciones según la plataforma, el público y los aspectos de su vida que desean compartir. Esto permite observar que la identidad digital no siempre es una representación completa de quiénes somos, sino que puede variar según quiénes esperamos que nos vean. 

Esto no significa necesariamente que estemos mintiendo. En la vida cotidiana también elegimos cómo expresarnos según el contexto. No hablamos de la misma manera con nuestros amigos que en una entrevista laboral.

Sin embargo, las redes sociales amplían el alcance de esa presentación. Una publicación puede ser vista por familiares, compañeros de estudio, colegas y desconocidos al mismo tiempo. Por eso, decidir qué mostrar puede convertirse en una tarea cada vez más compleja.

La imagen que construimos en Internet no representa todo lo que somos, sino una selección de aspectos de nuestra vida. El problema aparece cuando sentimos que debemos mantener esa imagen incluso cuando no coincide con lo que estamos viviendo.

La intimidad convertida en espectáculo

Las redes sociales también modificaron los límites entre lo público y lo privado. Situaciones que antes quedaban dentro de un círculo cercano ahora pueden compartirse con cientos o miles de personas.

Una pareja puede publicar cada etapa de su relación. Una discusión puede convertirse en una serie de indirectas. Una ruptura puede exponerse mediante mensajes, fotografías o videos. Incluso una experiencia dolorosa puede terminar transformándose en contenido.

Compartir estas situaciones no siempre es negativo. Hablar de una dificultad puede ayudar a encontrar apoyo, expresar sentimientos o acompañar a otras personas que atraviesan algo parecido.

La cuestión es que hacer pública una experiencia íntima implica perder parte del control sobre quién la ve, cómo la interpreta y si decide compartirla con otros.

Una publicación puede recibir respuestas inesperadas, ser capturada mediante una imagen de pantalla o circular fuera del contexto original. Además, una vez que otras personas conocen detalles de nuestra vida, no siempre es posible recuperar la privacidad anterior.

Por eso, antes de publicar algo personal, conviene preguntarse si realmente queremos compartirlo, con quiénes y qué consecuencias podría tener. No se trata de tener miedo a expresarnos, sino de reconocer que tenemos derecho a decidir qué partes de nuestra vida permanecen fuera de Internet.

Cuando las relaciones también necesitan ser vistas

La exposición digital no solamente afecta la manera en que nos presentamos: también puede influir en nuestras relaciones.

Por ejemplo, algunas personas consideran importante publicar una fotografía con su pareja para demostrar que están juntas. Otras pueden sentirse incómodas cuando una relación no aparece en las redes. Una celebración puede parecer incompleta si no hay una imagen que la registre.

Sin embargo, una publicación no permite medir la calidad de un vínculo. Una pareja que comparte muchas fotografías no necesariamente tiene una relación más sólida que otra que prefiere mantener su intimidad.

Lo mismo ocurre con las amistades. Tener muchas interacciones en una plataforma no garantiza contar con personas dispuestas a acompañarnos cuando atravesamos un problema.

Las redes pueden ayudarnos a mantener vínculos, pero también pueden generar expectativas sobre cómo deberían verse esos vínculos desde afuera.

En ese contexto, aparece una pregunta: ¿estamos disfrutando de nuestras relaciones o también estamos intentando demostrar que tenemos una vida social satisfactoria?

No existe una única respuesta. Cada persona utiliza las plataformas de manera diferente. Lo importante es reconocer que la visibilidad no es una medida confiable del afecto, la confianza ni la cercanía.

La necesidad de reconocimiento

Recibir una reacción positiva puede hacernos sentir acompañados. Un comentario cariñoso, un mensaje de felicitación o una respuesta de alguien importante pueden tener un significado real. El problema aparece cuando empezamos a depender de esas respuestas para evaluar nuestras experiencias o nuestra propia imagen.

Imaginemos que publicamos una fotografía de un momento que nos hizo felices. Si recibe muchos comentarios, podemos sentir que fue una buena publicación. Si casi nadie reacciona, quizás nos preguntemos si la imagen era poco interesante o si a los demás no les importa lo que hacemos.

Pero la cantidad de reacciones no determina el valor de lo que vivimos. Una experiencia puede ser importante aunque nadie la vea. También podemos sentirnos orgullosos de un logro sin publicarlo o disfrutar de una tarde tranquila sin necesidad de demostrarlo.

Además, las publicaciones muestran solamente una parte de la realidad. Al observar las imágenes de otras personas, podemos comparar nuestra vida cotidiana con sus momentos más destacados y concluir, injustamente, que la nuestra es menos interesante. 

La presión por mostrar una imagen atractiva en Internet también aparece en investigaciones sobre adolescentes. Un informe del Pew Research Center, publicado en 2025, encontró que el 31 % de los adolescentes estadounidenses encuestados siente presión por publicar contenido popular. Además, el 27 % afirmó que lo que ve en las redes le hace sentirse peor respecto de su propia vida. Aunque estos resultados corresponden a un grupo y un país específicos, permiten observar que la experiencia digital puede combinar la necesidad de conexión con la presión por responder a determinadas expectativas sociales.

Para profundizar en esta relación entre tecnología y vida cotidiana, podés leer el artículo de Error 404 sobre Internet y un cerebro que cambia, que aborda otra dimensión de nuestra relación con el entorno digital.

