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Algoritmos, experimentos y cibervigilancia: ¿Elegimos libremente lo que pensamos en la red?

 

La idea de que Internet es un territorio neutro, democrático y de libre expresión se ha derrumbado. Detrás de las pantallas que consultamos mecánicamente decenas de veces al día, opera una compleja arquitectura de manipulación algorítmica, desinformación industrializada y vigilancia masiva que moldea activamente la percepción pública, las emociones colectivas y el debate democrático a escala global.

Nuestra percepción de la realidad, nuestras decisiones políticas y nuestras emociones están siendo moldeadas por corporaciones privadas y agencias estatales. A través de experimentos psicológicos no consentidos, el encierro en burbujas de filtro y la contratación de ciberarmas de propaganda, la libertad de elección en la red revela su verdadera naturaleza: una cuidada ilusión construida sobre la atención del usuario.

La desinformación como industria a escala global

La difusión de noticias falsas y discursos polarizantes dejó de ser un fenómeno espontáneo de usuarios individuales. Hoy en día se trata de una estrategia política y comercial hiperprofesionalizada.

Un informe exhaustivo elaborado por el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford (OII) reveló que las campañas organizadas de manipulación en redes sociales están presentes en al menos 81 países, lo que representa un aumento sostenido de la desinformación producida a escala industrial.

Los hallazgos principales de la investigación confirman la gravedad del problema:

  • Estrategia sistemática: En el 93 % de los países analizados (76 de 81), los gobiernos y partidos políticos utilizan la propaganda computacional como una herramienta habitual de comunicación política.

  • Privatización de la propaganda: Se identificaron agencias estatales trabajando junto a empresas privadas de "comunicación estratégica" en 48 países, ofreciendo servicios de desinformación, acoso y difamación por encargo.

  • Inversión millonaria en ciberarmas: Se han destinado casi 60 millones de dólares al financiamiento de empresas que operan bots, cuentas pirateadas y sistemas de amplificación para falsificar tendencias y simular falsos consensos populares.

  • Ataque a la oposición y activistas: En 59 países se detectó el uso de troles patrocinados por los Estados para silenciar el periodismo independiente, hostigar activistas y erosionar la confianza democrática.

Esta "producción de consenso" artificial demuestra que la conversación pública no es orgánica, sino el resultado de ejércitos de software programados para moldear el debate a favor de intereses concentrados.

Los usuarios como cobayos: Manipulación emocional y burbujas

Las plataformas no se limitan a distribuir información; intervienen activamente en el estado de ánimo de las personas.

Un caso paradigmático analizado por la investigadora Marian Moya en la Revista Anfibia sacó a la luz el experimento secreto realizado por Facebook sobre 689.003 usuarios sin su consentimiento. La plataforma manipuló el algoritmo de la sección "Noticias" para alterar la cantidad de contenidos positivos o negativos que veían las personas, demostrando que es posible provocar un "contagio emocional" masivo mediante la simple selección algorítmica.

Esta manipulación se complementa con el concepto de "Filtro de Burbuja", acuñado por Eli Pariser. Los algoritmos de recomendación están diseñados para maximizar el tiempo de permanencia en pantalla, alimentando a los usuarios únicamente con contenidos que confirman sus sesgos previos o despiertan indignación. Como la rabia genera más clics e interacciones que el análisis pausado, la infraestructura digital premia la radicalización y penaliza el pensamiento crítico.

El cerebro hipertextual y la pérdida de la atención profunda

Esta sobreestimulación algorítmica tiene consecuencias directas sobre nuestra neurobiología. En su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, el ensayista Nicholas Carr advierte que la navegación digital constante reconfigura la neuroplasticidad del cerebro.

Al exponernos a ráfagas ininterrumpidas de información, notificaciones y textos fragmentados, la red nos adiestra para la evaluación rápida y la distracción permanente, erosionando de manera progresiva nuestra capacidad de concentración, lectura profunda y memoria a largo plazo.

Como sostenía Marshall McLuhan, "el medio es el mensaje": la tecnología no es un instrumento neutro, sino un entorno que transforma la estructura de nuestro pensamiento y anestesia el juicio crítico sin que lo notemos.



Vigilancia masiva y la ilusión del espacio libre

A la manipulación corporativa se le suma el despliegue del cibercontrol estatal. Informes de la Asamblea General de las Naciones Unidas han alertado que la facilidad tecnológica actual permite a los gobiernos monitorear el tráfico web, intervenir llamadas y rastrear datos de localización de ciudadanos comunes.

