Mostrando entradas con la etiqueta google. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta google. Mostrar todas las entradas

La Celda de Cristal de YouTube




YouTube y la "censura algorítmica": caso realidad  y debate.

Diversos casos documentados muestran que YouTube no solo funciona como una plataforma de publicación de videos, sino también como un sistema activo de moderación que puede eliminar contenido, suspender canales o limitar su alcance. Estas decisiones se justifican como parte de sus políticas de seguridad, pero generan un debate sobre sus efectos en la circulación de la información.

Según el propio Google Transparency Report, la plataforma elimina millones de canales y videos por violaciones a sus normas. Durante el periodo de enero a marzo de 2026, la plataforma eliminó un total de 2,183,919 canales y 69,271,993 videos como consecuencia directa del cierre de esas cuentas.

Como se detalla en la imagen, el reporte oficial registra que la "Cantidad total de canales que eliminaron" alcanzó exactamente los 2,183,919.

Para visualizar la proporción de estas sanciones, el siguiente gráfico muestra la distribución exacta de los motivos de cierre:



Al desglosar los datos del gráfico, las eliminaciones se justifican bajo motivos específicos de incumplimiento. Las categorías exactas que registran el reporte son:
  • Spam, prácticas engañosas y estafas: Representan la sanción principal. Exactamente 1,651,995 canales fueron eliminados por este motivo, lo que equivale al 75.6% del total en ese trimestre.
  • Información errónea: Resultó en la eliminación de 153,808 canales. Esto representa el 7.0% del total de las sanciones.
  • Seguridad infantil: Causó la baja de 136,439 canales. Esta cifra equivale al 6.2% del volumen de eliminaciones.
  • Imágenes sexuales o de desnudos: Llevó a la supresión de 105,324 canales. Esto corresponde al 4.8% de los cierres definitivos.
Este sistema opera tanto con inteligencia artificial como una revisión humana, y la eliminación de canales completos es una medida de aplicación masiva.


Casos de alto impacto: política y desinformación

Uno de los ejemplos específicos es la restricción de canales vinculados a medios estatales rusos. La propia cadena RT ha reportado y documentado los bloqueos y las suspensiones "strikes" aplicados por YouTube contra sus trasmisiones. La plataforma justificó estas acciones como parte de sus medidas contra la desinformación en el contexto del conflicto en Ucrania, lo que genera un debate sobre el alcance de la moderación en contenidos políticos.

Otro caso documentado es el de redes de canales eliminados por campañas coordinadas de influencia política. YouTube ha informado públicamente la desarticulación de miles de canales vinculados a operaciones de desinformación en distintos países.

👉 Fuente sobre los bloqueos a RT: RT – YouTube blocks and strikes

Moderación, IA y las decisiones automáticas

YouTube sostiene que combina sistemas automáticos y equipos humanos para moderar contenido. Sin embargo, cuando se aplican  sanciones definitivas como el cierre de cuentas, el impacto en la disponibilidad de la información es masivo. Un canal se cierra de forma definitiva si acumula tres advertencias por incumplimiento de las normas comunitarias en 90 días, ante un único caso de abuso grave (como conductas predatorias) o si se determina que está dedicado exclusivamente a infringir los lineamientos (como las cuentas spam).

👉 Política oficial de moderación: YouTube Help – Content moderation systems


El debate: ¿moderación o censura?

Estos casos muestran que Youtube no actúa como una plataforma sin intervención, sino como un sistema que define qué contenidos pueden publicarse y cuáles no. Aunque la plataforma no se presenta como una entidad de censura, sus mecanismos de moderación pueden generar efectos similares a la censura tradicional en términos de reducción de visibilidad y alcance.

Lo que opera es un modelo de gestión algorítmica del contenido, donde reglas, sistemas automáticos y decisiones humanas determinan qué información llega a los usuarios y cuál queda restringida.

