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Detrás de la pantalla: El negocio de nuestros datos

Cada vez que usamos una aplicación dejamos rastros: una búsqueda, una ubicación, un comentario, el tiempo que pasamos mirando un video, etc. Estos datos reunidos, pueden delinear perfiles que incluyen nuestros hábitos, intereses, vínculos y vulnerabilidades y es por eso que pensar la privacidad en el marco de la era digital, implica cuestionarse acerca de quién sabe qué de nosotros y qué puede hacer con esa información.

El poder que tiene nuestra privacidad

La filósofa Carissa Véliz, resume en el título de su libro, una verdad incómoda pero muy real: La privacidad es poder. En distintas entrevistas explica que durante años cedimos información a cambio de servicios aparentemente gratuitos y convenientes, sin dimensionar qué entregábamos a cambio. Hoy, plataformas como Google, Spotify, Outlook, etc. Ocupan un lugar importante en nuestras vidas, y abandonarlas puede parecernos más costoso que entregar los datos asociados a su uso.


Marshall McLuhan, teórico de la comunicación, sostenía que “el medio es el mensaje” y con esto refería a que los medios no son simples canales por donde circula información, sino que también modifican nuestra manera de percibir, comunicarnos y relacionarnos con el mundo. Internet no solo nos permite compartir datos; su propia estructura condiciona qué vemos, cómo interactuamos y qué información queda registrada, por eso, pensar la privacidad también exige mirar el funcionamiento del medio que utilizamos.

La conexión permanente que caracteriza al Homo interneticus, concepto desarrollado en el documental Revolución Virtual, hace que buena parte de nuestra vida cotidiana transcurra dentro de entornos digitales. Allí buscamos información, interactuamos, compartimos experiencias y dejamos rastros que permiten conocer quiénes somos. Justamente, el caso de Cambridge Analytica, comentado por Carissa en una de las entrevistas que dio por su libro, muestra hasta dónde puede llegar esa información: según la autora, alrededor de 270.000 personas facilitaron sus datos mediante una aplicación y esa información permitió acceder a perfiles de hasta 87 millones de personas. El episodio expuso cómo los datos que compartimos pueden involucrar también a otros y utilizarse para segmentar mensajes e influir. En este escenario, el efecto Dunning-Kruger aporta otra dimensión: Muchas veces creemos entender cómo funcionan las plataformas y qué sucede con nuestros datos, aunque desconozcamos los mecanismos que hay detrás. Esa percepción puede llevarnos a sobreestimar cuánto control tenemos sobre nuestra información.

Vigilancia masiva: El precio del control

Otra cuestión que Véliz plantea es la eficacia de la vigilancia masiva, por ejemplo, frente al terrorismo. La autora sostiene que los atentados son acontecimientos poco frecuentes y diferentes entre sí, por lo que acumular datos no garantiza anticiparlos. También menciona las aplicaciones de rastreo de contactos utilizadas durante la pandemia de COVID-19: su eficacia no quedó demostrada de manera concluyente y presentaban problemas técnicos, como falsos positivos y negativos. La tecnología no sustituyó pruebas, vacunas ni otras medidas sanitarias. De estos ejemplos se desprende que la urgencia no debería otorgar a los gobiernos carta blanca: las libertades y la rendición de cuentas siguen siendo necesarias durante una crisis.

La periodista Marta Peirano amplía la discusión: lavigilancia es un problema colectivo, comparable al cambio climático. No alcanza con que cada usuario ajuste su celular si los sistemas recopilan ubicación, voz, imágenes y patrones de comportamiento. El reconocimiento facial y otros sistemas biométricos pueden identificar personas sin que siempre sepan cuándo o cómo se usan sus datos. La discusión vuelve así a una dimensión colectiva, porque importa tanto lo que aceptamos individualmente como la infraestructura social sostenemos.


