La nostalgia del aburrimiento


Hubo una época no tan lejana en la que esperar el colectivo, hacer una fila en el banco o esperar que llegue un amigo en bar o en un café implicaba una sola cosa: mirar alrededor, relajar y dejar volar la mente, pensar. Eran los llamados "tiempos muertos". Hoy erradicamos quirúrgicamente el aburrimiento. Ante la menor momento de inactividad, el impulso automático es sacar el teléfono celular del bolsillo.

Sin embargo, en medio de este flujo ininterrumpido de estímulos, nace una paradoja: extrañamos la pausa. Exrtrañamos ese momento donde "no pensar" desembocaba en nuevos pensamientos que no están guíados por el scrolleo de nuestro teléfono.

En la necesidad de hiperconectar cada segundo, entregamos el terreno donde germinan la creatividad y el procesamiento cognitivo profundo. Como señala Nicholas Carr en Superficiales:

Las herramientas que usamos para escribir, leer y manipular la información trabajan nuestra mente tanto como nuestra mente trabaja con ellas... Toda tecnología intelectual encarna una ética intelectual, un conjunto de supuestos acerca de cómo funciona o debería funcionar la mente humana.

Las distintas pantallas no sólo muestran información, sino que entrenan nuestros cerebros para que seamos impacientes, veloces y superficiales. 

La dopamina y la captura de la atención

El aburrimiento solía ser un aviso sabio de nuestro propio cuerpo, ese momento donde se gestaba una idea.

Hoy le escapamos a esa sensación como si fuera una plaga. La psiquiatra Victoria Dunckley lo explica muy claro: nos acostumbramos a usar las pantallas como un chupete electrónico que anestesia cualquier chispazo de vacío. Cada notificación o like le da a nuestro cerebro una pequeña inyección de dopamina, un premio rápido y fácil. El problema es que, de tanto apretar ese botón, terminamos saturando nuestro propio sistema. Las vías del placer se adormecen y la vara queda cada vez más alta: ya no nos alcanza con estar tranquilos, necesitamos un flujo constante de ruido y pantallas solo para no sentirnos inquietos o ansiosos.

Las plataformas digitales explotan un sesgo biológico ancestral. En Superficiales, Carr advierte sobre esta vulnerabilidad:

«El estado natural del cerebro humano... tiende a la distracción. Nuestra predisposición es a desviar la mirada, y por lo tanto nuestra atención, de un objeto a otro, ser conscientes cuanto más posible de todo lo que está pasando en torno a nosotros... Nuestros cambios reflejos de ritmo en el enfoque fueron alguna vez cruciales para nuestra supervivencia.»

Al entregarnos ante este reflejo, eliminamos la posibilidad de entrar en mind-wandering (divagación mental). Cuando el cerebro no procesa estímulos externos, activa la Red Neuronal por Defecto (Default Mode Network), responsable de la introspección, la consolidación de recuerdos y el pensamiento asociativo.

La factura cognitiva: evidencia del retroceso

La sobreestimulación continua pasa un costo directo sobre nuestras facultades:

El Efecto Flynn a la inversa: Investigaciones de la Universidad de Northwestern revelan que el aumento constante del cociente intelectual promedio observado durante el siglo XX se ha detenido o revertido en categorías clave de razonamiento analítico.

Crisis de comprensión lectora: Informes de la OCDE (pruebas PISA) y evaluaciones como la NAEP mostraron retrocesos históricos en el desempeño lector.

"Demencia Digital": Un estudio publicado en el Journal of Integrative Neuroscience alertó que el uso excesivo de pantallas en etapas de desarrollo deteriora la atención, la memoria de trabajo y la regulación emocional.

La pérdida de la lectura y la reflexión profunda destruye la capacidad de concentración sostenida. Sobre los espacios que requiere la mente, Carr concluye:

«En los tranquilos espacios abiertos por la lectura prolongada, sin distracciones, de un libro, la gente hace sus propias asociaciones, saca sus propias inferencias y analogías, desarrolla sus propias ideas. Piensa profundamente porque lee profundamente.»

Reivindicar el aburrimiento como acto de resistencia

Si la inteligencia y el pensamiento crítico se fundan en la memoria, el lenguaje y la reflexión pausada, recuperar el aburrimiento es una necesidad funcional. Permitirnos estar aburridos unos minutos al día no es perder el tiempo; es devolverle al cerebro el espacio para procesar el mundo, imaginar soluciones y sostener nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos.