Conclusión

YouTube continúa siendo una de las plataformas de mayor uso en internet. Sin embargo, los casos de eliminación de canales, la moderación automatizada y la intervención  sobre contenidos políticos y de salud muestran que la disponibilidad de información no depende solo de los usuarios, sino también de decisiones técnicas y políticas internas de la plataforma.

Este escenario abre un debate en la actualidad: ¿Estamos frente a simples políticas de moderación o ante nuevas formas de control de la visibilidad informativa?

🎧  Podcast Punto Ciego El algoritmo tiene una regla clara: la facturación supera a la veracidad. En el nuevo episodio detallo cómo YouTube cobra por promocionar fraudes con la imagen de MrBeast y Elon Musk, mientras desmonetiza las investigaciones sobre fondos de inversión como BlackRock y Vanguard. Disponible en el canal.

Compartir:  

Libertad entre algoritmos ¿Es posible?

A primera vista, los ciudadanos somos cada vez más vulnerables al control del Estado, pero también al control que hacen las grandes corporaciones tecnológicas que moldean lo que vemos y pensamos. Internet nació con la promesa de democratizar la información, pero hoy parece más un espejo manipulado que un espacio libre.


En teoría, todos tenemos voz en la red; en la práctica, son los algoritmos de Google, Meta, Amazon o Apple los que deciden qué voz se escucha. Estas empresas no solo concentran poder económico, sino también simbólico: administran la circulación del conocimiento, el entretenimiento y hasta las emociones colectivas. 

En este sentido, la web se está transformando en algo que no deseamos, pero que usamos todos los días sin darnos cuenta.

Un ejemplo reciente es el caso de Google, sancionado por la Unión Europea en 2024 con una multa récord de más de 2 mil millones de euros por abuso de posición dominante en su sistema de publicidad digital (RTVE). La Comisión Europea argumentó que Google favorecía sus propios servicios frente a los de la competencia, afectando directamente a los medios independientes. 

Algo similar ocurrió con Apple, que recibió una multa levemente menor por limitar la competencia en las plataformas de música en línea, como informó El País (2024).

Incluso Amazon, que comenzó como una simple tienda en línea, hoy controla una infraestructura global de almacenamiento y servidores (AWS) que aloja gran parte de Internet. Y Microsoft, con la incorporación de inteligencia artificial generativa a sus productos, como es el caso de Teams, busca una nueva forma de dependencia tecnológica en la que los usuarios cedemos datos, tiempo y atención.

Frente a esto cabe preguntarse: ¿Internet democratizó algo o solo trasladó el poder a nuevos actores? A mi parecer, la red amplió ciertas voces, pero al costo de concentrar la infraestructura y los datos en manos de unos pocos. 

Vivimos un fenómeno de concentración sin precedentes: los llamados “Cinco Grandes” (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) trascienden fronteras, desafían leyes nacionales y actúan como Estados dentro del Estado.

Entonces, ¿Quién está transformando Internet en lo que deseamos o no deseamos? 

En parte nosotros, con nuestras búsquedas, clics y elecciones diarias; pero sobre todo, quienes diseñan los algoritmos que deciden qué creemos desear. Lo más inquietante no es que nos controlen, sino que ese control se disfraza de libertad.

Por Carolina Castro Entenza

Compartir:  

¿Cuanto valen tus datos?

La cara oculta de lo “gratis”

Escrito por Agustina Iturbe



Vivimos en una era donde el Internet parece un recurso inagotable y gratuito. Cada click y cada acción, podemos hacerlo todo sin pagar un peso. Pero, ¿alguna vez te preguntaste cómo es posible que estos servicios, con millones de usuarios y servidores, sean gratuitos?

La realidad es que nada en Internet es realmente gratis. Si no pagamos con dinero, pagamos con algo más importante: nuestros datos personales.

