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Internet y un cerebro que cambia

¿Qué cambia en nuestro cerebro cuando usamos Internet?

Internet forma parte de nuestra vida cotidiana y está presente en muchas de las actividades que realizamos: estudiamos, buscamos información, trabajamos, nos entretenemos y nos comunicamos a través de diferentes plataformas. En Superficiales, Nicholas Carr analiza cómo estas tecnologías pueden relacionarse con cambios en nuestros hábitos y en nuestra manera de procesar la información. Para comprender su planteo, resulta interesante detenerse en las investigaciones que utiliza como respaldo.

UN CEREBRO QUE SE ADAPTA A LO QUE HACEMOS

Uno de los conceptos que Carr recupera es la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y modificarse a partir de las experiencias. Para explicar este proceso, menciona investigaciones como las de Michael Merzenich, que mostraron que el cerebro puede reorganizarse a partir de la experiencia, y las de Eric Kandel, que permitieron observar cambios duraderos en las conexiones entre neuronas relacionados con el aprendizaje. Estos trabajos permiten comprender que el cerebro no permanece completamente igual a lo largo del tiempo, sino que puede experimentar modificaciones vinculadas con aquello que hacemos y aprendemos.

Esta idea permite trasladar la discusión al uso cotidiano de las tecnologías digitales. Si la experiencia participa en la adaptación del cerebro, los hábitos que desarrollamos alrededor de Internet también pueden convertirse en un aspecto interesante para estudiar. 

No significa que cada uso de una computadora o un teléfono produzca una modificación concreta ni que exista una relación automática entre tecnología y cambios cerebrales. 

Se trata, más bien, de reconocer que nuestras prácticas repetidas pueden ser relevantes cuando intentamos comprender cómo interactuamos con las herramientas digitales.


Además, no todas las actividades digitales exigen el mismo tipo de atención. Leer un texto extenso, mirar un video, responder mensajes o pasar rápidamente de una página a otra son experiencias diferentes. Cada una requiere distintos niveles de concentración y participación. Por eso, cuando se habla de los efectos de Internet, resulta importante no considerar el uso de la tecnología como una experiencia única. El tipo de contenido, el tiempo de exposición y la forma en que se utiliza también pueden ser variables relevantes para las investigaciones.

CUANDO LAS PANTALLAS AFECTAN EL DESCANSO

Un ejemplo que permite observar esta cuestión es la relación entre las pantallas y el sueño. Hale y Guan (2015) analizaron 67 estudios sobre el uso de pantallas y el descanso en niños y adolescentes. En la mayoría encontraron una relación entre un mayor uso de pantallas y dificultades como dormir menos o acostarse más tarde. Por su parte, Pagano, Bacaro y Crocetti (2023) también encontraron una relación entre el uso de medios digitales y dificultades relacionadas con el sueño en adolescentes, y señalaron que esta relación puede funcionar en ambas direcciones.

¿QUÉ NOS DICEN REALMENTE LAS INVESTIGACIONES?

Estos resultados son interesantes, pero también muestran la necesidad de interpretar las investigaciones con cuidado. Encontrar una relación entre dos fenómenos no significa necesariamente que uno sea la causa directa del otro. Por ejemplo, el uso de medios digitales podría relacionarse con dificultades para dormir, pero también podrían existir otros factores que influyan en ambos. Por eso, una investigación no debería reducirse solamente a su resultado principal: también es necesario considerar qué estudió, a quiénes incluyó y qué conclusiones permite realmente obtener.

UNA RELACIÓN QUE TODAVÍA SE SIGUE ESTUDIANDO

Lo mismo sucede cuando aparecen explicaciones diferentes sobre los efectos de Internet. Una investigación puede aportar evidencia que respalde determinada interpretación, mientras que nuevos estudios pueden encontrar resultados diferentes, complementarios o incluso contradictorios. Comparar estas investigaciones permite tener una mirada más completa sobre un fenómeno que todavía continúa siendo estudiado y evitar conclusiones demasiado generales a partir de un solo resultado.

Esta mirada también permite evitar una idea demasiado simple: que toda tecnología tiene necesariamente un efecto positivo o negativo. Una misma herramienta puede facilitar el acceso a información y, al mismo tiempo, generar distracciones dependiendo de cómo se utilice. Por eso, más que pensar en Internet como un elemento que modifica automáticamente nuestro cerebro, resulta más útil analizar las prácticas concretas que desarrollamos frente a las pantallas y los contextos en los que ocurren.

NO HAY UNA ÚNICA RESPUESTA

La neuroplasticidad, entonces, no permite afirmar que Internet sea bueno o malo para nuestro cerebro. Lo que aporta es una perspectiva para pensar cómo las experiencias y los hábitos pueden relacionarse con la adaptación cerebral. En el caso de las tecnologías digitales, esto abre un campo de investigación especialmente interesante porque se trata de herramientas que utilizamos de manera frecuente y durante períodos prolongados.

