El patio trasero votó distinto: Lula, Meta y la política en la era digital

El 23 de septiembre, la cuenta de anuncios de la campaña de Lula dejó de funcionar. Duró algo más de una hora. Meta, la empresa dueña de Instagram, Facebook y WhatsApp, dijo que fue un error. Un mes después, Lula ganaba el balotaje con el 51,7 % de los votos contra el 48,2 % de Flávio Bolsonaro, según la BBC, con el 100 % de las urnas escrutadas. Entre una fecha y la otra, un tribunal electoral le exigió explicaciones a una empresa privada, y esa empresa admitió por escrito fallas que perjudicaron a uno de los candidatos y negó, al mismo tiempo, haber interferido en la elección.

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Fui a leer las fuentes. Reconstruí la secuencia con notas de medios brasileños y latinoamericanos, el comunicado del Tribunal Superior Electoral (TSE) y lo que dijeron las partes, y separé lo que está documentado de lo que alguien afirma sin que se haya probado. Aclaro desde el principio que no encontré ninguna prueba pública de que Meta haya favorecido a Flávio Bolsonaro a propósito, y que tampoco hay una resolución final del tribunal sobre si la empresa cumplió todo lo que se le pidió. Lo que sí encontré es algo que, para mí, resulta más inquietante: una elección presidencial dependió de que un sistema privado, que casi nadie audita, funcionara bien.

Antes de entrar en el caso, una pregunta incómoda: ¿cuánto sabemos de lo que creemos saber? En 1999, los psicólogos David Dunning y Justin Kruger describieron lo que hoy se conoce como efecto Dunning-Kruger: las personas con poca habilidad en una tarea tienden a sobreestimar su desempeño, justamente porque les falta la habilidad para evaluarlo. Hasta ahí, la versión de cartel. La versión popular ("los que menos saben son los más seguros") simplifica el hallazgo, y hay debate sobre cómo se mide, pero la idea de fondo sirve: sentirse informado no es lo mismo que estarlo.

En internet ese desfasaje se agranda. Desplazar el dedo por una pantalla da la sensación de estar al tanto, nadie te corrige y lo que aparece lo decide un sistema que no vemos. ¿Cuántos creemos que distinguimos sin problema la información de la manipulación, mientras ignoramos con qué criterio una plataforma ordena lo que leemos? Eso, en el fondo, fue lo que se discutió en Brasil.

De un error de una hora a un tribunal electoral

Antes de las cifras, el orden de los hechos. La cronología que sigue va de la más antigua a la más reciente y marca cuáles son hechos documentados y cuáles alegaciones. Una advertencia: casi toda la información sobre lo que hizo (o dejó de hacer) Meta viene de dos tipos de fuente, los comunicados de la propia empresa y las denuncias de la campaña de Lula. Ninguna de las dos es neutral, y por eso, cuando es solo la versión de Meta, lo aclaro en la tabla.

FechaQué pasóEstadoFuente
Mar. 2026El TSE prohíbe publicar o impulsar contenido nuevo hecho con inteligencia artificial 72 horas antes y 24 después de la votación, y exige rotularloDocumentadoMobile Time
16 ago.Empieza la campaña. El TSE pide a Meta detallar las medidas de moderación aplicadas a los perfiles de LulaDocumentadoTribuna do Sertão
23 sep.Se desactiva la cuenta de anuncios de la campaña de Lula. El TSE pide explicaciones y Meta admite un error que duró algo más de una horaDocumentadoEl Tiempo, SBT News
4 oct.Primera vuelta: Flávio Bolsonaro 47,03 %, Lula 45,16 % de los votos válidosDocumentadoPerfil, con datos del TSE
10 oct.El TSE interroga a Meta por las acusaciones de favorecimiento y le da 48 horasDocumentadoTribuna do Sertão, SBT News
14 oct.El TSE pide al Ministerio Público Electoral que se pronuncie sobre el supuesto favorecimientoDocumentadoViva (Broadcast)
15 oct.La campaña de Lula pide retirar 255 perfiles de Instagram que describe como automatizados, con una multa diaria de R$ 500.000. Cita un informe de 58,6 millones de visualizaciones en un mesAlegaciónA Crítica
16 oct.El pleno del TSE confirma por unanimidad la orden de trato igualitario. Meta admite por escrito fallas técnicas que perjudicaron a Lula y niega interferenciaDocumentadoDGABC, O Povo
20 oct.Meta dice cumplir las 17 determinaciones del TSE y haber eliminado 720 publicaciones con IA sin identificar. El ministro Bellizze se reúne con Meta y las dos campañasDocumentado (versión de Meta)El Tiempo, CR Hoy, comunicado del TSE
20 oct.Flávio pide anular la candidatura de Lula por abuso de poder. La campaña de Lula anuncia que pedirá anular la de Flávio por "manipulación algorítmica"Anunciado, sin decisiónEmol, AFP
25 oct.Balotaje. El juez Cristiano Zanin extiende la votación hasta las 19:00 tras denuncias de falta de colectivos. Lula gana con el 51,7 %DocumentadoBBC, Perfil

Un detalle que me llamó la atención: el pedido que más ruido hizo, el de retirar 255 perfiles de Instagram que la campaña describe como automatizados, se apoya en un informe del Instituto Democracia em Xeque que habla de 58,6 millones de visualizaciones en un mes. Son números que cita la campaña de Lula, y en las notas que leí el tribunal no los había verificado. Es información de una de las partes, así que tampoco la tomo como prueba definitiva pero 

La parte documentada, que es la que sostiene todo lo demás, es esta: el 16 de octubre el pleno del TSE confirmó por unanimidad la orden de trato igualitario, y ese mismo día Meta admitió por escrito fallas técnicas que perjudicaron a la campaña de Lula (una falla global en el Administrador de Anuncios entre el 9 y el 10 de octubre, y una laguna en Meta AI el 14). Lo que niega es que haya sido intencional. Dice que no toma partido "en esta ni en ninguna otra elección". Pero teniendo en cuenta que admitir una intencionalidad es reconocer la intervención de Washington... dudo que lo vayan a confesar.

Para quien no lo tenga presente: el TSE es un tribunal que forma parte de la justicia brasileña, organiza las elecciones, juzga los conflictos entre campañas y dicta resoluciones con fuerza obligatoria. Que un órgano así tenga que pedirle explicaciones a una empresa extranjera sobre cómo reparte el alcance de dos candidatos es, de por sí, una noticia.