A través de leyes amparadas en la "seguridad nacional" o la "lucha contra el crimen", países en Europa, América Latina y Asia han instaurado marcos de vigilancia extraterritorial y retención de datos que violan el derecho fundamental a la privacidad.

Casos de espionaje masivo y la intervención del denominado "Club de los Cinco" (las grandes corporaciones tecnológicas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) confirman que la red se ha consolidado como un espacio de poder asimétrico. Las decisiones sobre qué se ve, qué se silencia y qué se censura quedan reducidas al criterio arbitrario de un puñado de directivos y agencias gubernamentales, tal como evidenciaron las idas y vueltas de las políticas de censura en plataformas como Twitter.

Hacia una resistencia digital crítica

Frente a un ecosistema diseñado para la manipulación, la pasividad del usuario deja de ser una opción. Comprender la arquitectura digital es el primer paso para desnaturalizarla. Para no ser piezas pasivas del engranaje algorítmico, resulta indispensable adoptar una postura activa: - Cuestionar la inmediatez: Ejercitar la pausa analítica antes de compartir contenidos que apelen directamente a la indignación o la emoción visceral. - Diversificar la dieta informativa: Forzar la salida de la burbuja algorítmica buscando activamente fuentes primarias, medios independientes e investigaciones con respaldo metodológico. - Exigir transparencia algorítmica: Reclamar marcos regulatorios que impidan la experimentación social con usuarios y garanticen la auditoría pública del código de las grandes plataformas.

Navegar por Internet exige dejar de asumir la tecnología como un entorno dado e inofensivo. Solo mediante el desarrollo de un pensamiento crítico y consciente podremos recuperar la soberanía sobre nuestras mentes y nuestras decisiones en el mundo digital. 🎧 ¿Preferís escuchar o ver este análisis mientras viajás o hacés otra cosa? Hacé clic en el reproductor que está de bajo de esta nota para oír el debate extendido, con ejemplos analíticos y la teoría de Marshall McLuhan en nuestro Episodio 2 del Podcast "Hoy Todo Vale" o en nuestro video de YouTube.

🔗 Enlaces externos de referencia y consulta:

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Vigilancia y control digital

 El costo de vivir conectados




En la actualidad, vivimos conectados todo el tiempo. Internet y la tecnología son parte de casi todo lo que hacemos, pero esa conexión también tiene un precio. Lo que parecía venir a facilitarnos la vida, muchas veces termina siendo una forma de control. Amnistía Internacional ya adviertió que el uso de la inteligencia artificial y el reconocimiento facial puede poner en riesgo derechos básicos como la privacidad y la libertad de expresión. Hemos sido condicionados o 'preparados' para ceder el control y nuestra información personal a cambio de una promesa de 'libertad' o, mejor dicho, de anonimato. Pero, ¿son realmente lo mismo? Es una ilusión creada para que sigamos consumiendo redes sin cuestionar las consecuencias.

 Vigilancia y censura: la cara oscura de la red


¿Internet debería ser un espacio de libertad? En teoría, sí. Pero en la práctica, cada vez se usa más para vigilarnos, controlarnos y limitar lo que hacemos. Las herramientas tecnológicas que prometían seguridad y conexión se transformaron en mecanismos de control. 

La vigilancia no es solo técnica; es estructural. Según Amnistía Internacional, “los sistemas de IA utilizados para reconocimiento facial representan una amenaza directa para los derechos humanos, ya que permiten identificar, rastrear y perfilar personas sin su consentimiento”. Esta vigilancia se normaliza a través de cámaras, aplicaciones que monitorean movimientos y dispositivos domésticos que escuchan de manera permanente. La normalización de esta vigilancia silenciosa nos empuja a aceptar cosas que hace diez años hubieran sido impensadas.

La tecnología debe estar al servicio de las personas, no de las empresas o los Estados. Cuando el acceso se vuelve desigual, ya sea por falta de infraestructura, dispositivos o recursos, emergen nuevas formas de exclusión. Quienes quedan fuera de lo digital, quedan fuera de derechos, oportunidades y participación.

Algoritmos que deciden por vos

Gran parte de nuestras decisiones cotidianas están mediadas por algoritmos invisibles. Ellos organizan lo que vemos, lo que compramos y hasta lo que opinamos. Y aunque se presentan como herramientas neutrales, son sistemas entrenados con datos sesgados y diseñados según los intereses de actores privados.

