La realidad filtrada: cómo Facebook influye en la política

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Las burbujas de filtros

Si sos una de esas personas que se "informan" a través de las redes sociales, dejame decirte que no te estás informando. Las noticias que ves están filtradas de modo que solo te enteres de lo que ellos quieren que sepas. ¿Quiénes son ellos? Se los conoce como el club de los cinco: un grupo de cinco empresas que controlan prácticamente todo lo que pasa en Internet.

Sería incorrecto decir que controlan lo que pensás; no es tan grosero como eso. Lo que sí hacen es construir una realidad a tu medida, como hablamos en un artículo anterior.

Las plataformas extraen datos acerca de nosotros que les dicen quiénes somos y qué pensamos. A partir de estos datos, los algoritmos construyen nuestros feeds o Inicios de forma personalizada, lo que hace que cada usuario termine viviendo en su propia burbuja de filtros.

El concepto de burbuja de filtros fue originado por Eli Pariser, un activista político estadounidense, y se popularizó gracias a la charla TED que realizó en marzo de 2011.

En la charla puede encontrarse un ejemplo claro del fenómeno. Pariser pidió a dos de sus amigos que buscaran en Google la palabra "Egipto" y en los resultados de ambos había una diferencia clave: a uno le aparecían enlaces a la contemporánea Revolución de Egipto, pero al otro no.

Este fue uno de los primeros ejemplos acerca de cómo los algoritmos estaban impactando en la construcción de la realidad. En su libro, El filtro burbuja: Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos (2011), Pariser ve tres formas en las que las burbujas de filtros podrían interponerse en la construcción de conocimiento que resultan fuertemente vigentes en el día de hoy:

  • Elimina la serendipia (el encuentro casual) con nuevas ideas.
  • Crea un bucle de confirmación al reforzar creencias preexistentes.
  • Ofrece una versión fragmentada y descontextualizada de la realidad.
Eli Pariser, activista y autor del concepto de burbuja de filtros, en el escenario de TED
Eli Pariser, creador del concepto de burbuja de filtros, durante una de sus charlas TED. Fuente: TED.

El caso Cambridge Analytica

Dentro del club de los cinco dueños de Internet, Facebook protagonizó el escándalo más importante sobre el uso de datos personales: el caso Cambridge Analytica, una consultora británica que obtuvo datos de millones de usuarios sin su permiso para intentar influir en elecciones. A ocho años de las declaraciones de Christopher Wylie, quien destapó el caso, la historia sigue desarrollándose.

Fundada en 2013, la consultora Cambridge Analytica operaba ofreciendo análisis de datos y perfilamiento psicológico enfocado en campañas políticas. Según detalla CNBC, la empresa obtuvo de forma ilícita la información privada de más de 87 millones de usuarios de Facebook a través de un test de personalidad (This Is Your Digital Life) alojado en la plataforma.

El objetivo era obtener perfiles certeros de los usuarios que les permitieran predecir e influir en sus decisiones electorales. Lo interesante es cómo realizaron esta "manipulación": hicieron uso de estos perfiles para decidir qué noticias podrían cambiar el punto de vista de los votantes. Cuando el momento de las elecciones se acercó, crearon justo esas noticias y las publicitaron de forma segmentada en las redes sociales. Sobre esto, Wylie dice:

"Si empiezas a deformar la percepción de los votantes sin su consentimiento o conocimiento, esa es una violación básica de su autonomía para tomar decisiones libres, porque están votando en función de cosas que creen que son reales pero no necesariamente lo son".
Christopher Wylie, ex empleado de Cambridge Analytica, declarando ante el Senado de Estados Unidos
Christopher Wylie, ex empleado de Cambridge Analytica, durante su declaración ante el Senado de Estados Unidos en mayo de 2018. Fuente: Politico.

Tal como reporta la BBC, estas tácticas se usaron en dos de los grandes momentos electorales globales del momento. Uno de ellos fue la campaña presidencial de Donald Trump en 2016, que terminaría con su elección como presidente de Estados Unidos. El otro fue el referéndum del Brexit de 2016, que llevó a la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Este suceso no solo es relevante debido a las últimas actualizaciones del caso que vieron a un jurado estadounidense fallar en contra de Meta (la actual dueña de Facebook), sino también porque la estrategia de Cambridge Analytica se conectó directamente con la mecánica de las burbujas de filtros: construyeron noticias y anuncios pensados para ser especialmente efectivos una vez atravesados los filtros de los usuarios.

Mark Zuckerberg declarando ante el Congreso de Estados Unidos por el caso Cambridge Analytica
Mark Zuckerberg responde preguntas del Senado de Estados Unidos sobre el caso Cambridge Analytica, el 10 de abril de 2018. Fuente: RFI / Reuters.

La influencia en la política local

No hay que creer que la influencia de las plataformas en la política solo tiene lugar en países centrales. El estudio titulado La mano invisible: el News Feed de Facebook y nuestra dieta informativa se publicó en 2018 y ofrece un claro ejemplo de la influencia de Facebook en la política local.

Cabe mencionar que esta investigación fue realizada en el marco de la World Wide Web Foundation, una organización fundada en 2009 por Tim Berners-Lee, el propio inventor de la Web.