Privacidad, vigilancia y quién mira cuando votamos

Hay una discusión previa a todo esto: la privacidad como derecho. Es una expresión que se usa tanto que perdió peso. Traducida, significa saber qué hacen otros con nuestros datos y poder decidir sobre eso. En una campaña electoral no es abstracto: los datos sirven para segmentar mensajes, es decir, para mostrarle a cada persona lo que más probablemente la mueva. Por eso importa quién puede anunciarse y con qué transparencia. En Brasil, después de la intervención del TSE, Meta dijo que limitó la publicidad electoral a candidatos y partidos registrados y que usa una lista de autorización para anuncios políticos. Es información de la propia empresa, así que la menciono como lo que es: lo que Meta dice que hizo.

La periodista Marta Peirano lo plantea en una charla de TEDxMadrid de 2019 con una analogía que me quedó dando vueltas: la vigilancia es un problema colectivo, como el cambio climático. No se resuelve con decisiones individuales (cerrar una cuenta, rechazar cookies), porque lo que cada uno entrega afecta a los demás y el sistema funciona a escala. Lo aplico a este caso: aquí nadie votó solo. Lo que una plataforma muestra o esconde ordena la conversación de millones de personas a la vez.

TikTok: el mismo problema con otra bandera

Con TikTok pasa algo parecido, pero desde el otro lado. En 2024 Estados Unidos aprobó una ley que obligó a ByteDance, la empresa matriz china, a vender las operaciones estadounidenses de la app o enfrentar su prohibición. El argumento del gobierno fue que Pekín podría acceder a los datos de los usuarios o manipular el contenido que ven. TikTok y ByteDance lo negaron y sostuvieron que la ley violaba la libertad de expresión. El 17 de enero de 2025, la Corte Suprema avaló la ley en TikTok Inc. v. Garland, aplicando un escrutinio intermedio. En enero de 2026 se anunció una empresa conjunta (TikTok USDS) en la que ByteDance conserva el 19,9 %, según los reportes, y después surgieron cuestionamientos sobre transparencia y privacidad, entre ellos una investigación anunciada por el gobernador de California, Gavin Newsom.

El paralelo con Brasil me parece revelador. En un caso, un Estado democrático disciplina a una plataforma china por el riesgo de que influya en sus ciudadanos. En el otro, un tribunal brasileño le exige igualdad de trato a una plataforma estadounidense durante una elección. En ambos, la pregunta es quién controla la infraestructura por la que circula la información. Y para que quede claro: no digo que sean lo mismo. Digo que conviene preguntarse si el miedo a la vigilancia depende de quién la ejerza, algo que ya me pregunté a propósito de TikTok.

Pandemia: los datos de una emergencia

Durante la pandemia las aplicaciones de rastreo de contactos mostraron el mismo dilema. La filósofa Carissa Véliz, de la Universidad de Oxford y autora de Privacy Is Power, advirtió en 2020 que estas apps suponían un riesgo serio para la privacidad y que había que pensarlo dos veces antes de usarlas. Matizó algo importante: no todo riesgo es inaceptable, lo son los innecesarios, los que no aportan un beneficio suficiente o podrían evitarse con un diseño respetuoso. La lección de la crisis sanitaria, para mí, es que los datos recolectados en una emergencia también necesitan límites claros: quién los guarda, por cuánto tiempo y para qué.

Atención, emoción y la falsa neutralidad de las plataformas

Las plataformas viven de nuestro tiempo, y eso explica casi todo lo que sigue. En 1971, el economista Herbert Simon advertía que la abundancia de información produce escasez de atención, y las redes construyeron un negocio sobre esa escasez: cuanto más tiempo pasa alguien en la app, más anuncios ve. Notificaciones, desplazamiento infinito, videos que arrancan solos: todo está diseñado para sostener ese tiempo y, con el uso constante, se asocia a una concentración más fragmentada. En la campaña brasileña eso se tradujo en una disputa por el alcance, y de ahí viene la cifra de los 58,6 millones de visualizaciones. Es una alegación, ya lo dije, pero muestra qué se disputa: la atención es el recurso escaso, y quien la ordena tiene poder.

Neuromarketing: la emoción como herramienta política

El neuromarketing aplica conocimientos sobre cómo reacciona el cerebro a ciertos estímulos para influir en decisiones de consumo, y la misma lógica se traslada a la política. Las plataformas miden qué contenido provoca más reacción y tienden a mostrar más lo que la provoca; algunas investigaciones encontraron que el contenido con carga moral y emocional circula más que el neutro. De ahí la preocupación del TSE, que para esta elección prohibió los deepfakes en la propaganda, exigió rotular el contenido hecho con inteligencia artificial y vedó publicar o impulsar contenido nuevo hecho con IA durante las 72 horas previas al cierre de la votación. Hay juristas que advierten riesgo de censura previa; otros sostienen que no lo es, porque se limita al contenido sin rotular. Se entiende la preocupación de los dos lados, pero la discusión sigue abierta, y es una buena discusión.

¿Es neutral una tecnología?

Meta sostuvo ante el TSE que "no toma partido en esta ni en ninguna otra elección" y que sus sistemas no clasifican contenido por ideología. Es la posición clásica de la neutralidad: la tecnología es una herramienta y lo bueno o lo malo depende de quien la use. Frente a eso, el historiador Melvin Kranzberg escribió que la tecnología "no es buena ni mala, pero tampoco es neutral", y el teórico Langdon Winner sostuvo que los objetos técnicos pueden tener política incorporada en su diseño. Un algoritmo no necesita una intención ideológica para favorecer a alguien: le basta con optimizar por reacción, por retención o por rentabilidad publicitaria. Por eso la discusión brasileña también es filosófica. Aunque Meta admita fallas técnicas que perjudicaron a Lula, la pregunta de fondo es si la forma en que está construido el sistema produce efectos políticos, lo haya querido alguien o no. ¿Cambia algo que nadie lo haya querido?

El Homo interneticus vota

Se le llama Homo interneticus a un tipo de persona moldeada por la conexión permanente: se informa, se relaciona, trabaja y vota a través de pantallas. Brasil sirve de laboratorio. El consultor Ricardo Auer atribuye parte de la remontada de Lula a la movilización de jóvenes por canales de WhatsApp, el llamado "Ejército de Lula", aunque es una lectura de opinión sin cifras que la respalden. Bruno Ronchi, investigador de la Universidad de Rennes, coincide en algo más modesto: la urgencia de haber quedado segundo en la primera vuelta desencadenó una movilización "bastante masiva", sobre todo en redes, para llegar a jóvenes e indecisos. Hasta ahí, lo que dicen los analistas.