Vigilancia digital

Empresas como Google, Facebook o Amazon entendieron algo clave con lo que podrían masificarse aún más, la información que brindaban los usuarios era más valiosa que los servicios mismos. Cuanto más saben sobre nosotros, más podían predecir qué queríamos ver, comprar o hacer. 

Así nació el modelo de vigilancia digital, un sistema que recopila cada dato que dejamos en la web, desde lo que buscamos hasta el tiempo que pasamos mirando una publicación, todo para poder alimentar algoritmos que aprenden a conocernos mejor que nosotros mismos.

Cookies: pequeñas pero poderosas

Cada vez que ingresás a una página web y aparece el cartel de “aceptar cookies”, estás frente a una de las herramientas más utilizadas para rastrear la actividad online. Estas, con un nombre tan “tierno” son pequeños archivos que los sitios guardan en tu dispositivo para almacenar tu información: qué idioma elegiste, qué agregaste al carrito o si ya iniciaste sesión. Pero el problema surge cuando las cookies pertenecen a terceros, creadas por empresas externas (como Google, Meta, etc.) que siguen tus movimientos entre diferentes sitios web. Por ejemplo, si buscás “zapatillas” en una tienda, después empezás a ver publicidades de diferentes zapatillas en Instagram o YouTube. Esto no es casualidad, sino que es el resultado de las cookies que comparten tu información con otras redes publicitarias.


Con el tiempo, estas cookies permiten construir un perfil muy detallado sobre vos, con datos como tu edad estimada, ubicación, hábitos de consumo y horarios de navegación. Y, aunque se presentan como una forma de “mejorar tu experiencia”, en realidad sirven para que las empresas vendan esos datos y ganen en base a emplear tu atención como bien.

Es por esto que varios países (especialmente en la Unión Europea) exigen que los sitios web informen y pidan consentimiento para usar cookies, aunque en la práctica la mayoría de los usuarios simplemente presiona “Aceptar” sin leer nada.

Entender esto es clave: no son solo archivos técnicos, sino que son el puente entre tus hábitos y el negocio de la publicidad digital.

 Lo “gratis” que no es tan gratis

Cuando una app o red social dice ser “gratuita”, lo que en realidad significa es que el negocio no está en cobrarte, sino en observarte.

Como explica Carissa Véliz, profesora de ética digital en la Universidad de Oxford, “cada clic que das deja un rastro de quién sos, y ese rastro se convierte en una herramienta de poder”.


Véliz sostiene que la privacidad no es solo un derecho individual, sino una condición para la libertad colectiva. Cuando las empresas controlan la información sobre nuestros gustos, miedos y deseos, también pueden influir en nuestras decisiones, desde qué compramos hasta qué pensamos.

Como conectarse con conciencia

Aunque parezca que estamos completamente expuestos, hay formas reales de reducir la cantidad de datos que entregamos y recuperar algo de control sobre nuestra vida digital. No se trata de desconectarse del mundo, sino de usar Internet con más conciencia.

Te recomiendo algunos pasos a seguir, simples pero efectivos:

-Revisar los permisos de las apps: Muchas piden acceso a funciones que no necesitan. Si una linterna te pide tu ubicación o tus contactos, es una señal de que algo está mal. Podés desactivar esos permisos desde la configuración del teléfono.

-Usar navegadores y buscadores privados: Como Firefox, Brave o DuckDuckGo, que evitan el rastreo constante y no almacenan tus búsquedas.

-Bloquear cookies y rastreadores: Existen extensiones como uBlock Origin, Privacy Badger o Ghostery que podrían ayudar a limitar la publicidad invasiva.

- Algo muy importante también es pensar antes de compartir todo lo que publicamos, ya que puede ser recolectado, almacenado y analizado tanto por aquellos usuarios dentro de las apps como quienes las rigen.

Y, sobre todo, cuestionar lo gratuito. Preguntarnos siempre: ¿Por qué esta app/servicio es gratis? ¿Qué gano y qué pierdo usándola? En la mayoría de los casos, la respuesta es clara: la empresa gana información; vos ganás comodidad… pero perdés tu privacidad.