El documental “China - ¿Estado policial o laboratorio del futuro?” permite observar cómo esa infraestructura de vigilancia puede integrarse a la vida diaria. Muestra una aplicación sanitaria que registra lugares y horarios, junto con cámaras y sistemas de reconocimiento en espacios públicos. Aunque este escenario no representa necesariamente el funcionamiento de todas las plataformas, permite dimensionar los riesgos de combinar conveniencia, seguridad y control sin límites claros.

Cuando los datos orientan nuestras decisiones

TikTok aparece en este debate por las acusaciones sobre el acceso a datos y la posible influencia del gobierno chino porque, si bien no han sido comprobadas, su sistema de recomendación utiliza señales como tiempo de visualización, repeticiones, comentarios y “me gusta” para seleccionar contenido, lo que denota que la plataforma no es neutral en sentido absoluto, sino que su diseño organiza la experiencia y compite por nuestra atención. En un plano paralelo, el neuromarketing estudia respuestas a distintos estímulos para evaluar anuncios; la preocupación surge cuando ese conocimiento se utiliza para orientar decisiones de consumo o percepciones políticas sin transparencia.

El lado B de la privacidad digital

Nuestra privacidad también se pone en juego en los vínculos que construimos, en cómo aprendemos y en nuestra participación social:

  • Vínculos: Las redes multiplican contactos y exponen nuestra vida cotidiana. El número de Dunbar —una referencia aproximada de 150 vínculos que puede tener una persona— recuerda que cantidad no equivale a intimidad. La socióloga Sherry Turkle advierte sobre la identidad que construimos para ser vistos y el voyeurismo digital, que también deja expuestos nuestro hábitos y relaciones.
  • Aprendizaje: La navegación hipertextual modifica nuestra forma de acceder al conocimiento. El documental “Revolución Virtual”, distingue entre pensadores “zorros”, que saltan entre ideas y “erizos”, que vuelven a una idea central. Mientras el libro propone continuidad, la pantalla facilita el salto entre contenidos.
  • Política 2.0: Internet permite crear comunidades y movilizar causas sociales, pero también facilita la desinformación y segmentación de mensajes. Los datos personales pueden utilizarse para orientar la comunicación política e influir en nuestras opiniones.


Defender la privacidad no es rechazar la tecnología ni vivir desconectados. Es discutir las reglas, exigir explicaciones, diseñar alternativas y preservar la posibilidad de elegir. La pregunta decisiva es cuánto poder estamos dispuestos a entregar a cambio de comodidad, y quién lo controla cuando dejamos de mirar.

En el cuarto episodio de mi podcast "SER sin ESTAR", llamado "Conectados y vigilados: El gran juego de la distracción", te invito a que pensemos qué pasa con nuestra atención en este escenario de híperconexión comercializada, te lo dejo acá abajo!

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Informe Especial:“Redes Sociales y IA: ¿Aliados o Enemigos en la Era Digital?”



Por Erica Jaime

Conectados, informados, vigilados.

Las redes sociales y la inteligencia artificial prometieron libertad, pero hoy moldean nuestra mente, emociones y decisiones.

La ilusión de conexión

Vivimos inmersos en una era donde todo parece posible con un clic. Nos informamos, opinamos, creamos contenido y hasta amamos a través de una pantalla. Pero, detrás de esa aparente libertad digital, se esconde un sistema diseñado para algo más profundo: capturar nuestra atención y convertirla en negocio.

Según la Universidad de Oxford, más de 70 gobiernos del mundo usan redes sociales para manipular la opinión pública. El estudio del Computational Propaganda Project reveló que bots y campañas automatizadas fabrican consensos falsos, influyen en elecciones y silencian voces críticas.

MAS INFORMACION EN Repositorio Institucional
CONICET Digital 
 https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/252861


En el documental El dilema de las redes sociales (Netflix), los propios ingenieros de Silicon Valley reconocen haber creado plataformas adictivas. “Si no pagas por el producto, vos sos el producto”, dicen.
El modelo de negocio —conocido como capitalismo de vigilancia, según la académica Shoshana Zuboff— no vende datos, sino predicciones de comportamiento. En otras palabras, lo que se comercializa es nuestra mente: lo que pensamos, sentimos y deseamos.