La vida en las redes y la ilusión de "vivir la vida de Facebook"

La psicóloga Sherry Turkle, del MIT, sostiene en Alone Together que esperamos más de la tecnología y menos de los otros. En las redes se construye una identidad cuidada, una versión editada de uno mismo que se muestra a una audiencia, y de ahí viene la ilusión de vivir la vida de Facebook: confundir la vida que mostramos con la vida. En política pasa algo parecido. Según Auer, Lula movió su imagen hacia el centro, con el conservador Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, para captar al votante moderado. Es una lectura analítica, no un dato, pero ilustra algo cierto: los candidatos también cuidan una identidad digital.

Amistades, número de Dunbar y voyeurismo

El antropólogo Robin Dunbar propuso que los humanos podemos mantener relaciones estables con unas 150 personas. Las redes permiten acumular muchos más contactos, pero no amplían esa capacidad: lo que crece es la cantidad de vínculos débiles y, con ellos, el voyeurismo, que es mirar la vida de otros sin interactuar. Los grupos cerrados, como los de WhatsApp, funcionan a escala humana, y por eso pueden ser muy eficaces para movilizar. También para que circulen mensajes sin que nadie ajeno los vea.

De erizos a zorros

La sobrecarga de información favorece un pensamiento asociativo y fragmentado. La metáfora del filósofo Isaiah Berlin sirve para entenderlo: el erizo sabe una gran cosa y piensa de forma lineal; el zorro sabe muchas cosas y salta entre ellas. Internet nos vuelve más zorros: saltamos de un titular a un clip y a un hilo, con ventajas (conexiones inesperadas) y costos (menos profundidad y más dificultad para sostener un argumento largo). En una elección eso significa decisiones tomadas con fragmentos.

Política 2.0

La política 2.0 es la que se hace en y a través de las redes: campañas que movilizan seguidores, difunden mensajes sin intermediarios y compiten por la atención. El caso brasileño la muestra en sus dos caras. Por un lado, la movilización de base que describen Ronchi y Auer. Por otro, la disputa por el control de la infraestructura: si una plataforma puede reducir el alcance de un candidato, o se sospecha que puede, la competencia ya no es solo entre partidos.

Lo probado, lo alegado y lo que es opinión

Llegué a esta tabla después de leer decenas de notas que se contradecían en los detalles: la fecha de una orden, el monto de una multa. La regla que usé es simple. Algo es "documentado" si consta en una decisión pública o en una admisión de la parte que sale perdiendo con admitirlo. Todo lo demás es alegación o interpretación. Y para que quede claro, una alegación no es una mentira: es una afirmación que todavía nadie probó.

AfirmaciónEstadoDetalle
El TSE ordenó a Meta igualdad de trato y fijó multa diariaDocumentadoConfirmada por unanimidad el 16/10; multa de R$ 500.000 por día según MercoPress
La cuenta de anuncios de Lula se desactivó el 23/9DocumentadoMeta dice que fue un error de algo más de una hora
Meta admitió fallas técnicas que perjudicaron a la campaña de LulaDocumentadoAdmisión escrita del 16/10: falla global del 9–10/10 en el Administrador de Anuncios y una laguna de Meta AI el 14/10. Niega interferencia
Meta favoreció a Flávio de forma deliberadaAlegaciónSin prueba pública. Meta lo califica de "falso e infundado"
255 perfiles automatizados sumaron 58,6 millones de visualizacionesAlegaciónInforme citado por la campaña de Lula; el tribunal no lo había verificado en las notas
Mensajes internos de empleados de Meta sobre restricciones a las cuentas de LulaReportado, no verificadoLos publicó Folha de S.Paulo y los recogió Al Jazeera, que no los verificó. Meta dice que hablaban de problemas técnicos ya públicos
Meta cumplió las 17 determinaciones del TSEVersión de MetaNo hay una resolución final del tribunal en las fuentes consultadas
Flávio pidió anular la candidatura de LulaAnunciado, sin decisiónLo informan AFP y Emol; las fuentes consultadas no recogen una decisión del TSE
Lula ganó el balotaje con el 51,7 % frente al 48,2 %DocumentadoSegún la BBC, con el 100 % de los votos escrutados por el TSE
Zanin extendió la votación hasta las 19:00DocumentadoBBC y Perfil: tras denuncias de falta de colectivos en Salvador y San Pablo
La reducción de colectivos en Salvador fue deliberadaAlegaciónEl TRE de Bahia ordenó detener a un funcionario; el alcalde la atribuye a adhesivos del PT en los buses. Sin conclusión judicial
Estados Unidos buscó influir en el resultadoInterpretaciónLos aranceles y la sanción a un juez existen; la intención electoral es una lectura de Lula y de algunos analistas. Washington lo justifica de otro modo

¿Final o principio de algo mejor?

Un libro no es una pantalla

Leer un libro y leer en formato digital no son la misma actividad. El libro impone un orden, un ritmo y una atención sostenida; la pantalla ofrece enlaces, notificaciones y la tentación de saltar. Algunas investigaciones sobre comprensión lectora encontraron que, en textos largos e informativos, el papel tiende a rendir algo mejor que la pantalla, aunque depende del tipo de texto y del lector. La investigadora Maryanne Wolf habla de "lectura profunda" y advierte que puede debilitarse si solo practicamos la lectura rápida. Para armar este artículo tuve que leer decenas de notas fragmentadas y reconstruir un orden, un trabajo que el formato digital facilita y dificulta al mismo tiempo.

Qué señales hay de que la red cambia cómo pensamos

Son indicios, no pruebas definitivas, pero el caso brasileño deja varios:

  • Una campaña presidencial se discutió en buena parte por el alcance de publicaciones y por el funcionamiento de un sistema de anuncios, algo que hace una década no formaba parte del debate electoral.
  • Un error de poco más de una hora en una cuenta de anuncios motivó un pedido formal de explicaciones de un tribunal.
  • Un tribunal electoral tuvo que escribir reglas para la inteligencia artificial y exigir transparencia a una empresa privada de alcance global.
  • Las propias partes usaron la "manipulación algorítmica" como argumento jurídico.

¿Quién controla quién?

La tecnología puede ser las dos cosas. Permitió una movilización de base que, según los analistas citados, ayudó a Lula a remontar, y también concentra en pocas empresas el poder de ordenar lo que millones de personas ven. La respuesta depende de quién controle esa infraestructura y bajo qué reglas.

Brasil avanzó en esa dirección: en junio de 2025, su Supremo Tribunal Federal amplió la responsabilidad de las plataformas por contenidos de terceros, y Lula planteó la necesidad de regularlas. Argentina, en lo que se pudo relevar, tiene un marco más limitado y reactivo, con proyectos de ley pendientes y herramientas como el artículo 140 del Código Electoral, pensado para el fraude y no para el ecosistema digital. Dicho de otro modo, si algo así pasara acá, no estaría claro a quién reclamarle.