Para lograrlo, primero debemos desmantelar la culpa. Vivimos inmersos en un sistema económico y cultural que exige productividad constante o, en su defecto, un entretenimiento ininterrumpido que monetiza hasta nuestro tiempo libre. Nos han adiestrado para sentir que no hacer nada es un pecado de vagancia. Pero esa culpa es la trampa de una maquinaria que necesita mentes sobreestimuladas, cansadas y conformistas.

Poder desenchufarse, soportar el vacío y permitirse el ocio no productivo no es un lujo ni tampoco una debilidad: hoy, es un acto de rebeldía. En un mundo diseñado para capturar cada segundo de nuestra atención, defender el derecho a aburrirse es una forma de reclamar la soberanía sobre nuestra propia mente.


 

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El arte de la rendición: cuando el espectáculo nos anestesia la memoria


Existe un gesto tan naturalizado que repetimos decenas de veces al día: deslizar el dedo sobre una pantalla de vidrio. Parece un acto inofensivo,sin embargo, detrás de esa aparente distracción se esconde una reconfiguración silenciosa de nuestra estructura psico social.

En Superficiales, Nicholas Carr nos remarca  una verdad de nuestra biología: el cerebro es plástico. Cuando dejamos de ejercitar la atención sostenida (ese acto de  paciencia que exige sostener la mirada en una página sin interrumpirnos) los circuitos dedicados a la contemplación profunda pierden terreno.

La comprensión lectora no es solo descifrar palabras sino que es el espacio interno donde construimos el criterio para interrogarnos la realidad. Cuando el tiempo de exposición a las pantallas atrofia esa capacidad, el pensamiento se fragmenta en chispazos y nos volvemos impermeables a la profundidad y peligrosamente permeables a cualquier relato ligero. 

La inocencia inducida 
La verdadera operación ideológica de las plataformas de streaming no es imponernos una doctrina formal, sino anestesiar la mirada. Y para eso, la frivolidad es la herramienta más efectiva.

Lo vemos de cerca con la proliferación de biopics y series sobre la farándula de épocas pasadas (como las ficciones sobre Coppola o el espectáculo de los años noventa). Estas narrativas operan bajo una lógica riesgosa: la banalización de tiempos complejos.

Se toma una década atravesada por el desmantelamiento social, la impunidad y la decadencia ética, y se la reduce a un desfile de frases célebres, trajes brillantes y anécdotas simpáticas. El personaje que fue actor o cómplice de momentos oscuros es reconfigurado como un "pícaro entrañable".

 Nos invitan a una inocencia inducida: se nos pide que nos riamos de la excentricidad para que no recordemos el impacto real de ese entramado cultural. La historia pierde su peso crítico y se transforma en un consumo más bien popular e inofensivo.

El juego donde el precio es nuestra identidad



La anestesia social no termina en el catálogo de series y ficciones; continúa en la interacción cotidiana. Mientras el consumo de narrativas banales nos desacostumbra a procesar tramas complejas, las redes nos ofrecen una vía rápida de participación: los retos virales.

¿Qué tan inofensivo parece subir una foto procesada por inteligencia artificial para ver cómo luciríamos en los años 80 o convertir nuestro rostro en un avatar dinámico?

Entregamos nuestros datos biométricos, nuestra intimidad y nuestros patrones de conducta a corporaciones multimillonarias no porque nos obliguen, sino porque nos “divierte” nos “hace sentir partes de una tendencia”, “ no nos sentimos aburridos”. Regalamos nuestra intimidad, entregamos presencia y datos sin saberlo.

Tomás Pomar , integrante del Observatorio de Derecho Informático Argentino, abogado especialista en Derecho Informático por la UBA ,explicaba en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ, el costo real de estos retos virales va mucho más allá de una imagen:


El problema, como bien aclara Pomar, no es solo el uso que las plataformas hacen de esa información, sino que aceptamos la entrega a ciegas, escondida detrás de términos y condiciones que casi nadie se detiene a leer, porque leer es “una pérdida de tiempo”, aburre , es tedioso.

La lectura pausada como revolución

Frente a esta anestesia domesticada, el antídoto no es estar en contra de todo ni el aislamiento radical, sino en la desaceleración consciente. La lectura pausada emerge aquí no como un pasatiempo nostálgico, sino como una trinchera de resistencia biológica y política.