Como señala el profesor Philip Howard, director del Oxford Internet Institute, “las mentiras, la basura y la desinformación de la propaganda tradicional están extendidas en línea y apoyadas por algoritmos de Facebook y Twitter”. Esta cita, es clave para entender que la desinformación no crece sola, sino que reciben ayuda de los algoritmos que la impulsan porque genera interacción.

Cuando un modelo de negocio depende de captar atención, la prioridad no es informar, sino retener. Y eso transforma a los algoritmos en una fuerza que puede moldear hábitos, consumos y opiniones sin que lo notemos.


Desinformación y manipulación en redes


Las redes sociales no solo sirven para comunicarnos, sino que también se usan para influir en lo que pensamos, donde se disputa poder político, económico y cultural. Investigaciones de la Universidad de Oxford mostraron cómo plataformas como Facebook y Twitter se convirtieron en terreno fértil para la desinformación y la propaganda. Los algoritmos nos encierran en burbujas donde solo vemos lo que refuerza nuestras ideas, y eso limita nuestra posibilidad de mirar más allá.

Las redes sociales ya no son solo un medio para comunicarnos o entretenernos, sino que se han convertido en herramientas capaces de moldear nuestra manera de pensar y de ver el mundo. Gobiernos y actores privados de más de 80 países utilizan plataformas como Facebook,  Twitter e Instagram para difundir desinformación y propaganda política a gran escala. Lo podemos ver claramente en las metidas de pata del actual presidente de Argentina, Javier Milei, que constantemente publica fake news en sus redes, o cuando ocurrio el escandalo de la moneda digital "$LIBRA".


La ilusión de la libertad digital

El discurso más difundido sobre Internet es que democratiza la información. Y es cierto que ofrece oportunidades inéditas. Pero esa supuesta libertad está condicionada por reglas que no decidimos nosotros. Las plataformas pueden eliminar contenido, bajar su visibilidad o viralizarlo en segundos, muchas veces sin explicar por qué.

El ideal de Internet como espacio abierto empieza a desdibujarse cuando entendemos que la arquitectura técnica (los algoritmos, los filtros, las métricas) define qué circula y qué queda oculto. Así, la “libertad digital” opera más como una ilusión que como una experiencia garantizada.

¿Internet empodera o domina?

Aunque Internet se presenta como un espacio libre y democrático, la realidad es que está concentrado en manos de unas pocas empresas. Google, Meta, Amazon; quienes controlan gran parte de lo que vemos, buscamos o compramos. Y cuando unos pocos deciden qué circula y qué no, la idea de “acceso igualitario” se vuelve más una ilusión que una realidad.

El acceso a Internet debería ser un derecho, no un privilegio. Sin políticas públicas que lo garanticen, la brecha digital se profundiza, dejando a millones de personas al margen del conocimiento, la participación y las oportunidades. Pero el problema no termina ahí, ya que sin una regulación firme sobre las grandes corporaciones, ese acceso también termina siendo condicionado por intereses privados, vigilancia encubierta y modelos de negocio que priorizan la rentabilidad.

Debemos ser ciudadanos digitales críticos

No se trata de abandonar Internet, sino de comprender cómo opera. Si no exigimos transparencia, regulación y responsabilidad, otros decidirán por nosotros. Y cuando eso ocurre, la libertad deja de ser libertad: se vuelve un espejismo.

Ser usuarios críticos es el primer paso para ser ciudadanos digitales activos.


Si queres saber mas al respecto, podes informarte en:
<<

Investigacion completa hecha por la Universidad de oxford:
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¿Cuanto valen tus datos?

La cara oculta de lo “gratis”

Escrito por Agustina Iturbe



Vivimos en una era donde el Internet parece un recurso inagotable y gratuito. Cada click y cada acción, podemos hacerlo todo sin pagar un peso. Pero, ¿alguna vez te preguntaste cómo es posible que estos servicios, con millones de usuarios y servidores, sean gratuitos?

La realidad es que nada en Internet es realmente gratis. Si no pagamos con dinero, pagamos con algo más importante: nuestros datos personales.

Vigilancia digital

Empresas como Google, Facebook o Amazon entendieron algo clave con lo que podrían masificarse aún más, la información que brindaban los usuarios era más valiosa que los servicios mismos. Cuanto más saben sobre nosotros, más podían predecir qué queríamos ver, comprar o hacer. 