Yo me quedo con una pregunta que no tiene respuesta cómoda: si una empresa privada puede inclinar una elección, o solo sospechamos que puede, ¿quién tiene el poder real de controlarla? Mi versión más personal, con más bronca y menos citas, está en el episodio 4 de Total Interferencia.

Bibliografía

El caso Meta y el TSE

Resultado y jornada del balotaje

Geopolítica y región

Privacidad y vigilancia

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Hablemos sin saber: de la mente humana a la I.A


-Por Joaquin Perez | Tiempo de lectura 3 a 5 minutos
 
Vivimos en un ecosistema mediático donde la certeza se produce a mayor velocidad que la verdad. Cuando una persona opina con total seguridad sobre un tema que desconoce por completo, o cuando un modelo de Inteligencia Artificial inventa un dato disparatado pero lo sostiene con una sintaxis perfecta, en el fondo está ocurriendo un fenómeno cognitivo bastante similar: la confabulación o alucinación de la IA. 

Lejos de ser un fallo malicioso o una mentira deliberada, confabular es el mecanismo de emergencia mediante el cual tanto el cerebro humano como los algoritmos rellenan los baches de información creando relatos que suenan impecables, aunque sean falsos.

Si a esto le sumamos las plataformas digitales, el combo explota. Las redes sociales funcionan como un acelerador perfecto del clásico efecto Dunning-Kruger, ese sesgo donde los que menos saben son los que más fuerte gritan porque su propia ignorancia les impide ver cuán complejo es el problema. En este panorama, nunca tuvimos tanta información al alcance de la mano y, al mismo tiempo, nunca estuvimos tan indefensos frente a la ilusión de saber.

El refugio contra la duda

En la neuropsicología tradicional, las investigaciones sobre la construcción de la memoria y la confabulación explican que la mente aborrece el vacío absoluto. Ante una laguna de conocimiento o un recuerdo difuso, el cerebro prefiere fabricar una explicación coherente antes que asumir el desgaste y la incomodidad de la incertidumbre. Lo jodido de este mecanismo es que la persona que confabula cree honestamente en lo que dice; no hay dolo, sino una falla profunda en la autoevaluación.

Ahí es donde entra en juego la trampa de la elocuencia. Vivimos en una cultura del atajo donde analizar datos duros, suspender el juicio y hacer el esfuerzo lógico de investigar exige un tiempo que las redes no perdonan. Un relato bien armado, con gancho y palabras lindas, se compra de taquito porque confunde la fluidez formal con el rigor conceptual.

El aplauso fácil de las redes

El combo se vuelve peligroso cuando las plataformas entran en juego. Los estudios sobre sesgos cognitivos en entornos virtuales demuestran que las redes sociales premian la inmediatez por encima de los matices. Algoritmos diseñados para retener la atención recompensan las afirmaciones tajantes, los hilos de veintiocho tweets y los videos cortos que prometen explicarte la crisis geopolítica o la macroeconomía en sesenta segundos.

Cuando alguien lanza una opinión infundada pero atractiva, la interacción inmediata de la comunidad —los likes, los retuits, los comentarios validándose entre sí— actúa como una cámara de eco. Esa palmadita virtual transforma una corazonada tirada al pasar en una verdad dogmática. La ilusión del experto se alimenta de aplausos: nadie frena a pensar si realmente entendió del tema, porque el propio sistema te premia por opinar rápido y seguro de todo.

Espejos de colores

La paradoja se vuelve todavía más densa cuando cruzamos la vereda hacia la tecnología. Cuando le pedimos a un modelo de lenguaje que nos resuelva un problema complejo y este nos devuelve una respuesta inventada, con fechas, autores o estadísticas inexistentes, pero todo escrito con un tono  formal, que la industria suele llamarlo "alucinación". Sin embargo, desde la perspectiva de la ciencia cognitiva aplicada a la tecnología, el término correcto es confabulación algorítmica.

Los modelos no razonan ni entienden el mundo real; son bestias probabilísticas entrenadas para adivinar cuál es la palabra que estadísticamente debería venir a continuación. Ante la falta de un dato certero en sus bases, el sistema no se calla: prioriza la continuidad sintáctica y la elegancia del texto antes que admitir que no sabe. En el fondo, la inteligencia artificial confabula exactamente por la misma razón que nosotros frente a un micrófono o una pantalla: porque la estructura prioriza la forma por sobre la verdad.

Reflexiones al voleo

El verdadero desafío de  hoy en dia no es conseguir datos, sino afinar el criterio para separar lo verosímil (lo que suena lindo y cierra por todos lados) de la verdad contrastada. Tanto nuestros propios sesgos potenciados por la lógica de las pantallas como las respuestas automáticas de la tecnología nos empujan todo el tiempo hacia una comodidad intelectual peligrosa.

Desconfiar de las certezas automáticas, revisar las fuentes y entender que las herramientas están para potenciar el análisis —y no para pensar por nosotros— es la única forma de no quedar atrapados en este gran simulacro de sabios.



- FUENTES CONSULTADAS

  • Centre for Forensic Neuroscience. (2024). AI Confabulation, Hallucination, and Psychology: Technical and Neuropsychological Distinctions. Centre for Forensic Neuroscience Research Reports.

  • Moscovitch, M. (1995). Memory and frontal lobe function: Confabulation and the structure of human memory. Rotman Research Institute, University of Toronto.

  • Sage Journals. (2020). Cognitive biases and the algorithmic reward of extreme content in digital social networks. Social Media + Society.

  • Universidad de Cornell / arXiv. (2026). On speaking with absolute certainty about domains entirely unknown: Behavioral and computational analysis. arXiv preprint.

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El lado oscuro de las redes sociales: ¿cuánto de nosotros dejamos en el camino? - por Eliana Silva

Imagen ilustrativa

Las redes sociales forman parte de nuestra vida, pero también plantean riesgos para nuestra privacidad, e incluso, bienestar psicológico. Dos investigaciones científicas publicadas en 2024 y 2026 analizaron los factores asociados al uso problemático de estas plataformas y las decisiones que tomamos sobre nuestros datos personales. A esto se suman investigaciones periodísticas que exponen cómo circula nuestra información. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que sucede detrás de la pantalla?

Tu privacidad es un negocio

Cuando publicamos una foto, compartimos nuestra ubicación o simplemente navegamos por una aplicación, dejamos información sobre nuestros hábitos, intereses y preferencias. El problema no es solamente qué mostramos voluntariamente, sino también qué datos se recopilan sin que lo sepamos, cómo se procesan y quiénes pueden acceder a ellos.