Más que buscar una respuesta única sobre si Internet transforma nuestra forma de pensar, resulta necesario observar qué muestran las investigaciones concretas sobre cada aspecto. La atención, la memoria, la lectura, el aprendizaje o el descanso pueden presentar relaciones diferentes con el uso de tecnologías. Analizar cada una de ellas a partir de evidencia permite evitar conclusiones generales y entender que la relación entre nuestro cerebro y el entorno digital es mucho más compleja.

En nuestro podcast profundizamos en uno de estos hábitos: el uso de Internet y las pantallas durante la noche y su relación con el descanso. Te invitamos a escucharlo, seguirnos y dejarnos un comentario. 

Escrito por  Claudia Sotomayor
actualizado 07/10/2026

Fuentes y referencias

Carr, Nicholas. Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.

Hale, Lauren & Guan, Stanford (2015). “Screen Time and Sleep among School-Aged Children and Adolescents: A Systematic Literature Review”. Sleep Medicine Reviews, 21, 50–58. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25193149/

Pagano, Maria; Bacaro, Valeria & Crocetti, Elisabetta (2023). “Using digital media or sleeping … that is the question”. A meta-analysis on digital media use and unhealthy sleep in adolescence. Computers in Human Behavior, 146, 107813. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563223001644




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El cerebro que elegimos no usar

A lo largo de los años como estudiante de comunicación, fui testigo varias veces de la afirmación "el cerebro es vago". Sin entender en su totalidad, y aceptándolo como verdad sin cuestionar, inocentemente siempre me preguntaba ¿Qué quiere decir? ¿Cómo el cerebro puede ser vago? ¿Acaso también el cerebro es sujeto de burlas si no está en forma? y me puse en la búsqueda. 

Lo que encontré fue bastante menos gracioso de lo que me esperaba. Uno asume que pensar es el estado por defecto, y en realidad, es al revés. El cerebro es, por diseño evolutivo, un "avaro cognitivo". Uno que toma atajos e intenta "guardar" energía siempre que puede. Esta expresión, no es una metáfora suelta. Viene de un cuerpo de investigación concreto desarrollado sobre todo por Daniel Kahneman junto a Amos Tversky durante décadas de investigación y sintetizado en 2011 en Pensar rápido, Pensar despacio. Un libro que él mismo describe como un "psicodrama con dos personajes": el Sistema 1 y el Sistema 2. 

Ahora, ¿qué son estos dos sistemas y cómo funcionan realmente?

Básicamente, nuestro cerebro vive disputando poder entre dos procesadores de información muy complejos. El Sistema 1 es el que opera de forma automática y rápida, con poco o ningún esfuerzo y sin sensación de control voluntario. El núcleo de este sistema, es la memoria asociativa. Por lo que no procesamos la realidad de forma neutral, sino que el cerebro arma automáticamente una historia coherente con lo que ya conocemos, sin que lo notemos. 

Y aquí Kahneman marca algo que conecta directo con lo que veníamos hablando de la pereza cognitiva: pensamos asociativamente, metafóricamente y causalmente con facilidad, pero pensar estadísticamente (evaluar probabilidades reales, sopesar evidencia) nos cuesta muchísimo, porque requiere sostener varias cosas en la mente a la vez, algo para lo que el Sistema 1 simplemente no está diseñado. Mientras que el Sistema 2 es el que asigna atención a las actividades mentales que requieren razonar con más complejidad; desde evaluar probabilidades y estadísticas, a hacer cálculos matemáticos o estacionar el auto en un lugar estrecho. 

Para ver esto en carne propia, Kahneman propone un ejercicio simple: el problema de Linda. Le describen a un grupo de personas a una mujer de 31 años, soltera, franca y muy brillante, especializada en filosofía, preocupada desde estudiante por la discriminación y la justicia social, que además participó en manifestaciones antinucleares. Después le preguntan qué es más probable: que Linda sea cajera de banco, o que sea cajero de banco y militante del movimiento feminista.

La mayoría elige la segunda opción, aunque sea matemáticamente imposible que una combinación de dos características sea más probable que una sola de ellas (toda cajera feminista es también cajera, nunca al revés). Lo que sucede, es que nadie está respondiendo a la pregunta de probabilidad. El Sistema 1 la reemplaza, sin que nos demos cuenta, por una pregunta mucho más fácil y de semejanza: ¿Qué encaja mejor con la descripción? Esa sustitución, responder algo distinto a lo que en verdad se preguntó sin notar el cambio, es exactamente el tipo de atajo que toma nuestro cerebro para ahorrar energía todo el tiempo, incluso a costa de equivocarnos. 

Inteligencia artificial y desinformación política

Y este cambio de sistema no es gratis. 

Usar el Sistema 2 tiene un costo fisiológico medible: durante una tarea que exige atención sostenida se dilatan las pupilas, sube la presión y se tensan los músculos, todo vuelve a la normalidad recién cuando abandonamos la tarea. No es una sensación abstracta, es el cuerpo gastando recursos. Un estudio de Danziger, Levav y Avnaim-Pesso (2011) con jueces israelíes mostró que la proporción de libertades condicionales aprobadas caía de forma sostenida a medida que pasaban las horas sin comer, y volvía a subir después de cada descanso. Como resume el propio Kahneman, "jueces cansados y hambrientos tienden a tomar la decisión más fácil y común de denegar peticiones de libertad condicional" (Kahneman, 2011).

