¿Estamos perdiendo capacidades o aprendiendo a pensar de otra manera?
Nunca tuvimos tanto acceso a la información y, al mismo tiempo, parece cada vez más difícil permanecer unos minutos frente a una sola idea. Podemos pasar horas navegando, mirando videos o leyendo publicaciones, pero un texto extenso puede convertirse rápidamente en una tarea agotadora. ¿Estamos perdiendo la capacidad de concentrarnos o estamos aprendiendo a prestar atención de otra manera?
La pregunta no tiene una respuesta simple. Internet facilita el acceso al conocimiento, la comunicación y el estudio, pero también ofrece un entorno lleno de estímulos que compiten por nuestra mirada. Para entender esa tensión, conviene observar no solo qué contenidos consumimos, sino también cómo están organizadas las plataformas que los distribuyen.
El medio también nos transforma
En Superficiales, Nicholas Carr retoma una idea de Marshall McLuhan: las tecnologías no son canales neutrales, porque influyen en la manera en que organizamos y usamos nuestras capacidades. Un buscador, una red social o una plataforma audiovisual no se limitan a mostrarnos información. También ordenan lo que aparece, sugieren qué mirar después y facilitan pasar rápidamente de un contenido a otro.
"Toda tecnología intelectual encarna una ética intelectual, un conjunto de supuestos acerca de cómo funciona o debería funcionar la mente humana."
Esto no significa que una tecnología determine por completo nuestros pensamientos. El efecto depende también de las decisiones de cada persona, de sus objetivos y del contexto. Un artículo de la Universidad Nacional de Córdoba sobre la economía de la atención analiza cómo la abundancia de información y la competencia por captar atención se relacionan con el poder y el control social. Esa perspectiva ayuda a pensar la dimensión colectiva del problema, sin reducirlo a una falta individual de voluntad.
La economía de la atención: de la reconfiguración de las relaciones de poder al control social
Los medios no son solamente canales que transportan información y pueden modificar la manera en que pensamos. No solo importa qué información encontramos en la web, sino cómo el medio nos invita a consumirla. Una página puede ofrecernos enlaces, videos, notificaciones y nuevas ventanas antes de que terminemos de leer aquello que teníamos delante.
Leer en tiempos de distracción
Carr reconoce que internet tiene beneficios. Permite encontrar información en segundos, comunicarnos, estudiar y acceder a contenidos que antes podían requerir horas de búsqueda. Sin embargo, esos beneficios conviven con la velocidad y la fragmentación. Saltamos entre pestañas, revisamos mensajes y dejamos textos a medio leer. El problema no es simplemente pantalla contra papel, sino qué hacemos con cada medio y qué hábitos de atención desarrolla cada forma de consumo.
"cuando nos conectamos a la Red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial."
Los datos argentinos ayudan a ubicar el tema. La Encuesta Nacional de Consumos Culturales del SInCA informa que, en el relevamiento de 2017, el uso de internet superaba las cuatro horas diarias y el promedio de uso de redes sociales se acercaba a las tres horas por día. Son datos históricos de esa edición, no una medición actual; sirven como referencia del peso que ya tenía el consumo digital en la vida cotidiana. La página oficial de la encuesta y sus resultados explica también el alcance nacional del relevamiento.
Encuesta Nacional de Consumos Culturales
La información oficial argentina sobre pantallas describe la infoxicación como una sobrecarga informativa y advierte que el tiempo conectado, por sí solo, no determina si el uso es problemático e importan la cantidad y la calidad de las actividades. La guía de Argentina.gob.ar sobre el uso de pantallas propone observar si cuesta concentrarse, si se pasa de un tema a otro sin profundizar o si se revisan todas las notificaciones. Son señales orientativas, no un diagnóstico clínico.
De la lectura al algoritmo
Plataformas audiovisuales como Netflix no solo ofrecen un catálogo de películas y series ya que organizan las opciones mediante recomendaciones. Su influencia puede ser tan sutil como qué contenido encontramos primero y qué otras producciones aparecen como similares a nuestros gustos. Esa personalización puede ahorrar tiempo y ayudarnos a descubrir contenidos, pero también vuelve menos visible el proceso de selección.
La cuestión no es afirmar que un algoritmo controle nuestra mente, porque seguimos teniendo capacidad de elegir. Es reconocer que la atención se convirtió en un espacio de disputa entre usuarios, medios y plataformas. La forma de presentar las opciones puede orientar nuestra atención aunque no determine automáticamente nuestras decisiones.
La batalla invisible entre los algoritmos y la autenticidad del gusto personal
¿Quién decide qué merece nuestra atención?
Podemos empezar con acciones concretas. Desactivar alertas que no necesitamos, reservar momentos sin interrupciones para leer o estudiar y preguntarnos por qué abrimos una aplicación. También podemos variar los formatos al leer una nota completa, escuchar un podcast o conversar sobre una idea en lugar de pasar automáticamente al siguiente contenido.
Estas prácticas no solucionan por sí solas un problema más amplio, relacionado con el diseño de las plataformas y los modelos de negocio digitales. Pero ayudan a recuperar margen de decisión y a distinguir entre usar una herramienta con un propósito y reaccionar a cada estímulo que aparece.
Recuperar el control
La batalla por nuestra atención no se libra
solamente entre una pantalla y un libro. También se libra cada vez que
decidimos si seguimos deslizando o hacemos una pausa para pensar. Internet
puede favorecer tanto la distracción como el aprendizaje. La diferencia depende
de nuestros hábitos, del diseño de los espacios digitales y de las condiciones
en que los usamos.
No se trata de rechazar la tecnología, sino
de comprender cómo participa en nuestra vida cotidiana. Preguntarnos quién
ordena lo que vemos, qué nos mantiene conectados y cuándo queremos
desconectarnos es un primer paso para usar los medios con mayor conciencia.
FUENTES
Carr, Nicholas (2010; edición en español, Taurus, 2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Libro de referencia para el enfoque sobre tecnología y hábitos de atención.
Boglione, Matías (2023). «La economía de la atención: de la reconfiguración de las relaciones de poder al control social». Revista de Economía y Estadística, 61(1), 71–93. https://doi.org/10.55444/2451.7321.2023.v61.n1.44196
Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) (2022). «Encuesta Nacional de Consumos Culturales – Edición 2022». La página también presenta resultados de la edición 2017, que son los datos citados en el texto. https://www.argentina.gob.ar/node/352013
Argentina.gob.ar (actualización: junio de 2026). «¿Es sano estar tanto tiempo mirando pantallas?». Fuente de orientación sobre sobrecarga informativa y uso de pantallas. https://www.argentina.gob.ar/node/196858
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