¿Podemos recuperar el derecho a no mostrarlo todo?

No es necesario abandonar las redes sociales para reflexionar sobre nuestros hábitos. Podemos seguir compartiendo fotografías, contando experiencias y manteniendo el contacto con otras personas sin convertir cada momento en una publicación.

Una posibilidad es preguntarnos por qué queremos compartir algo antes de hacerlo. ¿Queremos conservar un recuerdo? ¿Nos gustaría contárselo a alguien? ¿Buscamos apoyo? ¿O sentimos que, si no lo publicamos, la experiencia pierde importancia?

También podemos establecer límites. No todo lo que sucede en una relación tiene que hacerse público. No todas las conversaciones necesitan ser grabadas. No todos los logros tienen que anunciarse inmediatamente.

La privacidad no significa esconderse ni avergonzarse de lo que hacemos. Significa conservar la libertad de elegir qué compartimos y qué reservamos para nosotros o para las personas de confianza.

En una cultura donde mostrar parece cada vez más habitual, decidir no publicar también puede ser una forma de autonomía.

Vivir no debería depender de ser visto

Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana y ofrecen posibilidades para comunicarnos, expresarnos y compartir experiencias. Sin embargo, también nos invitan a observar constantemente cómo nos presentamos y cómo reaccionan los demás.

El desafío no consiste en dejar de compartir, sino en evitar que la necesidad de ser vistos determine el valor de lo que hacemos.

Frente a estos desafíos, la UNESCO promueve la alfabetización mediática e informacional, que busca desarrollar capacidades para analizar críticamente los contenidos y desenvolverse de manera segura en los entornos digitales. Esta perspectiva invita a no consumir ni compartir información de forma automática, sino a reflexionar sobre nuestras decisiones y sobre las consecuencias de lo que publicamos. En el caso de las redes sociales, también implica reconocer que podemos elegir qué mostrar y qué aspectos de nuestra vida preferimos mantener en la intimidad.

Una celebración puede ser importante sin fotografías. Una relación puede ser significativa sin publicaciones. Un logro puede representar un gran esfuerzo aunque nadie lo conozca.

Nuestra vida no necesita convertirse en un espectáculo permanente para tener valor.

Tal vez la pregunta más importante no sea qué mostramos en Internet, sino qué lugar le damos a la mirada ajena cuando decidimos cómo vivir.

La próxima vez que estés disfrutando de un momento, podés preguntarte: ¿lo estoy viviendo como quiero o estoy pensando en cómo se verá desde afuera?

Porque hay experiencias que merecen ser compartidas, pero también hay otras que podemos disfrutar sin convertirlas en contenido.

¿Querés profundizar en este tema?

Te invitamos a ver nuestro video, donde exploramos cómo las redes sociales transforman nuestra identidad, intimidad y relaciones, y a escuchar nuestro podcast, en el que reflexionamos sobre la comparación con los demás y la necesidad de sentir que nuestra vida es interesante.

Dos propuestas para seguir pensando una misma pregunta: ¿estamos viviendo nuestras experiencias o estamos viviendo para mostrarlas?

Encontrá ambos contenidos en Error 404 y sumate a la reflexión.

 

Fuentes y Bibliografía

https://www.pewresearch.org/2023/06/07/life-on-social-media-platforms-in-users-own-words

https://www.pewresearch.org/internet/2025/04/22/teens-social-media-and-mental-health

https://www.unesco.org/en/media-information-literacy

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PSICOLOGIA SOCIAL, SESGOS COGNITIVOS Y EFECTO DUNNING- KRUGER EN LA IA

 

Hay una relación directa entre la desinformación, el uso recurrente de las nuevas tecnologías de la información y el capitalismo; la manipulación de datos. Actualmente las personas utilizan la IA para consultar sobre decisiones de la vida personal, profesional y también cívicas. Es por eso qué una encuesta realizada por la revista científica Nature, relevó que los chatbot pueden influir al momento de las elecciones de un país. Las personas suelen consultar a la inteligencia artificial sobre los candidatos y en base a ésto, decidir su votación. 

Lo más preocupante es que sólo el 4% de los consultantes verifica las fuentes que utiliza la IA. 

Al igual que la revista científica Nature, la revista Science también lo confirma en un estudio realizado a fines del año 2025, dónde destaca qué los chatbot logran influenciar en los consultantes a través de la persuasión. Facilitando datos y respondiendo de modo respetuoso en cada chat, la inteligencia artificial logra analizar cómo se formulan ciertas actitudes y utiliza los sesgos cognitivos para identificar cada usuario que consulta y así, elaborar una respuesta. 

El problema principal sobre la influencia de la IA también son las deepfakes, que son narrativas falsas creadas con inteligencia artificial, que brinda información que no es real. En tiempos electorales, el aumento de las deepfakes contribuye al desconcierto y la incredulidad de las fuentes de información. Provocando una erosión en la información real y descreimiento, acabando con la importancia de las fuentes. Esto sumado al ritmo de vida actual, dónde la sociedad está atravesada por la distracción en las redes sociales y el déficit de atención en los jóvenes, contribuyen a la modificación y manipulación de las opiniones.