Así nació el modelo de vigilancia digital, un sistema que recopila cada dato que dejamos en la web, desde lo que buscamos hasta el tiempo que pasamos mirando una publicación, todo para poder alimentar algoritmos que aprenden a conocernos mejor que nosotros mismos.

Cookies: pequeñas pero poderosas

Cada vez que ingresás a una página web y aparece el cartel de “aceptar cookies”, estás frente a una de las herramientas más utilizadas para rastrear la actividad online. Estas, con un nombre tan “tierno” son pequeños archivos que los sitios guardan en tu dispositivo para almacenar tu información: qué idioma elegiste, qué agregaste al carrito o si ya iniciaste sesión. Pero el problema surge cuando las cookies pertenecen a terceros, creadas por empresas externas (como Google, Meta, etc.) que siguen tus movimientos entre diferentes sitios web. Por ejemplo, si buscás “zapatillas” en una tienda, después empezás a ver publicidades de diferentes zapatillas en Instagram o YouTube. Esto no es casualidad, sino que es el resultado de las cookies que comparten tu información con otras redes publicitarias.


Con el tiempo, estas cookies permiten construir un perfil muy detallado sobre vos, con datos como tu edad estimada, ubicación, hábitos de consumo y horarios de navegación. Y, aunque se presentan como una forma de “mejorar tu experiencia”, en realidad sirven para que las empresas vendan esos datos y ganen en base a emplear tu atención como bien.

Es por esto que varios países (especialmente en la Unión Europea) exigen que los sitios web informen y pidan consentimiento para usar cookies, aunque en la práctica la mayoría de los usuarios simplemente presiona “Aceptar” sin leer nada.

Entender esto es clave: no son solo archivos técnicos, sino que son el puente entre tus hábitos y el negocio de la publicidad digital.

 Lo “gratis” que no es tan gratis

Cuando una app o red social dice ser “gratuita”, lo que en realidad significa es que el negocio no está en cobrarte, sino en observarte.

Como explica Carissa Véliz, profesora de ética digital en la Universidad de Oxford, “cada clic que das deja un rastro de quién sos, y ese rastro se convierte en una herramienta de poder”.


Véliz sostiene que la privacidad no es solo un derecho individual, sino una condición para la libertad colectiva. Cuando las empresas controlan la información sobre nuestros gustos, miedos y deseos, también pueden influir en nuestras decisiones, desde qué compramos hasta qué pensamos.

Como conectarse con conciencia

Aunque parezca que estamos completamente expuestos, hay formas reales de reducir la cantidad de datos que entregamos y recuperar algo de control sobre nuestra vida digital. No se trata de desconectarse del mundo, sino de usar Internet con más conciencia.

Te recomiendo algunos pasos a seguir, simples pero efectivos:

-Revisar los permisos de las apps: Muchas piden acceso a funciones que no necesitan. Si una linterna te pide tu ubicación o tus contactos, es una señal de que algo está mal. Podés desactivar esos permisos desde la configuración del teléfono.

-Usar navegadores y buscadores privados: Como Firefox, Brave o DuckDuckGo, que evitan el rastreo constante y no almacenan tus búsquedas.

-Bloquear cookies y rastreadores: Existen extensiones como uBlock Origin, Privacy Badger o Ghostery que podrían ayudar a limitar la publicidad invasiva.

- Algo muy importante también es pensar antes de compartir todo lo que publicamos, ya que puede ser recolectado, almacenado y analizado tanto por aquellos usuarios dentro de las apps como quienes las rigen.

Y, sobre todo, cuestionar lo gratuito. Preguntarnos siempre: ¿Por qué esta app/servicio es gratis? ¿Qué gano y qué pierdo usándola? En la mayoría de los casos, la respuesta es clara: la empresa gana información; vos ganás comodidad… pero perdés tu privacidad.

Cuidar lo digital también es cuidarnos

Internet cambió nuestra forma de comunicarnos, aprender y trabajar. Pero también cambió la forma en que las empresas nos observan. El desafío no es no utilizar la tecnología, sino que no nos utilice a nosotros y que no nos importe. Cada acción cuenta, elegir qué compartimos, qué permisos damos, qué apps usamos; porque en la era de la información, la privacidad se volvió un derecho que está casi perdido.

La verdadera revolución digital no será desconectarse, sino reapropiarnos de nuestra conexión.


¿Querés seguir explorando estos temas?

