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Somos un plástico moldeable al calor


En este artículo vamos a hacer una reflexión en base a citas que se encuentran en el libro “Superficiales” de Nicholas Carr. 

Por Augusto Pomponio Hotton.

Vamos a reflexionar sobre el tema que nos rodea en la actualidad: el internet y la tecnología, basándonos en citas del libro 'Superficiales' de Nicholas Carr.





Nuestro cerebro cambia

Este apartado es por el cual el título tiene ese nombre, somos plástico manipulable mediante calor. ¿Qué quiere decir esto?
Se me ocurrió poner este título como base de lo que vamos a hablar, la neuroplasticidad. Sabemos que el plástico cuando está caliente, puede ser manipulado o modificado de cualquier forma sin romperse.

Todo lo que hacemos como escribir o pensar, puede cambiar por nuestras experiencias y las herramientas que utilizamos, en este caso la computadora o internet. ¿De qué manera?

Nuestro cerebro no es fijo, cambia con el tiempo. Todo lo que vivimos, vemos, sentimos o escuchamos, todo esto moldea nuestras conexiones neuronales. El uso de la computadora o internet no es excepción. Cada vez que interactuamos mediante este dispositivo, ya sea para buscar algo o interactuar, nuestro cerebro reorganiza sus circuitos.

Un ejemplo que se lee en el libro, es la propia experiencia del autor. El mismo dice que perdió esa capacidad de lectura larga y profunda, ahora en un par de páginas, se pierde.

Después de tanto uso de internet, su cerebro cambió. Ahora le cuesta leer, tener paciencia, si es que no cambia de tema. ¿Y ahora, que paso? Claramente sus circuitos cambiaron, su forma actual, es estar en modo rápido y estimulado de la web.

Podemos decir que el internet, es el calor que ablanda nuestro cerebro y lo va moldeando en forma según cómo lo usemos.




Habilidades cambiantes

Después de tanto uso de internet ¿Ganamos habilidades?. Si, podemos decir que gana la habilidad de hacer multitareas con rapidez, que es a lo que se acostumbro, pero así como gano, tambien perdió, y es mucho mas importante la pérdida, que en este caso es la atención.

Muchas veces creemos que ganamos habilidades estando en internet. No voy a mentir, puede que sí. Pero no nos damos cuenta de lo que perdimos, como la atención, la memorización a largo plazo, paciencia, esto es algo a lo que no nos acostumbramos, ya que, al instante de una búsqueda tenemos mucha información. También la creatividad, ahora somos lentos en originalidad e imaginación, y por último la lectura profunda y crítica, se reduce nuestra reflexión y análisis crítico.

Usamos la tecnología pensando siempre que va a ser lo mejor, pero muy pocas veces nos ponemos a pensar qué consecuencias vamos a tener. Al principio no se nota, pero una vez acostumbrados, se vuelve parte de nuestra vida y pensamientos.



Estudios que afirman

En el libro hay una gran cantidad de estudios, pero observe tres que me parecen importante para este tema.

Uno de ellos es la gran cantidad de horas que utilizan los niños el internet en 2009. Chicos de 2 a 11 años hicieron crecer la estadística a un 60% más de lo que se usaba en 2004.

Esto es una señal de que el internet y la tecnología se fue metiendo desde la infancia y en su formación. Claramente es muy diferente el crecimiento de un chico sin dispositivos a uno que nació ya jugando con celulares. Más sabiendo que en la niñez, el cerebro es totalmente plástico, esto nos quiere decir que la manera en la que fue creciendo queda registrado con más fuerza en sus conexiones neuronales.

También tenemos a una profesora que nos afirma que no puede hacer que sus alumnos lean.

¿Por qué pasa esto? Eso porque se acostumbraron a la información rápida y fragmentada. Pueden ser rápidos desde un dispositivo para buscar datos, pero ahora, perdieron su paciencia y la capacidad de poder sostener una lectura larga y profunda. “Cuando el acceso [a la información] es fácil, tendemos a favorecer lo breve, lo lindo, lo deshilvanado.” (Carr, 2011, 61)

Por último, tenemos un estudio donde nos dice que en 2009 hubo un gran descenso en el servicio postal. Un gran cambio en nuestra comunicación, la tecnología transformó totalmente nuestra cotidianidad. Mandar una carta, era algo que tomaba tiempo.