En julio de 2025, la organización británica de consumidores Which? publicó una investigación sobre 20 aplicaciones populares, entre ellas Instagram, Facebook, TikTok y WhatsApp. En conjunto, identificó 882 permisos potenciales si una persona instalaba las 20 aplicaciones, de los cuales 78 fueron clasificados como riesgosos. Entre ellos había permisos relacionados con la ubicación precisa, el micrófono y los archivos del dispositivo. 

Por su parte, una investigación internacional coordinada por Le Monde en enero de 2025 examinó datos comerciales de un intermediario publicitario. La muestra contenía más de 47 millones de identificadores publicitarios de dispositivos correspondientes a 137 países en un solo día de 2024. Asociados con información geográfica, esos identificadores permitían reconstruir desplazamientos y, con ello, aproximarse a domicilios particulares.

Estos hallazgos muestran que la información digital puede circular mucho más allá de la aplicación en la que se originó, y lo que parece una actividad privada puede convertirse en un dato comercial útil para perfilar comportamientos, orientar anuncios o inferir rutinas.

¿Por qué compartimos información si nos preocupa la privacidad?

Un metaanálisis publicado en 2026 en el Journal of Computer-Mediated Communication, de Oxford University Press, reunió resultados de 79 estudios realizados entre 2016 y 2025, con 51.085 participantes. Las investigadoras Jana Dombrowski y Sabine Trepte analizaron la relación entre la confianza en las plataformas, la percepción de control y las preocupaciones por la privacidad con nuestras conductas digitales.

Los resultados mostraron que quienes confían más en las plataformas tienden a utilizarlas y compartir información con mayor frecuencia. En cambio, sentir que tenemos control sobre nuestros datos y preocuparnos por su privacidad se relaciona con conductas de protección más específicas, como modificar la configuración de una cuenta.

Esto permite entender una contradicción cotidiana: podemos preocuparnos por nuestros datos y, al mismo tiempo, seguir compartiéndolos. Las redes ofrecen comunicación, entretenimiento y pertenencia; abandonar esos espacios no siempre parece una alternativa viable. Además, aceptar permisos o condiciones de uso no implica necesariamente comprender todas las consecuencias.

La cuestión, entonces, no se reduce a que los usuarios sean descuidados. También importa cuánta información y y transparencia ofrecen las plataformas sobre sus prácticas, junto a qué posibilidades reales tenemos de decidir cómo se utiliza nuestra actividad.

Cuando dejar de scrollear se vuelve difícil

El uso problemático de las redes sociales también está relacionado con la cantidad de datos que generamos al usarlas. Cada búsqueda, publicación, reacción o video que miramos aporta información sobre nuestros intereses y preferencias. Cuanto más tiempo pasamos en una plataforma, más oportunidades tiene de recopilar señales sobre nuestro comportamiento y utilizarlas para personalizar los contenidos que nos muestra.

Revisar una notificación puede parecer un gesto insignificante y pequeño, pero repetirlo durante horas puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir. Las recomendaciones personalizadas y las notificaciones nos invitan a seguir mirando y, al hacerlo, generamos nuevas señales que alimentan el sistema. Así, la captación de nuestra atención y la recopilación de nuestros datos pueden reforzarse mutuamente.

Una revisión sistemática publicada en 2024 en Computers in Human Behavior Reports examinó 45 estudios con un total de 34.332 participantes. Su objetivo fue analizar la relación entre el uso problemático de las redes sociales y procesos como la autorregulación, el autocontrol, la impulsividad y la regulación emocional.

Es importante hacer una distinción: la investigación suele utilizar el concepto de uso problemático cuando la actividad se vuelve difícil de controlar o genera consecuencias negativas en la vida cotidiana.

Esta relación también permite ampliar la pregunta sobre la privacidad. Si las plataformas pueden identificar qué contenidos captan nuestra atención, también pueden utilizar esa información para ajustar sus recomendaciones y orientar la publicidad. No se trata -solamente- de cuánto tiempo pasamos conectados, sino de cómo ese tiempo se convierte en información aprovechable comercialmente.

¿Qué pueden hacer otros con nuestros datos?

El alcance de la recopilación de datos va más allá de la publicidad. La información que dejamos en internet puede influir en cómo otras personas e instituciones nos evalúan, qué oportunidades tenemos y hasta qué punto pueden reconstruir nuestros movimientos.

Un ejemplo es la selección de personal. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre la evaluación de perfiles en redes sociales encontró que esta práctica se utiliza para analizar a candidatos durante los procesos de contratación. Las publicaciones, fotografías, intereses y opiniones pueden influir en la percepción que un empleador construye sobre una persona, incluso cuando esos elementos no reflejan sus competencias profesionales, funciono a modo de sesgos.

Otro caso es el uso de datos comerciales de geolocalización en investigaciones de seguridad. En Estados Unidos, un documento del Departamento de Seguridad Nacional de 2024 describió cómo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza podía consultar información de ubicación comercializada por intermediarios. Estos datos, asociados a identificadores publicitarios de dispositivos, podían utilizarse para investigar patrones de desplazamiento y relacionar ubicaciones con otras fuentes de información. Esto muestra que los datos recopilados con fines publicitarios también pueden adquirir utilidad para organismos estatales.

En ambos casos, el riesgo no depende exclusivamente de que hayamos publicado información íntima. Datos aparentemente inofensivos pueden adquirir otro significado cuando se combinan con otras fuentes o se utilizan para tomar decisiones sobre nosotros.

¿Podemos usar las redes de otra manera?

La respuesta no consiste necesariamente en borrar todas las aplicaciones ni en responsabilizar exclusivamente a cada usuario. La privacidad y el uso problemático requieren combinar decisiones personales con mayor transparencia y responsabilidad por parte de las empresas.

Podemos empezar por revisar los permisos de las aplicaciones, limitar el acceso a la ubicación cuando no sea necesario, configurar la privacidad de nuestras publicaciones y desactivar las notificaciones que no aportan nada.

Pero las medidas individuales tienen límites. Si los modelos de negocio dependen de recopilar información y sostener la atención, también hacen falta políticas de protección de datos, mecanismos de control efectivos y diseños que no exploten sistemáticamente nuestras vulnerabilidades.


Seguí la conversación

Si esta pregunta te dejó pensando, podés seguir explorando cómo la tecnología transforma nuestra relación con la mente, la percepción y la realidad.