Escuchá Charlando Online, el podcast donde pensamos juntos cómo la tecnología transforma nuestra vida cotidiana.





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Comodato de Control: un recuerdo de nuestro primer dispositivo de vigilancia que hoy pagamos

Por Gabriela Regueira 

Antes de las Big Tech, la penetración de la telefonía móvil sentó las bases para un modelo de lucro con nuestros datos. La letra chica de la injerencia del norte global.

Sin dudas, me hizo eco un audio que compartió el profesor en el que decía que si en aquel momento, mientras estudiaba comunicación en los años ochentas, alguien le hubiera dicho que iba a llegar un día en que todos íbamos a tener un dispositivo de vigilancia, control y seguimiento en nuestro bolsillo, que lo íbamos a tener prendido las 24 horas del día y que, encima, lo íbamos a pagar nosotros mismos, para que otros nos vigilaran y lucraran con nuestra información, él hubiera dicho: ¡qué lindo libro de ciencia ficción!

¡¿Cómo contar entonces que uno de mis primeros trabajos consistía en vender celulares… y con su línea control incluída?! 

Egresados 1997, ¿Trabajar o Estudiar?

Todo era risas hasta que luego de ese verano fui eyectada hacia el mundo laboral.
Sobrevolaba una pregunta, estudiar o trabajar. 

Pensándolo a la distancia de tiempo, de marco teórico y de ordenamiento del mundo, entiendo que la pregunta que circulaba no representaba mis opciones, o lo que yo ahora creo que eran mis opciones.
La reformulamos para mayor claridad… 

Las opciones parecían ser entonces Trabajar o Trabajar-al-tiempo-que-Estudiar. 

Conceptualizaciones acerca de trabajo, esfuerzo, trabajo social, apropiación, explotación, condiciones materiales llegarían bastante después.

 

 

El comodato: El anzuelo de la vigilancia temprana 

Técnicamente no se vendían, se daban a comodato, es decir, se le "prestaba" el aparato al consumidor todo lo que duraba la relación comercial. Un poco lo que pasa con los decodificadores o los módems ahora.

Aquellos celulares eran parecidos a los teléfonos portátiles hogareños pero más chicos. Todavía no entraban en el bolsillo. Se los lucía con una especie de riñonera. Daban yuppie. Modelo flúo discontinuado.

En fin, estos celulares eran más chicos que el viejo ladrillo Movicom pero no tan chicos como el  Motorola StarTAC, o “la cucarachita” para los amigos, que vino después. En esa bisagra entre tiempos compartidos, anuncios fake en los diarios, estaba yo, trabajando.
3 meses duró mi peregrinaje por los barrios de Ezpeleta, Lomas de Zamora, Bernal, Quilmes. 

Salíamos en tropillas de recién salidos del horno de la capacitación con nuestras primeras nociones de marketing aprendidas y un manual de venta salvaje persuasiva a lo sprayette. 

Colmillos no incluídos, la letra chica

Estaba de moda parecer profesional. Las capacitaciones que brindaba Asterisco Comunicaciones S.A. contaban con proyecciones en pantallas, filminas, capacitadoras "vestidas para matar"y personas en situación de trajes para transmitirnos toda esa Biblia del conocimiento tecnológico que llegaba del norte global de la mano BellSouth, una empresa de telecomunicaciones estadounidense y el Grupo SOCMA (Grupo Macri), un conglomerado de empresas con intereses en diversos rubros. Esa unión se conocía entonces como Movicom BellSouth.


De BellSouth al Club de los 5: La concentración del tráfico

Aquel modelo de negocios siempre se valió de la evocación de la libertad de expresión como bandera para pedir exenciones de pago, facilidades, privatización de deuda contraída para elevar esos imperios. Una libertad rara para una élite que le reza a un Dios de mercado. 

Un Estado que por aquellos fines de los noventas daba ocupado y que hoy parece estar fuera de servicio. 

La Dra. Aleks Krotosky explica que "los primeros seguidores creían que un espacio sin reglas ni reglamentaciones, estaría más nivelado. Sin embargo, a medida que la red crece, ocurre todo lo contrario: la falta de regulaciones permite que aquellos que tienen mayores recursos griten con más fuerzas, impongan su marca y su autoridad".
 
En Revolución Virtual se puede visualizar cómo pocas empresas tienen todo nuestro trazado digital.  Mediante un modelo matemático preciso se verifica el tráfico de la red en Inglaterra. Google, Amazon, Ebay, Facebook, un motor de búsqueda, un mercado, una librería y una red social.