Su objetivo como fundación fue el de establecer una Web para todos, donde los usuarios tengan el poder y obliguen a las empresas a ser transparentes. Sin embargo, el proyecto se terminó en 2024 y hoy solo puede accederse a través de páginas como Wayback Machine.

El punto de partida de la investigación fue una cifra contundente: el 65% de la población argentina utilizaba Facebook como su fuente principal de noticias. Lo que daba pie a una pregunta: ¿cómo se constituía la "dieta informativa" que Facebook ofrecía a estos usuarios?

Para responder esta pregunta, se crearon seis perfiles con la misma información y se siguieron las mismas 22 páginas (una mezcla de portales de noticias y figuras políticas). Luego de un período, se diferenció a los perfiles al darles una polarización política: dos le dieron "Me gusta" a publicaciones de Mauricio Macri, otros dos a publicaciones de Cristina Fernández de Kirchner y otros dos se mantuvieron neutrales.

Los hallazgos indican que los algoritmos de Facebook realizan un filtrado de noticias antes de que estas aparezcan en la "plaza pública" de cada usuario. Se encontró que:

  • Había grandes diferencias entre el número de noticias publicadas y las que llegaban a los perfiles (el 18%).
  • Ciertos temas sociales eran invisibilizados (noticias donde se mencionaban hechos de violencia hacia mujeres).
  • Usuarios con exactamente los mismos datos en el perfil eran expuestos a noticias diferentes (no se pudo determinar los criterios detrás del filtro).

Palabras finales

La conclusión es incómoda: lo que vemos en las redes no es un reflejo de la realidad, sino una versión filtrada a nuestra medida. Y eso tiene implicaciones importantes para cada usuario.

Por un lado, podemos estar seguros de que, entre todos los datos personales que se han recopilado sobre nosotros, en algún lado existe un perfil sobre quiénes somos y qué opinamos. Y no hace falta que alguien quiera aplicar las tácticas de Cambridge Analytica: los algoritmos ya usan ese perfil para moldearnos según sus intereses programados. Hoy ese interés es nuestra atención. ¿Y mañana cuál será?

Por el otro, toda la información que nos llega a través de las redes pasa por filtros que no conocemos y que no podemos cambiar. O eso nos quieren hacer creer. El problema está en que salir de la burbuja de filtros no es fácil ni conveniente. Pero sí es necesario.

Si estás buscando la manera de escapar de tu burbuja de filtros, te recomiendo el último episodio de Demasiado bueno para ser IA. Ahí entro en detalle acerca de las consecuencias de este fenómeno para la vida social y presento algunas propuestas para explotar la burbuja.

Y si te interesa saber más acerca del club de los cinco dueños de Internet, te recomiendo este video donde te cuento casos reales en los que cada una de estas empresas ha recopilado y utilizado nuestros datos para sus propios fines.

Referencias

1. Brodersen, Juan (2018). Dueños de internet: cómo el "Club de los 5" maneja el mundo. Clarín.

2. Broccoli, Agustín (2026). A la deriva de la red: La atrofia cognitiva en la realidad algorítmica. Decir Web.

3. Pariser, Eli (2011). Beware online filter bubbles. TED.

4. Guimón, Pablo (2018). "El Brexit no habría sucedido sin Cambridge Analytica". El País.

5. Meredith, Sam (2018). Facebook and Cambridge Analytica: A timeline of the data-hijacking scandal. CNBC.

6. Redacción BBC Mundo (2018). Cambridge Analytica: el caso de Facebook en 5 preguntas fáciles de entender. BBC Mundo.

7. Op. cit.

8. Durán San Juan, Isabela (2026). Facebook engañó 70 millones de usuarios sobre sus prácticas de privacidad y vendió datos a Cambridge Analytica. Infobae.

9. Ávila, Renata; Ortiz Freuler, Juan y Fagan, Craig (2018). La mano invisible: el News Feed de Facebook y nuestra dieta informativa. World Wide Web Foundation (via Wayback Machine).

10. World Wide Web Foundation (2017). Delivering Digital Equality: The Web Foundation's 2017–2022 Strategy. World Wide Web Foundation (via Wayback Machine).

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George Orwell - 2026: Del Big Brother a las Big Tech




 Tiempo de lectura: 3-4 minutos 

 1984 dejó de ser ciencia ficción

En su célebre novela 1984, George Orwell imaginó un futuro distópico donde un régimen totalitario lo vigilaba todo a través de la figura del Gran Hermano y la omnipresente "telepantalla". Durante décadas, esa obra se leyó como una advertencia lejana o una crítica a los regímenes autoritarios del siglo XX. Sin embargo, en pleno siglo XXI, la realidad no solo alcanzó esa ficción, sino que la superó con creces.

Aunque la diferencia principal reside en la forma en la que ese control es ejercido. En el universo orwelliano, la vigilancia era impuesta por la fuerza y a través del miedo al Estado. Hoy en día, en cambio, llevamos la "telepantalla" en el bolsillo por voluntad propia y pagamos gustosos por ella. Aceptamos términos y condiciones sin leer y entregamos voluntariamente nuestra ubicación, nuestras rutinas, nuestros gustos y nuestros pensamientos más íntimos a través de nuestros dispositivos. 