🎧 Escuchá el episodio de iVoox “El lado oscuro de las redes sociales: ¿cuánto de nosotros dejamos en el camino?” y seguí profundizando en estas cuestiones desde otro formato:

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Fuentes:

• Dombrowski, J. y Trepte, S. (2026). Taking stock of social media privacy: meta-analytic evidence on how control, trust, and concerns are associated with social media use, disclosure, and protection. Journal of Computer-Mediated Communication. https://doi.org/10.1093/jcmc/zmaf025

• Relationship between regulatory processes and problematic social media use: A systematic review (2024). Computers in Human Behavior Reports. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2024.100507

• Which? (2025). Investigación sobre los permisos y el acceso a datos solicitados por aplicaciones populares.

• Le Monde (2025). Investigación internacional sobre el seguimiento de la ubicación de usuarios mediante aplicaciones.

• Mönke, F. W., Roulin, N., et al. (2024). Validity of social media assessments in personnel selection: A systematic review of the initial evidence. https://ink.library.smu.edu.sg/lkcsb_research/7653/⁠

• U.S. Department of Homeland Security (2024). Privacy Impact Assessment: CBP Commercial Telemetry Data Evaluation. https://www.dhs.gov/sites/default/files/2024-08/24_0812_priv_pia-cbp-080-commercial-telemetry.pdf

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Vivir para ser visto: cuando la vida cotidiana se convierte en espectáculo

Las redes sociales cambiaron la manera en que compartimos nuestras experiencias y nos relacionamos con los demás. Cumpleaños, viajes, parejas, reuniones y hasta momentos difíciles pueden convertirse en publicaciones. La vida cotidiana ya no solamente se vive: también se muestra, se registra y se comparte con una audiencia. Pero ¿Qué sucede cuando empezamos a pensar en cómo se verá una experiencia antes de disfrutarla?¿ Hasta qué punto mostramos nuestra vida porque queremos compartirla y hasta qué punto sentimos que necesitamos mostrarla para que tenga valor?

De vivir las experiencias a convertirlas en contenido

Hace algunos años, una fotografía de un cumpleaños podía quedar guardada en un álbum familiar. Hoy, ese mismo momento puede publicarse en varias redes sociales y recibir comentarios de personas que ni siquiera estuvieron presentes. Esta posibilidad tiene ventajas. Podemos mantener el contacto con familiares que viven lejos, compartir recuerdos y encontrar comunidades con intereses similares. 

Pensemos en una salida con amigos. Mientras conversamos, alguien saca el teléfono para registrar el encuentro. Después, elige las fotografías, escribe una descripción y publica una historia. La experiencia no termina cuando volvemos a casa: continúa con las reacciones, los comentarios y las visualizaciones.

A veces, compartir un recuerdo es simplemente una forma de disfrutarlo nuevamente. En otras ocasiones, podemos terminar prestando más atención a cómo quedará la publicación que a lo que está ocurriendo.

La diferencia está en si utilizamos las redes para compartir nuestras experiencias o si comenzamos a organizar nuestras experiencias pensando en las redes.

La identidad como una puesta en escena

El sociólogo Erving Goffman estudió cómo las personas presentamos distintas versiones de nosotros mismos según la situación y el público con el que interactuamos. En su obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, publicada originalmente en 1956, utilizó la representación teatral como una manera de explicar las relaciones sociales.

Esta perspectiva permite analizar lo que sucede en las plataformas digitales. Cuando publicamos contenido, seleccionamos qué mostrar y qué dejar afuera. Podemos compartir nuestros logros, nuestras actividades y nuestros momentos felices, mientras reservamos para la intimidad las preocupaciones, los desacuerdos y las situaciones que no queremos hacer públicas.

Esta selección de lo que mostramos también aparece en investigaciones sobre el uso de las redes sociales. Un estudio del Pew Research Center, publicado en 2023, recogió testimonios de usuarios que explicaron cómo adaptan sus publicaciones según la plataforma, el público y los aspectos de su vida que desean compartir. Esto permite observar que la identidad digital no siempre es una representación completa de quiénes somos, sino que puede variar según quiénes esperamos que nos vean. 

Esto no significa necesariamente que estemos mintiendo. En la vida cotidiana también elegimos cómo expresarnos según el contexto. No hablamos de la misma manera con nuestros amigos que en una entrevista laboral.

Sin embargo, las redes sociales amplían el alcance de esa presentación. Una publicación puede ser vista por familiares, compañeros de estudio, colegas y desconocidos al mismo tiempo. Por eso, decidir qué mostrar puede convertirse en una tarea cada vez más compleja.

La imagen que construimos en Internet no representa todo lo que somos, sino una selección de aspectos de nuestra vida. El problema aparece cuando sentimos que debemos mantener esa imagen incluso cuando no coincide con lo que estamos viviendo.

La intimidad convertida en espectáculo

Las redes sociales también modificaron los límites entre lo público y lo privado. Situaciones que antes quedaban dentro de un círculo cercano ahora pueden compartirse con cientos o miles de personas.

Una pareja puede publicar cada etapa de su relación. Una discusión puede convertirse en una serie de indirectas. Una ruptura puede exponerse mediante mensajes, fotografías o videos. Incluso una experiencia dolorosa puede terminar transformándose en contenido.

Compartir estas situaciones no siempre es negativo. Hablar de una dificultad puede ayudar a encontrar apoyo, expresar sentimientos o acompañar a otras personas que atraviesan algo parecido.

La cuestión es que hacer pública una experiencia íntima implica perder parte del control sobre quién la ve, cómo la interpreta y si decide compartirla con otros.

Una publicación puede recibir respuestas inesperadas, ser capturada mediante una imagen de pantalla o circular fuera del contexto original. Además, una vez que otras personas conocen detalles de nuestra vida, no siempre es posible recuperar la privacidad anterior.

Por eso, antes de publicar algo personal, conviene preguntarse si realmente queremos compartirlo, con quiénes y qué consecuencias podría tener. No se trata de tener miedo a expresarnos, sino de reconocer que tenemos derecho a decidir qué partes de nuestra vida permanecen fuera de Internet.

Cuando las relaciones también necesitan ser vistas

La exposición digital no solamente afecta la manera en que nos presentamos: también puede influir en nuestras relaciones.

Por ejemplo, algunas personas consideran importante publicar una fotografía con su pareja para demostrar que están juntas. Otras pueden sentirse incómodas cuando una relación no aparece en las redes. Una celebración puede parecer incompleta si no hay una imagen que la registre.

Sin embargo, una publicación no permite medir la calidad de un vínculo. Una pareja que comparte muchas fotografías no necesariamente tiene una relación más sólida que otra que prefiere mantener su intimidad.

Lo mismo ocurre con las amistades. Tener muchas interacciones en una plataforma no garantiza contar con personas dispuestas a acompañarnos cuando atravesamos un problema.

Las redes pueden ayudarnos a mantener vínculos, pero también pueden generar expectativas sobre cómo deberían verse esos vínculos desde afuera.

