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Leer en otro lado: cuando la pantalla es biblioteca, escritorio y refugio



Un usuario de Reddit escribió: leer en la pantalla del celular es como "intentar escuchar un solo de violín en una obra en construcción". Las palabras exigen volver atrás, desplazarse con cuidado, y cada dos docenas de palabras se pierde cualquier posibilidad de meterse de lleno en la historia. Otro usuario responde: “Siempre llevo mi teléfono conmigo, no siempre recuerdo llevar un libro físico o mi Kindle”.

Esa es la verdad incómoda de la lectura digital. Es al mismo tiempo una traición y una salvación: enemiga de la comprensión profunda, pero única puerta de entrada a la lectura para muchísima gente que no tiene espacio, dinero ni tiempo.



Cuando la pantalla mata la lectura profunda

La evidencia de la neurociencia y la investigación en lectura se acumula y no es romántica: el soporte no es neutro. La neuropediatra Ana Laura Fernández Perrone explica que leer no es una capacidad innata: el cerebro necesita organizar redes de visión, lenguaje, memoria y atención para sostenerlo. La lectura en pantalla "exige un mayor control atencional para alcanzar un nivel de comprensión equivalente al del papel", y esto es especialmente crítico en niños. La carga cognitiva y la fatiga mental que genera la pantalla hacen que el cerebro "baje la calidad del procesamiento".


Según el portal EnFoco (Facultad de Farmacia y Bioquímica, UBA), la lectura digital versus la impresa plantea un dilema entre pantallas y papel. Una de las explicaciones que circula es la "hipótesis de la superficialidad": la pantalla trae consigo un mensaje psicológico de entretenimiento que hace que el lector baje la inversión cognitiva y pase por el texto más rápido, con un procesamiento más superficial. A esto se suma algo concreto: en papel, el anclaje espacial —saber que tal párrafo estaba en la parte inferior de la página izquierda— ayuda a la memoria. El scroll de la pantalla borra ese anclaje.


La denuncia de Nicholas Carr

En 2010, Nicholas Carr publicó Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?. Su idea central no es una condena a la tecnología, sino una advertencia más profunda: cada tecnología de la información conlleva una ética intelectual, y esa ética moldea la forma en que pensamos.


Carr no habla solo de lectura digital. Habla de algo más inquietante: el medio, no solo el contenido, reconfigura el cerebro. Su denuncia se puede resumir en una sola frase: Internet está diseñada para distraernos, y esa distracción tiene un costo cognitivo. Carr describe su propia experiencia: dejó de ser un lector profundo. Pasó de sumergirse en los textos a "picotear" de un fragmento a otro, de un link a otro, sin poder sostener la atención en nada durante mucho tiempo. Y no era un problema suyo: era el medio el que lo estaba modelando.




"No es que quiera leer en digital, es que no me alcanza para el papel"

Pero en los foros argentinos la discusión toma otro rumbo. En r/AskArgentina, un usuario escribió (hace 3 años): en su familia hay libros viejos con precios en la contratapa que van de 5 a 15 pesos, de buenos autores y buenas editoriales. Hoy, darse el gusto de comprar varios libros "está re complicado porque el presupuesto se te va a la mierda". Su conclusión: "tener el hábito de lectura está cerca de ser de burgués". 


Otro usuario de la misma red social matizó: no es que la lectura se volvió un lujo, muchos libros ya lo eran. Lo que pasó es que se volvió más inaccesible. "La economía afecta a todas las cosas y si uno quiere pagar por sus productos, es susceptible a la misma".

Estos comentarios revelan una dimensión que casi nunca se discute en serio: la lectura digital es primero una decisión económica y después una decisión cognitiva. 


El usuario del que nadie habla: el que no tiene biblioteca

Cuando se discute la lectura digital, solemos imaginar a alguien que puede elegir: hoy leo en papel, mañana en el Kindle, según el tipo de texto. Pero mucha gente no elige.


