Las redes sociales forman parte de nuestra vida, pero también plantean riesgos para nuestra privacidad, e incluso, bienestar psicológico. Dos investigaciones científicas publicadas en 2024 y 2026 analizaron los factores asociados al uso problemático de estas plataformas y las decisiones que tomamos sobre nuestros datos personales. A esto se suman investigaciones periodísticas que exponen cómo circula nuestra información. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que sucede detrás de la pantalla?
Tu privacidad es un negocio
Cuando publicamos una foto, compartimos nuestra ubicación o simplemente navegamos por una aplicación, dejamos información sobre nuestros hábitos, intereses y preferencias. El problema no es solamente qué mostramos voluntariamente, sino también qué datos se recopilan sin que lo sepamos, cómo se procesan y quiénes pueden acceder a ellos.
En julio de 2025, la organización británica de consumidores Which? publicó una investigación sobre 20 aplicaciones populares, entre ellas Instagram, Facebook, TikTok y WhatsApp. En conjunto, identificó 882 permisos potenciales si una persona instalaba las 20 aplicaciones, de los cuales 78 fueron clasificados como riesgosos. Entre ellos había permisos relacionados con la ubicación precisa, el micrófono y los archivos del dispositivo.
Por su parte, una investigación internacional coordinada por Le Monde en enero de 2025 examinó datos comerciales de un intermediario publicitario. La muestra contenía más de 47 millones de identificadores publicitarios de dispositivos correspondientes a 137 países en un solo día de 2024. Asociados con información geográfica, esos identificadores permitían reconstruir desplazamientos y, con ello, aproximarse a domicilios particulares.
Estos hallazgos muestran que la información digital puede circular mucho más allá de la aplicación en la que se originó, y lo que parece una actividad privada puede convertirse en un dato comercial útil para perfilar comportamientos, orientar anuncios o inferir rutinas.
¿Por qué compartimos información si nos preocupa la privacidad?
Un metaanálisis publicado en 2026 en el Journal of Computer-Mediated Communication, de Oxford University Press, reunió resultados de 79 estudios realizados entre 2016 y 2025, con 51.085 participantes. Las investigadoras Jana Dombrowski y Sabine Trepte analizaron la relación entre la confianza en las plataformas, la percepción de control y las preocupaciones por la privacidad con nuestras conductas digitales.
Los resultados mostraron que quienes confían más en las plataformas tienden a utilizarlas y compartir información con mayor frecuencia. En cambio, sentir que tenemos control sobre nuestros datos y preocuparnos por su privacidad se relaciona con conductas de protección más específicas, como modificar la configuración de una cuenta.
Esto permite entender una contradicción cotidiana: podemos preocuparnos por nuestros datos y, al mismo tiempo, seguir compartiéndolos. Las redes ofrecen comunicación, entretenimiento y pertenencia; abandonar esos espacios no siempre parece una alternativa viable. Además, aceptar permisos o condiciones de uso no implica necesariamente comprender todas las consecuencias.
La cuestión, entonces, no se reduce a que los usuarios sean descuidados. También importa cuánta información y y transparencia ofrecen las plataformas sobre sus prácticas, junto a qué posibilidades reales tenemos de decidir cómo se utiliza nuestra actividad.
Cuando dejar de scrollear se vuelve difícil
El uso problemático de las redes sociales también está relacionado con la cantidad de datos que generamos al usarlas. Cada búsqueda, publicación, reacción o video que miramos aporta información sobre nuestros intereses y preferencias. Cuanto más tiempo pasamos en una plataforma, más oportunidades tiene de recopilar señales sobre nuestro comportamiento y utilizarlas para personalizar los contenidos que nos muestra.
Revisar una notificación puede parecer un gesto insignificante y pequeño, pero repetirlo durante horas puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir. Las recomendaciones personalizadas y las notificaciones nos invitan a seguir mirando y, al hacerlo, generamos nuevas señales que alimentan el sistema. Así, la captación de nuestra atención y la recopilación de nuestros datos pueden reforzarse mutuamente.