15 años más tarde, el parecido no sorprende. El club de los 5 (Amazon, Google, Meta, Apple, y Microsoft) escriben la letra chica de la conformidad que brindamos al instalar aplicaciones en el teléfono.

Los libros de ciencia ficción pasan al estante de libros de historia

La profecía del profesor se cumplió. El Club de los 5 monitorea, audita, vende nuestros datos. 
Clarisa Véliz, autora de Privacidad es Poder, investigadora de ética en inteligencia artificial de la Universidad de Oxford afirma que este modelo de negocios se sostiene a base de la entrega de nuestros datos personales y llama a abordar un debate público para poder pensar cómo se financia internet. 
Un modelo de lucro que pone en riesgo la democracia como forma de gestionarse de los países. 
Esta vigilancia ya no incluye celular a comodato porque estos dispositivos ya forman parte de la demanda inelástica. Están entramados en el ecosistema de nuestras vidas.
En los años noventas los ofrecíamos con  línea control de regalo. La novedad de la línea control era que el servicio contaba con un paquete de minutos para poder hablar. Al no ser una línea "libre", el usuario "podía controlarse" para no gastar de más. Se sugería que el control siempre estaba a la mano de los usuarios. 
¿Cuánto cuesta todo esto? "Que parezca su idea", dijo el vendedor y quedó. 

Imágenes:

  • Fotograma de American Psycho de  Mary Harron. Christian Bale en el personaje de Patrick Bateman
  • Fotograma de Dogma de  Kevin Smith, George Carlin en el personaje de Cardenal Glick
  • Cartel promocional de Blockbuster doblado al español de la película The Breakfast Club de John Hughes
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Concentración, Algoritmos y Vigilancia: El costo de estar siempre conectados


Por Augusto Pomponio Hotton.


El mundo de Internet, ese espacio que nos rodea cada día, se ha transformado en un terreno de control. ¿Gira todo en torno a las grandes corporaciones? ¿Nos espían? ¿Se violan nuestros derechos digitales?


Ya nos conocen. Por qué el "club de los cinco" sabe qué votamos y qué compramos.


Cuando navegamos por internet creemos estar en un espacio libre y abierto. Pero no.
Aunque cueste creerlo, el tráfico global está concentrado en un pequeño grupo de empresas: Alphabet (Google, Youtube, Gmail, Android), Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Apple y Microsoft.

Este grupo, conocido como "el club de los cinco", son los que manejan la mayor parte de la información del mundo.

Los dueños de internet por Natalia Zuazo afirma: "La vida de medio planeta está en manos del club de los cinco, un manojo de corporaciones que concentra tanto poder que gran parte de la economia, la sociedad y decisiones del futuro pasan por ellas". 

Ahora, ¿Como y  dónde concentran ese poder? 
Si le preguntamos a un mayor sobre Facebook, Amazon o Google, seguro nos dice "Yo no tengo nada de eso instalado".
La realidad es que estas empresas están en todos lados, aunque no nos demos cuenta.

  • Google domina las búsquedas, pero no solo es un buscador, también maneja Youtube, Gmail y  los dispositivos que tenemos en las manos (Android).
  • Meta, tiene a Facebook e instagram, pero no solo maneja redes sociales, tienen a WhatsApp, donde pasan millones de conversaciones al día.

  • Microsoft es el que está es nuestras computadoras con windows, servicios como Office y servicios de las nubes. 
  • Apple en sus dispositivos decide que aplicaciones entran o no es su sistema operativo Ios.

En definitiva, no estamos en un espacio libre, estamos en un terreno controlado por estas empresas que determinan: qué información circula y cómo nos comunicamos.


¿Somos perseguidos? 


Cada vez que estamos en internet dejamos huellas: Búsquedas, mensajes, fotos, likes.
Estos datos son oro para las compañias. Estas empresas no solo las recolectan, sino que las utilizan sin permiso para fines comerciales o políticos. 

En el documental Nada es privado afirma:
"Nuestro rastro digital alimenta la industria, nosotros somos la mercancia".

Un ejemplo es Facebook, en un artículo de la BBC se la acusa de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con la firma de consultoría política de Cambridge Analytica.
Por violar la privacidad de los usuarios, se gano una multa millonaria por parte de la unión europea.