El ojo que todo lo ve: Del Gran Hermano al "Club de los Cinco"

En la novela de Orwell, quien concentraba el poder era el Partido Mártir que controlaba la "neolengua" y reescribía la historia constantemente para moldear la mente de los ciudadanos. En nuestro presente, ese rol de vigilancia total y manipulación cultural no lo ejerce un único dictador, sino un oligopolio corporativo transnacional: el llamado "Club de los Cinco" (Microsoft, Amazon, Google, Meta y Apple). 

Estas empresas monopolizan la red y operan por encima de fronteras y legislaciones nacionales. A través de algoritmos invisibles y del fenómeno del filtro de burbuja, estas plataformas van seleccionando minuciosamente qué información consumimos y cuál se invisibiliza.           
Esta recolección sistemática de datos no busca solo venderte productos, también apunta al moldeo conductual. Mediante técnicas de neuromarketing e ingeniería emocional, agencias y plataformas analizan nuestras reacciones cerebrales y emocionales para predecir e influir en nuestras decisiones cotidianas y políticas. Ya no hace falta la Policía del Pensamiento cuando los propios algoritmos dirigen de manera desapercibida hacia dónde va nuestra atención. 

 Policías del pensamiento modernas de la hipervigilancia: Beijing y Tel Aviv  

La arquitectura del Big Brother actuál se alimenta de desarrollos tecnológicos que llevan el control a un nivel casi omnisciente. Si bien este fenómeno es global, dos polos tecnológicos ilustran a la perfección cómo se materializa esta hipervigilancia hoy en día: 

El control social algorítmico: En China, la vigilancia masiva combina reconocimiento facial en tiempo real, crédito social y aplicaciones masivas como TikTok (ByteDance). Se trata  del uso de datos para estudiar y condicionar conductas de masas a escala planetaria. 

El espionaje militar invisible: Del otro lado, la industria tecnológica de Israel ha convertido la intercepción digital en un negocio global. Herramientas de grado militar como el software Pegasus (creado por NSO Group) permiten infectar teléfonos móviles sin que el usuario haga un solo clic.

En América Latina, este tipo de tecnologías privadas se han infiltrado en la gestión pública con consecuencias directas para la democracia. Un informe exhaustivo de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH ha alertado sobre la compra de software de intrusión digital por parte de diversos gobiernos de la región.

Asimismo, investigaciones forenses del laboratorio académico Citizen Lab de la Universidad de Toronto y análisis del Journal of International Political Economy demuestran que estos programas invisibles han sido utilizados en países como México, El Salvador, Colombia y Brasil para espiar y rastrear a periodistas, activistas sociales y defensores de derechos humanos, convirtiendo la privacidad en un privilegio extinto.

Reflexiones al voleo

Orwell escribió en 1984 que "quien controla el presente controla el pasado, y quien controla el pasado controlará el futuro". En la era digital, quien controla los algoritmos y los servidores, sin duda alguna controla el presente. 

Internet no se volvió un entorno de vigilancia por accidente, fue diseñada por actores estatales y corporativos para concentrar poder y extraer beneficios a costa de nuestra intimidad. Lejos de democratizar el conocimiento de forma equitativa, la red ha permitido un fenómeno de concentración económica y monitoreo de la vida privada sin precedentes históricos. La pregunta ya no es si nos están mirando, sino hasta qué punto estamos dispuestos a resignar nuestra libertad a cambio de comodidad digital.

🎧 ¿Preferís escuchar este análisis mientras viajás o hacés otra cosa? 🚶‍♂️🚌

No te quedes solo con la lectura. Escuchá el debate extendido y con un tono mucho más cercano en nuestro último episodio de podcast, donde desarticulamos cómo opera la hipervigilancia digital hoy. 📲



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El pánico selectivo: a quién le tememos cuando hablamos de vigilancia

En julio de 2020, Mike Pompeo, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, fue consultado en Fox News sobre si los estadounidenses debían descargar TikTok. Su respuesta cabe en una línea: "Solo si quieren que su información privada caiga en manos del Partido Comunista Chino" (CNBC, 2020). No habló de servidores ni de algoritmos, y no presentó pruebas. No le hizo falta.

Más de seis años después, la historia tuvo final. Con una ley, un fallo de la Corte Suprema y una venta forzada de por medio, en enero de 2026 TikTok quedó en Estados Unidos bajo una empresa de mayoría estadounidense. Pero lo que me quedó dando vueltas no es si TikTok recolecta datos. Lo hace, como casi todas las plataformas de las que hablé en La cárcel sin paredes. Lo que me pregunto es por qué ese caso, y no otros, activó una ley. hero-image-fill-size-1248x702-v1655488927

Qué es ByteDance y qué dice la ley

TikTok pertenece a ByteDance, una empresa fundada en 2012 con sede operativa en Beijing. Dentro de China la app se llama Douyin y funciona por separado; afuera, TikTok. En abril de 2024 el entonces presidente Joe Biden firmó la ley conocida como "divest-or-ban" (vender o prohibir): nombra a ByteDance y a TikTok, y dispone que, si no hay una venta, las tiendas de aplicaciones y los servicios de alojamiento no podrán distribuir ni actualizar la app en el país. La Corte Suprema confirmó su constitucionalidad el 17 de enero de 2025.