 

“Como sugería McLuhan, los medios no son sólo canales de información. Proporcionan la materia del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensamiento. Y lo que parece estar haciendo la Web es debilitar mi capacidad de concentración y contemplación”

Reencontrarse con el libro físico, sentir la densidad de la página y permitir que los ojos recorran un párrafo sin la prisa del escaneo digital es reeducar al cerebro. Es volver a habitar ese espacio de silencio donde el vocabulario se expande y las ideas complejas encuentran sitio para desplegarse.Como rescata Carr en su obra:  

 

“El hecho mismo de que la lectura de libros «subestimula los sentidos» es justo lo que hace de esta actividad algo tan intelectualmente gratificante. Al permitirnos filtrar las distracciones, acallar las funciones del lóbulo frontal que regulan la resolución de problemas, la lectura profunda se convierte en una forma de pensamiento profundo. La mente del lector experimentado es una mente en calma, no en ebullición” 

Si el algoritmo busca que consumamos historias livianas a máxima velocidad para neutralizar nuestro criterio y obtener nuestra información, detener el tiempo ante una página es un acto de soberanía. Apagar la pantalla antes de que corra el siguiente episodio, sostener la mirada y elegir ir a un ritmo más consciente es, en definitiva, la única forma de volver a ser dueños de nuestra propia atención.


Fuentes y lecturas recomendadas:

Carr, Nicholas (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Madrid: Editorial Taurus.

Agencia de Noticias Científicas UNQ. Entrevista a Tomás Pomar sobre privacidad, IA y datos personales en redes sociales.





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El costo de vivir hiperconectados: ¿qué le pasa a nuestro cuerpo?

 

Infografía



En la actualidad, nuestra interacción con la tecnología es un factor determinante de nuestra propia biología. Según un informe de la Defensoría del Pueblo titulado "¿Nos dominan las pantallas?" pasamos, en promedio, más de seis horas al día frente a una pantalla, lo que equivale a dedicar un cuarto de nuestra vida al plano digital. Aunque solemos enfocarnos en cómo los dispositivos cambian nuestra productividad o vida social, el verdadero territorio de transformación es nuestro propio cuerpo.  Al respecto, Mauricio Pedersoli, neurólogo infantil expresa en el informe: 




Dolores de cabeza, tensión en los hombros, fatiga visual y muchos malestares más que quizás pensaste que eran un problema puramente tuyo. Pero no: en realidad es la consecuencia de ser un ser humano de este momento histórico. Ese mismo contexto que hoy crea nombres modernos como "joroba millennial" o "cuello de texto" para nombrar dolores de nuca y desgastes cervicales que son, puramente, el impacto de la tecnología en nuestros cuerpos.


Contracturas modernas

Al escribir un mensaje, tendemos a inclinar el cuello hacia adelante y posicionar la cabeza por delante de los hombros, lo que genera una tensión muscular constante y el riesgo de que los nervios sufran compresión. De ahí nace el llamado síndrome de Text Neck (cuello de texto), un término acuñado en 2008 por el quiropráctico estadounidense Dean L. Fishman  para describir la sobrecarga cervical por el uso de móviles. Fisiológicamente, una cabeza humana pesa unos 5 kilos, pero según un estudio biomecánico llamado "Evaluación de las tensiones en la columna cervical causadas por la postura y la posición de la cabeza" publicado en 2014, de Kenneth K. Hansraj, jefe de cirugía de columna, al inclinar la cabeza 60 grados para mirar el celular, la presión sobre las cervicales aumenta hasta los 30 kilos.

El Hospital de Traumatología y Rehabilitación en Valencia  destaca que, dado que el ser humano tiene una alta capacidad de adaptación a las malas posturas, los problemas suelen aparecer años después, lo que dificulta ver la relación causa-efecto inmediata. Para evitar consecuencias irreversibles, los especialistas recomiendan:
  1. Elevar el dispositivo: mantener el móvil a la altura de los ojos para evitar la flexión del cuello.
  2. Uso de ordenadores: es preferible instalar aplicaciones de texto en la PC, ya que la postura frente al monitor fuerza menos la espalda y los hombros.
  3. Fortalecimiento cervical: acudir a algún programa diseñado para mejorar la movilidad y fuerza del cuello ayuda a los músculos a soportar mejor la carga.
  4. Compensación diaria: tumbarse en la cama sin almohada durante un rato permite que la columna se extienda completamente, equilibrando el tiempo de mala postura.
A continuación te dejo un video sobre ejercicios prácticos que podés utilizar para contrarrestar este problema postural:



¿Estamos perdiendo el sentido del oído?