Esto es justo lo que describe Nicholas Carr cuando habla de los "caminos vitales": el cerebro no es una estructura fija, se reconfigura físicamente según qué circuitos usamos con más frecuencia, siguiendo la regla de Hebb de que las neuronas que se activan juntas se conectan juntas. Si entrenamos al cerebro miles de veces por día a resolver todo en modo Sistema 1, ese circuito se fortalece, y el otro, el que sostiene la atención y el pensamiento complejo, se debilita por desuso.

El propio Carr lo vivió en carne propia: "Al igual que Microsoft Word me había convertido en un procesador de textos de carne y hueso, Internet, me daba cuenta, estaba convirtiéndome en algo parecido a una máquina de procesamiento de datos de alta velocidad, un HAL humano. Echaba de menos mi viejo cerebro" (Carr, 2011).

Lo que muestran los números 

Esto ya no es solo teoría y los números lo están mostrando. Un estudio con casi 900 chicos de escuelas de Valencia mostró que, entre 4to y 6to grado, las dificultades serias de comprensión lectora pasaron de 8,5% a 17,6%. En el mismo período, la lectura diaria en papel bajó de 16,4% a 11,9%, mientras la lectura digital subió de 23% a 32%. Los resultados de PISA 2025 confirman la tendencia a escala global: una caída de 14 puntos en comprensión lectora respecto de 2022 en países de la OCDE, y de 28 puntos frente a 2015.

Según Tue Halgreen, analista senior de la OCDE, los estudiantes ya tienen dificultades con textos de más de 400 palabras. El propio secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, fue directo: cuanto más tiempo de pantalla para entretenimiento, peores los resultados en lectura.

Lo que sí podemos hacer

Ejercitar la mente es probablemente el hábito menos promocionado de esta época. No genera un clic inmediato, no vende nada, pero es justamente lo que nos devuelve la capacidad de pensar con criterio propio en lugar de reaccionar en piloto automático.

Entonces la pregunta que me queda dando vueltas es esta: teniendo toda esta evidencia sobre cómo funciona nuestra mente, ¿Por qué el diseño de la tecnología que más horas consume nuestro día parece apuntar exactamente en la dirección contraria, hacia hacernos todavía más vagos mentalmente? Ya vimos cómo nos cuesta trabajo concentrarnos y la energía que eso consume, por lo que no es de extrañar que se desarrolle un modelo de negocio que necesita justamente lo contrario a que pensemos con criterio propio.

Pero la buena noticia es la misma que explica el problema: el cerebro es plástico. Lo que se debilitó por desuso también se puede fortalecer con uso, los mismos caminos vitales que se refuerzan mirando pantallas se pueden reforzar leyendo un texto largo, sosteniendo una idea compleja, o tomándose el tiempo para dudar antes de reaccionar. Así que quizás la pregunta no es si podemos resistirnos a ese diseño, sino cómo elegimos, a propósito, qué camino entrenar.


Si te gustó este artículo te invito a que leas mis otras publicaciones: 

Como también, a que te sumes a escuchar mi podcast donde reflexiono y profundizo aún más:

Bibliografía: 

  • Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio (J. Chamorro Mielke, trad.). Debate. (Obra original publicada en 2011) 
  • Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.


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Consecuencias del uso de las nuevas tecnologías a temprana edad

 


Las nuevas tecnologías pueden ser un arma de doble filo para los niños. 

Es entedible y de público conocimiento que el uso de pantallas en los niños es una herramienta de dispersión y que puede entretener a los niños durante un tiempo prolongado. Esta facilidad le brinda a los padres la posibilidad de tener un tiempo "tranquilo" para poder realizar tareas laborales, domésticas o personales. Pero ese uso excsesivo de pantalla puede generarle consecuencias a los niños. 

¿Qué efectos causa el uso excesivo de tecnologías en niños?

El cerebro de los niños está en desarrollo y es espcialmente vulnerable a las pantallas. La ciencia demostró que el uso excesivo de las tecnologías no solo altera el comportamiento de los niños, sino que, tambien puede cambiar la estructura y la química cerebral. Se produce un sobrestímulo de dopamina, los videos rapidos y videojuegos generan descargas masivas de dopamina. El cerebro del niño se acostumbra a recibir una gratificacion inmediata, por eso, termina actuando muy similar a como actúan las adicciones. 



Con respecto al lenguaje y aprendizaje.
Un estudio realizado por el Centro de Neurología Avanzada, demostró algunos efectos en el habla de los niños debido al uso excesivo de las pantallas. Al estar usando la pantalla y no establecer ningún diálogo ni intercambio de expresiones faciales, puede interferir en el desarrollo del lenguaje. Otro efecto es, inhibir su capacidad de observar, concentrarse y experimentar. Esto le impide al niño aprender usando todos sus sentidos para construir significados. 