El desenlace llegó el 22 de enero de 2026. Nació TikTok USDS Joint Venture, con ByteDance reducida a 19,9% y tres socios principales (Oracle, Silver Lake y el fondo MGX, de Abu Dhabi) con 15% cada uno. Oracle aloja los datos en su nube en Estados Unidos, el algoritmo se reentrena con datos de usuarios estadounidenses y el CEO es Adam Presser, un ejecutivo con pasado en Warner Bros. que ya trabajaba en la empresa (Variety, 2025; 2026).

El argumento detrás de la ley es de riesgo potencial: ByteDance es una empresa china y, en teoría, el gobierno de ese país podría presionarla para acceder a datos o influir en el algoritmo. Es un argumento que se entiende. La pregunta es qué pruebas lo sostenían.

Un miedo con pocas pruebas

Fui a leer las fuentes. La nota de CNBC de 2021 que suele citarse para sostener que ByteDance controla a TikTok se apoya sobre todo en cinco ex empleados que hablaron bajo anonimato, junto con opiniones de expertos sobre lo que China podría hacer. Entre los expertos con nombre hay voces dispares: Graham Webster, de Stanford, llegó a calificar la amenaza como poco probable, porque el gobierno chino puede conseguir datos parecidos por otras vías. La misma nota señala que en los últimos cuatro informes semestrales de transparencia de la empresa no figura ni una solicitud de datos del gobierno chino (CNBC, 2021). Es información de la propia empresa, así que tampoco la tomo como prueba definitiva, pero es un documento público y no un testimonio sin nombre.

Tampoco se puede decir que no hay nada. En 2022, BuzzFeed News publicó audios filtrados de más de 80 reuniones internas en las que empleados de ByteDance en China accedían a datos de usuarios estadounidenses (Baker-White, 2022). Ese mismo año la propia ByteDance reconoció que empleados habían usado indebidamente datos de dos periodistas para rastrear filtraciones, y despidió a cuatro personas (Al Jazeera, 2022). Eso es grave y justifica regular. Pero es acceso interno: ninguna de estas fuentes demuestra que los datos llegaran al gobierno chino. Entre "podría" y un "hecho" hay una distancia que la ley dio por saldada.

Una aclaración sobre cómo leo las fuentes. Todo medio tiene intereses: uno occidental no es neutral cuando investiga a China, ni uno chino cuando defiende a China. Por eso me quedo con lo que se puede verificar en documentos públicos y con lo que las partes admiten en su contra. Me pesa más el reconocimiento de ByteDance que cualquier audio filtrado.

"Comunista": la palabra que hace el trabajo

Volvamos a la frase de Pompeo, que está armada con cuidado. No dice "el gobierno chino": dice Partido Comunista. China es hoy una economía de mercado, con empresas privadas, bolsa y multimillonarios, y ByteDance misma es una empresa privada que compite en el mercado global. Es cierto que gobierna un partido único con ese nombre, pero la palabra no describe cómo funciona su economía. Describe un miedo instalado. Heredado de la Guerra Fría y repetido durante décadas en discursos, películas y titulares, ese miedo funciona sin necesidad de argumentar nada. Pompeo no explicó un riesgo técnico: activó un reflejo y una paranoia con una cadena de sentidos con años de propaganda. 

Y no fue un caso aislado. Según CNBC, la posible prohibición se enmarcaba en una campaña más amplia contra la tecnología china, que antes había apuntado a Huawei y ZTE con acusaciones de espionaje que Huawei negó (CNBC, 2020). Cambia la empresa y el relato se repite.

Lo que no genera pánico

Ahora, el contraste. En 2013, Edward Snowden filtró la existencia de PRISM, un programa de la NSA. Según los reportes de The Washington Post y The Guardian recogidos por TechCrunch (2013), le daba a la NSA y al FBI acceso a los servidores de nueve empresas estadounidenses (Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, YouTube, Skype, AOL y Apple), con correos, fotos, videos, documentos y registros de conexión que permiten reconstruir los movimientos y contactos de una persona. Varias empresas negaron haber dado acceso directo. Lo que no hubo fue una ley para obligar a Google o a Facebook a vender para proteger a sus usuarios.

Más cerca en el tiempo: en febrero de 2025, según reportes, el DOGE, el organismo impulsado por Elon Musk (dueño de X) dentro del gobierno de Trump, accedió a sistemas de pago del Tesoro con datos personales sensibles de ciudadanos estadounidenses. Fiscales generales de 13 estados anunciaron que lo demandarían (WBTV, 2025). No hubo ley ni cuenta regresiva. Aclaro que X no figuraba entre las empresas de PRISM: acá la conexión es la persona y no la plataforma.

Si el criterio es que alcanza con que la vía de acceso exista, ese criterio también valía para PRISM, solo que ahí la vía no era una hipótesis: estaba documentada.

Cambiar de dueño no es cambiar de lógica

Especialistas en ciberseguridad consultados por Time advirtieron que el acuerdo de TikTok corre el riesgo de cambiar la vigilancia de un gobierno por la de otro, recordaron que el gobierno de EEUU ya usa las redes sociales para vigilar y señalaron los vínculos políticos de quienes lideran la operación (Time, 2025). También señalaron que Pekín tiene otras vías para conseguir datos de estadounidenses, como los corredores de datos.