La otra cara de la Inteligencia Artificial


Cuando apareció la inteligencia artificial, muchos pensaron que sería la solución a los excesos de Internet. Sin embargo, lo que estamos viendo es su amplificación.
Los algoritmos de IA no solo aprenden de nosotros; también nos entrenan. Saben qué mostrar, qué ocultar, qué emoción activar para mantenernos conectados.

En su libro Superficiales, Nicholas Carr advierte que “Internet no amplía la mente, la dispersa”. Nos volvemos menos profundos, menos pacientes y más dependientes de la recompensa instantánea.


Y mientras tanto, las grandes empresas tecnológicas compiten en una carrera sin frenos. Tal como advierte el informe Redes Sociales e IA: Riesgos y Denuncias, la inteligencia artificial repite los mismos errores que las redes sociales: manipulación emocional, vigilancia masiva y desalineación con el bienestar humano.        

La IA no es neutra: refleja los sesgos, la desigualdad y los intereses de quienes la programan. En palabras de Jaron Lanier, pionero de la realidad virtual, “el producto no sos vos, sino el cambio gradual de lo que pensás y hacés”.



Pantallas que piensan por nosotros

Los efectos sociales de esta cultura digital se sienten especialmente en las nuevas generaciones.
El neurocientífico Michel Desmurget, autor de La fábrica de cretinos digitales, lo advierte con datos alarmantes: los nativos digitales son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres 

Según Desmurget, el exceso de pantallas afecta el desarrollo del lenguaje, la atención y la memoria. Los niños pasan más de siete horas diarias frente a dispositivos y, antes de los 18 años, habrán dedicado el equivalente a 30 años escolares al consumo digital.

A esto se suma que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció oficialmente la adicción a los videojuegos como un trastorno mental en 2018. Ver informe oficial de la OMS.
No se trata solo de entretenimiento: la exposición prolongada genera dependencia, aislamiento y alteraciones en el sueño y la conducta.

Los videojuegos, las redes y las plataformas de streaming funcionan bajo el mismo principio psicológico: estimular la dopamina, el neurotransmisor del placer inmediato. Cuanto más jugamos, más scrolleamos, más “me gusta” recibimos, más difícil es desconectarse.


La manipulación emocional invisible

contenido audio visual sobre "Cómo nos manipulan en las redes sociales | Santiago Bilinkis | TEDxRiodelaPlata"

La publicidad digital, el marketing político y la inteligencia artificial comparten un mismo método: usar las emociones como herramienta de control.
El neuromarketing —una rama que estudia las reacciones del cerebro ante estímulos visuales y sonoros— se aplica hoy en todos los ámbitos: desde anuncios publicitarios hasta campañas electorales.

Estudios recientes demuestran que los algoritmos aprenden qué tipo de contenido genera enojo, miedo o curiosidad, y lo promueven porque esas emociones mantienen al usuario más tiempo en pantalla.
Lo que antes era manipulación mediática hoy es manipulación personalizada, invisible, emocional.

Y lo más inquietante: la tecnología no solo observa lo que hacemos, sino cómo nos sentimos cuando lo hacemos. Esa información vale millones.


El costo humano del progreso

El impacto no es solo cognitivo. También es social, ambiental y ético.
Los servidores que alimentan a la IA consumen cantidades masivas de energía; los trabajadores que entrenan algoritmos —muchas veces en condiciones precarias— representan una nueva forma de esclavitud digital.
Como sostiene el documento Nueva esclavitud impulsada por la inteligencia artificial, la promesa de eficiencia tecnológica se sostiene sobre trabajo invisible, datos gratuitos y atención humana secuestrada.

Para ampliar sobre el tema: La IA y el criterio humano👇

https://www.imf.org/es/publications/fandd/issues/2025/06/machine-intelligence-and-human-judgement-ajay-agrawal


Una generación en riesgo


Hoy, las consecuencias son visibles:

  • Aumento de la ansiedad y la depresión adolescente.
  • Déficits de concentración y memoria.
  • Pérdida de habilidades sociales presenciales.
  • Desinformación y polarización política.