Cuidar lo digital también es cuidarnos

Internet cambió nuestra forma de comunicarnos, aprender y trabajar. Pero también cambió la forma en que las empresas nos observan. El desafío no es no utilizar la tecnología, sino que no nos utilice a nosotros y que no nos importe. Cada acción cuenta, elegir qué compartimos, qué permisos damos, qué apps usamos; porque en la era de la información, la privacidad se volvió un derecho que está casi perdido.

La verdadera revolución digital no será desconectarse, sino reapropiarnos de nuestra conexión.


¿Querés seguir explorando estos temas?

Escuchá Charlando Online, el podcast donde pensamos juntos cómo la tecnología transforma nuestra vida cotidiana.





Compartir:  

La trampa de los servicios digitales

Por Shaiel A. Acosta


Desde que la Red se comercializó, la privacidad ha quedado cada vez más expuesta. Y si utilizás principalmente los servicios de Google, podés dar por hecho que lo saben todo. Como advirtió Eric Schmidt, ex CEO de la empresa: "Sabemos dónde estás. Sabemos dónde has estado. Podemos saber más o menos en qué estás pensando". 

¿Cuál es el precio de lo gratuito? 

Detrás de los buscadores, redes sociales, servicios de mensajería y apps gratuitas que se utilizan a diario se esconde un perverso modelo de negocio que comercializa los datos personales. En su libro Privacidad es poder, Carissa Véliz denuncia la llamada economía de datos: un sistema que prospera y se enriquece gracias a la explotación sistemática de la información personal, y que no respeta ni la privacidad ni los derechos humanos.

Muchas veces sin tu permiso y otras sin que lo notes, las empresas tecnológicas rastrean tu ubicación, recopilan tu información, tus gustos, tus hábitos y los comparten entre ellas. Intercambian esa información, la venden, y con ella venden algo más peligroso como el poder de influenciarte. Tu consentimiento no siempre importa. Lo hacen igual. 

Esos datos son utilizados para crear sistemas de publicidad cada vez más personalizados. ¿Te suena? Hablás de algo con alguien y, mágicamente, aparece en tu feed convertido en anuncio. Es un fenómeno que generó especulación y debate en los últimos años. Pero no es magia: son tus datos trabajando en tu contra. 

Cada vez que navegás dejás un rastro digital de tu actividad. Desde que revisás el teléfono por la mañana, ya estás compartiendo datos. Incluso antes de apagar la alarma, múltiples empresas ya saben a qué hora te despertaste, dónde dormiste y, posiblemente, con quién. Tal como afirma Amnistía Internacional, las personas están siendo rastreadas constantemente, en un fenómeno descrito como "vigilancia omnipresente".

Cuando el producto sos vos

Bajo el pretexto del marketing y la mejora de la experiencia, te observan y comercializan. Se adentran en tu mente para moldear tus deseos, incluso antes de que seas consciente. Detrás de esa manipulación están gigantes como Meta (Facebook, WhatsApp, Instagram) y Alphabet (Google y Android), cuyo negocio principal es la publicidad personalizada. 

Este modelo impulsado por algoritmos que, clasifican, filtran y priorizan contenidos según el perfil del usuario, ha dado lugar a una realidad desigual. Cada persona ve una realidad distinta, adaptada a su historial de navegación, emociones, ubicación, ideología o nivel socioeconómico. Ya no hay un "espacio común" de información.  

No está diseñado para informarte, sino para retenerte. En definitiva, estos sitios están diseñados para ser adictivos. Cada segundo que pasás mirando, deslizando o interactuando produce datos. Y cuanto más predecible es tu comportamiento, mayor es tu valor para el sistema. La paradoja es clara: cuanto más vulnerables, más útiles. Por si fuera poco, la economía de datos no solo explota tu privacidad, sino también tu fragilidad.