Byung-Chul Han describe un régimen de la información en el que el factor decisivo del poder es "el acceso a la información, que se utiliza para la vigilancia psicopolítica" (Han, 2022). Visto así, la discusión no es si TikTok vigila. Es quién tiene permiso para hacerlo, bajo qué criterio y a quién se le teme cuando lo hace.

Nada de esto es una defensa de Pekín. La ley de seguridad nacional que impuso en Hong Kong en 2020 sirvió para condenar en 2025 al dueño de un diario, Jimmy Lai, por "colusión con fuerzas extranjeras", entre otras cosas por reunirse con funcionarios de otros países y pedir sanciones a China (WYPR, 2025). Es el mismo recurso de la "seguridad nacional", pero con otra bandera.

Entonces, ¿le tenemos miedo a la vigilancia o a que la ejerza alguien que no es de los nuestros? Yo sigo con esa pregunta, con más bronca y menos citas, en el nuevo episodio de Total Interferencia. Escuchalo acá: 


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Homo Interneticus: Redes sociales, el límite de Dunbar y la reconfiguración de la atención


Las plataformas digitales no solo transmiten información; están alterando la arquitectura cognitiva y las estructuras sociales de la humanidad. Tras tres décadas de expansión de la Web, el ser humano atraviesa una transición sin precedentes impulsada por la conectividad permanente, la saturación de estímulos y la pérdida gradual de la pausa reflexiva.

Para profundizar en este fenómeno, es posible consultar el análisis sobre la anestesia del algoritmo, donde se explora el papel de la recomendación automatizada en la conducta de los usuarios.

El circuito cibernético y la eliminación de la pausa

El News Feed de las redes sociales funciona como un circuito cibernético cerrado diseñado para autorregular la atención mediante estímulos ininterrumpidos. Basado en los principios de regulación por retroalimentación de Norbert Wiener, el flujo constante de datos suprime el tiempo muerto necesario para el procesamiento analítico.

Autoras como Sherry Turkle sostienen que esta aceleración altera la capacidad de contemplación e introspección. Al sustituir el silencio por la validación social inmediata, la mente humana pasa a depender de un bucle incesante de notificaciones y respuestas automáticas.

El impacto empírico de esta dinámica se evidencia de forma crítica en Corea del Sur, donde las tasas de adicción digital han llevado a que el 62% de los niños de entre 3 y 5 años use pantallas regularmente, registrando casos severos con hasta 18 horas diarias de exposición.

Los límites neurobiológicos de la sociabilidad digital

El cerebro humano posee un límite biológico aproximado de 150 relaciones sociales estables, conocido formalmente como el Número de Dunbar. Esta restricción neurobiológica, calculada a partir del tamaño del neocórtex en primates, demuestra que la capacidad para mantener vínculos significativos no se expande por el simple uso de plataformas digitales.

Según los estudios del antropólogo Robin Dunbar, la ilusión de gestionar miles de "amigos" virtuales deriva en un fenómeno de voyeurismo digital. En lugar de sostener interacciones reales, el usuario observa pasivamente la vida ajena sin consolidar lazos afectivos profundos.

Las estadísticas señalan que, incluso en cuentas con miles de seguidores, la minoría de los contactos se mantiene activa de forma recurrente. La sobrecarga de interacciones superficiales satura el procesamiento cerebral y fragmenta el sentido tradicional de comunidad.

Reconfiguración cognitiva: Zorros vs. Erizos

La transición del texto impreso al hipertexto ha desplazado el pensamiento lineal en favor de un procesamiento asociativo y fragmentado. El modelo cognitivo formulado por David Nicholas distingue entre dos perfiles de interacción con la información: los Erizos, enfocados en la lectura profunda, y los Zorros, orientados al escaneo veloz.

El hipervínculo y la navegación en red favorecen el perfil del Zorro, optimizando la capacidad para localizar datos dispersos a costa de la concentración prolongada. Esta mutación altera la memoria de trabajo y exige una reestructuración de los métodos educativos y de producción periodística.

Como anticipó Marshall McLuhan, la aceleración de los circuitos electrónicos transforma los hábitos intelectuales. El cerebro adapto sus conexiones para priorizar la velocidad de asimilación sobre la densidad conceptual.

Convergencia y adaptación en la era de la red

El entorno digital actúa como un espejo amplificado de la naturaleza humana, exponiendo tanto sus virtudes colaborativas como sus sesgos cognitivos. Entender al Homo Interneticus no implica rechazar la tecnología, sino desarrollar una conciencia crítica frente a los mecanismos de diseño que moldean la conducta diaria.

🎙️ Expandí esta experiencia transmedia: Podés escuchar el análisis completo conducido por José Ignacio Baía en el Capítulo 3 de Hoy Todo Vale en Ivoox o acceder a la versión en video con placas infográficas interactivas en nuestro canal de YouTube.

Fuentes bibliográficas e hipervínculos activos

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¿El algoritmo está creando nuestras modas?

Internet hizo que encontrar cosas nuevas fuera mucho más fácil. Una canción desconocida puede llegar a miles de personas en pocas horas, una prenda puede convertirse rápidamente en objeto de deseo y una forma de editar videos puede repetirse en cuentas de distintos países. Pero este fenómeno plantea una pregunta: ¿las tendencias se vuelven populares solamente porque muchas personas las eligen o también porque los sistemas de recomendación favorecen determinados contenidos?