Una revisión sistemática publicada en 2024 en Computers in Human Behavior Reports examinó 45 estudios con un total de 34.332 participantes. Su objetivo fue analizar la relación entre el uso problemático de las redes sociales y procesos como la autorregulación, el autocontrol, la impulsividad y la regulación emocional.
Es importante hacer una distinción: la investigación suele utilizar el concepto de uso problemático cuando la actividad se vuelve difícil de controlar o genera consecuencias negativas en la vida cotidiana.
Esta relación también permite ampliar la pregunta sobre la privacidad. Si las plataformas pueden identificar qué contenidos captan nuestra atención, también pueden utilizar esa información para ajustar sus recomendaciones y orientar la publicidad. No se trata -solamente- de cuánto tiempo pasamos conectados, sino de cómo ese tiempo se convierte en información aprovechable comercialmente.
¿Qué pueden hacer otros con nuestros datos?
El alcance de la recopilación de datos va más allá de la publicidad. La información que dejamos en internet puede influir en cómo otras personas e instituciones nos evalúan, qué oportunidades tenemos y hasta qué punto pueden reconstruir nuestros movimientos.
Un ejemplo es la selección de personal. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre la evaluación de perfiles en redes sociales encontró que esta práctica se utiliza para analizar a candidatos durante los procesos de contratación. Las publicaciones, fotografías, intereses y opiniones pueden influir en la percepción que un empleador construye sobre una persona, incluso cuando esos elementos no reflejan sus competencias profesionales, funciono a modo de sesgos.
Otro caso es el uso de datos comerciales de geolocalización en investigaciones de seguridad. En Estados Unidos, un documento del Departamento de Seguridad Nacional de 2024 describió cómo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza podía consultar información de ubicación comercializada por intermediarios. Estos datos, asociados a identificadores publicitarios de dispositivos, podían utilizarse para investigar patrones de desplazamiento y relacionar ubicaciones con otras fuentes de información. Esto muestra que los datos recopilados con fines publicitarios también pueden adquirir utilidad para organismos estatales.
En ambos casos, el riesgo no depende exclusivamente de que hayamos publicado información íntima. Datos aparentemente inofensivos pueden adquirir otro significado cuando se combinan con otras fuentes o se utilizan para tomar decisiones sobre nosotros.
¿Podemos usar las redes de otra manera?
La respuesta no consiste necesariamente en borrar todas las aplicaciones ni en responsabilizar exclusivamente a cada usuario. La privacidad y el uso problemático requieren combinar decisiones personales con mayor transparencia y responsabilidad por parte de las empresas.
Podemos empezar por revisar los permisos de las aplicaciones, limitar el acceso a la ubicación cuando no sea necesario, configurar la privacidad de nuestras publicaciones y desactivar las notificaciones que no aportan nada.
Pero las medidas individuales tienen límites. Si los modelos de negocio dependen de recopilar información y sostener la atención, también hacen falta políticas de protección de datos, mecanismos de control efectivos y diseños que no exploten sistemáticamente nuestras vulnerabilidades.
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Fuentes:
• Dombrowski, J. y Trepte, S. (2026). Taking stock of social media privacy: meta-analytic evidence on how control, trust, and concerns are associated with social media use, disclosure, and protection. Journal of Computer-Mediated Communication. https://doi.org/10.1093/jcmc/zmaf025
• Relationship between regulatory processes and problematic social media use: A systematic review (2024). Computers in Human Behavior Reports. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2024.100507
• Which? (2025). Investigación sobre los permisos y el acceso a datos solicitados por aplicaciones populares.
• Le Monde (2025). Investigación internacional sobre el seguimiento de la ubicación de usuarios mediante aplicaciones.
• Mönke, F. W., Roulin, N., et al. (2024). Validity of social media assessments in personnel selection: A systematic review of the initial evidence. https://ink.library.smu.edu.sg/lkcsb_research/7653/
• U.S. Department of Homeland Security (2024). Privacy Impact Assessment: CBP Commercial Telemetry Data Evaluation. https://www.dhs.gov/sites/default/files/2024-08/24_0812_priv_pia-cbp-080-commercial-telemetry.pdf