Neuroplasticidad.
Como ya mencionó Nicholas Carr en su texto "Superficiales", el cerebro adulto sigue siendo maleable: 
"un puñado de biólogos y psicológos vio, en el cuerpo cada vez mayor de investigaciones sobre el cerebro, indicaciones de que incluso el cerebro adulto era maleable, o "plástico". Podía constituir nuevos circuitos neuronales a lo largo de nuestras vidas; y los antiguos podían tanto fortalecerse como debilitarse, así como extinguirse por completo". Esta capacidad puede ser perjudical, ya que, las experiencias negativas en las infancias pueden dejar huellas duraderas en el desarrollo emocional y cognitivo de niñas y niños. 

Recomendaciones.
La OMS, como la gran mayoría de los organismos de salud, recomienda evitar cualquier tipo de pantallas antes de los 24 meses de vida. Esta recomendación es importante, ya que está basada en evidencia científica respecto del impacto en los bebés del uso de pantallas. 

Fuentes y lecturas recomendadas: 
 
Carr, Nicholas (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Madrid: Editorial Taurus. 

Artículo de: Centro de Neurología Avanzada, EDUFORICS Revista de Innovación Educativa, Artículo del Comité de Divulgación Científica del INCIHUSA.


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Somos un plástico moldeable al calor


En este artículo vamos a hacer una reflexión en base a citas que se encuentran en el libro “Superficiales” de Nicholas Carr. 

Por Augusto Pomponio Hotton.

Vamos a reflexionar sobre el tema que nos rodea en la actualidad: el internet y la tecnología, basándonos en citas del libro 'Superficiales' de Nicholas Carr.





Nuestro cerebro cambia

Este apartado es por el cual el título tiene ese nombre, somos plástico manipulable mediante calor. ¿Qué quiere decir esto?
Se me ocurrió poner este título como base de lo que vamos a hablar, la neuroplasticidad. Sabemos que el plástico cuando está caliente, puede ser manipulado o modificado de cualquier forma sin romperse.

Todo lo que hacemos como escribir o pensar, puede cambiar por nuestras experiencias y las herramientas que utilizamos, en este caso la computadora o internet. ¿De qué manera?

Nuestro cerebro no es fijo, cambia con el tiempo. Todo lo que vivimos, vemos, sentimos o escuchamos, todo esto moldea nuestras conexiones neuronales. El uso de la computadora o internet no es excepción. Cada vez que interactuamos mediante este dispositivo, ya sea para buscar algo o interactuar, nuestro cerebro reorganiza sus circuitos.

Un ejemplo que se lee en el libro, es la propia experiencia del autor. El mismo dice que perdió esa capacidad de lectura larga y profunda, ahora en un par de páginas, se pierde.

Después de tanto uso de internet, su cerebro cambió. Ahora le cuesta leer, tener paciencia, si es que no cambia de tema. ¿Y ahora, que paso? Claramente sus circuitos cambiaron, su forma actual, es estar en modo rápido y estimulado de la web.

Podemos decir que el internet, es el calor que ablanda nuestro cerebro y lo va moldeando en forma según cómo lo usemos.




Habilidades cambiantes

Después de tanto uso de internet ¿Ganamos habilidades?. Si, podemos decir que gana la habilidad de hacer multitareas con rapidez, que es a lo que se acostumbro, pero así como gano, tambien perdió, y es mucho mas importante la pérdida, que en este caso es la atención.

Muchas veces creemos que ganamos habilidades estando en internet. No voy a mentir, puede que sí. Pero no nos damos cuenta de lo que perdimos, como la atención, la memorización a largo plazo, paciencia, esto es algo a lo que no nos acostumbramos, ya que, al instante de una búsqueda tenemos mucha información. También la creatividad, ahora somos lentos en originalidad e imaginación, y por último la lectura profunda y crítica, se reduce nuestra reflexión y análisis crítico.

Usamos la tecnología pensando siempre que va a ser lo mejor, pero muy pocas veces nos ponemos a pensar qué consecuencias vamos a tener. Al principio no se nota, pero una vez acostumbrados, se vuelve parte de nuestra vida y pensamientos.



Estudios que afirman

En el libro hay una gran cantidad de estudios, pero observe tres que me parecen importante para este tema.

Uno de ellos es la gran cantidad de horas que utilizan los niños el internet en 2009. Chicos de 2 a 11 años hicieron crecer la estadística a un 60% más de lo que se usaba en 2004.

Esto es una señal de que el internet y la tecnología se fue metiendo desde la infancia y en su formación. Claramente es muy diferente el crecimiento de un chico sin dispositivos a uno que nació ya jugando con celulares. Más sabiendo que en la niñez, el cerebro es totalmente plástico, esto nos quiere decir que la manera en la que fue creciendo queda registrado con más fuerza en sus conexiones neuronales.

También tenemos a una profesora que nos afirma que no puede hacer que sus alumnos lean.

¿Por qué pasa esto? Eso porque se acostumbraron a la información rápida y fragmentada. Pueden ser rápidos desde un dispositivo para buscar datos, pero ahora, perdieron su paciencia y la capacidad de poder sostener una lectura larga y profunda. “Cuando el acceso [a la información] es fácil, tendemos a favorecer lo breve, lo lindo, lo deshilvanado.” (Carr, 2011, 61)

Por último, tenemos un estudio donde nos dice que en 2009 hubo un gran descenso en el servicio postal. Un gran cambio en nuestra comunicación, la tecnología transformó totalmente nuestra cotidianidad. Mandar una carta, era algo que tomaba tiempo.