Un usuario de Reddit (r/books, 2023) lo puso con precisión: alguien que se levanta a las seis, trabaja diez horas y después viaja dos horas "no tiene tiempo ni energía para ir a una biblioteca". Otro dio una razón más simple: "no tengo espacio ni plata para comprar un libro que no sé si me va a gustar". Primero digital, después papel. Así filtra.


Para quien no tiene biblioteca en casa, ni estantes, ni biblioteca pública cerca, ni presupuesto, la pantalla es la biblioteca. Puede ser un celular, un Kindle de segunda mano, una tablet prestada. La experiencia de lectura se degrada: menos comprensión, peor memoria, fatiga más rápida. Pero si esa pantalla no existiera, la lectura sería cero.


Ahí está la tensión incómoda: el soporte digital genera desventajas cognitivas y, al mismo tiempo, genera posibilidades económicas y espaciales. 


Hace falta un discurso de dos carriles

El problema no es la pantalla en sí. Es que todavía no aprendimos a invocar deliberadamente los recursos cognitivos que exige la lectura profunda cuando leemos en un dispositivo diseñado para la distracción.


Para quien tiene condiciones, el papel sigue siendo mejor cuando hay que entender, memorizar, pensar críticamente. Para quien no las tiene, la lectura en pantalla es una forma de llegar con concesiones incluidas. Merece respeto y también merece mejoras: una pantalla más grande, una app sin notificaciones, quince minutos diarios sin scroll que interrumpa.


La lectura digital no mató a la lectura. Está cambiando su textura y, al mismo tiempo, ampliando quiénes acceden a ella. Pero también hay que nombrar lo que se gana cuando la pantalla es la única página disponible. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo. Necesitamos hablar de las dos.

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Fuentes: https://www.reddit.com/r/books/comments/14dnrfa/anyone_else_finding_it_more_difficult_to_read/?tl=es-es

https://novaciencia.es/las-pantallas-y-el-contenido-rapido-matan-la-comprension-lectora/

https://enfoco.ffyb.uba.ar/lectura-digital-versus-lectura-impresa-un-dilema-entre-las-pantallas-y-el-papel/  Nicholas Carr - ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales

https://www.reddit.com/r/AskArgentina/comments/182xih8/se_volvi%C3%B3_un_lujo_leer/


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Un texto fundamentado, no una opinión



Algo que me llamó la atención al leer Superficiales es que Carr no escribe “desde la intuición” o desde una posición pesimista sin pruebas. Él construye su argumento sobre más de 400 estudios. Y eso hace una diferencia enorme. Muchas veces escuchamos frases como “los chicos de ahora son más rápidos porque crecieron con la tecnología” o “somos multitasking por naturaleza”, pero ¿dónde están los datos que lo demuestran? Lo que Carr hace es mostrar que no basta con repetir eslóganes optimistas: si queremos hablar en serio sobre Internet, necesitamos evidencia científica que explique lo que pasa con nuestro cerebro y con nuestra cultura.

Creo que ahí está la clave: no se trata de decir que la tecnología es mala o buena, sino de reconocer que sus efectos son reales, medibles y comprobables. Si queremos discutirle a Carr, no alcanza con entusiasmo o con frases motivacionales; necesitamos estudios que estén a la misma altura. Como futuros comunicadores, esta diferencia entre “opinión” y “argumento fundamentado” me parece esencial.

Merzenich y la plasticidad cerebral

En este punto, uno de los autores que Carr menciona y más llamó mi atención fue Michael Merzenich. Él demuestra algo que parece obvio pero que recién ahora comprendemos en toda su magnitud: el cerebro no es fijo, cambia constantemente con lo que hacemos. La llamada “plasticidad cerebral” significa que cada hábito que repetimos, cada práctica cotidiana, literalmente moldea nuestra mente.