El malestar se extiende también a nuestros oídos ya que vivimos constantemente utilizando auriculares. Esta problemática es analizada detalladamente por el Dr. Alejandro Harguindey, director médico del Instituto de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello de Madrid (IOM), quien explica que patologías como la hipoacusia (pérdida auditiva) y los acúfenos o tinnitus (zumbidos persistentes) son las consecuencias más frecuentes de este hábito.

La OMS advierte que para el año 2050, cerca de 2.500 millones de personas sufrirán algún grado de pérdida auditiva, en gran parte debido al uso de auriculares que alcanzan los 110 decibelios, un nivel que destruye de forma irreversible las células ciliadas del oído interno, las cuales convierten vibraciones en señales eléctricas para el cerebro. El problema crítico es que estas células no vuelven a crecer; una vez que mueren por exposición a ruidos fuertes, el daño es permanente. 

Además, la Organización Mundial de la Salud también afirma que:
  • Aproximadamente 95,1 millones de niños de entre 5 y 19 años presentan pérdida de audición.
  • El costo mundial asociado a los casos de pérdida de audición no atendidos asciende a casi USD 1000 millones al año.
  • Más de 1000 millones de adultos jóvenes corren el riesgo de sufrir una pérdida de audición permanente y evitable debido a los riesgos a los que se exponen.
  • Ampliar los servicios de atención del oído y la audición en todo el mundo requiere una inversión adicional inferior a USD 1,40 por persona y año.
  • Se estima que el rendimiento de esta inversión a los 10 años sería de casi USD 16 por cada dólar invertido.
El riesgo principal reside en la combinación de volumen y duración. El Dr. Harguindey añade que los modelos intrauditivos son especialmente peligrosos al insertarse directamente en el canal auditivo y subraya que una exposición prolongada por encima de los 85 decibelios puede dañar las estructuras internas del oído de forma definitiva. 

Si querés explorar cuáles son los niveles de pérdida auditiva que existen, mirá el siguiente video:

 

El cuerpo como territorio conquistado

Desde la reducción de la masa cerebral debido a la delegación de tareas cognitivas en las máquinas, hasta cambios en el grosor del cráneo y el desarrollo de membranas oculares protectoras, el diseño humano está en plena transición. Al cederle al dispositivo el trabajo de la memoria, la orientación e incluso la capacidad natural de filtrar los sonidos del mundo, estamos permitiendo que nuestras propias facultades biológicas se erosionen por la falta de uso. Debemos preguntarnos si las soluciones temporales y dispositivos ergonómicos que ofrece el mercado son suficientes, o si necesitamos un cambio profundo en nuestra relación con lo digital. En última instancia, cuidar nuestra salud auditiva, visual y postural es una inversión en bienestar a largo plazo.

Y vos, ¿ya notaste cómo está tu postura en este momento?

🎧Si querés saber más, te invito a que te pases por mi podcast y por mi canal de YouTube donde profundizo y te cuento casos reales sobre cómo la era digital está alterando nuestra anatomía.



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Pantallas y primera infancia: el impacto silencioso en el desarrollo

Pantallas y primera infancia: el impacto silencioso en el desarrollo

Las pantallas ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Celulares, tablets, televisores y computadoras están presentes en casi todos los espacios que habitamos y la infancia no es la excepción. Es cada vez más frecuente ver bebés y niños pequeños interactuando con dispositivos desde muy temprana edad, lo que genera una pregunta que hoy atraviesa a muchas familias: ¿cómo influye esta exposición en el desarrollo infantil?

Durante los primeros años de vida, el cerebro atraviesa una etapa de enorme crecimiento. En ese período, cada experiencia cuenta. Jugar, explorar, moverse, escuchar voces, mirar a otras personas y descubrir el mundo a través de los sentidos son actividades fundamentales para desarrollar el lenguaje, la atención, las emociones y las habilidades sociales. Por eso, distintos especialistas advierten que el problema no es la existencia de las pantallas, sino el lugar que ocupan cuando comienzan a reemplazar esas experiencias.