En ese contexto, aparece una pregunta: ¿estamos disfrutando de nuestras relaciones o también estamos intentando demostrar que tenemos una vida social satisfactoria?

No existe una única respuesta. Cada persona utiliza las plataformas de manera diferente. Lo importante es reconocer que la visibilidad no es una medida confiable del afecto, la confianza ni la cercanía.

La necesidad de reconocimiento

Recibir una reacción positiva puede hacernos sentir acompañados. Un comentario cariñoso, un mensaje de felicitación o una respuesta de alguien importante pueden tener un significado real. El problema aparece cuando empezamos a depender de esas respuestas para evaluar nuestras experiencias o nuestra propia imagen.

Imaginemos que publicamos una fotografía de un momento que nos hizo felices. Si recibe muchos comentarios, podemos sentir que fue una buena publicación. Si casi nadie reacciona, quizás nos preguntemos si la imagen era poco interesante o si a los demás no les importa lo que hacemos.

Pero la cantidad de reacciones no determina el valor de lo que vivimos. Una experiencia puede ser importante aunque nadie la vea. También podemos sentirnos orgullosos de un logro sin publicarlo o disfrutar de una tarde tranquila sin necesidad de demostrarlo.

Además, las publicaciones muestran solamente una parte de la realidad. Al observar las imágenes de otras personas, podemos comparar nuestra vida cotidiana con sus momentos más destacados y concluir, injustamente, que la nuestra es menos interesante. 

La presión por mostrar una imagen atractiva en Internet también aparece en investigaciones sobre adolescentes. Un informe del Pew Research Center, publicado en 2025, encontró que el 31 % de los adolescentes estadounidenses encuestados siente presión por publicar contenido popular. Además, el 27 % afirmó que lo que ve en las redes le hace sentirse peor respecto de su propia vida. Aunque estos resultados corresponden a un grupo y un país específicos, permiten observar que la experiencia digital puede combinar la necesidad de conexión con la presión por responder a determinadas expectativas sociales.

Para profundizar en esta relación entre tecnología y vida cotidiana, podés leer el artículo de Error 404 sobre Internet y un cerebro que cambia, que aborda otra dimensión de nuestra relación con el entorno digital.

¿Podemos recuperar el derecho a no mostrarlo todo?

No es necesario abandonar las redes sociales para reflexionar sobre nuestros hábitos. Podemos seguir compartiendo fotografías, contando experiencias y manteniendo el contacto con otras personas sin convertir cada momento en una publicación.

Una posibilidad es preguntarnos por qué queremos compartir algo antes de hacerlo. ¿Queremos conservar un recuerdo? ¿Nos gustaría contárselo a alguien? ¿Buscamos apoyo? ¿O sentimos que, si no lo publicamos, la experiencia pierde importancia?

También podemos establecer límites. No todo lo que sucede en una relación tiene que hacerse público. No todas las conversaciones necesitan ser grabadas. No todos los logros tienen que anunciarse inmediatamente.

La privacidad no significa esconderse ni avergonzarse de lo que hacemos. Significa conservar la libertad de elegir qué compartimos y qué reservamos para nosotros o para las personas de confianza.

En una cultura donde mostrar parece cada vez más habitual, decidir no publicar también puede ser una forma de autonomía.

Vivir no debería depender de ser visto

Las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana y ofrecen posibilidades para comunicarnos, expresarnos y compartir experiencias. Sin embargo, también nos invitan a observar constantemente cómo nos presentamos y cómo reaccionan los demás.

El desafío no consiste en dejar de compartir, sino en evitar que la necesidad de ser vistos determine el valor de lo que hacemos.

Frente a estos desafíos, la UNESCO promueve la alfabetización mediática e informacional, que busca desarrollar capacidades para analizar críticamente los contenidos y desenvolverse de manera segura en los entornos digitales. Esta perspectiva invita a no consumir ni compartir información de forma automática, sino a reflexionar sobre nuestras decisiones y sobre las consecuencias de lo que publicamos. En el caso de las redes sociales, también implica reconocer que podemos elegir qué mostrar y qué aspectos de nuestra vida preferimos mantener en la intimidad.

Una celebración puede ser importante sin fotografías. Una relación puede ser significativa sin publicaciones. Un logro puede representar un gran esfuerzo aunque nadie lo conozca.

Nuestra vida no necesita convertirse en un espectáculo permanente para tener valor.

Tal vez la pregunta más importante no sea qué mostramos en Internet, sino qué lugar le damos a la mirada ajena cuando decidimos cómo vivir.

La próxima vez que estés disfrutando de un momento, podés preguntarte: ¿lo estoy viviendo como quiero o estoy pensando en cómo se verá desde afuera?

Porque hay experiencias que merecen ser compartidas, pero también hay otras que podemos disfrutar sin convertirlas en contenido.

¿Querés profundizar en este tema?

Te invitamos a ver nuestro video, donde exploramos cómo las redes sociales transforman nuestra identidad, intimidad y relaciones, y a escuchar nuestro podcast, en el que reflexionamos sobre la comparación con los demás y la necesidad de sentir que nuestra vida es interesante.

Dos propuestas para seguir pensando una misma pregunta: ¿estamos viviendo nuestras experiencias o estamos viviendo para mostrarlas?

Encontrá ambos contenidos en Error 404 y sumate a la reflexión.

 

Fuentes y Bibliografía

https://www.pewresearch.org/2023/06/07/life-on-social-media-platforms-in-users-own-words

https://www.pewresearch.org/internet/2025/04/22/teens-social-media-and-mental-health

https://www.unesco.org/en/media-information-literacy

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PSICOLOGIA SOCIAL, SESGOS COGNITIVOS Y EFECTO DUNNING- KRUGER EN LA IA

 

Hay una relación directa entre la desinformación, el uso recurrente de las nuevas tecnologías de la información y el capitalismo; la manipulación de datos. Actualmente las personas utilizan la IA para consultar sobre decisiones de la vida personal, profesional y también cívicas. Es por eso qué una encuesta realizada por la revista científica Nature, relevó que los chatbot pueden influir al momento de las elecciones de un país. Las personas suelen consultar a la inteligencia artificial sobre los candidatos y en base a ésto, decidir su votación. 

Lo más preocupante es que sólo el 4% de los consultantes verifica las fuentes que utiliza la IA. 

Al igual que la revista científica Nature, la revista Science también lo confirma en un estudio realizado a fines del año 2025, dónde destaca qué los chatbot logran influenciar en los consultantes a través de la persuasión. Facilitando datos y respondiendo de modo respetuoso en cada chat, la inteligencia artificial logra analizar cómo se formulan ciertas actitudes y utiliza los sesgos cognitivos para identificar cada usuario que consulta y así, elaborar una respuesta. 