El documental El dilema de las redes sociales (Ver El documental completo en Netflix) muestra cómo incluso los diseñadores de estas plataformas prohíben a sus hijos usarlas. Steve Jobs no permitía iPads en casa. Sean Parker, creador de Facebook, admitió que la red fue diseñada para provocar dependencia.

Belinda Parmar, ex “evangelista tecnológica”, resume el problema: “Ya no controlamos la tecnología; ella nos controla a nosotros”.


Repensar la relación con la tecnología

No se trata de demonizar el progreso, sino de recuperar el control.
La educación digital debe enseñar no solo a usar herramientas, sino a cuestionarlas.
El desafío es crear una tecnología más ética, que priorice la empatía y la verdad sobre el beneficio económico.

Como dice el documental, “esta es la última generación que sabrá cómo era la vida antes de la ilusión”.

Todavía estamos a tiempo de elegir: o seguimos alimentando a los algoritmos… o empezamos a alimentarnos de conocimiento

 Informe mas Amplio en 👉👉👉https://youtu.be/kAoLUxAi6vU


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¿Quién controla lo que pensás?

Por Shaiel A. Acosta


En la era digital, nuestras ideas, emociones y hasta nuestra identidad están siendo moldeadas sin que lo notemos. ¿Realmente pensamos por nosotros mismos o somos productos de algoritmos, vigilancia y marketing emocional? En este espacio destapo las distorsiones de la autopercepción, los peligros invisibles del control social y cómo Internet está reprogramando nuestra mente. ¿Estás listo para ver lo que no quieren que veas? 

Autopercepción en la Era Digital 

En la era digital, donde todos opinan sobre todo, el efecto Dunning-Kruger es el invitado invisible en casi cada debate. Este sesgo cognitivo nos dice que, irónicamente, cuanto menos sabe alguien sobre un tema, más seguro se siente de tener razón. Mientras tanto, quienes realmente dominan un área suelen ser los más cautelosos a la hora de emitir juicios tajantes, precisamente porque comprenden su complejidad.

Esta paradoja explica por qué aumentan los "todólogos" en redes sociales, y también por qué funcionan tan bien la publicidad, el marketing y la política: cuánto mas convencido suena alguien, más confiamos. Y en un entorno donde la percepción vale más que la verdad, opinar con firmeza se vuelve más rentable que tener razón. 

El problema es que esta sobreconfianza puede ser contagiosa. Alguien ignora lo que no sabe, se siente con derecho a opinar, y esa opinión errónea o engañosa se viraliza. Así la ignorancia no solo habla, sino que hace ruido. Y en ese ruido digital, el conocimiento real muchas veces queda fuera del algoritmo.

Del derecho al riesgo: La privacidad en peligro colectivo 

En un mundo hiperconectado, nuestra privacidad ha dejado de ser un asunto individual para convertirse en un problema político y social de primer orden. Cada clic, cada búsqueda, cada "me gusta" se convierte en un dato. Y esos datos, lejos de desaparecer, se almacenan, se analizan y se utilizan para vigilarnos, manipularnos hasta controlarnos. 

Como advierte Marta Peirano, la vigilancia debe ser entendida como un problema estructural y colectivo, comparable con la crisis climática: no basta con protegerse uno mismo, sino que necesitamos de acción conjunta. Mientras más aceptamos esta vigilancia como "normal", más renunciamos a derechos que deberían ser innegociables. 


Un ejemplo claro es el caso de TikTok, acusado de recolectar masivamente datos de usuarios y compartirlos con el gobierno chino, en una estrategia que mezcla entretenimiento, vigilancia y geopolítica. 

Durante la pandemia, este problema se profundizó. Las apps de rastreo y monitoreo sanitario, justificadas por la emergencia, abrieron la puerta a prácticas de vigilancia opacas y sin suficientes controles. Como señala Carissa Véliz, en la era digital el poder está en los datos: quien tiene los datos: tiene el poder. Y eso puede costarnos caro. 