Las modas no nacen exclusivamente de los algoritmos. Intervienen los usuarios, los creadores, las marcas, las celebridades y las propias dinámicas culturales. Sin embargo, las plataformas digitales agregaron un elemento que antes no tenía la misma importancia: sistemas capaces de ordenar enormes cantidades de contenidos y decidir cuáles tienen más posibilidades de aparecer frente a cada usuario.

CUANDO LA POPULARIDAD SE VUELVE UNA SEÑAL

Los sistemas de recomendación tienen que seleccionar entre una cantidad enorme de publicaciones. Para hacerlo utilizan diferentes señales relacionadas con el comportamiento de los usuarios. Una de las cuestiones que estudia la investigación sobre estos sistemas es el “popularity bias” o sesgo hacia la popularidad.

 En 2024 los investigadores de la Universidad de Klagenfurt analizaron 123 trabajos científicos sobre este fenómeno. Los autores encontraron que, en muchas situaciones, los sistemas de recomendación tienden a concentrarse en contenidos que ya son populares. La investigación advierte que esto puede generar efectos de refuerzo: los contenidos que tienen mucha exposición pueden recibir todavía más exposición.

Esto no significa que todo lo popular sea impuesto por un algoritmo. El concepto señala otra cosa: la popularidad puede convertirse en un factor que ayuda a mantener la visibilidad de un contenido.

MÁS VISIBILIDAD, MENOS DESCUBRIMIENTO 

Una plataforma puede tener millones de contenidos disponibles, pero eso no significa que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a los usuarios. Si las recomendaciones se concentran en determinados contenidos, otros pueden quedar con menor exposición.

La revisión de 2024 señala precisamente una relación entre el sesgo hacia la popularidad y cuestiones como la diversidad, la novedad y el descubrimiento. Los investigadores también remarcan una limitación importante: buena parte de los estudios existentes utiliza experimentos computacionales y métricas técnicas, mientras que todavía son menos frecuentes las investigaciones realizadas directamente con usuarios en situaciones reales.

Lo que puede estudiarse es cómo determinadas formas de recomendación modifican las posibilidades de exposición.

¿QUÉ OCURRE EN TIKTOK?

En 2026 EPJ Data Science analizó específicamente la dinámica de recomendación de TikTok.

Los investigadores utilizaron un método conocido como sock-puppet audit: crearon cuentas automatizadas, o bots, con intereses determinados y observaron qué sucedía con el contenido recomendado en el apartado “For You”. En total utilizaron 42 bots, que durante el experimento procesaron más de 128.000 videos. Después del proceso de limpieza, el análisis incluyó 112.610 videos y más de 63.000 hashtags únicos.

Los resultados mostraron una rápida amplificación de contenidos relacionados con los intereses que los bots habían señalado. Según los investigadores, el refuerzo podía aparecer durante los primeros 200 videos observados. Además, encontraron una relación negativa entre la amplificación de contenido alineado con los intereses y la diversidad de hashtags encontrados. Es decir, cuando aumentaba la presencia de contenidos relacionados con un interés, disminuía la variedad de hashtags encontrados por las cuentas.


Pero el estudio tiene una limitación fundamental: los participantes no eran personas reales. Los bots interactuaban de una manera mucho más constante y previsible que un usuario humano. Los propios investigadores reconocen que ese comportamiento no reproduce toda la complejidad de una experiencia humana.

Por eso el estudio no permite afirmar que TikTok haga que todos sus usuarios reciban exactamente los mismos contenidos. Sí aporta evidencia de que el sistema puede reforzar rápidamente determinados tipos de contenido cuando detecta señales de interés.

LA POPULARIDAD TAMBIÉN INFLUYE EN LAS PERSONAS 

El fenómeno no depende solamente de la tecnología. Las personas también observamos lo que hacen los demás y utilizamos esa información para tomar decisiones.

Un experimento publicado en Science en 2013 estudió cómo las valoraciones previas de otros usuarios podían modificar las decisiones posteriores. Los investigadores realizaron un experimento aleatorizado a gran escala en una plataforma de noticias sociales y encontraron que conocer las valoraciones anteriores podía producir cambios en las valoraciones posteriores de los participantes.

Este resultado permite incorporar otro elemento al problema: no solamente vemos un contenido; también vemos las señales de que otras personas lo están aprobando.

Una publicación con miles de interacciones puede parecer más atractiva que una publicación prácticamente desconocida. La popularidad, entonces, no funciona solamente como resultado de una elección: también puede convertirse en información para nuevas elecciones.

UN CIRCUITO EN LUGAR DE UNA CAUSA ÚNICA 

Con estos estudios, la formación de una tendencia puede pensarse como un proceso en el que intervienen diferentes elementos.

Una persona publica algo. Otros usuarios reaccionan. El contenido obtiene atención. Las plataformas reciben señales sobre esa actividad. El sistema puede recomendarlo a más personas. Algunas vuelven a interactuar o a reproducir la idea.

Así se forma un circuito. No significa que el algoritmo invente una moda desde cero. Tampoco significa que los usuarios sean simples espectadores.

El fenómeno es más complejo: las decisiones humanas generan señales que los sistemas utilizan, y las recomendaciones resultantes vuelven a modificar aquello que los usuarios encuentran.