El espionaje no termina ahí. Los estados también nos observan.
En el segundo capítulo de Revolución virtual producida por la BBC, nos explica sobre  internet: "Es una herramienta muy poderosa que tiene el estado para controlarnos, saber sobre nosotros". 

Fuera de la red podemos ser la mejor persona del mundo, pero dentro de ella somos tratados como sospechosos.

El caso de Edward Snowden nos confirma hechos.
Él filtró documentos de cómo el gobierno norteamericano recopila: llamadas, correos electrónicos y datos de millones de personas.

"No puedo en buena conciencia permitir que el gobierno de Estados Unidos destruya la privacidad, la libertad de Internet y las libertades básicas de la gente alrededor del mundo con esa masiva máquina de vigilancia que secretamente construyeron".

Y si hablamos de control, China es el ejemplo más extremo.
Su estado controla todas las plataformas locales como Weibo y aplica un sistema de crédito social que premia o castiga a sus ciudadanos según el comportamiento en línea. 

Las redes nos manipulan


Facebook, Instagram, Tik tok o Youtube no son espacios neutrales.
Sus algoritmos deciden qué vemos y qué no vamos a ver, según intereses comerciales o políticos.

Ese flujo constante de contenido, "feed", es el culpable. Está diseñado para mantenernos conectados y moldear nuestra mente.
Así se forma la burbuja de filtros: Cada usuario recibe solo la información que confirma lo que ya piensa, evitando debates de ideas diferentes.

El autor  Eli Pariser, en un ensayo "El filtro burbuja explica : Como la red decide lo que leemos y lo que pensamos". 

Un claro ejemplo: Ayer me apareció una publicación de Elon Musk, que decía que había comprado la casa de la ucraniana asesinada para que su familia no pague alquiler. 
Muchos lo creyeron, pero era una fake news. Solo circulaba en redes, sin respaldo de medios. 

¿El que posteo, queria cambiar nuestra mirada de Elon?
¿Será un bot pago, así como el ejército de los cincuenta céntimos en China?.

Este tipo de manipulación no solo busca cambiar la imagen de figuras públicas, sino también influir en elecciones.
Amnistía nos habla de cómo Facebook utilizó datos de ciertas personas que dudaban a quien votar.
En el documental Nada es privado revela cómo Cambridge Analytica segmentó a los usuarios con propagamda política personalizada: millones cieron anuncios de Trump, miestras que unos pocos los de Hillary Clinton.

Conclusiones 


Todo este recorrido demuestra que la libertad en internet es una ilusión.
Hoy estamos más vigilados que nunca. Los estados nos observan y las redes nos manipulan.

Nos conocen: Saben qué buscamos, qué opinamos, qué compramos y qué votamos.
Estamos en un terrenos diseñado para controlarnos.

  • ¿Vamos a seguir entregando nuestros datos sin pensar?
  • ¿Algún día los derechos digitales serán importantes como los derechos humanos?

Para cerrar, una reflexión de la mano invisible: 
"Debemos trabajar para revertir esta tendencia y garantizar que se devuelva el control a las personas que utilizan estas plataformas, y que sus derechos en línea se protejan y respeten".

Bibliografía: 

- Fundación telefónica.  (2017, 19 de junio). Eli Pariser: Fake news, los filtros burbuja y la batalla por la verda. 
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“¿Internet nos liberó o nos puso bajo control?”

 "La tecnología de vigilancia, el uso de algoritmos y la concentración de la red amenazan derechos como la privacidad y la libertad de expresión."


Los  ciudadanos hoy somos más vulnerables al control del Estado a través de la web y de las tecnologías de vigilancia. La información que generamos —muchas veces sin darnos cuenta— queda registrada, analizada y, en algunos casos, utilizada para fines que no siempre respetan nuestros derechos. Amnistía Internacional muestra cómo la vigilancia masiva, el uso de programas espía, los algoritmos y la tecnología biométrica pueden convertirse en herramientas de control político y social, limitando la libertad de expresión y la privacidad. https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/tecnologia/

“Google, Meta y TikTok, al controlar Internet a través de la vigilancia para fines de lucro, socavan la privacidad y amenazan derechos fundamentales como la libertad de expresión y opinión, y el derecho a no sufrir discriminación”


El Impacto de la Tecnología en lo derechos humanos


La tecnología ha transformado drásticamente nuestra vida diaria, ofreciendo beneficios  como la rapidez en las operaciones, la facilitación de tareas, una comunicación más rápida y la reducción de distancias. Sin embargo, este avance no esta exento de riesgos. El uso no regulado de estas innovaciones por gobiernos y grandes corporaciones plantea serias amenazas a los derechos humanos, especialmente para aquellos grupos históricamente marginados.

