MÁS INFORMACIÓN, ¿MÁS COMPRENSIÓN?
Internet amplió el acceso al conocimiento y abrió nuevas formas de aprender, leer y comunicarnos. Esa posibilidad es concreta, pero no garantiza por sí sola que comprendamos mejor. Para responder qué cambia en nuestra atención y memoria, conviene observar cómo usamos las tecnologías y qué muestran las investigaciones.
En Superficiales, Nicholas Carr reúne estudios sobre lectura, memoria y atención para preguntarse cómo el medio que usamos para informarnos puede influir en nuestros hábitos mentales. Su aporte no consiste en decir que toda tecnología perjudica, sino en invitarnos a examinar qué capacidades ejercitamos cuando leemos y navegamos.
LA ATENCIÓN TAMBIÉN FORMA PARTE DE LA LECTURA
John Sweller estudió cómo las demandas de una tarea afectan el aprendizaje. Su trabajo sobre carga cognitiva ayuda a pensar por qué una lectura con interrupciones, enlaces y decisiones frecuentes puede exigir recursos adicionales. Una parte de la atención se dedica a elegir qué hacer y queda menos disponible para integrar las ideas.
Este principio no demuestra que leer en pantalla siempre sea peor. El resultado depende del texto, de la tarea, del diseño y de los conocimientos previos. La pregunta útil es qué condiciones ayudan a seguir un argumento y cuáles interrumpen ese proceso.
En un estudio de lectura literaria, David Miall y Teresa Dobson compararon una versión lineal de un texto con otra en formato hipertextual. Sus resultados señalaron diferencias en la experiencia de lectura y sugirieron que los enlaces podían dificultar la inmersión y la reflexión en ese caso particular. El estudio permite formular preguntas, no generalizar a toda lectura digital.
BUSCAR TAMBIÉN CAMBIA QUÉ RECORDAMOS
En cuatro experimentos, Betsy Sparrow, Jenny Liu y Daniel Wegner observaron que cuando las personas esperaban poder volver a consultar información, recordaban menos algunos datos y mejor dónde encontrarlos. Carr retoma investigaciones de este tipo para analizar cómo la memoria se relaciona con las herramientas externas que usamos.
La memoria externa puede ser muy útil. Permite guardar datos y dedicar tiempo a otras tareas. El desafío está en combinar la búsqueda con la comprensión, la evaluación de fuentes y la construcción de conocimientos propios. Encontrar una respuesta no equivale todavía a poder explicarla o relacionarla con otras ideas.
QUÉ APORTA LA INVESTIGACIÓN MÁS RECIENTE
Una revisión metaanalítica publicada en 2024 por Chen Gong y Yang Yang reunió 35 comparaciones de 22 artículos sobre los llamados “efectos Google”. El análisis encontró asociaciones con algunas medidas cognitivas, pero también diferencias entre tipos de tareas y resultados. Por eso, sus autores describen un campo de investigación con matices, no una conclusión simple sobre que Internet vuelva a las personas más o menos inteligentes.
La revisión buscó estudios en ACM Digital Library, PsycINFO, Web of Science, IEEE Xplore y Scopus, y examinó trabajos publicados hasta junio de 2023. Ese método permite sintetizar una parte amplia de la literatura académica, aunque no equivale a revisar literalmente todos los buscadores de Internet ni todas las investigaciones posibles.
UNA MIRADA PROFESIONAL Y POSITIVA
Como futuros profesionales de la comunicación, podemos diseñar experiencias digitales que favorezcan la comprensión. Textos legibles, enlaces pertinentes, avisos no invasivos y opciones para profundizar sin perder el hilo. También podemos enseñar estrategias para contrastar fuentes, tomar notas y reservar momentos de lectura sin interrupciones.
La propuesta de Carr sigue siendo valiosa como invitación a observar los efectos de los medios y a pedir evidencia cuando circulan grandes promesas. La tecnología puede ampliar nuestras capacidades; la investigación ayuda a decidir qué usos y diseños acompañan mejor cada objetivo.
En vez de preguntar si Internet es bueno o malo, podemos preguntar qué hacemos con él, en qué contexto y con qué resultado. Esa pregunta permite aprovechar el acceso y la conexión mientras cultivamos atención, reflexión y criterio propio.
FUENTES
Carr, Nicholas. Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (2010; edición en español, Taurus, 2011). Libro de referencia para el enfoque y los estudios que se comentan.
Sweller, John (1988). «Carga cognitiva durante la resolución de problemas: efectos en el aprendizaje». Cognitive Science, 12(2), 257–285. https://doi.org/10.1207/s15516709cog1202_4
Miall, David S. y Teresa Dobson (2001). «Lectura de hipertexto y la experiencia de la literatura». Journal of Digital Information, 2(1). https://journals.tdl.org/jodi/article/view/35
Sparrow, Betsy, Jenny Liu y Daniel M. Wegner (2011). «Efectos de Google en la memoria: consecuencias cognitivas de tener información al alcance de la mano». Science, 333(6043), 776–778. https://doi.org/10.1126/science.1207745
Gong, Chen y Yang Yang (2024). «Efectos de Google en la memoria: una revisión meta-analítica de los efectos de los medios de comunicación en el comportamiento intensivo de búsqueda en internet». Frontiers in Public Health, 12, 1332030. https://doi.org/10.3389/fpubh.2024.1332030
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