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Internet y un cerebro que cambia

¿Qué cambia en nuestro cerebro cuando usamos Internet?

Internet forma parte de nuestra vida cotidiana y está presente en muchas de las actividades que realizamos: estudiamos, buscamos información, trabajamos, nos entretenemos y nos comunicamos a través de diferentes plataformas. En Superficiales, Nicholas Carr analiza cómo estas tecnologías pueden relacionarse con cambios en nuestros hábitos y en nuestra manera de procesar la información. Para comprender su planteo, resulta interesante detenerse en las investigaciones que utiliza como respaldo.

UN CEREBRO QUE SE ADAPTA A LO QUE HACEMOS

Uno de los conceptos que Carr recupera es la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y modificarse a partir de las experiencias. Para explicar este proceso, menciona investigaciones como las de Michael Merzenich, que mostraron que el cerebro puede reorganizarse a partir de la experiencia, y las de Eric Kandel, que permitieron observar cambios duraderos en las conexiones entre neuronas relacionados con el aprendizaje. Estos trabajos permiten comprender que el cerebro no permanece completamente igual a lo largo del tiempo, sino que puede experimentar modificaciones vinculadas con aquello que hacemos y aprendemos.

Esta idea permite trasladar la discusión al uso cotidiano de las tecnologías digitales. Si la experiencia participa en la adaptación del cerebro, los hábitos que desarrollamos alrededor de Internet también pueden convertirse en un aspecto interesante para estudiar. 

No significa que cada uso de una computadora o un teléfono produzca una modificación concreta ni que exista una relación automática entre tecnología y cambios cerebrales. 

Se trata, más bien, de reconocer que nuestras prácticas repetidas pueden ser relevantes cuando intentamos comprender cómo interactuamos con las herramientas digitales.


Además, no todas las actividades digitales exigen el mismo tipo de atención. Leer un texto extenso, mirar un video, responder mensajes o pasar rápidamente de una página a otra son experiencias diferentes. Cada una requiere distintos niveles de concentración y participación. Por eso, cuando se habla de los efectos de Internet, resulta importante no considerar el uso de la tecnología como una experiencia única. El tipo de contenido, el tiempo de exposición y la forma en que se utiliza también pueden ser variables relevantes para las investigaciones.

CUANDO LAS PANTALLAS AFECTAN EL DESCANSO

Un ejemplo que permite observar esta cuestión es la relación entre las pantallas y el sueño. Hale y Guan (2015) analizaron 67 estudios sobre el uso de pantallas y el descanso en niños y adolescentes. En la mayoría encontraron una relación entre un mayor uso de pantallas y dificultades como dormir menos o acostarse más tarde. Por su parte, Pagano, Bacaro y Crocetti (2023) también encontraron una relación entre el uso de medios digitales y dificultades relacionadas con el sueño en adolescentes, y señalaron que esta relación puede funcionar en ambas direcciones.

¿QUÉ NOS DICEN REALMENTE LAS INVESTIGACIONES?

Estos resultados son interesantes, pero también muestran la necesidad de interpretar las investigaciones con cuidado. Encontrar una relación entre dos fenómenos no significa necesariamente que uno sea la causa directa del otro. Por ejemplo, el uso de medios digitales podría relacionarse con dificultades para dormir, pero también podrían existir otros factores que influyan en ambos. Por eso, una investigación no debería reducirse solamente a su resultado principal: también es necesario considerar qué estudió, a quiénes incluyó y qué conclusiones permite realmente obtener.

UNA RELACIÓN QUE TODAVÍA SE SIGUE ESTUDIANDO

Lo mismo sucede cuando aparecen explicaciones diferentes sobre los efectos de Internet. Una investigación puede aportar evidencia que respalde determinada interpretación, mientras que nuevos estudios pueden encontrar resultados diferentes, complementarios o incluso contradictorios. Comparar estas investigaciones permite tener una mirada más completa sobre un fenómeno que todavía continúa siendo estudiado y evitar conclusiones demasiado generales a partir de un solo resultado.

Esta mirada también permite evitar una idea demasiado simple: que toda tecnología tiene necesariamente un efecto positivo o negativo. Una misma herramienta puede facilitar el acceso a información y, al mismo tiempo, generar distracciones dependiendo de cómo se utilice. Por eso, más que pensar en Internet como un elemento que modifica automáticamente nuestro cerebro, resulta más útil analizar las prácticas concretas que desarrollamos frente a las pantallas y los contextos en los que ocurren.

NO HAY UNA ÚNICA RESPUESTA

La neuroplasticidad, entonces, no permite afirmar que Internet sea bueno o malo para nuestro cerebro. Lo que aporta es una perspectiva para pensar cómo las experiencias y los hábitos pueden relacionarse con la adaptación cerebral. En el caso de las tecnologías digitales, esto abre un campo de investigación especialmente interesante porque se trata de herramientas que utilizamos de manera frecuente y durante períodos prolongados.

Más que buscar una respuesta única sobre si Internet transforma nuestra forma de pensar, resulta necesario observar qué muestran las investigaciones concretas sobre cada aspecto. La atención, la memoria, la lectura, el aprendizaje o el descanso pueden presentar relaciones diferentes con el uso de tecnologías. Analizar cada una de ellas a partir de evidencia permite evitar conclusiones generales y entender que la relación entre nuestro cerebro y el entorno digital es mucho más compleja.

En nuestro podcast profundizamos en uno de estos hábitos: el uso de Internet y las pantallas durante la noche y su relación con el descanso. Te invitamos a escucharlo, seguirnos y dejarnos un comentario. 