La pregunta de fondo no es solo quién nos vigila, sino para qué. Nuestros datos son el insumo principal de una nueva forma de poder invisible, persistente y, sobre todo, consentida aunque no comprendida.

Cómo Internet rediseña nuestra mente

Desde su irrupción en la vida cotidiana, Internet ha transformado la forma en que pensamos, nos relacionamos y tomamos decisiones. Lejos de ser una herramienta neutral, su diseño, especialmente el de las redes sociales, motores de búsqueda y sistemas de recomendación, está profundamente entrelazado con procesos psicológicos que pueden amplificar vulnerabilidades humanas.

Uno de los efectos más visibles es la creciente dependencia que desarrollamos hacia la red y las redes sociales, lo que afecta directamente nuestra capacidad de concentración y atención. La naturaleza fragmentada del contenido digital y la estimulación a través de notificaciones generan una interrupción continua de nuestros procesos cognitivos. 


Este entorno favorece la búsqueda de gratificación inmediata, reduciendo la capacidad para mantener la atención en actividades prolongadas o complejas, y propiciando hábitos que a largo plazo pueden perjudicar nuestro bienestar mental y emocional. 

Además, el poder de Internet actúa como un instrumento sofisticado para influir en nuestras emociones y decisiones. Las técnicas de neuromarketing, apoyadas en el análisis de masivo de datos, permiten a empresas y organizaciones diseñar estrategias personalizadas que apelan directamente a nuestras reacciones emocionales. De esta forma, orienta nuestros hábitos de consumo, opiniones y creencias. 

Por último, es fundamental reflexionar sobre la naturaleza misma de la tecnología que utilizamos. Comúnmente se considera que Internet y las plataformas digitales son herramientas neutrales al servicio del usuario, la realidad es más compleja. 

Los algoritmos y diseños de estas tecnologías tienen intenciones específicas: están hechos para captar nuestra atención. A menudo priorizan la viralidad, el tiempo de uso o el engagement por encima de otros valores como la veracidad o el bienestar del usuario. Esto muestra que no solo usamos la tecnología, sino que ella también influye en cómo pensamos y actuamos. Resulta necesario debatir sobre el diseño tecnológico y qué postura queremos asumir frente a estas fuerzas invisibles pero influyentes. 

El salto evolutivo hacia la hiperconectividad

La expansión global de Internet originó un nuevo tipo de sujeto: el Homo Interneticus, guiado por la conexión permanente, la sobreinformación y la interacción digital. Se trata de una transformación cultural que reconfigura nuestra forma de ser y relacionarnos. 

Como muestra el documental de la BBC que da nombre al concepto, esta figura no es una exageración futurista, sino una realidad observable especialmente en países como Corea del Sur, donde se han documentado casos extremos de adicción a la web. La comparación con el Homo Videns de Sartori resulta inevitable: si antes era la televisión la que condicionaba la percepción, hoy lo hacen las redes, los algoritmos y la inmediatez digital. 



Se expresa con claridad en las redes sociales. Plataformas como Facebook o Instagram no solo nos conectan: nos empujan a construir una versión pública de nosotros mismos. Vivimos una vida “editada” para ser vista, más que vivida. La exposición constante genera una ilusión de autenticidad y la necesidad de una validación externa.

Otro rasgo de esta nueva era es el cambio en nuestras relaciones. El “Número de Dunbar” sugiere que solo podemos mantener vínculos estables con unas 150 personas. Sin embargo, las redes nos muestran listas infinitas de “amigos” o “seguidores”. Muchas veces, el rol que cumplimos en redes es más cercano al del voyeur: observamos la vida de otros sin participar realmente. Lo social se vuelve espectáculo, y el vínculo, consumo.

La mente del Homo Interneticus también ha cambiado. La sobrecarga informativa nos aleja del pensamiento lineal y profundo. En lugar de “erizos”, que siguen una idea central, somos más bien “zorros”, saltando de dato en dato.