De ejemplo pongo la película Green Book, donde hacer una carta era hacerlo a mano , elegir palabras justas y después esperar días de espera para una respuesta. Ahora con un simple mail, tenemos conexión con miles de personas al instante, todo instantáneo.

¿Perdimos algo o avanzamos? Perdimos. 

  • Algo de lo que sigo escribiendo es la pérdida de paciencia. Ya no es como antes que nos tomábamos un tiempo para recibir el correo, es más, ahora nos desesperamos por recibir una respuesta inmediata. 
  • También la profundidad y emoción que se tenía al escribir, ahora son todas palabras abreviadas o de una jerga no tan literaria como lo era antes. 
  • Recalcando nuevamente que también nuestro sentido crítico y lectura profunda, también la perdimos.





Conclusión

Para hacer esta reflexión no basta con opiniones personales, por eso utilizamos el libro, en el que hay una gran cantidad de estudios que respalda Carr, como los utilizados aquí, de Pascual Leones, Nielsen, Pines, entre otros autores importantes, donde muestran de forma concreta cómo cambia nuestro comportamiento y nuestras capacidades cognitivas. 

Elegí estas citas porque argumentan cómo la tecnología afecta diferentes aspectos, desde la niñez, educación, la comunicación y la neuroplasticidad, todas basadas por profesionales en las ramas de neurociencia y sociología. 

Para finalizar, tengo que decir que el libro Superficiales muestra con rigurosidad los estudios y cuestiones de la cual hablamos. Para negar los hechos que se muestran, tendrían que presentar estudios con la misma validez y refutando que internet no nos afecta en nuestra atención o experiencia de vida. En tal caso de haber estudios que contradigan, puede que sean de personas vinculadas en el negocio digital, queriendo minimizar los efectos, para conseguir sus propios beneficios.


Bibliografìa y citas:

Carr, N. (2011). Superficiales ¿Que esta haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

[46] Á. Pascual-Leone, A. Amendi, F. Fregni y L.B. Merabet, "The plastic Human Brain Cortex", Annual Review of Neuroscience, 28 (2005), pp 377-401.

"Nuestros cerebros están en constante cambio como respuesta a nuestras experiencias y nuestra conducta; reorganizan sus circuitos con cada entrada sensorial, acto motor, asociación, señal de recompensa, plan de acción o cambio de conciencia. La neuroplasticidad, afirma Pascual-Leone, es uno de los productos más importantes de la evolución, un rasgo que permite el sistema nervioso escapar a las restricciones de su propio genoma y adaptarse asi a presiones ambientales, cambios fisiológicos y cualesquiera otras experiencia".

[101] Maya Pines, "Sensing Change in the Environment", en Seeing, Hearing, and Snellinh in the World: A report from the Howard Hughes Medical institute, febrero de 1995.

"Cambia algo del entorno, necesitamos tenerlo en cuenta, porque puede significar peligro u oportunidad" 

[145] Nielsen Company, "Time Spent Online among Kids Increases 63 Percent in the Last Five Years, According to Nielsen", alerta mediática, 6 de julio de 2009.

"Los niños estadounidenses con edades entre los dos y los once años usaron la red más de once horas a la semana en 2009, un incremento de más del 60 por ciento respecto a 2004"

[154] Council for Research Excellence, "The video Consumer Mapping Study", 26 de marzo de 2009.

"Con frecuencia se utilizan dos o incluso tres de estos dispositivos simultáneamente" 

[163] Bridge Schulte, "So long, Snail Shells", The Washington Post, 25 de julio de 2009.

"El volumen de correo enviado a través del servicio postal de Estados Unidos registró en 2009 el mayor descenso jamas conocido"

[169] Tyler Cowen, Create Your Own Economy, Nueva York, Dutton, 2009, p 43.

"Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros"


Augusto Pomponio Hotton

 

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Internet bajo la lupa: efectos invisibles


Vivimos rodeados de dispositivos e Internet forma parte de nuestra rutina diaria. Estás leyendo este artículo gracias a su conexión, probablemente bajo la creencia de tener control sobre la tecnología. Pero, ¿realmente somos nosotros quienes la controlamos? ¿Cómo nos afecta el ecosistema digital?

Existen muchas formas para lo que la gente utiliza la red. Se convirtió en el medio de comunicación e información preferido, ofreciendo numerosas herramientas, pero a su vez, transformando nuestras hábitos y funciones cognitivas como la atención y la memoria. Curiosamente, el control de este entorno digital esta en manos de grandes compañías trasnacionales extremadamente influyentes: Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

El dilema entre el daño y el beneficio

El cerebro es plástico, por lo tanto, puede cambiar con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Nuestra manera de pensar, percibir y comportarnos se transforma según el modo en que vivimos y las herramientas que utilizamos. Así lo advierte Nicholas Carr, escritor estadounidense, quien expresa su postura critica respecto al impacto de Internet en su libro Superficiales ¿Qué esta haciendo Internet con nuestros cerebros? 