En psicología social, este mecanismo de manipulación se conoce cómo Modelo de la Probabilidad de Elaboración, dónde se analiza y se mide qué tanto piensa una persona sobre un mensaje recibido. Si la persona está distraída, sumado a cómo se dice el mensaje y quién lo dice. Cómo sucede en la actualidad ante las elecciones en Brasil y el uso abusivo de la desinformación en los medios de comunicación. Producto de la combinación de distracción ante los medios, las fake news, la IA y la manipulación de la audiencia; se crea una contienda electoral virulenta.   

 Un ejemplo del uso de IA en la sociedad votante, es la creación de militantes mujeres irreales, el reemplazo de figuras (hombres por mujeres) para aumentar el electorado femenino y la creación de datos falsos contra los partidos opositores. A pesar de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) -órgano judicial que regula las elecciones- dictaminó reglas para mitigar los daños de la IA, éstas siguen sin cumplirse. 

EL EFECTO DUNNING- KRUGER EN TIEMPOS DE IA

Es cierto qué en la actualidad las personas usamos la inteligencia artificial para resolver situaciones de la vida cotidiana, ¿pero qué pasa si se utiliza para dar una conferencia laboral con información errónea?. Y lo qué es peor, si usamos esa información para enaltecer y sobresalir nuestra imagen. El problema se agrava cuándo el poco conocimiento se acrecienta con el uso de las redes sociales, la sobreexposición, la falta de verificación de las fuentes, la carencia de retroalimentación y sobre todo el déficit de atención qué posee la sociedad hoy en día. Una sobredimensión de la desinformación y la grandilocuencia de lideres de opinión qué potencian de esta manera el "Efecto Dunning-Kruger".  


La sobreestimación de las capacidades limitadas en algunas áreas por parte de personas que se consideran a si mismas conocedoras de esas mismas áreas, lleva al Efecto Dunning Kruger. Son personas qué en algunos casos saben muy poco de un tema, pero tienen tanta confianza en si mismas que logran convencer a otros que saben mucho más. En otros casos, sucede qué no saben del tema que exponen, y en la actualidad pasa con la IA. 

Algunas personas confían en la fuente de información que utilizó la inteligencia artificial qué consultan, sin revisar ni retroalimentar la información. Produciendo fakes, desinformación, o inventando datos qué no existen. Como sucede en las redes sociales, dónde opinólogos, influencers o lideres de algunos programas del prime time informativo, señalan aspectos que no son ciertos o carecen de veracidad.

Si bien son tiempo dónde se complejiza cada vez más acceder al saber y elegir una fuente confiable, es necesario comprender la importancia de analizar minuciosamente cada detalle, los datos y analizar las fuentes. El trabajo científico es crucial y el respaldo de voces profesionales que sepan verdaderamente del tema para poder evitar caer en fakes news, opinólogos (bajo el efecto D-K) o falsos cientistas.  

En Argentina, el presidente Javier Milei ha demostrado ser ejemplo del efecto Dunning-Kruger con el ataque a más de 45 periodistas en el ultimo mes. Su forma de expresarse descalificando violentamente a los profesionales que no piensan cómo él, es el claro ejemplo de éste argumento. Ya que desde su asunción, se lo puede ver en distintos medios con una perdida de argumentos qué sólo se apoyan en descalificaciones.

 Por otro lado, limitó los accesos a los lugares comunes de cada periodista, retiró acreditaciones, y ha llevado a cabo la defensa de sus premiaciones y títulos personales, escudando argumentos que no fueron validados por organizamos internacionales. Cómo menciona en su libro publicado en Brasil: "graduado en la U.B.A", cuándo en realidad posee un título en la Universidad de Belgrano. También ocurrió con el diploma qué obtuvo en el Instituto Liberal de Praga, que fue difundido sin la autorización del centro educativo.  

Otro episodio del presidente argentino, fue ante el gobierno español donde recibió la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid por parte de la presidenta comunal, Isabel Díaz Ayuso, en el 2024. Qué incumplía con la Ley 2/2014 de la Acción y del Servicio Exterior, aprobada durante el mandato de Mariano Rajoy. La norma obligaba a Ayuso a informar de su encuentro con Milei al Ministerio de Exteriores, algo que incumplió. Dijo el presidente J. Milei en aquel momento:

"Donde voy soy sensación, de hecho soy el político más popular del mundo (...) a mí me invitan a un montón de lados, me dan un montón de premios".

Esas fueron sus declaraciones en el 2025, en un ataque que realizó a la prensa Argentina, hablando con un medio internacional. Ante ésta dificultad con la prensa, el actual presidente argentino lejos de retractar sus opiniones, confirma su postura y enaltece la figura del líder contestatario, que reproduce fake news y difunde datos de dudosa procedencia. Algo qué todavía perdura en el país y se agudiza en otras partes del mundo: información qué desinforma. 

En ésta línea, propongo un análisis más profundo sobre el Efecto Dunning Kruger en el siguiente podcast:

     

También a través de Ivoox:

 

Y a modo de ejemplo sobre mitos e informaciones que desinforman en el siguiente video, sobre el "Efecto Mandela":

 


Fuentes: https://www.pagina12.com.ar/2025/12/05/los-chatbots-de-ia-pueden-influir-en-los-votantes-segun-dos-estudios/

https://chequeado.com/ultimas-noticias/como-la-inteligencia-artificial-esta-influyendo-en-la-desinformacion-electoral-en-brasil/

https://dialogopolitico.org/edicion-especial-2025-democracia-artificial/inteligencia-artificial-y-elecciones-amenazas-prematuras/

https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/los-chatbots-de-ia-pueden-influir-en-tu-voto-da-igual-que-modelo-que-uses-nid08122025/

https://www.infobae.com/educacion/2026/01/19/cuales-son-los-principales-sesgos-cognitivos-y-como-se-manifiestan-en-la-ia/

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563225002262?via%3Dihub

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La ilusión de conocernos: privacidad, atención y el homo interneticus

Natalie Portman como Nina, frente a un espejo que multiplica su reflejo, en la película El cisne negro.

