Para comprender cómo opera nuestra mente actual, es necesario analizar la Unidad Cuerpo-Cerebro-Mente desde una prespectiva histórico-evolutiva integral. El Dr. Carlos Logatt Grabner explica que los primeros antepasados pasaron por un pensamiento concreto e inmediato y un pensamiento mágico que atribuía las catástrofes a fuerzas divinas. Tras el filtro del pensamiento filosófico en Grecia, el quiebre definitivo llegó en 1619 con René Descartes y el pensamineto cinetífico moderno.
El filtro del olvido. Durante décadas pensamos que el olvido era el peor enemigo del aprendizaje, pero la neurociencia demostró que funciona como un filtro antispam biológico. Robert Bjork desarrolló la teroía de "Olvidar para aprender", dividiendo la memoria en capacidad de almacenar (qué tan bien se aprendió algo) y de recuperar (la facilidad con la que el dato viene a la mente de trabajo). Cuanto más nos esforzamos por recuperar un recuerdo, mayor es el anclaje biológico posterior bajo el principio de dificultad deseable. Un ejemplo de esto lo vemos en la industria de la indumentaria donde las interfaces nos saturan de estímulos para agotar nuestra recuperación y empujarnos a consumir por inercia.
Neuromito. A la par de estos mecanismos, Paul Howard-Jones advierte sobre los peligros de los neuromitos: malentendidos culturales generados por malas interpretaciones de datos científicos. Uno de los más extendidos es que la dominancia hemisférica determina los estilos de aprendizaje o si somos personas lógicas o creativas. Esta teoría se desmorona en 1960 con los estudios de "cerebros divididos" de Roger Sperry y Michael Gazzaniga en pacientes con el cuerpo calloso seleccionado. Sin embargo, Gazzaniga aclaró que la idea comercial es exagerada: la cognición real es compleja y ensciende redes interhermisféricas completas que hacen inviable rotular la mente.
El movimiento. Si de verdad buscamos optimizar nuestras capacidades cognitivas y cuidar nuestra salud mental, la respuesta científica son son los tests, sino el ejercicio. Una investigación liderada por el Dr. Yakoov Stern en la Universidad de Nueva York demostró que la actividad física aeróbica regular mejora de forma directa las funciones ejecutivas. Las personas que cumplieron con estos ejercicios rindieron en estas pruebas como si fueran diez años más jóvenes a los cuarenta años y hasta veinte años más jóvenes a los sesenta. David Raichlen, de la Universidad de Arizona, confirmó que el ejercicio modifica la conectividad funcional en jóvenes, combatiendo el sedentarismo y frenando el desgaste cerebral.
Y vos, ¿Sentís que en tu ámbito educativo o laboral te clasifican bajo etiquetas binarias? Te leo en los comentarios. También te invito a visitar nuestro canal de YouTube, Cuerpo en Crudo, donde vas a encontrar la máster-clase en formato de video. Además podés profundizar esta deconstrucción teórica en el Episodio 9 de nuestro podcast, Espejismos de Tela, disponible de forma orgánica en la plataforma iVoox. Te dejo ambos enlaces acá abajo.
Estudios y bibliografía a consultar:
Logatt Grabner, C. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Evolución del pensamiento humano. Clase 11 - Apunte A. Logatt Grabner, C. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Actividad física y cerebro. Clase 12 - Apunte A. Rosler, R. (ADH). Programa Ejecutivo en Neuropsicoeducación: Aprendizaje - El poder del olvido. Clase 11 - Apunte B. Gazzaniga, M. S. (2005). Forty-five years of split-brain research and still going strong. Nature Reviews Neuroscience, 6, 653-659. Howard-Jones, P. A. (2014). Neuroscience and education: myths and messages. Nature Reviews Neuroscience, 15(12), 817-824. Stern, Y., et al. (2019). Effect of aerobic exercise on cognition in younger adults: A randomized clinical trial. Neurology, 92(9).
