La evidencia científica actual señala que un uso excesivo y sin acompañamiento puede asociarse con dificultades en la atención, el lenguaje, la regulación emocional y la calidad del sueño. Sin embargo, esto no significa que las pantallas sean por sí solas la causa de esos problemas. El desarrollo infantil depende de muchos factores, y la tecnología es solo uno de ellos. La clave está en el equilibrio y en el contexto en el que se utiliza.


Otro aspecto que preocupa a los profesionales es el impacto sobre los vínculos. Los primeros aprendizajes de un niño no ocurren frente a una pantalla, sino en la interacción con otras personas. Una conversación, una sonrisa, un cuento antes de dormir o un juego compartido son experiencias que ningún dispositivo puede reemplazar. Es en esos intercambios donde se construyen el lenguaje, la empatía, la creatividad y la capacidad de relacionarse con los demás.

Al mismo tiempo, este tema invita a mirar la realidad con empatía. Las familias de hoy enfrentan jornadas laborales extensas, múltiples responsabilidades y una tecnología disponible las veinticuatro horas. Por eso, la intención no es culpabilizar a quienes recurren a una pantalla en determinados momentos, sino generar información que permita tomar decisiones más conscientes y encontrar un equilibrio posible.

Las recomendaciones de organismos internacionales y de especialistas coinciden en un punto: no se trata de prohibir la tecnología, sino de acompañar su uso. Priorizar el juego libre, la actividad física, la lectura compartida, las conversaciones y el tiempo en familia sigue siendo una de las mejores maneras de favorecer un desarrollo saludable durante la primera infancia.

En este episodio de Todo es Contenido conversamos sobre este desafío a partir de investigaciones recientes y de entrevistas con una terapeuta ocupacional, una psicopedagoga y una psicóloga, que ayudan a comprender por qué el uso temprano de pantallas se convirtió en uno de los grandes debates de nuestro tiempo. Más que ofrecer respuestas definitivas, la propuesta es abrir una conversación necesaria sobre la infancia que estamos construyendo.

¿Vos qué opinás? ¿Creés que las pantallas ocupan un lugar demasiado importante en la vida de los más chicos? ¿Qué experiencias de tu infancia recordás con más cariño? Te invito a dejar tu comentario y seguir reflexionando juntos, porque entender el mundo digital también implica preguntarnos cómo queremos crecer, educar y vincularnos en él.

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¿Podemos seguir creyendo en lo que muestran las pantallas?

Cómo la IA está cambiando la confianza en las imágenes y los videos

La fotografía de un presidente, un video viral o una imagen compartida por un familiar cercano ya no garantizan que aquello haya ocurrido de forma real.

La expansión constante de la inteligencia artificial generativa está modificando una  de las bases que intervienen en el ecosistema digital: La confianza en los contenidos audiovisuales.

Antes el problema era editar una imagen. Hoy el problema es que ni siquiera es necesario que exista una imagen original.

Este cambio no sólo representa un avance tecnológico. También modifica la forma en que consumimos información, verificamos hechos y construimos confianza en un sistema donde cualquier persona tiene la posibilidad de producir contenidos audiovisuales convincentes en cuestión de pocos minutos. En este nuevo escenario, la pregunta ya no es si una imagen es verídica, sino también como fue creada y que intención esconde tras ella.



Cuando la imagen deja de ser una prueba

La fotografía siempre mantuvo una relación especial con la verdad. Desde su aparición, fue utilizada como evidencia en el periodismo, la investigación judicial y la documentación. Incluso con la llegada de la edición digital, editar una imagen requería conocimientos técnicos y tiempo, lo que limitaba el alcance final de las producciones.

La llegada de herramientas de inteligencia artificial generativas cambió este panorama. A día de hoy contamos con plataformas capaces de producir imágenes hiperrealistas a partir de una descripción escrita, las cuales redujeron las barreras técnicas. Hoy una escena que nunca ocurrió puede representarse con un nivel de detalle suficiente para parecer auténtica.

Este fenómeno obliga a replantear una práctica cotidiana: confiar en aquello que vemos. La imagen ya no funciona automáticamente como evidencia, sino como un contenido que necesita ser contextualizado y verificado.

Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski son investigadores del Instituto Reuters, y afirman que:”El sistema mediático argentino se halla en una etapa de transición. Los medios tradicionales luchan por retener audiencias e ingresos publicitarios, mientras la confianza disminuye y el interés por las noticias sigue siendo escaso”.