Cuando Carr cita a Merzenich para hablar de Internet, lo que pone en evidencia es que no pasamos por la Red sin que ella nos pase por dentro. Navegar, escanear información, pasar de pestaña en pestaña: todo eso va reforzando circuitos neuronales específicos. El problema no es que Internet no entrene nada, sino que entrena demasiado ciertas capacidades (rapidez, respuesta inmediata, búsqueda superficial) y descuida otras (concentración, reflexión, memoria de largo plazo).

Personalmente, esta idea me incomodó porque me vi reflejada. Paso horas frente a la pantalla y me doy cuenta de que me cuesta más leer un texto largo sin distraerme. Merzenich me hizo entender que no es solo “falta de voluntad”, sino que mi cerebro ya se está cableando de otra forma. Eso me da un poco de miedo, pero también me ayuda a pensar en que todavía podemos equilibrar esos hábitos: darle un espacio a la lectura profunda, a la escritura larga, a la concentración.

La lectura fragmentada: Liu

Otro estudio que Carr trae, y que me pareció relevante, es el de Ziming Liu. Él observó cómo la gente lee en entornos digitales y descubrió que pasamos de la lectura lineal a una lectura fragmentada, casi en “F”: miramos títulos, saltamos párrafos, escaneamos más que nos detenemos.

Lo interesante es que no es que leamos menos, sino que leemos distinto. Estamos entrenados para cazar información rápido, pero no para quedarnos con ella, analizarla o relacionarla con otras ideas. Y cuando pienso en mi experiencia, me pasa exactamente eso: leo muchas cosas por día, pero hay días en lo que tengo tanta saturación que parece que nada me queda del todo. 

Ese estudio de Liu me ayudó a ponerle nombre a una sensación: la atención fragmentada no es solo una costumbre personal, es un fenómeno colectivo, estudiado y comprobado. Y, desde una postura de comunicadora, creo que tenemos que ser conscientes de esto, porque también influye en cómo producimos mensajes.

La pérdida de la lectura profunda: Wolf


Por último, Maryanne Wolf habla de algo importante: la pérdida de la lectura profunda. Wolf advierte que cuando leemos online estamos sacrificando la capacidad de concentración que nos permite entrar en un texto, reflexionar, empatizar con lo que el autor dice. En sus palabras, nos convertimos en “meros descodificadores de información”.

Esta preocupación se refleja también en los hábitos de lectura actuales. Una encuesta de Statista muestra que, en países como España, más del 70 % de los usuarios sigue prefiriendo el formato físico frente al digital. Esto sugiere que, aunque lo digital avanza, todavía existe una valoración fuerte de la lectura en papel, asociada a una experiencia más profunda y concentrada. Este contraste refuerza lo que advierte Wolf: la lectura en papel conserva un valor único, difícil de reemplazar por la experiencia digital.


Esto me hizo pensar en cómo disfruto cuando me siento a leer un libro en papel, sin interrupciones, y cómo ese tipo de experiencia se volvió rara en mi día a día. No es solo un problema de tiempo, es un problema de hábito y de entrenamiento del cerebro. Si no practicamos la lectura profunda, la vamos perdiendo.

Lo que me deja Wolf es una especie de alerta, pero también de motivación. No se trata de renunciar a lo digital, pero sí de cuidar esos espacios que nos permiten pensar de manera más lenta y más humana.


Reflexión final: entre la ciencia y la cultura digital

Lo que más valoro de leer a Carr, a través de estudios como los de Merzenich, Liu o Wolf, es que nos saca de la zona cómoda de las opiniones fáciles. Nos muestra, con evidencia, que Internet cambia nuestro cerebro, nuestra manera de leer y hasta nuestras capacidades cognitivas más profundas.

Esto también me hizo recordar un documental de la BBC que vi hace un tiempo, donde se analizaba si Internet realmente es un “gran nivelador” que abre oportunidades para todos, o si en realidad reproduce viejas formas de concentración y control. Esa tensión creo que es clave: no solo hablamos de cómo la Red impacta en nuestra atención, sino también de cómo unas pocas corporaciones (como Google, Facebook o Amazon) concentran buena parte del tráfico y de la información que consumimos.