Si creés que te conocés bastante bien, dejame decirte que Internet tiene sus dudas. Damos por hecho que nuestro conocimiento es confiable, que nuestros datos no le interesan a nadie, que elegimos qué mirar y que seguimos siendo los mismos de antes del celular. Cada una de esas certezas tiene hoy estudios, casos y cifras en contra. En este artículo te propongo revisarlas una por una.

Creer que sabemos: el efecto Dunning-Kruger

En 1999, los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, de la Universidad de Cornell, tomaron pruebas de lógica, gramática y humor a un grupo de estudiantes y después les pidieron que se ubicaran respecto de sus compañeros. Los del cuartil más bajo habían quedado, como grupo, cerca del percentil 12. Ellos se ubicaron en el 62.

Los más competentes, en cambio, se subestimaban. Así nació el efecto Dunning-Kruger: para detectar nuestros errores necesitamos justamente el conocimiento que nos falta.

Ilustración del efecto Dunning-Kruger: la relación entre lo que sabemos sobre un tema y la confianza que sentimos.
Ilustración: jrgsanta.com.

Internet le suma una capa. En 2015, un equipo de Yale publicó nueve experimentos que muestran que buscar información en línea infla la estimación de lo que sabemos, incluso sobre temas que no buscamos. Matthew Fisher, autor principal del estudio, lo explicó así:

"Se vuelve más fácil confundir tu propio conocimiento con esta fuente externa. Cuando las personas están realmente solas, pueden equivocarse muchísimo sobre cuánto saben y cuánto dependen de Internet".

Para ser justos, el efecto original está en discusión. En 2020, Gilles Gignac y Marcin Zajenkowski analizaron 929 casos y concluyeron que buena parte del patrón es un artefacto estadístico. Una réplica de 2023 con una muestra representativa sí encontró el efecto, aunque más chico. Lo que sobrevive a la discusión es más incómodo: casi todos nos ubicamos por encima del promedio.

La privacidad como derecho

Carissa Véliz, filósofa e investigadora en Oxford, sostiene en Privacidad es poder (2020), como explicó en una entrevista con BBC Mundo, que perder privacidad es cederle poder a otros. Por eso propone tratar los datos personales como una sustancia tóxica, y regularlos como se reguló el amianto.

No es una exageración teórica: en una encuesta que realizó con Siân Brooke, el 92 % de los participantes dijo haber tenido una mala experiencia relacionada con su privacidad en Internet. Frente a quien dice no tener secretos, su respuesta es que el problema es no saber qué conviene proteger, y que eso suele descubrirse cuando ya es tarde.

Vigilancia colectiva: el caso TikTok

La periodista española Marta Peirano lleva el problema a otra escala. En su charla de TEDxMadrid de 2019 enumera lo que ya sabemos: nuestros dispositivos nos escuchan y nos geolocalizan aunque les pidamos que no lo hagan, y nuestra cara y nuestra voz entrenan algoritmos de reconocimiento sin nuestro consentimiento. Por eso concluye que la vigilancia es un problema colectivo, que no se resuelve con decisiones individuales.

TikTok muestra la dimensión geopolítica de esa idea. Tras años de sospechas de que los datos de sus usuarios llegaban al gobierno chino, en enero de 2026 se cerró un acuerdo de unos 14.000 millones de dólares:

  • una sociedad controlada por inversores estadounidenses opera la app para más de 200 millones de usuarios en Estados Unidos;
  • Oracle audita la seguridad de los datos;
  • el algoritmo de recomendación se reentrena en el país.

El acuerdo no respondió si había espionaje. Respondió otra pregunta: quién se queda con los datos.

Pandemia: el caso CuidAR

En la Argentina, la app CuidAR funcionó durante la pandemia como permiso de circulación. Para obtenerlo había que completar un autodiagnóstico de síntomas, y los términos de uso incluían el consentimiento para que el Estado tratara "datos sensibles de salud".

Pantalla de la aplicación CuidAR en un celular.
La app CuidAR, permiso de circulación durante la pandemia. Fuente: Clarín.

Amnistía Internacional, que analizó esos términos, advirtió que el sistema era centralizado y que el código del servidor, el que permite saber qué se hace con los datos, nunca se hizo público. La Fundación LED, en un informe, colocó a la Argentina en el quinto puesto de un ranking mundial de afectación de la privacidad por la pandemia.

La Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, por su parte, no encontró evidencia de que la app violara la ley. Aun así, en 2024, la Justicia admitió un amparo colectivo y ordenó borrar íntegramente las bases de datos. Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre, señaló:

"Este caso deja un precedente importante y debería ser homologado al resto de las aplicaciones que siguen manteniendo datos sin sentido".