Las herramientas de IA generativa ya no están reservadas para especialistas. Muchas funcionan desde un navegador web o una aplicación móvil y permiten generar fotografías, modificar rostros, recrear voces e incluso producir videos completos sin conocimientos avanzados de edición.

Esta democratización tiene un aspecto positivo. Diseñadores, docentes, investigadores y productores audiovisuales utilizan estas tecnologías para faciliar y alivianar procesos creativos, generar recursos educativos y experimentar con nuevos formatos narrativos.

Sin embargo, la misma facilidad para crear contenidos también incrementa el riesgo de producir desinformación. Una imagen falsa puede viralizarse en cuestión de minutos, alcanzar millones de visualizaciones y ser compartida antes de que existan mecanismos de verificación capaces de desmentirla.

La expansión de la inteligencia artificial no solo modifica la producción de contenidos, sino también la manera en que las personas acceden a la información e interpretan la realidad. En este sentido, la UNESCO en Recommendation on the Ethics of Artificial Intelligence advierte que los sistemas de IA tienen un impacto profundo sobre la forma en que las personas acceden al conocimiento y comprenden el mundo.

La Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial sostiene que los Estados deben promover el uso de sistemas de IA para mejorar el acceso a la información y brindar apoyo a periodistas e investigadores, garantizando al mismo tiempo la libertad de expresión y el acceso a información confiable.*

Casos que marcaron un punto de inflexión en la sociedad

En marzo de 2023 comenzó a circular una imagen del papa Francisco vistiendo una llamativa campera blanca de diseñador. La fotografía parecía completamente auténtica y fue compartida por millones de personas antes de que se confirmara que había sido creada mediante inteligencia artificial.

Poco tiempo después aparecieron imágenes que mostraban un supuesto arresto del entonces expresidente estadounidense Donald Trump. Aunque nunca ocurrió, las fotografías alcanzaron una enorme difusión y demostraron hasta qué punto una imagen sintética puede instalar un relato en la opinión pública.

Estos episodios no fueron los únicos. Con el avance de las herramientas generativas comenzaron a multiplicarse videos falsos, voces clonadas y fotografías creadas digitalmente que circularon como si documentaran hechos reales. En todos los casos, el problema no fue únicamente la calidad técnica de las imágenes, sino la velocidad con la que fueron consumidas y compartidas. La consecuencia de esto es una transformación cultural: la desconfianza deja de ser una excepción y comienza a convertirse en una forma habitual de interpretar la información digital.


¿Qué tarea debe enfrentar el periodismo y las personas que consumen información digital?

El periodismo enfrenta uno de los cambios más importantes desde la llegada de Internet. Si durante años la tarea consistía en verificar la información publicada por terceros, ahora también debe comprobar el origen de los materiales audiovisuales que circulan todos los días. Organizaciones especializadas en verificación comenzaron a incorporar nuevas metodologías para analizar datos y rastrear el origen de archivos para detectar posibles manipulaciones realizadas con IA. La verificación deja de ser una etapa complementaria del trabajo periodístico para convertirse en una condición indispensable de la producción informativa.

Verificar antes de compartir

La circulación masiva de contenidos generados mediante inteligencia artificial convierte a cada usuario en un actor relevante dentro del ecosistema informativo. Antes de compartir una imagen o un video conviene preguntarse quién lo publicó, cuál es su contexto, si otros medios confiables informaron sobre el mismo hecho y si existen evidencias que respalden su autenticidad.

No se trata de desconfiar de todo lo que circula en Internet, sino de adoptar hábitos de consumo informativo más críticos. En un entorno donde crear una simulación resulta cada vez más sencillo, verificar deja de ser una tarea exclusiva del periodismo y pasa a formar parte de las competencias digitales de cualquier ciudadano.

Para seguir explorando

Si te interesa esta temática, en este blog también podés encontrar una serie de videos y podcasts relacionados con el impacto de la inteligencia artificial en el periodismo, la desinformación en plataformas digitales, el funcionamiento de los algoritmos y los cambios que atraviesa el ecosistema de la comunicación digital contemporánea.

 

VIDEO RELACIONADO:

PODCAST:

 REFERENCIAS:

https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/es/digital-news-report/2026/argentina 

https://www.unesco.org/es/articles/recomendacion-sobre-la-etica-de-la-inteligencia-artificial

                            
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¿Por qué caemos en los neuromitos?