Según Carr (2011) "los malos hábitos pueden arraigar en nuestras neuronas con tanta facilidad como los buenos" (p.25), debido al uso constante y desmedido de Internet concentrarse es más difícil que nunca. Las tecnologías de la distracción están siempre al asecho, listas para interrumpirnos. Desde una notificación en la pantalla hasta simplemente el impulso de revisar, por miedo a perdernos de la inmediatez.

Sacrificamos la calma, la concentración y el pensamiento critico en favor de la urgencia de lo inmediato. Saltamos de una tarea a otra, sin apenas terminar lo que empezamos. Afirma Carr (2011) "esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p.8). Y al final, todo esto termina afectando cómo pensamos, cómo hablamos con los demás y hasta cómo estamos con nosotros mismos. ¿Alguna vez te lo habías preguntado?

Sin embargo, Internet ofrece una gran variedad de herramientas e información que, bien utilizadas, tienen muchos beneficios. En este sentido, Gary Small, neurocientífico y autor de El cerebro digital comparte investigaciones mas bien favorables, aunque advierte sobre los riegos de un uso excesivo. Muestra que el uso moderado estimula áreas del cerebro vinculadas al razonamiento, la creatividad y la toma de decisiones, favorece un aprendizaje mas rápido y puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo provocado por la edad. 

Lectura superficial, pensamiento débil

El declive cognitivo de los nativos digitales es una realidad a la vista. Varias investigaciones demostraron que el aumento del uso de los dispositivos digitales disminuye el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo. Una de ellas: La fábrica de cretinos digitales, un libro del neurocientífico francés Michel Desmurget, quien alerta sobre los riesgos del uso desproporcionado de la tecnología en las nuevas generaciones.  

Lejos de favorecer el desarrollo infantil y académico genera serias consecuencias físicas, emocionales e intelectuales. Se estima que, a este ritmo, antes de cumplir los 18 años los niños habrán acumulado tantas horas frente a las pantallas como si hubieran cursado 30 años escolares o trabajado durante 16 años a jornada completa.  

La exposición creciente a la tecnología, con la inmediatez y la multitarea como cimientos promueve un pensamiento más superficial. Como resultado, la disminución y pérdida de la comprensión lectora se presenta como un panorama preocupante, que desalienta y pone en riesgo el ejercicio del pensamiento crítico. En Argentina, el 46% de los estudiantes de primaria no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, una cifra que debe hacernos reflexionar sobre la influencia de los soportes digitales en los hábitos de lectura. 

¿Qué papel juegan las grandes corporaciones?


Los "gigantes tecnológicos" (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dominan y monitorizan el mercado de las tecnologías de la información. Actualmente, resulta impensable no estar vinculado a alguna de estas corporaciones. Sus servicios son utilizados por miles de millones de personas en todo el mundo, influyendo y moldeando tanto nuestra percepción de la realidad como la información que consumimos. 

Es evidente que las Big Tech están impulsadas, ante todo, por intereses económicos. La monetización de nuestros clics y datos se convirtieron en recursos fundamentales de su modelo de negocio, pero también en herramientas de control y manipulación. De ahí la perdida progresiva de la privacidad: cuanto más interactuamos, más información entregamos, y más expuestos quedamos.

Dirigen sutilmente nuestras conductas, decisiones de consumo y el modo en que administramos nuestro tiempo. Todo está diseñado con un fin y un determinado sentido: los algoritmos y las estrategias de consumo adictivo están pensados para generar dependencia y maximizar el beneficio económico. En este sentido, plataformas como Netflix son un claro ejemplo de agentes que moldean percepciones, promoviendo hábitos de consumo pasivo dirigidos por algoritmos. 


Netflix no sólo entretiene: actúa como medio de comunicación. Con su estrategia elige qué contenido ver, cuándo y cómo, definiendo también qué narrativas sociales se vuelven relevantes. El formato del binge watching favorece a la lógica de consumo que atrapa, succiona y desorienta al espectador. Los contenidos que ofrece Netflix, muchas veces, definen qué temas se vuelven parte del debate social y mediático. 

Recuperar el control: el primer paso es entender el juego 

Saber cómo funciona el "detrás de escena" de Internet es el primer paso hacia un uso más consciente y responsable. Comprender que cada clic, cada búsqueda y cada dato que tienen un valor en este sistema. Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar los modos en que interactuamos con ella. Se trata de volvernos más críticos, más conscientes y con la voluntad de recuperar el control.