Por eso, no alcanza con decir que “Internet es progreso” o que “los jóvenes son multitasking”. Son frases optimistas que suenan bien, pero que no tienen detrás la solidez de cientos de estudios científicos. Carr nos invita a mirar con más cuidado: Internet no es neutra, nos moldea por dentro y, al mismo tiempo, organiza el poder hacia afuera.

Como futura comunicadora, siento que el desafío es doble: por un lado, cuidar mis propios hábitos para no perder la concentración ni la lectura profunda; por otro, analizar críticamente este ecosistema digital que no siempre es el “gran nivelador” que promete. Solo con una mirada fundamentada podemos entender lo que realmente está en juego.


Para seguir leyendo:

Si este tema te despertó preguntas o curiosidad, hay una gran cantidad de materiales que permiten profundizar en lo que aquí apenas rozamos. La riqueza de Superficiales de Nicholas Carr no está solo en sus ideas, sino en la enorme base de estudios y referencias que las sostienen. Por eso, acercarse a las fuentes originales es una forma de dimensionar mejor el debate sobre cómo Internet cambia nuestra mente y nuestra cultura.

También resulta valioso complementar esas lecturas con autores y documentales que exploran los mismos problemas desde otros ángulos: la neurociencia, la educación, la filosofía y la historia de la web. De ese modo, cada uno puede seguir armando su propio mapa de referencias y lecturas críticas, lejos de las simplificaciones que suelen dominar el discurso público sobre lo digital.

Aquí dejo algunas sugerencias para quienes quieran seguir explorando:

1-Nicholas Carr, Superficiales:

Cap. 3, “Volviéndose Googly”: donde explica la plasticidad cerebral con base en los estudios de Michael Merzenich.

Cap. 6, sobre la lectura digital: cita a Ziming Liu y su investigación sobre el “patrón en F” en entornos académicos.

Cap. 4, sobre la lectura profunda: referencia a Maryanne Wolf y la pérdida de la concentración en la lectura extendida.

2-Michael Merzenich: investigaciones sobre neuroplasticidad.

3-Ziming Liu: “Digital Reading and the Fragmentation of Attention” (estudios sobre lectura digital en bibliotecas universitarias).

4-Maryanne Wolf, Proust y el calamar (sobre cómo la lectura transforma el cerebro y qué perdemos en la era digital).

5-Serie documental de la BBC: The Virtual Revolution (episodio 1, “The Great Levelling?): explora si Internet es un espacio de igualdad o una nueva forma de concentración de poder.

6- Statista. “Porcentaje de usuarios de libros en formato físico o electrónico en países seleccionados.” Statista España, gráfico nº 27286, accesado el 11 de septiembre de 2025. Disponible en: https://es.statista.com/grafico/27286/porcentaje-de-usuarios-de-libros-en-formato-fisico-o-electronico-en-paises-seleccionados/


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Cómo Afecta la Lectura Digital a Nuestro Cerebro

 


La lectura digital se ha convertido en una parte fundamental de nuestra vida diaria, pero a medida que pasamos más tiempo frente a pantallas, es importante comprender las diferencias entre leer en formato digital y en papel. Estudios tales como los realizado en https://www.nationalgeographicla.com/ciencia/2023/02/como-afecta-a-nuestro-cerebro-el-habito-de-la-lectura han mostrado que la lectura en parte puede impactar nuestra capacidad de concentración y la retención de información. 