Para comprender cómo opera nuestra mente actual, es necesario analizar la Unidad Cuerpo-Cerebro-Mente desde una prespectiva histórico-evolutiva integral. El Dr. Carlos Logatt Grabner explica que los primeros antepasados pasaron por un pensamiento concreto e inmediato y un pensamiento mágico que atribuía las catástrofes a fuerzas divinas. Tras el filtro del pensamiento filosófico en Grecia, el quiebre definitivo llegó en 1619 con René Descartes y el pensamineto cinetífico moderno

El filtro del olvido. Durante décadas pensamos que el olvido era el peor enemigo del aprendizaje, pero la neurociencia demostró que funciona como un filtro antispam biológico. Robert Bjork desarrolló la teroía de "Olvidar para aprender", dividiendo la memoria en capacidad de almacenar (qué tan bien se aprendió algo) y de recuperar (la facilidad con la que el dato viene a la mente de trabajo). Cuanto más nos esforzamos por recuperar un recuerdo, mayor es el anclaje biológico posterior bajo el principio de dificultad deseable. Un ejemplo de esto lo vemos en la industria de la indumentaria donde las interfaces nos saturan de estímulos para agotar nuestra recuperación y empujarnos a consumir por inercia.

Neuromito. A la par de estos mecanismos, Paul Howard-Jones advierte sobre los peligros de los neuromitos: malentendidos culturales generados por malas interpretaciones de datos científicos. Uno de los más extendidos es que la dominancia hemisférica determina los estilos de aprendizaje o si somos personas lógicas o creativas. Esta teoría se desmorona en 1960 con los estudios de "cerebros divididos" de Roger Sperry y Michael Gazzaniga en pacientes con el cuerpo calloso seleccionado. Sin embargo, Gazzaniga aclaró que la idea comercial es exagerada: la cognición real es compleja y ensciende redes interhermisféricas completas que hacen inviable rotular la mente.


El movimiento. Si de verdad buscamos optimizar nuestras capacidades cognitivas y cuidar nuestra salud mental, la respuesta científica son son los tests, sino el ejercicio. Una investigación liderada por el Dr. Yakoov Stern en la Universidad de Nueva York demostró que la actividad física aeróbica regular mejora de forma directa las funciones ejecutivas. Las personas que cumplieron con estos ejercicios rindieron en estas pruebas como si fueran diez años más jóvenes a los cuarenta años y hasta veinte años más jóvenes a los sesenta. David Raichlen, de la Universidad de Arizona, confirmó que el ejercicio modifica la conectividad funcional en jóvenes, combatiendo el sedentarismo y frenando el desgaste cerebral

Y vos, ¿Sentís que en tu ámbito educativo o laboral te clasifican bajo etiquetas binarias? Te leo en los comentarios. También te invito a visitar nuestro canal de YouTube, Cuerpo en Crudo, donde vas a encontrar la máster-clase en formato de video. Además podés profundizar esta deconstrucción teórica en el Episodio 9 de nuestro podcast, Espejismos de Tela, disponible de forma orgánica en la plataforma iVoox. Te dejo ambos enlaces acá abajo. 

Estudios y bibliografía a consultar:

Logatt Grabner, C. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Evolución del pensamiento humano. Clase 11 - Apunte A.  Logatt Grabner, C. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Actividad física y cerebro. Clase 12 - Apunte A.  Rosler, R. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Aprendizaje - El poder del olvido. Clase 11 - Apunte B.  Gazzaniga, M. S. (2005). Forty-five years of split-brain research and still going strong. Nature Reviews Neuroscience, 6, 653-659.  Howard-Jones, P. A. (2014). Neuroscience and education: myths and messages. Nature Reviews Neuroscience, 15(12), 817-824.  Stern, Y., et al. (2019). Effect of aerobic exercise on cognition in younger adults: A randomized clinical trial. Neurology, 92(9).


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Los países que dominan en el tenis de mesa

 El dominio de una sola nación es tan absurdo que roza el monopolio. Sin embargo, en los últimos años, un grupo de países está rompiendo el guion y poniendo en jaque a los reyes de la mesa. Realizamos un video dónde explicamos los mejores países jugando a este deporte.



A continuación analizaremos a los emperadores del tenis de mesa y sus contendientes.