La política también fue transformada por la lógica digital. Hablamos hoy de Política 2.0: campañas, debates y militancia que ya no ocurren solo en plazas o medios tradicionales, sino en redes sociales y plataformas digitales. Las redes democratizan la palabra, pero también la simplifican. Los discursos se reducen a frases breves, los argumentos a memes, y los matices se pierden entre algoritmos que premian lo emocional antes que lo racional. 

Twitter (ahora X), TikTok o Instagram son nuevas arenas políticas. No solo comunican: crean climas de opinión, generan polarización y pueden movilizar masas en tiempo real. Un hashtag puede reemplazar un anuncio y viralizar una consigna en minutos. 

Reflexiones

Al comparar la lectura tradicional de un libro con la experiencia digital, se evidencia una transformación no solo en el formato, sino en la forma que procesamos la información. La lectura digital, con sus distracciones constantes y fragmentación del contenido, puede afectar nuestra capacidad de concentración profunda y pensamiento crítico, aspectos que la lectura tradicional fomentaba de manera más natural. Esta diferencia subraya cómo las tecnologías influyen directamente en nuestra mente y hábito. 

Cada vez hay más evidencias de que Internet no solo modifica lo que hacemos, sino cómo pensamos. Estudios neurocientíficos muestran que la navegación constante, el salto entre pestañas y la lectura superficial en pantalla afectan nuestra capacidad de concentración y memoria a largo plazo. Nos volvemos más rápidos para detectar información, pero menos hábiles para profundizar, reflexionar o mantener el foco. Pensamos en red, como navegamos: de forma fragmentada, veloz y reactiva.

Estas interrogantes nos invitan a reflexionar sobre cómo queremos que evolucione nuestra relación con la tecnología, qué límites y valores debemos proteger, y cómo podemos mantener el equilibrio para preservar la autonomía. El futuro dependerá en gran medida de nuestra capacidad para entender estas transformaciones y tomar decisiones conscientes que garanticen un desarrollo tecnológico al servicio del bienestar humano y no al revés. 
 
¿Te interesa el tema? Escuchá mi último episodio Identidades en línea: el sujeto atrapado en la era digital en mi podcast Abramos el Tema.🎧 Escúchalo ahora 





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Secretos ocultos: Vigilancia masiva, aplicaciones destructivas y secuelas que dejan

Por Augusto Pomponio Hotton

Internet se convirtió en una parte fundamental de nosotros, sin embargo, se esconden realidades sobre el uso de nuestros datos, la manipulación psicológica y el cambio en nuestra forma de pensar. Acá, exploraremos estos temas sobre el entorno digital.


Ahora podes escuchar el artículo mediante Ivoox y Spotify. Lo que vas a escuchar te va a hacer repensar todo lo que sabías. Dale play!

   


EFECTO DUNNING-KRUGER : El falso sabelotodo.


¿Alguna vez te encontraste con alguien que opina con mucha seguridad sobre un tema del que parece saber poco? Este fenómeno es conocido como el efecto Dunning-Kruger, descubierto en 1999 por David Dunning y Justin Kruger.

  • ¿Qué es? Es cuando las personas con menos conocimiento o habilidad en un área sobreestiman sus capacidades, convirtiéndolos en los que más opinan y toman decisiones.
  • El opuesto: Los más experimentados y formados sobre el tema son los que más dudan al dar una opinión.
  • En la era digital: El acceso masivo a información crea la ilusión  de que sabemos demasiado. Como cuando vemos un video en YouTube sobre cómo hacer una cirugía, ahora nos sentimos expertos del tema. Por eso en los medios vemos muchas personas opinando sobre política, salud, ciencia y muchos otros temas. 
Por eso, hay que reconocer nuestras limitaciones, aceptar que no tenemos todas las respuestas y estar abiertos a aprender de los demás.

CAÍDA EN PICADA: Privacidad, vigilancia y control.


Como dijo la filósofa Carissa Véliz: "Al principio no lo sabíamos, pero ahora entendemos el poder que nos están arrebatando".