Además, la fatiga visual y la distracción constante son desafíos adicionales a los que nos enfrentamos. Sin embargo, la lectura digital también ofrece ventajas, como la accesibilidad y la facilidad para buscar información. En este post, exploraremos en profundidad cómo la lectura digital influye en nuestro cerebro y compartiremos consejos para optimizar esta experiencia

El avance digital ha transformado nuestra sociedad y la manera en que nos comunicamos. Esta revolución también ha impactado a uno de los medios de comunicación más tradicionales: los libros. Hoy en día, estos han sido relegados a un segundo plano por la omnipresencia de las pantallas

Manuel de Amo y Anastasio García-Roca sostienen en el estudio “Nuevas formas de leer en la era digital: de la hiperficción a las comunidades”, que las pantallas ya han ocupado el centro del polisistema cultural, por lo que han provocado que los textos literarios se diversifiquen y se reproduzcan en lectores electrónicos, las pantallas de las computadoras, los teléfonos inteligentes, las tabletas, entre otros

Nota completa en .https://www.anahuac.mx/mexico/noticias/Una-nueva-forma-de-leer-en-la-era-digital

Los riesgos de la era digital en la forma en que leemos

En la actualidad, uno de los principales retos del lector es la sobrecarga de información. En la era digital, cada día se genera una cantidad enorme de contenido, lo que puede resultar abrumador. Este fenómeno, conocido como “infoxicación”, dificulta distinguir entre la información útil y el ruido innecesario. Como consecuencia, la calidad de la lectura y la toma de decisiones se ven afectadas, complicando la búsqueda de información y reduciendo nuestra capacidad de concentración.

Una investigación reciente ha demostrado que, debido a la sobrecarga de información, muchos lectores optan por una lectura superficial, donde escanean rápidamente artículos en lugar de comprometerse con un contenido más profundo y matizado.https://lecturapro.top/que-desafios-enfrentan-los-lectores-en-la-era-igital/#La_sobrecarga_de_informaci%C3%B3n_y_sus_efectos

Sé Consciente de la "Agenda Setting"

 Recuerda que los medios, incluyendo los digitales, tienen la capacidad de influir en *sobre qué pensar*, seleccionando y enfatizando ciertos temas mientras otros son excluidos. Cuestiona activamente las prioridades informativas y busca una diversidad de perspectivas para formar tu propia opinión. Incluso en las redes sociales, existen "programadores" y "amplificadores" que guían la conversación

La teoría de la "agenda setting" nos muestra cómo los medios, al seleccionar y priorizar noticias, actúan como un filtro crucial de la realidad informativa. Aunque no abordan la sobrecarga de información directamente, su poder para decidir "sobre qué pensar" y qué temas excluir moldea lo que percibimos como importante. Así, gestionan el inmenso flujo de noticias, estructurando y limitando la información a la que estamos expuestos


¿cómo afecta realmente a nuestro cerebro?

Según el autor, Nicholas Carr, la sobrecarga de información, especialmente por el uso de Internet, afecta a nuestro cerebro de maneras profundas y preocupantes, rediseñando nuestros circuitos neuronales y alterando nuestros patrones de pensamiento


El Desafío de la Lectura Profunda 

Sin embargo, el autor antes mencionado señala que "cuando nos conectamos a la Red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial" La naturaleza fragmentada de la información en línea, con hipervínculos y constantes notificaciones, puede dificultar la concentración sostenida Los hipervínculos, aunque útiles, nos invitan a saltar de un texto a otro, interrumpiendo nuestra atención 


Beneficios y Habilidades Potenciadas 

El uso de Internet ha demostrado activar y fortalecer ciertos circuitos neuronales. Investigaciones han revelado que los usuarios experimentados de buscadores como Google muestran mayor actividad cerebral en la corteza prefrontal, y los novatos pueden desarrollar esta actividad con solo unos pocos días de práctica. Esto sugiere un fortalecimiento de habilidades visuales-espaciales y de reconocimiento de patrones, permitiéndonos evaluar información rápidamente


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Internet bajo la lupa: efectos invisibles


Vivimos rodeados de dispositivos e Internet forma parte de nuestra rutina diaria. Estás leyendo este artículo gracias a su conexión, probablemente bajo la creencia de tener control sobre la tecnología. Pero, ¿realmente somos nosotros quienes la controlamos? ¿Cómo nos afecta el ecosistema digital?