MÁS OPCIONES NO SIGNIFICA QUE TODAS SEAN IGUAL DE VISIBLES

Esta es quizás la principal paradoja. Internet aumentó enormemente la cantidad de opciones disponibles. Sin embargo, la cantidad de contenidos que realmente vemos sigue siendo limitada.

Podemos tener acceso a millones de canciones y terminar escuchando las mismas diez que aparecen repetidamente en nuestras recomendaciones. Podemos tener miles de estilos de ropa disponibles y encontrarnos constantemente con determinadas estéticas. Podemos acceder a millones de creadores y terminar conociendo siempre a los mismos.

Esto no demuestra que nuestras decisiones sean falsas. Sí muestra que la visibilidad es parte del proceso mediante el cual descubrimos aquello que después podemos elegir.

Por eso, cuando una tendencia aparece en todas partes, la pregunta no debería ser solamente por qué nos gusta. También conviene preguntarse cómo llegó hasta nosotros y qué hizo posible que la viéramos tantas veces.

Los algoritmos no son los únicos responsables de las modas. Pero tampoco son espectadores neutrales del proceso. Organizan la circulación de enormes cantidades de contenidos y pueden modificar las posibilidades de exposición.

La cuestión, entonces, no es si dejamos de elegir. Es comprender que, en Internet, antes de elegir algo tenemos que encontrarlo. Y encontrarlo no siempre ocurre por casualidad.

¿Querés profundizar en cómo nacen y se expanden las tendencias en Internet?

Escuchá el podcast: ¿Por qué de repente todos hacemos lo mismo? Una reflexión sobre cómo las redes sociales, los algoritmos y la influencia de los demás pueden afectar nuestros gustos y elecciones.


Mirá el video: ¿El algoritmo está creando nuestras modas? Una simulación visual que muestra cómo un contenido puede pasar de ser desconocido a convertirse en una tendencia.


escrito por Claudia Sotomayor
actualizado al 14/10/2026

Fuentes y referencias

A survey on popularity bias in recommender systems (2024)
https://link.springer.com/article/10.1007/s11257-024-09406-0

Dynamics of algorithmic content amplification on TikTok (2026)
https://doi.org/10.1140/epjds/s13688-026-00629-2

Social influence bias: a randomized experiment (2013)
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23929980/


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Entrenamiento, redes sociales y salud mental.

Entrenar para estar mejor o para encajar: redes sociales y salud mental.

Cuándo el entrenamiento deja de ser una forma de cuidarnos y se convierte en una exigencia para cumplir con los estándares que vemos en Internet?


Hoy en día, las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana. Plataformas como Instagram, TikTok y YouTube están llenas de rutinas de entrenamiento, transformaciones físicas, consejos de alimentación y cuerpos que parecen cumplir con todos los ideales de belleza. A simple vista, este contenido puede parecer motivador, porque nos impulsa a realizar actividad física y a incorporar hábitos saludables. Sin embargo, también puede generar inseguridades, frustración y una necesidad constante de cambiar nuestro aspecto físico.

El problema aparece cuando comenzamos a entrenar no solamente para sentirnos mejor, sino para parecernos a otras personas, recibir aprobación o alcanzar un cuerpo que vemos repetidamente en las pantallas. En ese momento, una actividad que debería contribuir a nuestro bienestar puede convertirse en una fuente de presión.

Por eso, es importante reflexionar sobre la relación entre el entrenamiento físico, las redes sociales y la salud mental, y preguntarnos hasta qué punto nuestras decisiones responden a nuestros propios deseos o a las exigencias que recibimos del entorno digital.


 Las redes sociales y los ideales de belleza

En las redes sociales encontramos constantemente imágenes de personas con cuerpos musculosos, abdomen marcado, poca grasa corporal o determinadas proporciones físicas. Muchas veces, estas publicaciones muestran resultados sin explicar el proceso completo, las condiciones personales o el tiempo que llevó conseguirlos.

Además, las fotografías pueden estar editadas, tomadas desde ciertos ángulos o acompañadas de filtros que modifican la apariencia. Esto puede generar una percepción distorsionada de lo que consideramos un cuerpo normal o saludable.

Como consecuencia, algunas personas comienzan a comparar su apariencia con la de quienes siguen en Internet. Aparecen pensamientos como: “¿Por qué no tengo ese cuerpo?”, “¿Por qué no consigo esos resultados?” o “Tengo que entrenar más para verme así”.

La comparación constante puede afectar la autoestima y hacer que una persona deje de valorar sus propios avances. En lugar de reconocer lo que su cuerpo puede hacer, empieza a concentrarse en aquello que considera que debería cambiar.

El informe Social Media and Youth Mental Health, publicado por la Oficina del Cirujano General de Estados Unidos en 2023, advierte sobre la relación entre ciertos contenidos de las redes sociales, la insatisfacción corporal y la baja autoestima. También señala que el 46 % de los adolescentes de entre 13 y 17 años encuestados manifestó que las redes sociales los hacían sentirse peor respecto de su imagen corporal.



La salud mental detrás de la búsqueda del cuerpo ideal

La presión por alcanzar determinados estándares físicos puede relacionarse con la ansiedad, la frustración, la baja autoestima y la insatisfacción corporal. Algunas personas pueden llegar a sentir que su cuerpo nunca es suficiente, incluso después de haber conseguido cambios importantes.