Escrito por  Claudia Sotomayor
actualizado 07/10/2026

Fuentes y referencias

Carr, Nicholas. Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.

Hale, Lauren & Guan, Stanford (2015). “Screen Time and Sleep among School-Aged Children and Adolescents: A Systematic Literature Review”. Sleep Medicine Reviews, 21, 50–58. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25193149/

Pagano, Maria; Bacaro, Valeria & Crocetti, Elisabetta (2023). “Using digital media or sleeping … that is the question”. A meta-analysis on digital media use and unhealthy sleep in adolescence. Computers in Human Behavior, 146, 107813. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563223001644




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¿SOMOS VULNERABLES POR EL INTERNET Y LA TECNOLOGÍA?



Por Augusto Pomponio Hotton.


En este artículo vamos a ver lo que generó la tecnología en nuestra sociedad actual. Puntos que vamos a tocar, son : Como la tecnología moldea nuestros pensamientos, ¿Es una Herramienta o droga digital? y como podemos frenar esta tormenta de dispositivos.

¿Todavía tenemos pensamientos propios?

Este primer punto es crucial en la actualidad, en el libro Superficiales lo deja en claro con la cita "Los efectos de la tecnología no se dan en el nivel de las opiniones o los conceptos... más bien alteran los patrones de percepción continuamente y sin resistencia" (Carr, 2011, 7). 




En un principio nos dice que la tecnología y el contenido que transmite tiene un gran efecto en la sociedad. No solo cambia nuestras opiniones o creencias, sino que altera lo que percibimos. Acá es donde ponemos de ejemplo la plataforma Netflix, que pasó de entretener a ser un difusor de ideologías, donde ellos deciden lo que van a contar y de que manera va a influir en nosotros, obviamente, tratando de moldear nuestras mentes, percepciones y realidades.

¿De que manera lo hacen? Todo lo que opinamos y pensamos alimenta al algoritmo, que después decide qué aparecer en nuestras pantallas. Así, trabajan las platafornas de streaming y las redes sociales, eligen que temas poner y cuales van a quedar afuera. De este modo nos orientan y limitan lo que vemos, moldeando nuestros pensamientos y percepciones. "El uso de cualquier herramienta puede influir en nuestros pensamientos y perspectivas" (Carr, 2011, 32).

Herramienta o droga digital

En la nota de la Cadena Ser, hay una introduccion al libro de Javier Albares, un neurofisiólogo, que denomina el exceso de tecnología como generación zombie. Estas son algunas consecuencias que nos traen los dispositivos, vivir distraidos sin interes de lo que nos rodea. Tambien afirma que el cociente intelectual disminuyó en el 2010 con la llegada de los telefonos inteligentes, en la nota de la BBC dicen que  "Los nativos digitales son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres".

Esto se dice, porque "los nativos digitales", que son aquellos chicos, niños o niñas que crecen rodeados de la actal tecnología, como pantallas, celulares, etc... En la publicación vemos que nos dicen que antes el CI (coeficiente intelectual) crecia de generación en generación, pero que en la actualidad, los nativos son los primeros en tener el CI bajo. Desmurget creador de "La fabrica de cretinos digitales" cuenta esto, pero, con datos duros y muy contundente de como los dispositivos afectan para mal, el desarrollo neuronal de los niños en su etapa de crecimiento.

El exceso de pantalla, nos cambia. En los más chicos hizo que interfirieran en el sueño, en lo emocional y lo más importante, el desarrollo cerebral. Carr, en la mayoría de debates, articulos y entrevistas nos dice que el internet nos impide pensar de manera profunda y calmada, que hoy con tal solo una notificación de un correo que nos llega perdemos información que reteníamos, después, que la tecnologia e internet limita nuestra concentración y que estropea nuestro intelecto.

Ponemos de ejemplo la pérdida de hábitos, en el primer capítulo "Hal y yo" de Superficiales, Carr nos dice que sentía como se rediseñaba su circuito neuronal. Explica que antes leia demasiado, pero con el tiempo, el internet hizo que su concentracion le cueste más o perdiera ese proceso mental. "Ahora mi concentración empieza a disiparse de una pagina o dos. Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar en otras cosas" (Carr, 2011, 8).

En consecuencia, el exceso de internet nos lleva a disminuir nuestro pensamiento crítico y debilitar nuestras habilidades cognitivas.




Una pausa segura

Este apartado lo dejamos para sentir confort de que lo digital no nos arruinará. 
Obviamente, necesitamos un freno a tanta tecnologia. Hoy en día los dispositivos actuales vienen con una app de binestar digital o las redes con una opción para limitar horas dentro de la app. A veces no somos concientes de que estamos tanto tiempo navegando y se nos va de las manos.

¿Que podemos hacer? Es claro que mantener el equilibrio, por eso tenemos que tomar medidas, entre estas son las pausas digitales, es decir, alejarse por completo de las pantallas, asi, podremos descansar. Después. la fomentación de lectura largas y profundas, tal como dice Carr, que fue perdiendo esta habilidad. Esto promueve demasiado nuestra concentración y la interacción social. "En los tranquilos espacios abiertos por la lectura prolongada, sin distracciones, de un libro, la gente hace sus propias asociaciones, saca sus propias inferencias y analogías, desarrolla sus propias ideas. Piensa profundamente porque lee profundamente" (Carr, 2011, 43)


En lugar de ser victimas de la droga digital, podemos ser usuarios conscientes que decidimos cómo y cuando darle espacio en nuestra vida. La tecnología no es el problema, sino como aprendemos a convivir con ella.


Bibliografía:






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