Existen muchas formas para lo que la gente utiliza la red. Se convirtió en el medio de comunicación e información preferido, ofreciendo numerosas herramientas, pero a su vez, transformando nuestras hábitos y funciones cognitivas como la atención y la memoria. Curiosamente, el control de este entorno digital esta en manos de grandes compañías trasnacionales extremadamente influyentes: Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

El dilema entre el daño y el beneficio

El cerebro es plástico, por lo tanto, puede cambiar con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Nuestra manera de pensar, percibir y comportarnos se transforma según el modo en que vivimos y las herramientas que utilizamos. Así lo advierte Nicholas Carr, escritor estadounidense, quien expresa su postura critica respecto al impacto de Internet en su libro Superficiales ¿Qué esta haciendo Internet con nuestros cerebros? 

Según Carr (2011) "los malos hábitos pueden arraigar en nuestras neuronas con tanta facilidad como los buenos" (p.25), debido al uso constante y desmedido de Internet concentrarse es más difícil que nunca. Las tecnologías de la distracción están siempre al asecho, listas para interrumpirnos. Desde una notificación en la pantalla hasta simplemente el impulso de revisar, por miedo a perdernos de la inmediatez.

Sacrificamos la calma, la concentración y el pensamiento critico en favor de la urgencia de lo inmediato. Saltamos de una tarea a otra, sin apenas terminar lo que empezamos. Afirma Carr (2011) "esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p.8). Y al final, todo esto termina afectando cómo pensamos, cómo hablamos con los demás y hasta cómo estamos con nosotros mismos. ¿Alguna vez te lo habías preguntado?

Sin embargo, Internet ofrece una gran variedad de herramientas e información que, bien utilizadas, tienen muchos beneficios. En este sentido, Gary Small, neurocientífico y autor de El cerebro digital comparte investigaciones mas bien favorables, aunque advierte sobre los riegos de un uso excesivo. Muestra que el uso moderado estimula áreas del cerebro vinculadas al razonamiento, la creatividad y la toma de decisiones, favorece un aprendizaje mas rápido y puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo provocado por la edad. 

Lectura superficial, pensamiento débil

El declive cognitivo de los nativos digitales es una realidad a la vista. Varias investigaciones demostraron que el aumento del uso de los dispositivos digitales disminuye el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo. Una de ellas: La fábrica de cretinos digitales, un libro del neurocientífico francés Michel Desmurget, quien alerta sobre los riesgos del uso desproporcionado de la tecnología en las nuevas generaciones.  

Lejos de favorecer el desarrollo infantil y académico genera serias consecuencias físicas, emocionales e intelectuales. Se estima que, a este ritmo, antes de cumplir los 18 años los niños habrán acumulado tantas horas frente a las pantallas como si hubieran cursado 30 años escolares o trabajado durante 16 años a jornada completa.  

La exposición creciente a la tecnología, con la inmediatez y la multitarea como cimientos promueve un pensamiento más superficial. Como resultado, la disminución y pérdida de la comprensión lectora se presenta como un panorama preocupante, que desalienta y pone en riesgo el ejercicio del pensamiento crítico. En Argentina, el 46% de los estudiantes de primaria no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, una cifra que debe hacernos reflexionar sobre la influencia de los soportes digitales en los hábitos de lectura. 

¿Qué papel juegan las grandes corporaciones?


Los "gigantes tecnológicos" (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dominan y monitorizan el mercado de las tecnologías de la información. Actualmente, resulta impensable no estar vinculado a alguna de estas corporaciones. Sus servicios son utilizados por miles de millones de personas en todo el mundo, influyendo y moldeando tanto nuestra percepción de la realidad como la información que consumimos. 

Es evidente que las Big Tech están impulsadas, ante todo, por intereses económicos. La monetización de nuestros clics y datos se convirtieron en recursos fundamentales de su modelo de negocio, pero también en herramientas de control y manipulación. De ahí la perdida progresiva de la privacidad: cuanto más interactuamos, más información entregamos, y más expuestos quedamos.