CHINA


China es por amplio margen el mejor país jugando a este deporte. En los JJOO (desde Seúl 1988) obtuvieron 37 de 42 medallas de oro. Solo perdieron el oro en 5 ocaciones (3 en individual masculino, 1 en dobles masculinos y 1 en dobles mixtos). Como podemos ver, NUNCA perdieron un oro femenino.

Medallas Individual masculino



Cantidad total de medallas

Hoy en día en el ranking oficial del circuito WTT (World Table Tennis) China lidera la clasificación individual (femenino y masculino) y dobles (femenino y masculino). Solo no lidera la categoría de dobles mixtos. El top 10 masculino es mas variado, demostrando el crecimiento de los demás países. Sin embargo, en el top 10 femenino el dominio es mucho mas marcado 6 son oriundas de China.

                       

Pero ¿Por qué son tan buenos los chinos en el tenis de mesa? Les dejo un video que lo explica a la perfección.



JAPÓN

Históricamente son la tercera nación con más medallas olímpicas, pero hoy son la amenaza número uno en las finales por equipos de la ITTF. Sus logros más significativos se dividen en tres grandes eras de éxito:

La era de los 50/60: Antes del dominio absoluto de China, Japón era el rey indiscutido del tenis de mesa mundial. Conquistó decenas de títulos en los Campeonatos Mundiales de la ITTF entre 1952 y 1970.

Actualidad de dominio juvenil y grandes resultados en el circuito WTT: Figuras como el prodigio Tomokazu Harimoto y la estrella Miu Hirano han ganado múltiples títulos de la Copa del Mundo Junior y finales de circuito internacional de la WTT venciendo a los mejores exponentes de la élite china.

Medalla de oro JJOO Tokio 2020: El mayor logro de Japón en el tenis de mesa es la medalla de oro olímpica conseguida en Tokio 2020 en la categoría de Dobles Mixtos. Esta hazaña, protagonizada por la emblemática pareja compuesta por Jun Mizutani y Mima Ito, marcó un hito histórico al quebrar el dominio total de China y otorgarle a Japón la primera medalla dorada olímpica de su historia en este deporte.

Campeones dobles mixtos TOKIO 2020


EUROPA


El tenis de mesa europeo vive una era de resurgimiento, consolidándose como la única región capaz de plantar cara al dominio asiático en el circuito mundial de la WTT y en los Juegos Olímpicos.
Históricamente, Europa tuvo su época dorada en los años 80 y 90, y hoy vuelve a exportar jugadores con un estilo agresivo, creativo y de alta potencia física.


Suecia (El regreso del gigante): Suecia ha vuelto a la cima. Su máximo estandarte es Truls Möregårdh (doble medallista de plata en París 2024 en individual y equipos) junto a figuras como Anton Källberg y Mattias Falck. 

El antecedente histórico fue la selección de Suecia liderada por Jan-Ove Waldner protagonizó la época más dorada del tenis de mesa europeo, logrando la hazaña histórica de romper el dominio total de China. Logrando 4 títulos mundiales por equipos (1989, 1991, 1993 y 2000) y 1 oro olímpico (Waldner en Barcelona 1992)



Francia (El fenómeno de los hermanos Lebrun): Es el país con mayor proyección gracias a Félix Lebrun (un prodigio que juega con el clásico estilo asiático de "lapicero") y su hermano mayor Alexis Lebrun. Juntos han devuelto a Francia a los podios olímpicos y mundiales. 



Alemania (La vieja guardia): Liderada durante dos décadas por el legendario Timo Boll (retirado de la escena olímpica tras París 2024) y el histórico Dimitrij Ovtcharov, Alemania sigue siendo una escuela ultra competitiva con jugadores de peso como Dang Qiu y Patrick Franziska.



RESTO DEL MUNDO

Para cerrar el mapa global, tenemos que hablar de los competidores más duros del circuito que no siempre se llevan los flashes. 

Corea del Sur: Es, de hecho, la segunda nación con más medallas en la historia olímpica (20 en total) y hoy dominan las categorías de Dobles Mixtos de la ITTF.


China Taipéi: Siempre es un peligro latente gracias a figuras top como Lin Yun-ju.


Latinoamérica: El honor de América Latina lo defiende Hugo Calderano. El brasileño ha logrado romper todas las barreras históricas, manteniéndose firme en el Top 10 mundial de la WTT y compitiendo de igual a igual contra las potencias asiáticas.


 

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