De ejemplo pongo la película Green Book, donde hacer una carta era hacerlo a mano , elegir palabras justas y después esperar días de espera para una respuesta. Ahora con un simple mail, tenemos conexión con miles de personas al instante, todo instantáneo.

¿Perdimos algo o avanzamos? Perdimos. 

  • Algo de lo que sigo escribiendo es la pérdida de paciencia. Ya no es como antes que nos tomábamos un tiempo para recibir el correo, es más, ahora nos desesperamos por recibir una respuesta inmediata. 
  • También la profundidad y emoción que se tenía al escribir, ahora son todas palabras abreviadas o de una jerga no tan literaria como lo era antes. 
  • Recalcando nuevamente que también nuestro sentido crítico y lectura profunda, también la perdimos.





Conclusión

Para hacer esta reflexión no basta con opiniones personales, por eso utilizamos el libro, en el que hay una gran cantidad de estudios que respalda Carr, como los utilizados aquí, de Pascual Leones, Nielsen, Pines, entre otros autores importantes, donde muestran de forma concreta cómo cambia nuestro comportamiento y nuestras capacidades cognitivas. 

Elegí estas citas porque argumentan cómo la tecnología afecta diferentes aspectos, desde la niñez, educación, la comunicación y la neuroplasticidad, todas basadas por profesionales en las ramas de neurociencia y sociología. 

Para finalizar, tengo que decir que el libro Superficiales muestra con rigurosidad los estudios y cuestiones de la cual hablamos. Para negar los hechos que se muestran, tendrían que presentar estudios con la misma validez y refutando que internet no nos afecta en nuestra atención o experiencia de vida. En tal caso de haber estudios que contradigan, puede que sean de personas vinculadas en el negocio digital, queriendo minimizar los efectos, para conseguir sus propios beneficios.


Bibliografìa y citas:

Carr, N. (2011). Superficiales ¿Que esta haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

[46] Á. Pascual-Leone, A. Amendi, F. Fregni y L.B. Merabet, "The plastic Human Brain Cortex", Annual Review of Neuroscience, 28 (2005), pp 377-401.

"Nuestros cerebros están en constante cambio como respuesta a nuestras experiencias y nuestra conducta; reorganizan sus circuitos con cada entrada sensorial, acto motor, asociación, señal de recompensa, plan de acción o cambio de conciencia. La neuroplasticidad, afirma Pascual-Leone, es uno de los productos más importantes de la evolución, un rasgo que permite el sistema nervioso escapar a las restricciones de su propio genoma y adaptarse asi a presiones ambientales, cambios fisiológicos y cualesquiera otras experiencia".

[101] Maya Pines, "Sensing Change in the Environment", en Seeing, Hearing, and Snellinh in the World: A report from the Howard Hughes Medical institute, febrero de 1995.

"Cambia algo del entorno, necesitamos tenerlo en cuenta, porque puede significar peligro u oportunidad" 

[145] Nielsen Company, "Time Spent Online among Kids Increases 63 Percent in the Last Five Years, According to Nielsen", alerta mediática, 6 de julio de 2009.

"Los niños estadounidenses con edades entre los dos y los once años usaron la red más de once horas a la semana en 2009, un incremento de más del 60 por ciento respecto a 2004"

[154] Council for Research Excellence, "The video Consumer Mapping Study", 26 de marzo de 2009.

"Con frecuencia se utilizan dos o incluso tres de estos dispositivos simultáneamente" 

[163] Bridge Schulte, "So long, Snail Shells", The Washington Post, 25 de julio de 2009.

"El volumen de correo enviado a través del servicio postal de Estados Unidos registró en 2009 el mayor descenso jamas conocido"

[169] Tyler Cowen, Create Your Own Economy, Nueva York, Dutton, 2009, p 43.

"Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros"


Augusto Pomponio Hotton

 

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Un texto fundamentado, no una opinión



Algo que me llamó la atención al leer Superficiales es que Carr no escribe “desde la intuición” o desde una posición pesimista sin pruebas. Él construye su argumento sobre más de 400 estudios. Y eso hace una diferencia enorme. Muchas veces escuchamos frases como “los chicos de ahora son más rápidos porque crecieron con la tecnología” o “somos multitasking por naturaleza”, pero ¿dónde están los datos que lo demuestran? Lo que Carr hace es mostrar que no basta con repetir eslóganes optimistas: si queremos hablar en serio sobre Internet, necesitamos evidencia científica que explique lo que pasa con nuestro cerebro y con nuestra cultura.

Creo que ahí está la clave: no se trata de decir que la tecnología es mala o buena, sino de reconocer que sus efectos son reales, medibles y comprobables. Si queremos discutirle a Carr, no alcanza con entusiasmo o con frases motivacionales; necesitamos estudios que estén a la misma altura. Como futuros comunicadores, esta diferencia entre “opinión” y “argumento fundamentado” me parece esencial.

Merzenich y la plasticidad cerebral

En este punto, uno de los autores que Carr menciona y más llamó mi atención fue Michael Merzenich. Él demuestra algo que parece obvio pero que recién ahora comprendemos en toda su magnitud: el cerebro no es fijo, cambia constantemente con lo que hacemos. La llamada “plasticidad cerebral” significa que cada hábito que repetimos, cada práctica cotidiana, literalmente moldea nuestra mente.

Cuando Carr cita a Merzenich para hablar de Internet, lo que pone en evidencia es que no pasamos por la Red sin que ella nos pase por dentro. Navegar, escanear información, pasar de pestaña en pestaña: todo eso va reforzando circuitos neuronales específicos. El problema no es que Internet no entrene nada, sino que entrena demasiado ciertas capacidades (rapidez, respuesta inmediata, búsqueda superficial) y descuida otras (concentración, reflexión, memoria de largo plazo).

Personalmente, esta idea me incomodó porque me vi reflejada. Paso horas frente a la pantalla y me doy cuenta de que me cuesta más leer un texto largo sin distraerme. Merzenich me hizo entender que no es solo “falta de voluntad”, sino que mi cerebro ya se está cableando de otra forma. Eso me da un poco de miedo, pero también me ayuda a pensar en que todavía podemos equilibrar esos hábitos: darle un espacio a la lectura profunda, a la escritura larga, a la concentración.

La lectura fragmentada: Liu

Otro estudio que Carr trae, y que me pareció relevante, es el de Ziming Liu. Él observó cómo la gente lee en entornos digitales y descubrió que pasamos de la lectura lineal a una lectura fragmentada, casi en “F”: miramos títulos, saltamos párrafos, escaneamos más que nos detenemos.

Lo interesante es que no es que leamos menos, sino que leemos distinto. Estamos entrenados para cazar información rápido, pero no para quedarnos con ella, analizarla o relacionarla con otras ideas. Y cuando pienso en mi experiencia, me pasa exactamente eso: leo muchas cosas por día, pero hay días en lo que tengo tanta saturación que parece que nada me queda del todo. 

Ese estudio de Liu me ayudó a ponerle nombre a una sensación: la atención fragmentada no es solo una costumbre personal, es un fenómeno colectivo, estudiado y comprobado. Y, desde una postura de comunicadora, creo que tenemos que ser conscientes de esto, porque también influye en cómo producimos mensajes.

La pérdida de la lectura profunda: Wolf


Por último, Maryanne Wolf habla de algo importante: la pérdida de la lectura profunda. Wolf advierte que cuando leemos online estamos sacrificando la capacidad de concentración que nos permite entrar en un texto, reflexionar, empatizar con lo que el autor dice. En sus palabras, nos convertimos en “meros descodificadores de información”.

Esta preocupación se refleja también en los hábitos de lectura actuales. Una encuesta de Statista muestra que, en países como España, más del 70 % de los usuarios sigue prefiriendo el formato físico frente al digital. Esto sugiere que, aunque lo digital avanza, todavía existe una valoración fuerte de la lectura en papel, asociada a una experiencia más profunda y concentrada. Este contraste refuerza lo que advierte Wolf: la lectura en papel conserva un valor único, difícil de reemplazar por la experiencia digital.