Bibliografía:

- Argentinos por la Educación. (s.f) #NoEntiendenLoQueLeen. https://argentinosporlaeducacion.org/quienes-somos/ 

- Cappelotto, L. (30 de abril de 2018). Netflix: ¿Portal de series o medio de comunicación? Cámara Cívica. https://camaracivica.com/netflix-portal-series-medio-de-comunicacion/ 

- Carr, N. (2011). Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

- Conecta Software (3 de febrero de 2024) Big Tech: Los gigantes tecnológicos. https://www.conectasoftware.com/magazine/big-tech-los-gigantes-tecnologicos/ 

- Gómez‑Cotta, C. (2023, 5 de diciembre). Igual de adictivas que el alcohol o el tabaco. Ethic. https://ethic.es/2023/12/plataformas-adictivas-mas-que-alcohol-tabaco/ 

- González Pérez, E. (2024, 17 de mayo). El internet y el cerebro. Universidad Intercontinental. https://www.uic.mx/como-afecta-internet-al-cerebro-humano/ 

- Sandoval‑Almazán, R. (2011). Mentes en peligro: El daño de internet en nuestro cerebro. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352011000200010 






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¿El fin de la metáfora?... o que parezca tu idea

Por Gabriela Regueira 

El cerebro es plástico, como si estuviese cableado. Todos nuestros circuitos neuronales están sometidos a cambios. Ya sea que se ocupen de sentir, ver, oír, moverse, pensar, aprender, percibir o recordar. Nuestro cerebro se adapta a nuestro entorno. 

La paradoja de la neuroplasticidad es que toda esa flexibilidad busca siempre repetir esos circuitos una vez que se recablean en nuestro cerebro. Nuestros hábitos, nuestro comportamiento, nuestra subjetividad se adapta a esa estimulación, a esa frecuencia.

"Los 'nativos digitales' son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres", afirmó el director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, Michel Desmurget.  

En el libro "La fábrica de cretinos digitales" el neurocientífico alerta que los dispositivos digitales están afectando gravemente al desarrollo neuronal de niños y jóvenes.

Cuando una tendencia se revierte, se prenden algunas luces.

El efecto Flynn, denominado así por el psicólogo estadounidense que lo hizo notar,  es el fenómeno que observa que el coeficiente intelectual aumenta de generación en generación.

Si bien es multicausal todo aquello que puede repercutir en las capacidades intelectuales, es menester resaltar que en países que mantienen sus condiciones socioeconómicas la tendencia cambió.

Así lo denunciaba Nicholas Carr en su libro Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?(2010): “La posibilidad de deterioro intelectual es inherente a la plasticidad de nuestro cerebro. Eso no significa que no podamos esforzarnos una vez más en redirigir nuestras señales neuronales para reconstruir las habilidades perdidas”.

Circulan infinidad de estímulos que nos imantan a la pantalla. Se generan en nosotros demandas que no teníamos. Tenemos temor a perdernos de algo (FOMO por sus sigla en inglés). Eso de revisar las redes todo el tiempo deviene luego en falta de concentración, irritabilidad e incluso baja autoestima.

El tablero de juego es nuestra cabeza. Nuestra capacidad cognitiva se ve cada vez más condicionada. Y todo en nombre de una libertad que convendría mirar con algo de esa capacidad que estamos perdiendo. ¡Recórcholis! En estos flashes, reels de casino visual, loops de dopamina, hay experiencias de usuario, intereses de lucro y dominio. 

Con loop de dopamina se alude a cómo el diseño de la plataforma puede mantener a los usuarios enganchados por medio de la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado con el placer y la recompensa. 

Al interactuar con videos, es decir faveos, reposteos, rehistorizaciones, comentarios, o solo permitiendo que corra, el algoritmo aprende lo que nos hace permanecer frente a la pantalla. Se crea así una suerte de bucle de retroalimentación en donde el placer de cada nuevo video lleva a los usuarios a seguir desplazándose, lo que genera más liberación de dopamina, manteniéndonos enganchados. Ven Lisa, únetenos.


"El club de los 5 surfea más rápido que las olas" 

Hace 15 días, el presidente antiderechos, no el de estas latitudes sino el de Estados Unidos, se sentó a la mesa como si fuera Mirtha Legrand con una docena de megamillonarios. Allí estaban presentes Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Alphabet), Sergey Brin (Google), Sam Altman (OpenAI), Satya Nadella y Bill Gates (Microsoft), Safra Catz (Oracle) y Lisa Su (AMD). Ese encuentro fue leído como un intento de blindar la economía estadounidense ante el avance tecnológico de China.

La inteligencia artificial fue el eje clave de la reunión. Donald Trump instó a los directivos de las Big Tech a acelerar la carrera de las IA con  políticas de reducción de impuestos y menos regulaciones. 

La juntada dejó esa perlita de Zuckerberg en la que se ríen de lo fake que inversión que anunció. 

Recordemos que la matriz de Facebook, Meta, cambió su postura en temas de moderación de contenido y políticas de diversidad e inclusión. Otra vez en nombre de la libertad cambiaron las políticas de contenido. Ya no habrá tantos auditores automatrizados sino que se delegó a la comunidad global (?) esa tarea de vigilancia y moderación. 