Dirigen sutilmente nuestras conductas, decisiones de consumo y el modo en que administramos nuestro tiempo. Todo está diseñado con un fin y un determinado sentido: los algoritmos y las estrategias de consumo adictivo están pensados para generar dependencia y maximizar el beneficio económico. En este sentido, plataformas como Netflix son un claro ejemplo de agentes que moldean percepciones, promoviendo hábitos de consumo pasivo dirigidos por algoritmos. 


Netflix no sólo entretiene: actúa como medio de comunicación. Con su estrategia elige qué contenido ver, cuándo y cómo, definiendo también qué narrativas sociales se vuelven relevantes. El formato del binge watching favorece a la lógica de consumo que atrapa, succiona y desorienta al espectador. Los contenidos que ofrece Netflix, muchas veces, definen qué temas se vuelven parte del debate social y mediático. 

Recuperar el control: el primer paso es entender el juego 

Saber cómo funciona el "detrás de escena" de Internet es el primer paso hacia un uso más consciente y responsable. Comprender que cada clic, cada búsqueda y cada dato que tienen un valor en este sistema. Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar los modos en que interactuamos con ella. Se trata de volvernos más críticos, más conscientes y con la voluntad de recuperar el control.

Bibliografía:

- Argentinos por la Educación. (s.f) #NoEntiendenLoQueLeen. https://argentinosporlaeducacion.org/quienes-somos/ 

- Cappelotto, L. (30 de abril de 2018). Netflix: ¿Portal de series o medio de comunicación? Cámara Cívica. https://camaracivica.com/netflix-portal-series-medio-de-comunicacion/ 

- Carr, N. (2011). Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

- Conecta Software (3 de febrero de 2024) Big Tech: Los gigantes tecnológicos. https://www.conectasoftware.com/magazine/big-tech-los-gigantes-tecnologicos/ 

- Gómez‑Cotta, C. (2023, 5 de diciembre). Igual de adictivas que el alcohol o el tabaco. Ethic. https://ethic.es/2023/12/plataformas-adictivas-mas-que-alcohol-tabaco/ 

- González Pérez, E. (2024, 17 de mayo). El internet y el cerebro. Universidad Intercontinental. https://www.uic.mx/como-afecta-internet-al-cerebro-humano/ 

- Sandoval‑Almazán, R. (2011). Mentes en peligro: El daño de internet en nuestro cerebro. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352011000200010 






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La era digital y la pérdida de profundidad


Generaciones conectadas, generaciones cansadas

Un informe publicado en BBC Mundo advierte que, por primera vez en décadas, el cociente intelectual promedio de los jóvenes comenzó a descender respecto del de sus padres. Este fenómeno se asocia al cambio en los hábitos de aprendizaje y al uso intensivo de pantallas desde edades tempranas. Según un artículo de Xataka, un adolescente de hoy puede llegar a los 18 años habiendo pasado frente a dispositivos el equivalente a 15 años de jornada laboral completa. Sin dudas, como Nicolas Carr nos cuenta en su libro "Superficiales", las nuevas tecnologías intelectuales transforman nuestro cerebro y las formas de concebir el mundo, ejerciendo una influencia sobre el desarrollo y la conciencia humana.

La lectura profunda parece cada vez más difícil. Informes de la OCDE señalan que la comprensión lectora cae incluso en adultos. Nicholas Carr advierte: “La lectura profunda…fomentaba el pensamiento profundo. Cuando dejamos de ejercitar esos músculos mentales, empezamos a perder la capacidad de utilizarlos” (Superficiales, cap. 4). El desafío no es solo educativo, también cultural.