Vigilancia de Activistas

Uno de los aspectos más preocupantes del uso de la tecnología es la vigilancia masiva sobre activistas de derechos humanos, periodistas y líderes políticos. Gobiernos de todo el mundo han implementado programas de espionaje que invaden la privacidad de los individuos y coartan la libertad de expresión.

 Esta vigilancia no solo crea un clima de miedo, sino que también socava la confianza en las instituciones, inhibiendo el discurso abierto y creando un entorno propenso a la autocensura. https://es.statista.com/grafico/24230/tasa-de-penetracion-de-internet-por-region-del-mundo/La falta de regulación en la venta y uso de estos programas espía permite que empresas continúen beneficiándose de estas violaciones.


Gigantes de la Vigilancia

Empresas como Google, Meta y TikTok operan bajo un modelo de negocio basado en la recolección de datos, poniendo en riesgo la privacidad de los usuarios.
 Su control sobre los principales canales de comunicación en Internet permite la amplificación de contenido perjudicial y discriminatorio, afectando desproporcionadamente a mujeres y comunidades marginadas. Este enfoque no solo desgasta la dignidad individual, sino que también amenaza derechos fundamentales como la libertad de expresión y el derecho a no ser discriminado.



Google, Microsoft, Facebook, Apple y Amazon, conocidos como el “Club de los Cinco”. 


Estas corporaciones han alcanzado un nivel de influencia tan abrumador que dominan gran parte de la economía y la vida diaria de las personas, lo que plantea serias preocupaciones sobre la concentración de poder y la desigualdad.

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/05/110524_0955_internet_futuro_g8_amazon_google_facebook_dc

Históricamente, estos gigantes no siempre han estado en la cima; hubo un tiempo de competencia en el que sus antecesores coexistían. Sin embargo, la evolución del negocio tecnológico ha permitido a estas empresas consolidar su dominio, controlando datos y algoritmos que impactan nuestras decisiones cotidianas.


Tecnología Biométrica

La implementación de tecnologías biométricas, que incluyen el reconocimiento facial y de emociones, representa un avance peligroso en la vigilancia estatal. Estas herramientas son altamente invasivas y pueden ser utilizadas para reprimir protestas y acoso a grupos vulnerables. La falta de regulación en el uso de estas tecnologías podría llevar a un estado de vigilancia masiva que destruye derechos fundamentales, como el derecho a la privacidad y la libertad de reunión pacífica.

Algoritmos y Servicios Sociales

https://www.youtube.com/watch?v=8nKCA9h-7BA&t=4sver este video es relevante porqué muestra cómo nos manipulan en las redes sociales 

La automatización de servicios públicos a través de sistemas algorítmicos plantea otro desafío. Estos sistemas, si no son transparentes y justos, pueden prolongar desigualdades existentes al discriminar a grupos ya marginados. Es esencial que exista una evaluación crítica y transparente de estos algoritmos para evitar que reproduzcan sesgos negativos en la asignación de recursos y servicios.

Acciones de Amnistía Internacional

Desde Amnistía Internacional, se trabaja incansablemente para denunciar el uso indebido de la tecnología que silencia a los activistas y amplifica la discriminación.
https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/vigilancia-masiva/.
A través de campañas de concienciación y abogacía, se busca cambiar leyes y políticas públicas para proteger los derechos humanos en la esfera digital. Las exigencias incluyen la regulación efectiva de las grandes empresas tecnológicas, la transparencia en el uso de algoritmos y la prohibición de tecnologías que violen derechos fundamentales.

En el enlace compartido https://doc.es.amnesty.org/ms-opac/image-file/byte?f=%2Fopt%2Fbaratz%2Fmediasearch%2Fimage-cache%2Fraw%2F1%2F00000022%2F000034847%2F46763.pdf&utm_source, se aborda Amnistía Internacional sobre vigilancia masiva y expone que muchas tecnologías de vigilancia —como el reconocimiento facial o sistemas de escaneo biométrico— constituyen formas de vigilancia masiva que violentan el derecho a la privacidad.

Se advierte entre otras cosas que estos sistemas pueden usarse para monitorear, identificar y controlar personas sin su consentimiento informado.


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