-Ojalá no sean usuarios ávidos de sangre de cancelar cualquier cosa que no confirme su sesgo. *Inserte emoji manitos en posición de rezo al Dios de su agrado*

-Ojalá no sea el fin de la metáfora. *Desinserte emoji. Mate a sus dioses*

 Toda categoría es política

Las categorías, los géneros discursivos, las etiquetas, los tags, los rótulos. La teórica del arte Diana Taylor sostiene que el término performance "no puede referirse sólo a los términos que usualmente se utilizan como sus sinónimos: teatralidad, espectáculo, acción, representación". Encuentra como algo positivo el hecho de que sea intraducible pues representa un desafío. En esa impresión se nos recuerda que no nos percibimos de manera simple. Las cosas puede ser más simples, sí, probablemente hasta lo sean. Sin embargo, nos autopercibimos complejos. En otro orden de lo problemático, Netflix como actor cultural.

Recuerdo haber seguido de cerca la aparición de Anima en la plataforma Netflix. (Hey, antes eras chévere) Es un corto audiovisual de Paul Thomas Anderson (Cigarettes and Coffee, Across the Universe, Magnolia) protagonizado por Thom Yorke y Dajana Roncione. La fotografía es de Darius Khondji (Delicatessen, La cité des enfants perdus, Midnight in París) La coreografía es de Damien Jalet (Suspiria, Le passeur des lieux). La música es de Tom Yorke y Nigel Godrich, ambos colaboradores y compositores. Está compuesto por tres canciones del tercer álbum del proyecto paralelo a Radiohead: “Not The News”, “Traffic” y “Dawn Chorus”. 

Los pasajeros de Anima van semidormidos ejecutando una coreografía muy Pina Bausch (Kontakthof, Café Müller, Le Sacre du printemps). Los movimientos son reiterativos, rápidos, pequeños, basados en el comportamiento automatizado de aquel que realiza tareas repetitivas. Se oyen sonidos que podrían haber sido sacados de distintos aparatos, por momentos parecen sonidos del sonar de un submarino, por momentos parecen pips contestador automático. Iteración, loop sonidos de notificaciones, ambiente de multitasking.



Este contenido figura como género “Películas experimentales”, “Dramas”, “Música y musicales” y ofrece como añadidura los calificativos de “surrealista” y “poco convencionales”. Netflix va modificando las categorías en base a información de usuarios basada en las interacciones que alimentan al algoritmo. Las primeras semanas estaba tagueado como “Cine de arte” o “videoclip”. Sería un poco grosero considerar Anima como un “videoclip largo". El etiquetado reduccionista constriñe y reescribe el sentido a su antojo ya sea para traer o alejar contenidos a los usuarios en función del vaivén de afán de lucro. Una ética cambiante en donde si no te gustan ciertos principios, se esgrimen otros.

 La modernidad llegó como un “huracán” invocada bajo el concepto de progreso y convirtió el devenir de los hombres en piezas de una economía capitalista basada en la producción en masa y el trabajo alienante. 

Los movimientos que realizan los pasajeros de Anima evocan expresiones de cansancio: ojos que se cierran, cabezas que se bambolean, cabezas que caen de golpe por su peso, manos que sostienen cabezas, esfuerzos por mantener el equilibrio. 

Esta economía produce seres cansados mas no agotados. El agotamiento indica material descartable. Para la economía capitalista un sujeto agotado es un sujeto inútil, muerto. 


Representaciones y Subproductos de la tecnología

Nicholas Carr elige los estudios de cartografía para explicar el proceso de complejización del sistema de representaciones. “Nuestra madurez intelectual como personas puede remontarse a la forma en que trazamos dibujos o mapas de nuestro entorno. Comenzamos con representaciones primitivas y literales del terreno que vemos a nuestro alrededor, y vamos avanzando hacia representaciones, cada vez más precisas y abstractas, del espacio geográfico y topográfico. Es decir, avanzamos de la representación de lo que vemos a la elaboración de lo que sabemos"

Literal, Realista, Abstracta así son las etapas de la maduración intelectual.

Si "Toda tecnología es expresión de la voluntad humana", si con las herramientas buscamos ampliar el poder y el control de nuestra circunstancia: tiempo, distancia, naturaleza, prójimo. En general, los inventores de las tecnologías no advierten la ética que contienen. Es un subproducto de la tecnología que incide en nuestra manera de vivir o sobrevivir.

¿Será entonces que siempre supimos viajar en el tiempo? La ciencia ficción de la historia ya nos pensó. Una red de redes que constriñe, atrapa, nos mantiene adictos, dóciles y zombies, cansados, consumiendo lo mismo que producimos y pagando por ello. 

¿Se puede recablear? ¿La soberanía cognitiva es tan solo un sueño?

Por lo pronto, levantar la cabeza de la pantalla aunque sea por un rato ya es algo. ¿Será muy Old School?


Imágenes:

  • Especial del Día del maestro de @Podeti99 en IG.
  • Idioterne de Lars von Trier.
  • Episodio El mago de la avenida Siempreviva The Simpsons.
  • Anima de Paul Thomas Anderson
  • Graffitti random estilo Banksy
  • Dibujando manos de M.C.Escher. 

Referencias: 

  • Carr, N. (2010) Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Taurus.
  • Taylor, D. (2005). Hacia una definición de "performance". Picadero.
  •  Han, B. (2012). La sociedad del cansancio. Herder. 


 

 


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