Las grandes plataformas no se limitan a mostrar anuncios. Te ofrecen una versión del mundo hecha a tu medida, moldeada por miedos, deseos e inseguridades. Construyen una esfera personalizada que reafirma tus pensamientos y bloquea puntos de vista distintos. En lugar de promover un diálogo público, te aíslan en millones de conversaciones fragmentadas, privadas y cuidadosamente diseñadas para manipular tu atención. 

Behavioral Targeting en la era de Google

Google supo capitalizar la curiosidad, transformándola en una poderosa fuente de ingresos. Aprendió a monetizar la Red como pocos, convirtiendo a los usuarios en el verdadero producto. Lo que comenzó como un simple buscador gratuito y accesible terminó convirtiéndose en una operación lucrativa. Y no se limita solo a las búsquedas: cada vídeo reproducido en YouTube forma parte de la misma modalidad. 

En lugar, de cobrar una tarifa por sus productos o servicios, esta compañía exige a los usuarios que entreguen su información personal para acceder a sus plataformas. Ganan dinero a través del Behavioral Targeting: una técnica de marketing utilizada para aumentar la efectividad de la publicidad utilizando la información del comportamiento del usuario al utilizar su navegador web. 

Tiene un poder magnífico sobre la vida digital de las personas, al dominar los principales canales que la mayoría utiliza para acceder y navegar por Internet. De hecho, recientemente se advirtió que Google planea permitir que su inteligencia artificial (Gemini) lea automáticamente los correos de Gmail, a menos que el usuario desactive esa función. ¿Hasta qué punto entregaremos nuestra privacidad sin cuestionarlo?

Es muy probable que en todos tus dispositivos inteligentes haya una o varias aplicaciones que pertenecen a Google. Solo piensa en Chrome, YouTube, Google Maps, Google Fotos, y la lista sigue; ellos forman parte de la rutina diaria. Esto evidencia cómo se ha convertido en una presencia constante y en cierto punto, inevitable en nuestra vida digital. 

Impacto político y social 

Estos sistemas, que se valen de datos masivos y algoritmos para mostrar a cada usuario información adaptada a sus intereses y creencias, pueden tener un impacto sobre la democracia. El uso de contenido personalizado por parte de los gobiernos dificulta la construcción de consensos y la formación de opiniones fundamentadas, especialmente en períodos electorales. Esto pone en riesgo los principios básicos de la democracia, al privilegiar la manipulación y control por encima de la trasparencia.

La privacidad está estrechamente relacionada con la autonomía, que es la capacidad de construir y expresar la identidad libremente, sin ser vigilados o manipulados indebidamente por terceros. No obstante, el rol preponderante de los gigantes de la vigilancia puede influir, moldear y modificar pensamientos y opiniones, afectando la capacidad de tomar decisiones autónomas. 

El ex estratega de Google, James Williams, se refiere a este fenómeno como la "industria de la persuasión". Señala como las tecnológicas están diseñadas no solo para captar la atención, sino para influir activamente en decisiones, comportamientos y creencias. En última instancia, lo que está en juego es la libertad y la capacidad de decidir por uno. 

Sin duda, esto representa un riesgo grave para derechos fundamentales como la libertad de expresión, de conciencia y de opinión. Las consecuencias de esta vigilancia masiva son imprevisibles. Una vez que los datos personales están en la Red, eliminarlos resulta casi imposible. Permanecerán disponibles en línea indefinidamente, y pueden volverse en contra de los usuarios años más tarde. 

Conclusión

En la era digital, la privacidad se ha convertido en una ilusión cuidadosamente disfrazada de conveniencia. Bajo la promesa de servicios gratuitos, las grandes corporaciones tecnológicas han construido un sistema que comercia con nuestros datos, moldea nuestras decisiones y condiciona nuestras libertades más básicas. 