También puede aparecer una relación negativa con la comida. Por ejemplo, alguien puede empezar a considerar ciertos alimentos como prohibidos, sentir culpa después de comer o realizar ejercicio con el único objetivo de compensar lo que consumió.

En situaciones más complejas, estas conductas pueden relacionarse con una preocupación excesiva por el peso y la apariencia, conductas alimentarias de riesgo o una relación poco saludable con el ejercicio. Esto no significa que todas las personas que entrenan o cuidan su alimentación vayan a desarrollar estos problemas, sino que es importante reconocer las señales de malestar y buscar ayuda cuando sea necesario.

Otro aspecto importante es que las redes sociales muestran principalmente resultados visibles: cambios físicos, fotografías del antes y el después, marcas personales y logros. Pero casi nunca muestran de manera completa las inseguridades, los días difíciles, el cansancio o las dificultades personales que también forman parte de cualquier proceso.

La salud mental debería ocupar un lugar tan importante como los objetivos físicos. No tiene sentido alcanzar una determinada apariencia si, durante el proceso, perdemos la tranquilidad, disfrutamos menos de la vida o comenzamos a rechazar nuestro propio cuerpo.


Nicholas Carr y la influencia de Internet en nuestra atención 

Para analizar esta problemática también podemos relacionarla con las ideas de Nicholas Carr, desarrolladas en su libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

Si trasladamos esta reflexión al entrenamiento y la imagen corporal, podemos observar que las redes sociales nos exponen a una sucesión constante de imágenes, videos breves, recomendaciones y mensajes que compiten por nuestra atención. En pocos minutos podemos pasar de ver una rutina de ejercicios a una dieta, una transformación física y una persona que muestra resultados que parecen inalcanzables.

Esta circulación constante de contenido puede hacer que prestemos cada vez más atención a nuestra apariencia y que sintamos la necesidad de mejorarla continuamente. Además, los algoritmos pueden recomendarnos publicaciones similares a aquellas con las que interactuamos, haciendo que determinados ideales corporales aparezcan una y otra vez en nuestro feed.

Desde esta perspectiva, el problema no es únicamente el contenido que consumimos, sino también la dinámica de una plataforma que puede mantenernos conectados, comparándonos y buscando nuevas formas de alcanzar una imagen ideal.

Las ideas de Carr no demuestran por sí solas que las redes sociales causen trastornos de salud mental. Sin embargo, permiten construir una reflexión crítica sobre cómo los entornos digitales pueden influir en nuestros hábitos, nuestra atención y la manera en que interpretamos lo que vemos.


¿Entrenamos para nosotros o para los demás?

Una pregunta fundamental es qué nos motiva a entrenar. ¿Lo hacemos porque disfrutamos de la actividad física, queremos sentirnos más fuertes y cuidar nuestra salud, o porque sentimos que necesitamos parecernos a alguien más?

No existe una única respuesta. Podemos comenzar a entrenar por razones estéticas y, al mismo tiempo, disfrutar de los beneficios que la actividad física nos ofrece. El problema no está en querer cambiar nuestro cuerpo, sino en sentir que nuestra autoestima depende exclusivamente de conseguirlo.

También es importante recordar que cada persona tiene una historia, una genética, unas condiciones de vida y unos objetivos diferentes. Comparar procesos individuales a partir de fotografías o videos no permite conocer toda esa realidad.

Las redes sociales también pueden tener un impacto positivo. Existen entrenadores que comparten información útil, comunidades que promueven la actividad física y personas que ayudan a visibilizar la diversidad corporal. Por eso, no se trata de rechazar la tecnología, sino de aprender a utilizarla de una manera más consciente.


Construir una relación más saludable con el entrenamiento y las redes

Frente a esta situación, es importante desarrollar una mirada crítica sobre los mensajes que recibimos diariamente. Algunas acciones pueden ayudarnos a construir una relación más saludable con nuestro cuerpo y con la tecnología:

- Cambiar el objetivo del entrenamiento: priorizar la salud, la fuerza, la movilidad y el bienestar, en lugar de concentrarnos únicamente en la apariencia.

- Evitar las comparaciones constantes: comprender que cada cuerpo responde de manera diferente y que las imágenes de Internet no siempre reflejan la realidad.

- Respetar el descanso: entender que recuperarse también forma parte de cualquier rutina de actividad física.

- Seleccionar el contenido que consumimos: dejar de seguir cuentas que generan inseguridad y buscar referentes que promuevan hábitos realistas y saludables.

- Reconocer nuestras emociones: prestar atención a cómo nos sentimos después de pasar tiempo en redes sociales o de entrenar.

- Pedir ayuda cuando sea necesario: si la preocupación por el cuerpo, la alimentación o el ejercicio genera sufrimiento o interfiere con la vida cotidiana, puede ser importante consultar a un profesional de la salud.


Fuentes:

Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus. (Verificá el año y la editorial según la edición que utilices).

Office of the Surgeon General. (2023). Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory. U.S. Department of Health and Human Services. Leer el informe oficial. 

 National Library of Medicine. (2023). Social Media and Youth Mental Health. NCBI Bookshelf. Consultar el documento completo. 


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