En su charla con Nmás, nos habla sobre ser conscientes del uso de nuestros datos. Advierte que cada dato que dejamos: búsquedas, ubicación, fotos, likes, etc. Aumenta el control de las corporaciones y gobiernos. "Cediendo información, hacemos que quien tiene nuestros datos decida por nosotros".

Por eso, Carissa dice: "Hay que eliminar la economía de datos, que es muy peligrosa, erosiona la democracia y la igualdad, y representa un riesgo para la seguridad".

En TEDx, Marta Peirano argumenta que la vigilancia es un problema colectivo. Lo asemeja con el cambio climático: Todos los sufrimos, incluso quien intenta cuidarse (es decir, podemos no manejar autos, cuidarnos, ser veganos, pero si todos no hacemos esto, caemos igual). 

Haciendo click aquí podés ver una nota más elaborada sobre el tema de privacidad, hecha por mí.

Un caso que nos deja atónitos es la aplicación de Tiktok.
Detrás de bailes y de ese feed entretenido, la aplicación es acusada de recopilar datos masivos de usuarios y compartirlos con una empresa de su origen, China. Lo que nos parece entretenido puede resultar peor: una herramienta que se usa para extrema vigilancia disfrazada de diversión. 

Sabemos que China tiene controlados a todos sus habitantes, pero así también nos espía desde TikTok.

Ese feed utiliza algoritmos que recolectan información de cada video que miramos. Aprenden de nuestros intereses por haber dejado un like o comentario.
Con esto consiguen que el contenido se ajuste cada vez más a lo que queremos ver.

Algo interesante sobre esto, China tiene su propia versión de Tiktok, una red que no tiene bailes ni tonterías. Es totalmente educativa, con experimentos, y solo se puede usar 40 minutos al día, con horario de apertura y cierre. Nuestra versión occidental al no tener esto, ¿Creés que nos quieren hacer más tontos a nosotros?.

Esto no es todo lo malo de Tiktok, en el siguiente apartado seguimos hablando porque es preocupante su uso.

IMPACTO PSICOLÓGICO: Manipulación de emociones por parte de las redes


Ahora más que nunca estamos en un entorno digital diseñado para captar y retener nuestra atención.
No es que usemos mucho internet, sino que ellos nos usan a nosotros.

Como avisé en el apartado anterior, vamos a hablar de Tiktok.
Seguramente pensemos que es un red social común y corriente para subir videos, pero no: es un veneno, una droga digital que va camino a destruir una generación.

En un artículo se advierte del riesgo significativo en el malestar psicológico y los problemas de salud mental a través de la manipulación emocional.

El algoritmo que utilizan está diseñado para retenernos. Aprende rápidamente nuestras vulnerabilidades y, en segundos, puede mostrarnos videos que nos llevan al enojo o la tristeza, generando un carrusel emocional de ansiedad y depresión.

No solo nos manipulan emocionalmente, sino que también reducen nuestras capacidades.
Los estímulos breves y fragmentados entrenan el cerebro para respuestas rápidas y saltos constantes.

Como explica Francisco Shibata en su vídeo, esto empobrece nuestra atención, nuestra memoria a largo plazo y la lectura profunda.
De esto tengo un artículo donde hablamos de los efectos de Internet, gracias al libro Superficiales de Nicholas Carr.

Ahora un punto clave: el neuromarketing.
Descubren nuestras emociones para ser explotadas. Las empresas miden nuestras reacciones cerebrales y patrones de atención para después diseñar anuncios/propagandas atractivas e irresistibles que activan regiones cerebrales asociadas al deseo.


DEL HOMO SAPIENS AL HOMO INTERNETICUS 



El documental de la BBC "Revolución virtual" plantea que surgió una nueva generación: Ahora toda la vida está en internet.
Las pantallas son el hábitat natural y su identidad, digital.

Hoy muchas personas viven conectadas a internet. Se mandan mensajes, estudian y trabajan en línea.
Esta conexión constante creó una nueva manera de ser: Homo interneticus, un humano moldeado por la red.