Internet nos ofrece un caudal inagotable de estímulos, pero con un costo. Como escribe Carr: “Lo que la Red parece estar haciendo es erosionar mi capacidad de concentración y contemplación” (Superficiales, cap. 1). En lugar de sumergirnos en un texto, saltamos de un link a otro, como si la mente se hubiera acostumbrado a un flujo constante de interrupciones. Esta dificultad para concentrarse y leer en profundidad no ocurre solo en el plano educativo. También impacta en la forma en que consumimos entretenimiento. Plataformas como Netflix aprovechan esa atención fragmentada: diseñan narrativas pensadas para el “maratón” de series y para mantenernos conectados el mayor tiempo posible. En este sentido, lo que Carr observa en la lectura se complementa con lo que vemos en el streaming: ambos escenarios moldean nuestros hábitos cognitivos y culturales bajo la lógica del consumo constante.

Netflix y el poder de los algoritmos

El debate sobre Netflix va más allá del entretenimiento. No solo difunde contenidos, también los produce y moldea lo que consumimos. Esto abre preguntas: ¿Qué intereses ideológicos o culturales hay detrás de las series que se nos recomiendan?

Al igual que la imprenta en su momento, las plataformas audiovisuales también modelan la forma en que pensamos el mundo. Carr recuerda: “Cada medio desarrolla un modo particular de prestar atención, y lo que imprimimos en nuestras mentes cuando nos sumergimos en él” (Superficiales, cap. 2). Las narrativas no son neutrales: construyen imaginarios, valores y hasta percepciones políticas.

Además, los algoritmos actúan como filtros invisibles. Analizan lo que vemos, cuánto tiempo pasamos frente a cada contenido y hasta en qué momento pausamos un capítulo. Con esos datos fabrican recomendaciones “personalizadas”, que en realidad buscan maximizar el tiempo de visionado y la permanencia dentro de la plataforma. Byung-Chul Han ayuda a pensar este punto: vivimos en una sociedad donde el rendimiento y la autoexplotación se naturalizan. Así, la maratón de series deja de ser ocio para convertirse en otra forma de productividad pasiva, en la que nuestros hábitos son capitalizados como datos.

En ese sentido, Netflix no es un simple portal de series, sino un actor cultural con capacidad de orientar discursos, fijar agendas y consolidar tendencias globales.

¿Y ahora qué hacemos?

Quizás la salida no esté en abandonar las pantallas, sino en recuperar el equilibrio. Leer en papel, entrenar la concentración y combinar lo digital con lo analógico. Creo que, aunque uno desee “salirse del sistema”, de todos modos lo alimentaríamos, porque el sistema se nutre de nuestra propia actividad y de nuestra autoexigencia. Byung-Chul Han nos ayuda a pensar este punto desde otra perspectiva. Vivimos en un sistema que no nos oprime desde afuera, sino que nos hace explotarnos a nosotros mismos en nombre de la productividad y la hiperconexión. Incluso cuando creemos “desconectarnos”, seguimos dentro del circuito: nuestros datos, hábitos y consumos siguen alimentando a las plataformas. Como señala Han, la sociedad actual no está dominada por prohibiciones, sino por un exceso de positividad: la necesidad de poder siempre más, de estar siempre disponibles, de no quedarnos afuera.

Entonces, la clave entonces no es escapar, sino usar la tecnología de manera consciente, para no perder lo que nos hace más humanos: la capacidad de leer, pensar y comprender con profundidad.

Para seguir profundizando

Si te interesa ampliar estas ideas, te comparto algunos artículos y lecturas recomendadas:

1-BBC Mundo – El cociente intelectual de los jóvenes comenzó a descender por primera vez en décadas

2-Xataka – “La fábrica de cretinos digitales”: ¿estamos creando la primera generación con menos coeficiente intelectual que sus padres?

3-Infobae – La crisis de una habilidad básica: cae la comprensión lectora de los adultos

4-Nicholas Carr – Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (2010)

5-Byung-Chul Han – La sociedad del cansancio (2012)

6-PanAm Post – Netflix y la batalla ideológica

7-La Mañana – La política según Netflix



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