Como usuarios, participamos a diario en este modelo sin plena conciencia de su alcance, entregando fragmentos de nuestra identidad a plataformas cuyo verdadero interés no es informarnos, sino predecirnos y persuadirnos. Somos como sonámbulos vigilados: entregamos datos de forma constante, sin saber con certeza qué se está recolectando, quién lo posee ni quién podría acceder a esa información en el futuro.

Lo más alarmante no es solo el nivel de vigilancia, sino la naturalización de ese control. La manipulación algorítmica no solo afecta nuestro consumo digital, sino también nuestra autonomía, nuestras creencias y hasta nuestras decisiones políticas. 

Esta realidad plantea preguntas urgentes sobre el poder que estas empresas tienen, los límites de su uso, y el costo real que pagamos en términos de autonomía y libertad por acceder a servicios "gratuitos". ¿Qué información entregamos realmente? ¿Y qué poder estamos cediendo? Si no recuperamos el control sobre nuestros datos personales, y no exigimos trasparencia y regulaciones firmes, el riesgo no es solo perder la privacidad: es comprometer nuestra libertad. 

Aprende más sobre el costo de lo gratuito en el último episodio de mi podcast Abramos el Tema.🎧 Escúchalo ahora 

Bibliografía

Amnistía Internacional. (2019, noviembre 21). Gigantes de la vigilancia: La amenaza que el modelo de negocios de Google y Facebook representa para los derechos humanos. https://www.amnesty.org/es/documents/pol30/1404/2019/es/ 

Tuta. (2025, 2 de mayo). Todo lo que Google sabe sobre ti y cómo impedirlo. https://tuta.com/es/blog/what-does-google-know-about-me 

Canal ADN Opinión. (2021, febrero 2). Privacy is power. [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=DEAaBxky2uc 

Canal Coconiloc. (2011, agosto 13). Revolución virtual 3 - El precio de lo gratuito.[Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=doKVlMysX6M 





Compartir:  

Conectadxs

 

   Bienvenidos a este quinto episodio de ConectadXs tu presencia en redes sociales 



¿Querés saber cómo usar Google calendar y sacarle el mayor provecho para tu negocio? 


Google calendar es una herramienta de la suite de Google, pero no es un calendario común. A través de este se puede gestionar el tiempo de una forma interactiva y dinámica.





 La plataforma es bastante sencilla e intuitiva, podrás gestionar tus calendarios de eventos, reuniones, citas, y hasta tus proyectos y tareas. ¡NO LE TENGAS MIEDO!



Compartir:  

El articulo 13: Internet cambia para siempre

La Unión Europea aprobó algunos cambios para la utilización de Internet vinculados a los derechos de autor. Todo parece indicar que como usuarios, ya no podremos encontrar rápidamente desde el buscador toda la información que precisemos. ¿A qué se debe semejante cambio? A que los periódicos, portales digitales de noticias y diarios, aplicarán medidas de protección que posibilitarán la negativa al suministro automático y gratuito de información a los grandes jugadores del mercado. ¿Esto significará un cambio en nuestra relación con Internet?



Consideremos los siguientes datos: dos artículos en particular de la norma: El artículo 11, que afecta directamente a buscadores como Google, establece que no deben aparecer menciones de artículos periodísticos sin que previamente se pague al medio el valor que corresponda. Esto cambia la forma en que consumimos y buscamos las noticias.

El articulo 13 cambia radicalmente el grado de responsabilidad que se asignaba a quienes subían contenidos a la red. Partiendo del copyright,  lo que se determina es obligar a los sitios que suban contenido, a analizarlo, verificar que no viole derechos de autor, porque de ser así, una eventual multa no recaería sobre la persona que publicó dicho contenido posiblemente catalogado como "incorrecto" o “inadecuado” sino, sobre el medio en cuestión.