Atención, emociones y diseño: creer que elegimos

Las redes compiten por nuestra atención, y la entrenan para saltar de un estímulo a otro, como desarrollamos en "¿Ver para creer?". Para retenerla, el recurso más eficaz son las emociones. El documental de DW El poder de las emociones muestra cómo el neuromarketing convierte en método lo que antes era intuición publicitaria, y advierte que "el arsenal de métodos neurocientíficos ofrece nuevas posibilidades, pero también peligros".

Frente a esto aparece una defensa conocida: la tecnología es neutral y todo depende del uso. El historiador Melvin Kranzberg la discutió en 1986 con su primera ley: la tecnología no es buena ni mala, pero tampoco es neutral.

Su argumento es que las técnicas interactúan con la sociedad y producen consecuencias que van mucho más allá de su propósito inmediato, y que una misma tecnología puede dar resultados muy distintos según el contexto.

Homo interneticus: creer que seguimos siendo los mismos

La preocupación no es nueva. En 1997, el politólogo italiano Giovanni Sartori describió al homo videns: una persona formada por la pantalla antes que por la lectura, para la que la imagen desplaza a la palabra y el pensamiento abstracto se debilita.

En 2010, el documental de la BBC La revolución virtual actualizó la pregunta para Internet: ¿estamos pasando al homo interneticus? Según el documental, la generación web llegará a la adultez con más de 10.000 horas conectada. La neurocientífica Susan Greenfield, la voz más alarmista, temía que un cerebro criado donde las acciones no tienen consecuencias se quedara en un estado infantil.

Las relaciones también cambiaron. El psicólogo Robin Dunbar calculó en 1992 que una persona puede mantener alrededor de 150 relaciones estables. En Facebook, la mayoría interactúa a diario con cinco o seis personas; el resto observa. Ese voyeurismo, mirar sin exponerse o exponerse como una celebridad, se volvió una forma de vida.

Infografía del número de Dunbar: los círculos de relaciones que una persona puede sostener, hasta un máximo de unas 150.
El número de Dunbar. Fuente: Difusor Ibero.

Esa misma conexión también movilizó. La Política 2.0 de la campaña de Barack Obama en 2008 acercó a los jóvenes a la política a través de las redes. Ocho años después, las mismas herramientas sirvieron para el caso Cambridge Analytica, que analizamos en "La realidad filtrada".

¿El final o el principio?

¿Qué permite un libro que no permite la pantalla? Un metaanálisis de 2018 reunió 54 estudios con 171.055 participantes que compararon la comprensión de un mismo texto leído en papel o en una pantalla. Los resultados son claros:

  • En papel se comprende mejor, aunque la diferencia es pequeña.
  • La ventaja crece cuando se lee con tiempo limitado.
  • Aparece en textos informativos, no en los puramente narrativos.
  • Aumentó con los años, en lugar de achicarse.

¿Hay evidencia de que la red cambia cómo pensamos? David Nicholas, del University College London, analizó millones de registros de navegación y detectó que el 40 % de los usuarios no regresa nunca a un sitio que ya visitó.

El documental de la BBC lo explica con dos tipos de lectores: los erizos, de lectura lineal y concentrada en una sola idea, y los zorros, que avanzan por asociación, de un enlace al siguiente. En un experimento con 100 voluntarios, la generación web respondió revisando la mitad de las páginas y usando apenas un sexto del tiempo que necesitaron los mayores.

Es la misma preocupación que planteamos en "A la deriva de la red": la lectura profunda pierde terreno frente al salto permanente de un estímulo a otro.

Ilustración de personas leyendo en papel y en pantalla.
Leer en papel o en pantalla. Ilustración: BrainFacts.org.

Palabras finales

Los casos aquí tratados dejan dos conclusiones.

Por un lado, sobreestimarnos no es un defecto individual: es el punto de partida de casi todos. Creemos saber, creemos estar a salvo y creemos elegir, mientras las plataformas, los gobiernos y los corredores de datos trabajan sobre esas certezas.

Por el otro, la salida tampoco es individual. Como muestran CuidAR y TikTok, lo que pasa con nuestros datos se decide en tribunales, en acuerdos y en leyes. La red puede ser un espejo de lo que somos, pero solo sirve si aprendemos a mirarnos. Conocernos mejor empieza por desconfiar un poco de nuestras propias certezas.

Para conocer más

Si querés escuchar cómo estas ideas se cruzan con la vida cotidiana, te recomiendo el episodio 4 de Demasiado bueno para ser IA, "¿Qué tan bien te conocés?", donde cuento la historia completa de CuidAR y por qué "no tengo nada que esconder" es el Dunning-Kruger de la privacidad.

Y si preferís verlo, en el video "5 cosas que creés de vos (y que Internet ya puso en duda)" recorro estos temas con imágenes, desde el censo que salvó cientos de miles de vidas hasta la cronología completa de TikTok.

Referencias

  1. Kruger, J. y Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it. Journal of Personality and Social Psychology, 77(6). https://doi.org/10.1037/0022-3514.77.6.1121
  2. Fisher, M., Goddu, M. K. y Keil, F. C. (2015). Searching for explanations: How the Internet inflates estimates of internal knowledge. Journal of Experimental Psychology: General, 144(3). https://doi.org/10.1037/xge0000070 (Cita de Fisher: American Psychological Association, comunicado del 31 de marzo de 2015. https://www.apa.org/news/press/releases/2015/03/internet-knowledge)
  3. Gignac, G. E. y Zajenkowski, M. (2020). The Dunning-Kruger effect is (mostly) a statistical artefact. Intelligence, 80. Dunkel, C. S. y otros (2023). Reevaluating the Dunning-Kruger effect. Intelligence, 96. https://doi.org/10.1016/j.intell.2022.101717
  4. Hernández Velasco, I. (15 de octubre de 2020). Carissa Véliz: "La falta de privacidad ha causado, indirectamente, más muertes que el terrorismo". BBC Mundo. Reproducida en https://www.elobservador.com.uy/nota/carissa-veliz-profesora-de-oxford-la-falta-de-privacidad-ha-causado-indirectamente-mas-muertes-que-el-terrorismo--2020101511740
  5. Véliz, C. (2020). El desafío de la privacidad en la era tecnológica. CIDOB. https://www.cidob.org/publicaciones/pildora-opinion-desafio-privacidad-era-tecnologica
  6. Peirano, M. (2019). La vigilancia es un problema colectivo, como el cambio climático. TEDxMadrid. https://www.ted.com/talks/la_vigilancia_es_un_problema_colectivo_como_el_cambio_climatico
  7. DW (23 de enero de 2026). TikTok crea empresa conjunta en EE. UU. para evitar prohibición. https://www.teletica.com/entretenimiento/tiktok-crea-empresa-conjunta-en-ee-uu-para-evitar-prohibicion_400935 · MacMagazine (19 de diciembre de 2025). TikTok assina acordo e venda para os EUA deverá ser fechada em janeiro. https://macmagazine.com.br/post/2025/12/19/tiktok-assina-acordo-e-venda-para-os-eua-devera-ser-fechada-em-janeiro/
  8. Amnistía Internacional Argentina (2020). Documento sobre la app Cuidar. https://amnistia.org.ar/wp-content/uploads/delightful-downloads/2020/09/paper-app-cuidar-MODIFICADO.pdf
  9. iProfesional (2020). Polémica por la app CuidAR: estudio advierte sobre la violación de la privacidad. https://www.iprofesional.com/actualidad/318804-polemica-por-app-cuidar-advierten-por-violacion-de-privacidad
  10. Marval O'Farrell Mairal (2020). Investigation into App Cuidar Finds no Evidence of Breach. https://www.marval.com/Publicacion/investigacion-sobre-la-app-cuidar-13816?lang=en
  11. DPL News (13 de junio de 2024). Protección de datos: la Justicia ordenó al Estado borrar las bases de la aplicación CUID.AR. https://dplnews.com/argentina-proteccion-de-datos-la-justicia-ordeno-al-estado-borrar-las-bases-de-la-aplicacion-cuid-ar/
  12. DW. El poder de las emociones: ¿somos objeto de manipulación? https://www.dw.com/es/el-poder-de-las-emociones-somos-objeto-de-manipulaci%C3%B3n/a-62674771
  13. Kranzberg, M. (1986). Technology and History: "Kranzberg's Laws". Technology and Culture, 27(3). https://doi.org/10.2307/3105385
  14. Sartori, G. (1998). Homo videns. La sociedad teledirigida. Taurus. https://www.casadellibro.com.co/libro-homo-videns-la-sociedad-teledirigida/9788466342513/6311202
  15. BBC (2010). La revolución virtual, capítulo 4: "Homo Interneticus". https://www.youtube.com/watch?v=lFEyc79W0IQ
  16. Delgado, P., Vargas, C., Ackerman, R. y Salmerón, L. (2018). Don't throw away your printed books: A meta-analysis on the effects of reading media on reading comprehension. Educational Research Review, 25. https://cris.haifa.ac.il/en/publications/dont-throw-away-your-printed-books-a-meta-analysis-on-the-effects/
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Privacidad es poder: el predominio de la vigilancia masiva


Detrás de las pantallas que consultamos mecánicamente decenas de veces al día, opera una compleja arquitectura de vigilancia, manipulación emocional y reconfiguración neurobiológica que redefine la soberanía individual. La ilusión de actuar con total libertad en la red choca frontalmente con el sesgo cognitivo, la recolección masiva de datos y el diseño intencionado de plataformas construidas para capturar la atención humana.

Auto
percepción en la era digital y el sesgo del conocimiento

La sobreabundancia de datos en Internet genera una falsa sensación de maestría conceptual que distorsiona la evaluación de nuestras propias capacidades. Este fenómeno se vincula directamente con el Efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo donde individuos con escaso conocimiento en un área tienden a sobreestimar drásticamente su competencia, mientras que los expertos reconocen la complejidad del campo.

En el entorno online, la inmediatez de los motores de búsqueda amplifica esta distorsión. Al confundir el acceso instantáneo a la información con la asimilación crítica del conocimiento, el usuario promedio adopta posturas tajantes sobre asuntos complejos, reduciendo el espacio para el debate riguroso y la autocrítica intelectual.

Privacidad, vigilancia y la dimensión colectiva del control

La privacidad no representa un privilegio individual de ocultamiento, sino un derecho fundamental que sostiene la autonomía democrática y la libertad de expresión. En su obra Privacidad es poder, la investigadora Carissa Véliz advierte que la comercialización indiscriminada de datos personales erosiona las bases de la sociedad abierta al transformar la conducta humana en materia prima predecible.

Como sostiene la especialista Marta Peirano, la vigilancia digital no constituye una problemática personal que se solucione con configuraciones individuales, sino un mecanismo de control social colectivo. Esta dinámica se evidencia en casos globales y coyunturas de emergencia:

  • Caso de estudio TikTok: Las acusaciones sobre ciberespionaje, extracción masiva de metadatos y control algorítmico por parte del gobierno chino exponen la dimensión geopolítica de las aplicaciones masivas.

  • Pandemia y gestión de datos: La crisis sanitaria aceleró la adopción de aplicaciones de rastreo donde las omisiones éticas y la opacidad en el manejo de datos sentaron precedentes de monitorización estatal sin auditoría pública.

Impacto en el comportamiento, la psicología y el debate de la neutralidad

Las tecnologías digitales no son instrumentos neutros, sino arquitecturas orientadas a condicionar la atención mediante el neuromarketing y la manipulación emocional. La discusión sobre la neutralidad tecnológica se resuelve al observar cómo la interfaz misma moldea la conducta: el diseño del infinite scroll, el autoplay y las notificaciones intermitentes están calibrados para explotar las vulnerabilidades del sistema dopaminérgico.

Esta sobreestimulación permanente acarrea graves consecuencias comportamentales:

  1. Dependencia y fragmentación de la atención: La exposición ininterrumpida a alertas degrada la atención ejecutiva, imposibilitando la concentración profunda en tareas complejas.

  2. Explotación emocional del consumo: El neuromarketing analiza respuestas inconscientes para dirigir decisiones de compra y moldear la opinión pública mediante contenidos que apelan a la indignación.

  3. Determinismo del diseño: Las plataformas imponen reglas de interacción que incentivan la reacción rápida y penalizan el análisis pausado, demostrando que la herramienta nunca es aséptica.

El nacimiento del "Homo Interneticus": De la sociabilidad al pensamiento asociativo

La conexión permanente ha dado origen a una nueva generación digital cuyas estructuras cognitivas, emocionales y políticas son moldeadas por la red. El Homo Interneticus habita un entorno donde la frontera entre lo físico y lo virtual se ha disuelto, transformando la construcción de la identidad y la naturaleza de los lazos interpersonales.

La especialista Sherry Turkle analiza cómo la "vida en Facebook" promueve una sobreexposición donde la identidad se convierte en una versión curada y simulada para obtener validación externa. Esta dinámica distorsiona las relaciones: el Número de Dunbar (desarrollado por Robin Dunbar) establece un límite neurobiológico de 150 vínculos cohesivos; sin embargo, las redes simulan miles de contactos sosteniendo un modelo basado en el voyeurismo digital.

En el plano cognitivo, el procesamiento de información ha cambiado del modelo lineal de los Erizos (lectura enfocada y profunda) al modelo asociativo y fragmentado de los Zorros (escaneo rápido y disperso). Asimismo, este sujeto habita la llamada Política 2.0, donde la red actúa como un potente catalizador para la movilización ciudadana y la polarización del debate público.

Reflexión final: Lectura, evidencia y preguntas sobre el futuro

La transición del libro físico a la pantalla digital marca la brecha entre la asimilación conceptual profunda y la navegación asociativa. Mientras que la lectura en papel exige y fortalece la memoria de trabajo, la lectura en formatos digitales incentiva la distracción constante mediante hipervínculos y estímulos visuales, reconfigurando la plasticidad cerebral de forma medible según los postulados de Nicholas Carr y Marshall McLuhan.

Las evidencias científicas confirman que la red está modificando la memoria a largo plazo y la capacidad analítica. Frente a este panorama, las preguntas sobre el futuro permanecen abiertas: ¿nos encontramos ante el fin de la autonomía intelectual o ante el principio de una inteligencia colectiva superior gracias a la tecnología?

🎙️ Expandí esta experiencia transmedia: Te invitamos a escuchar el desglose de todos estos ejes en el Capítulo 4 de Hoy Todo Vale en iVoox o a acceder a la versión en video en nuestro canal de YouTube.


Fuentes y Fuentes Consultadas

  • Carr, N. (2010). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestros cerebros?. Editorial Taurus.

  • Dunbar, R. I. M. (1992). Neocortex size as a constraint on group size in primates. Journal of Human Evolution.

  • Kruger, J., & Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one's own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of Personality and Social Psychology.

  • McLuhan, M. (1964). Understanding Media: The Extensions of Man. McGraw-Hill.

  • Peirano, M. (2019). El enemigo conoce el sistema: Manipulación de ideas, personas y votos después de redes sociales. Debate.

  • Turkle, S. (2011). Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other. Basic Books.

  • Véliz, C. (2020). Privacidad es poder: Datos, vigilancia y libertad en la era digital. Debate.

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Detrás de la pantalla: las heridas familiares que no se ven

 Cuando el dolor viene desde casa. 



La familia suele ser uno de los primeros espacios donde aprendemos a relacionarnos, expresar lo que sentimos y construir nuestra autoestima. Sin embargo, no todas las personas crecen en un ambiente de contención y seguridad. Los conflictos constantes, la falta de comunicación, los gritos, el rechazo o la ausencia de apoyo emocional pueden influir en la manera en que una persona se percibe a sí misma y se relaciona con los demás. 

Crecer en una familia disfuncional no significa que una persona necesariamente vaya a tener problemas psicológicos, pero sí puede hacer que algunas experiencias sean más difíciles de afrontar. En ciertos casos, alguien puede acostumbrarse a ocultar sus emociones, tener miedo al rechazo, desconfiar de los demás o sentir que debe esforzarse constantemente para recibir cariño y reconocimiento. Otras personas pueden experimentar dificultades para poner límites, expresar sus necesidades o construir relaciones saludables.

Muchas veces, estas experiencias no se ven desde afuera. Una persona puede mostrarse alegre, sociable y activa, mientras internamente siente tristeza, inseguridad o soledad. Incluso puede tener dificultades para reconocer lo que siente, especialmente si durante su infancia no tuvo un espacio seguro para hablar de sus emociones. Las experiencias familiares adversas pueden afectar el bienestar y el desarrollo, aunque sus consecuencias varían según cada persona y el apoyo que encuentre a lo largo de su vida.

 


Internet como refugio emocional

En este contexto, las redes sociales pueden ocupar un lugar importante. Para alguien que no encuentra comprensión o afecto en su hogar, Internet puede convertirse en un espacio donde buscar compañía, expresar lo que siente o encontrar personas que hayan atravesado situaciones similares. Leer experiencias de otros puede ayudar a comprender que no está solo y que existen otras formas de construir vínculos.

Sin embargo, las redes también pueden generar nuevas dificultades. Ver constantemente familias que parecen perfectas, padres cariñosos, reuniones felices y relaciones aparentemente ideales puede provocar tristeza o hacer que una persona compare su propia historia con la de los demás. Es importante recordar que lo que se publica en Internet suele mostrar solo una parte de la realidad y que ninguna familia está libre de conflictos.


La influencia de Internet en nuestra mente

Las plataformas digitales están diseñadas para mantener nuestra atención mediante notificaciones, recomendaciones y contenido personalizado. Esta dinámica se puede relacionar con las ideas de Nicholas Carr en su libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, donde analiza cómo el uso de Internet influye en nuestra atención y en la manera en que procesamos la información. En una persona que atraviesa dificultades emocionales, el uso de las redes puede convertirse en una forma de distraerse de los problemas cotidianos o evitar por un momento aquello que le genera malestar. Sin embargo, aunque esa distracción puede brindar alivio temporal, no siempre ayuda a resolver lo que sucede.

También es importante reconocer que las redes sociales no son necesariamente negativas. Pueden facilitar el acceso a información sobre salud mental, brindar espacios de expresión y permitir que las personas encuentren comunidades de apoyo. Lo importante es aprender a utilizarlas de manera consciente y comprender que ningún contenido de Internet puede reemplazar por completo el acompañamiento emocional que una persona necesita. Hablar con alguien de confianza, buscar ayuda profesional cuando sea necesario y construir vínculos seguros pueden ser pasos importantes para aprender a gestionar las emociones y desarrollar una relación más saludable con uno mismo.

Nuestra historia no determina nuestro futuro

Crecer en una familia disfuncional puede dejar experiencias difíciles que influyen en la autoestima, la confianza y la manera de relacionarse con los demás. Las redes sociales pueden funcionar como un refugio y una fuente de apoyo, pero también pueden alimentar comparaciones y distracciones que no siempre benefician nuestro bienestar. Nuestra historia familiar influye en quienes somos, pero no determina por completo quiénes podemos llegar a ser. Detrás de cada pantalla puede haber una historia que desconocemos, emociones que no se expresan y heridas que no siempre son visibles. Reconocer lo que nos pasa, comprender nuestras emociones y buscar relaciones más saludables también forma parte de construir nuestro propio camino.

También es importante entender que sanar no significa olvidar lo vivido ni hacer como si nada hubiera pasado. A veces, implica aprender a poner límites, dejar de buscar constantemente la aprobación de los demás y reconocer que merecemos vínculos en los que nos sintamos queridos, escuchados y respetados. En este proceso, las redes sociales pueden ser una herramienta positiva si las utilizamos para encontrar información, compartir experiencias y conectar con personas que nos ayuden a sentirnos comprendidos, sin convertir la vida de los demás en una medida de nuestro propio valor.

En definitiva, no podemos elegir la familia en la que crecemos, pero sí podemos construir nuevas formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Aunque las experiencias del pasado dejen huellas, no tienen por qué definir nuestro futuro. Aprender a reconocer nuestras heridas, pedir ayuda cuando lo necesitamos y alejarnos de aquello que nos hace daño son pasos importantes para nuestro bienestar emocional. En un mundo donde las redes sociales muestran constantemente vidas aparentemente perfectas, recordar que cada persona tiene su propia historia nos permite mirar más allá de las apariencias y comprender que nadie tiene que ser perfecto para merecer amor, tranquilidad y una vida saludable.


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Fuentes y bibliografía:

 Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus. Permite reflexionar sobre la influencia de Internet en nuestra atención y en la manera en que procesamos la información.

Enlace: https://books.google.com/books?id=0bLKmaXgdxMC

 Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About Adverse Childhood Experiences (ACEs). Explica cómo las experiencias adversas durante la infancia pueden afectar el bienestar y el desarrollo a largo plazo.

Enlace: https://www.apa.org/topics/social-media-internet/health-advisory-adolescent-social-media-use

 American Psychiatric Association. Social Determinants of Mental Health in Children and Youth. Aborda factores familiares y sociales que pueden influir en la salud mental de niños y jóvenes.

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