El problema principal sobre la influencia de la IA también son las deepfakes, que son narrativas falsas creadas con inteligencia artificial, que brinda información que no es real. En tiempos electorales, el aumento de las deepfakes contribuye al desconcierto y la incredulidad de las fuentes de información. Provocando una erosión en la información real y descreimiento, acabando con la importancia de las fuentes. Esto sumado al ritmo de vida actual, dónde la sociedad está atravesada por la distracción en las redes sociales y el déficit de atención en los jóvenes, contribuyen a la modificación y manipulación de las opiniones.

En psicología social, este mecanismo de manipulación se conoce cómo Modelo de la Probabilidad de Elaboración, dónde se analiza y se mide qué tanto piensa una persona sobre un mensaje recibido. Si la persona está distraída, sumado a cómo se dice el mensaje y quién lo dice. Cómo sucede en la actualidad ante las elecciones en Brasil y el uso abusivo de la desinformación en los medios de comunicación. Producto de la combinación de distracción ante los medios, las fake news, la IA y la manipulación de la audiencia; se crea una contienda electoral virulenta.   

 Un ejemplo del uso de IA en la sociedad votante, es la creación de militantes mujeres irreales, el reemplazo de figuras (hombres por mujeres) para aumentar el electorado femenino y la creación de datos falsos contra los partidos opositores. A pesar de que el Tribunal Superior Electoral (TSE) -órgano judicial que regula las elecciones- dictaminó reglas para mitigar los daños de la IA, éstas siguen sin cumplirse. 

EL EFECTO DUNNING- KRUGER EN TIEMPOS DE IA

Es cierto qué en la actualidad las personas usamos la inteligencia artificial para resolver situaciones de la vida cotidiana, ¿pero qué pasa si se utiliza para dar una conferencia laboral con información errónea?. Y lo qué es peor, si usamos esa información para enaltecer y sobresalir nuestra imagen. El problema se agrava cuándo el poco conocimiento se acrecienta con el uso de las redes sociales, la sobreexposición, la falta de verificación de las fuentes, la carencia de retroalimentación y sobre todo el déficit de atención qué posee la sociedad hoy en día. Una sobredimensión de la desinformación y la grandilocuencia de lideres de opinión qué potencian de esta manera el "Efecto Dunning-Kruger".  


La sobreestimación de las capacidades limitadas en algunas áreas por parte de personas que se consideran a si mismas conocedoras de esas mismas áreas, lleva al Efecto Dunning Kruger. Son personas qué en algunos casos saben muy poco de un tema, pero tienen tanta confianza en si mismas que logran convencer a otros que saben mucho más. En otros casos, sucede qué no saben del tema que exponen, y en la actualidad pasa con la IA. 

Algunas personas confían en la fuente de información que utilizó la inteligencia artificial qué consultan, sin revisar ni retroalimentar la información. Produciendo fakes, desinformación, o inventando datos qué no existen. Como sucede en las redes sociales, dónde opinólogos, influencers o lideres de algunos programas del prime time informativo, señalan aspectos que no son ciertos o carecen de veracidad.

Si bien son tiempo dónde se complejiza cada vez más acceder al saber y elegir una fuente confiable, es necesario comprender la importancia de analizar minuciosamente cada detalle, los datos y analizar las fuentes. El trabajo científico es crucial y el respaldo de voces profesionales que sepan verdaderamente del tema para poder evitar caer en fakes news, opinólogos (bajo el efecto D-K) o falsos cientistas.  

En Argentina, el presidente Javier Milei ha demostrado ser ejemplo del efecto Dunning-Kruger con el ataque a más de 45 periodistas en el ultimo mes. Su forma de expresarse descalificando violentamente a los profesionales que no piensan cómo él, es el claro ejemplo de éste argumento. Ya que desde su asunción, se lo puede ver en distintos medios con una perdida de argumentos qué sólo se apoyan en descalificaciones.

 Por otro lado, limitó los accesos a los lugares comunes de cada periodista, retiró acreditaciones, y ha llevado a cabo la defensa de sus premiaciones y títulos personales, escudando argumentos que no fueron validados por organizamos internacionales. Cómo menciona en su libro publicado en Brasil: "graduado en la U.B.A", cuándo en realidad posee un título en la Universidad de Belgrano. También ocurrió con el diploma qué obtuvo en el Instituto Liberal de Praga, que fue difundido sin la autorización del centro educativo.  

Otro episodio del presidente argentino, fue ante el gobierno español donde recibió la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid por parte de la presidenta comunal, Isabel Díaz Ayuso, en el 2024. Qué incumplía con la Ley 2/2014 de la Acción y del Servicio Exterior, aprobada durante el mandato de Mariano Rajoy. La norma obligaba a Ayuso a informar de su encuentro con Milei al Ministerio de Exteriores, algo que incumplió. Dijo el presidente J. Milei en aquel momento:

"Donde voy soy sensación, de hecho soy el político más popular del mundo (...) a mí me invitan a un montón de lados, me dan un montón de premios".

Esas fueron sus declaraciones en el 2025, en un ataque que realizó a la prensa Argentina, hablando con un medio internacional. Ante ésta dificultad con la prensa, el actual presidente argentino lejos de retractar sus opiniones, confirma su postura y enaltece la figura del líder contestatario, que reproduce fake news y difunde datos de dudosa procedencia. Algo qué todavía perdura en el país y se agudiza en otras partes del mundo: información qué desinforma. 

En ésta línea, propongo un análisis más profundo sobre el Efecto Dunning Kruger en el siguiente podcast:

     

También a través de Ivoox:

 

Y a modo de ejemplo sobre mitos e informaciones que desinforman en el siguiente video, sobre el "Efecto Mandela":

 


Fuentes: https://www.pagina12.com.ar/2025/12/05/los-chatbots-de-ia-pueden-influir-en-los-votantes-segun-dos-estudios/

https://chequeado.com/ultimas-noticias/como-la-inteligencia-artificial-esta-influyendo-en-la-desinformacion-electoral-en-brasil/

https://dialogopolitico.org/edicion-especial-2025-democracia-artificial/inteligencia-artificial-y-elecciones-amenazas-prematuras/

https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/los-chatbots-de-ia-pueden-influir-en-tu-voto-da-igual-que-modelo-que-uses-nid08122025/

https://www.infobae.com/educacion/2026/01/19/cuales-son-los-principales-sesgos-cognitivos-y-como-se-manifiestan-en-la-ia/

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563225002262?via%3Dihub

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