Aunque esta normativa se aplica en los países miembros de la Unión Europea, afectaría el funcionamiento de Internet a nivel global.Esta serie de medidas podría representar en un futuro cercano un perjuicio o la generación de diversas problemáticas para usuarios de EEUU y América Latina. De este modo, podrían desprenderse varias preguntas:
¿Si subo un meme de una película tendré que pagar derechos de autor?. No, el contenido humorístico o caricaturesco no se ve afectado. ¿Alguna plataforma se ve especialmente afectada?. Youtube o Twitch amenazaron con no volver a retransmitir en Europa, Google también anunció que retiraría su sección de noticias.

Por lo tanto, si bien no vivenciamos plenamente aún las consecuencias de la aplicación de estos cambios, consideremos de importancia mantenernos informados para no vernos perjudicados, ya sea como productores de contenidos o como usuarios plenos.



Compartir:  

La privacidad dejó de ser privada


Tanto Internet como las nuevas tecnologías han avanzado de manera exponencial durante los últimos años, y el avance es tal que hoy en día podemos conectarnos y compartir nuestros intereses a través de las redes sociales en todo momento y lugar. Pero ¿alguna vez te detuviste a pensar que el estar conectado todo el tiempo es algo que se te impone? ¿pensaste en los riesgos que esto trae?

Un 42% de internautas no lee la política de protección de datos, según el Eurobarómetro sobre conductas de los internautas en materia de privacidad, de junio de 2011

Cuando compramos un Smartphone y lo vamos a encender por primera vez tenemos que configurarlo para poder utilizarlo correctamente. La mayoría de los dispositivos actuales tienen sistema operativo Android, al configurar el sistema nos pide que vincular el dispositivo a una cuenta de Google para mejorar nuestra experiencia como usuarios y nos obliga a aceptar sus políticas, de no hacerlo no podremos utilizar las aplicaciones del teléfono.
...


Lo cierto es que al descargar aplicaciones o vincularse con diferentes redes los usuarios aceptan las políticas de privacidad sin antes haberlas leido, en ellas se informa sobre los datos que se van a utilizar para el funcionamiento de la app y a quién y para qué son destinados. Suena agradable tener un Smartphone y poder descargar aplicaciones gratuitas, pero detrás de toda gratuidad hay un costo ¿cual es? pues el tráfico de nuestros datos personales, al descargarnos estas aplicaciones le estamos abriendo las puertas a grandes companías que utilizan nuestros datos cuyo negocio es mostrarnos anuncios publicitarios. No es casualidad que hayamos buscado en Google información sobre por ejemplo celulares LG y que luego en Facebook veamos anuncios de celulares constantemente.
...
Compartir:  

Contra la piratería. Parte I

GOOGLE VS LA PIRATERÍA
por Vanina Arroyo


Google es el buscador más importante y consultado de toda la web. Allí podemos encontrar links a diferentes páginas web de acuerdo a lo que nosotros estemos buscando. Es por ello que se volvió tan común el término "googlear" cómo sinónimo de buscar. Una de las grandes quejas que recibió a lo largo de los años fue "la no protección al derecho de autor".

Si bien no se trata de una página en la cual se suban contenidos "piratas" en su motor de búsqueda se anclan diferentes sitios web de diferente procedencias y con variados contenidos. Como por ejemplo páginas con canciones para descargar, películas on-line, libros con libre circulación. 

Frente a esta discusión y con las leyes SOPA y PIPA en pleno debate, la empresa decidió  a medidado de 2012 bajarle el pulgar a aquellas páginas que contengan productos ilegales o no autorizadas. La medida que se tomó, si bien no puede eliminarlas del motor de búsqueda, es alojarlas lo más alejadas posibles de los primeros puestos del ranking. 

En el siguiente informe veremos de qué se trata esta medida, quiénes son los afectados y porqué esta medida se tomó recién ahora. Si te interesa ahondar más profundamente sobre las leyes de protección de derecho de autor, mira el informe "Contra la piratería. Parte II"

Periodismo Digital. Guillermo E. López.
Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.
Compartir: