¿Qué pasa después de que termina un capítulo?
Aparecen los créditos y nuestra plataforma de streaming favorita activa una cuenta regresiva para consultarnos si queremos seguir viendo. Pero quizá la verdadera historia recién comienza ahí.
¿Realmente dejamos de consumir una producción audiovisual cuando dejamos de mirarla?
Tal vez una ficción puede ser la ficha de un efecto dominó.
LA PRIMERA FICHA: OBSERVAR
En 1961, Albert Bandura realizó el experimento del muñeco Bobo, donde estudió como los niños podían aprender conductas agresivas simplemente observando a un adulto.
La conclusión fue clara: no necesitamos experimentar una conducta para aprenderla; también podemos incorporarla al observar a otros.
LA SEGUNDA FICHA: REPETIR
Las series transmiten valores, formas de hablar, relaciones y conductas que parecen deseables o normales.
Ahí aparece el contagio social, que consiste en la propagación de comportamientos, actitudes y emociones. No significa copiar automáticamente a un personaje, sino que la repetición puede influir en cómo pensamos y percibimos ciertas situaciones.
Lo que vemos muchas veces puede dejar de parecernos extraño y comenzar a parecernos familiar. Y lo familiar, puede dejar de parecernos cuestionable.
¿INFLUIR SIGNIFICA COPIAR?
Hablar de influencia no significa afirmar que una persona va a imitar automáticamente todo lo que aparece en una serie. La relación entre los contenidos audiovisuales y el comportamiento es más compleja. Lo que vemos puede formar parte de un conjunto de experiencias que influyen en nuestras percepciones, pero no actúa de manera aislada.
La influencia también depende de cómo cada persona recibe y procesa un contenido. Dos espectadores pueden ver la misma serie y prestar atención a aspectos completamente diferentes. Uno puede identificarse con un personaje, mientras que otro puede rechazar sus decisiones. Por eso, analizar los efectos de los contenidos audiovisuales requiere tener en cuenta tanto lo que muestran las producciones como las características y el contexto de quienes las consumen.
La diferencia es importante: encontrar una asociación no significa demostrar una relación causal. Del mismo modo, que una serie muestre una conducta no significa que todos los espectadores vayan a reproducirla. La influencia depende del contexto, de la persona y de otros factores que intervienen en la experiencia.
LA TERCERA FICHA: ENTRENAR
Nicholas Carr, escritor estadounidense, en su libro Superficiales, plantea el concepto de neuroplasticidad: nuestro cerebro se adapta a aquello que hacemos de manera repetida.
Según Carr, el uso constante de Internet puede acostumbrarnos a procesar información de forma rápida y fragmentada, dejando menos espacio para la concentración y la reflexión profunda.
Por eso, no solo importa qué vemos, sino también qué hábitos estamos entrenando al consumir contenidos.
NETFLIX: LA FICHA QUE RECOMIENDA LO SIGUIENTE
Netflix decide qué producir, qué mostrar y qué recomendar. Determinados temas, personajes y formas de representar la realidad llegan a millones de personas.
Además, el algoritmo selecciona qué contenidos aparecen frente a nosotros según nuestros hábitos de consumo. Así, no todos recibimos las mismas historias ni las vemos de la misma manera.
El efecto tampoco termina cuando elegimos una serie. Las plataformas utilizan sistemas de recomendación que organizan los contenidos que aparecen frente a cada usuario. De esta manera, una producción puede llevar a otra y prolongar el tiempo de consumo.
A esto se suma lo que ocurre fuera de la plataforma. Una serie puede generar comentarios, memes, videos y debates en redes sociales. Los espectadores no solamente reciben contenido: también pueden transformarlo, comentarlo y compartirlo. Así, una historia puede continuar circulando incluso después de que termina un episodio.
La cadena, entonces, no se limita a mirar una serie. También incluye lo que hacemos después: qué comentamos, qué compartimos y qué contenido elegimos consumir a continuación.
CUANDO LA HISTORIA SALE DE LA PANTALLA
El recorrido de una serie tampoco termina dentro de la plataforma. Una escena puede convertirse en un comentario en redes, un meme, un video de TikTok o una conversación entre amigos. A partir de ahí, personas que ni siquiera vieron el capítulo pueden encontrarse con ese contenido y sentir curiosidad por conocer la historia original.
Esto genera una especie de cadena: alguien mira una serie, comparte una escena, otra persona la comenta, alguien más busca información sobre el personaje y finalmente otro espectador decide empezar a verla. La producción deja de ser solamente un contenido para mirar y pasa a formar parte de otras conversaciones y publicaciones.
Por eso, el efecto dominó también puede pensarse como un recorrido que va de la pantalla hacia afuera. Lo que comenzó como una elección individual puede terminar circulando entre muchas personas y en diferentes espacios digitales.
EL EFECTO DOMINÓ NO TIENE POR QUÉ SER NEGATIVO
Así como podemos incorporar miedo, violencia o conductas, también podemos transmitir empatía, solidaridad, cooperación o hábitos positivos. Por eso, la pregunta no es solamente si las pantallas “hacen mal”, sino qué vemos y qué hacemos con eso que vemos.
Esto también permite pensar que la influencia de una serie no necesariamente termina en una imitación directa. Puede aparecer de maneras más pequeñas: una expresión que empezamos a usar, una canción que buscamos después de escucharla en un capítulo, un tema que nos genera curiosidad o incluso una conversación que comienza porque varias personas vieron la misma historia.
En ese sentido, el efecto dominó no tiene una única dirección. Un contenido puede llevarnos a otro contenido, pero también puede llevarnos a una conversación, una búsqueda, una opinión o una nueva forma de mirar determinado tema. La experiencia no es igual para todos y depende de qué hacemos con aquello que consumimos.
Bandura, Carr y el concepto de contagio social permiten entender que lo que observamos y repetimos puede influir en nuestra forma de pensar y actuar. Entonces, quizás no se trata solo de preguntar “¿Qué serie estás viendo?”, sino también: “¿Qué está aprendiendo de vos tu cerebro mientras la mirás?”
Porque los créditos pueden marcar el final de un capítulo, pero no necesariamente el final de sus efectos.
El efecto de las pantallas y los contenidos digitales no termina cuando cerramos una serie. ¿Alguna vez una serie, una película o un contenido de Internet influyó en un hábito, una forma de pensar o algo que empezaste a hacer? Contanos tu experiencia en los comentarios.
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escrito por Claudia Sotomayor actualizado 07/10/2026
Fuentes y referencias
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/13864605/
https://help.netflix.com/es/node/100639
https://www.sciencedirect.com/topics/psychology/social-contagion
Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.



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