Esto me hizo pensar en cómo disfruto cuando me siento a leer un libro en papel, sin interrupciones, y cómo ese tipo de experiencia se volvió rara en mi día a día. No es solo un problema de tiempo, es un problema de hábito y de entrenamiento del cerebro. Si no practicamos la lectura profunda, la vamos perdiendo.

Lo que me deja Wolf es una especie de alerta, pero también de motivación. No se trata de renunciar a lo digital, pero sí de cuidar esos espacios que nos permiten pensar de manera más lenta y más humana.


Reflexión final: entre la ciencia y la cultura digital

Lo que más valoro de leer a Carr, a través de estudios como los de Merzenich, Liu o Wolf, es que nos saca de la zona cómoda de las opiniones fáciles. Nos muestra, con evidencia, que Internet cambia nuestro cerebro, nuestra manera de leer y hasta nuestras capacidades cognitivas más profundas.

Esto también me hizo recordar un documental de la BBC que vi hace un tiempo, donde se analizaba si Internet realmente es un “gran nivelador” que abre oportunidades para todos, o si en realidad reproduce viejas formas de concentración y control. Esa tensión creo que es clave: no solo hablamos de cómo la Red impacta en nuestra atención, sino también de cómo unas pocas corporaciones (como Google, Facebook o Amazon) concentran buena parte del tráfico y de la información que consumimos.

Por eso, no alcanza con decir que “Internet es progreso” o que “los jóvenes son multitasking”. Son frases optimistas que suenan bien, pero que no tienen detrás la solidez de cientos de estudios científicos. Carr nos invita a mirar con más cuidado: Internet no es neutra, nos moldea por dentro y, al mismo tiempo, organiza el poder hacia afuera.

Como futura comunicadora, siento que el desafío es doble: por un lado, cuidar mis propios hábitos para no perder la concentración ni la lectura profunda; por otro, analizar críticamente este ecosistema digital que no siempre es el “gran nivelador” que promete. Solo con una mirada fundamentada podemos entender lo que realmente está en juego.


Para seguir leyendo:

Si este tema te despertó preguntas o curiosidad, hay una gran cantidad de materiales que permiten profundizar en lo que aquí apenas rozamos. La riqueza de Superficiales de Nicholas Carr no está solo en sus ideas, sino en la enorme base de estudios y referencias que las sostienen. Por eso, acercarse a las fuentes originales es una forma de dimensionar mejor el debate sobre cómo Internet cambia nuestra mente y nuestra cultura.

También resulta valioso complementar esas lecturas con autores y documentales que exploran los mismos problemas desde otros ángulos: la neurociencia, la educación, la filosofía y la historia de la web. De ese modo, cada uno puede seguir armando su propio mapa de referencias y lecturas críticas, lejos de las simplificaciones que suelen dominar el discurso público sobre lo digital.

Aquí dejo algunas sugerencias para quienes quieran seguir explorando:

1-Nicholas Carr, Superficiales:

Cap. 3, “Volviéndose Googly”: donde explica la plasticidad cerebral con base en los estudios de Michael Merzenich.

Cap. 6, sobre la lectura digital: cita a Ziming Liu y su investigación sobre el “patrón en F” en entornos académicos.

Cap. 4, sobre la lectura profunda: referencia a Maryanne Wolf y la pérdida de la concentración en la lectura extendida.

2-Michael Merzenich: investigaciones sobre neuroplasticidad.

3-Ziming Liu: “Digital Reading and the Fragmentation of Attention” (estudios sobre lectura digital en bibliotecas universitarias).

4-Maryanne Wolf, Proust y el calamar (sobre cómo la lectura transforma el cerebro y qué perdemos en la era digital).

5-Serie documental de la BBC: The Virtual Revolution (episodio 1, “The Great Levelling?): explora si Internet es un espacio de igualdad o una nueva forma de concentración de poder.

6- Statista. “Porcentaje de usuarios de libros en formato físico o electrónico en países seleccionados.” Statista España, gráfico nº 27286, accesado el 11 de septiembre de 2025. Disponible en: https://es.statista.com/grafico/27286/porcentaje-de-usuarios-de-libros-en-formato-fisico-o-electronico-en-paises-seleccionados/


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