La científica Susan Greenfield dice: "Los niños están creciendo solo en la vida online". Es claro y justamente el documental nos muestra ese problema en Corea, la adicción de los niños.

Ahora un buen tema para acompañar es el número de Dunbar.
El antropólogo Robin Dunbar descubrió que los seres humanos solo podemos mantener relaciones con 150 personas. 
Muchas veces vemos que hay gente que dice "Yo conozco a todos mis amigos de Facebook", aun teniendo miles de amigos. Pero esto es totalmente falso: quizás los conoce por nombre, pero nunca los vio o entabló una conversación. 

Esto es solo un juego de observación, donde se agregan para exponer su vida y que otros miren.  

El documental muestra cómo una simple hamburguesa gratis vale más que 10 amigos en Facebook. Al final, 233.906 personas fueron eliminadas de amigos en la red social. Ahora, la pregunta es ¿Realmente eran amigos o solo espectadores?

Clay Shirky en Revolución virtual: "La gente vive la experiencia de tener miles de amigos, pero en realidad ninguno tiene miles de amigos".

A todo esto, ¿no sentís que cambió tu forma de pensar?
Estudios dicen que los usuarios digitales desarrollan un pensamiento asociativo o fragmentado, es decir, saltar de un lado a otro. 
Estos son los "zorros", mientras los "erizos" tienen un pensamiento lineal y concentrado, desarrollando una lectura más profunda.


Finalmente llegamos al ámbito político.
La política 2.0 fue impulsada por las campañas de Barack Obama en 2008.
Mediante las redes sociales, provocó un acercamiento de los jóvenes hacia la política.
Esto demostró un gran poder para movilizar a millones, organizar campañas, difundir ideas y conectar con los votantes.

Desde entonces, los políticos no solo están en los medios televisivos: ahora compiten por la atención en Twitter, Facebook o TikTok.

Reflexionando

Como aparece en Revolución Virtual, Internet modifica nuestra mente. 
Somos hábiles para encontrar información, pero menos profundos para analizarla.
Buscamos solo palabras claves en diferentes párrafos, y esto cambia la manera en que entendemos al mundo.

No se trata de generar rechazo a la tecnología, sino de aprender a usarla sin que nos disperse.
Leer mediante una pantalla hace que recordemos menos y comprendamos peor los textos largos.

Propongo que tengamos pausas para leer libros, ya que requieren tiempo, concentración y paciencia. Los libros no nos manipulan ni nos dañan psicológicamente, algo muy diferente a la web, que nos hace saltar de un enlace a otro, cambiando pestañas.

Después de leer todo esto... ¿Creés que es importante retomar las lecturas profundas?

 














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Tu Vida en Línea: Lo que no sabías que compartías

¡Hola a todos! Soy Lucas Biondi y estoy acá para hablarles de algo que, al igual que a mí, espero que les sorprenda cuando empezamos a entenderlo, se trata de la cantidad brutal de datos que entregamos cada día en internet.

Hace poco leí un artículo que me dejó pensando, Google Maps no solo registra por dónde manejás, sino cuánto tiempo te quedás en la panadería o a qué hora llegás a tu trabajo. Y no es solo Google, es Netflix, que ya sabe qué "preferimos" para darnos una mejor experiencia de usuario a maratonear antes que nosotros, o Spotify, que conoce nuestros gustos musicales a la perfección.

Me gustaría que piensen, ¿qué tan privada es realmente nuestra vida digital? Los invito a escuchar el episodio completo de Tu vida en línea, donde desglosamos estos tres puntos clave: el costo real de las apps gratuitas, la funcion de los algoritmos en redes, y esa sensación de que nuestros dispositivos inteligentes nos escuchan hasta cuando cocinamos.

Apps "Gratuitas": El Intercambio Invisible que Hacemos

Empecemos por lo más básico, las aplicaciones que tenemos en el celular. Las descargamos porque son "gratis" ¿pero qué pasa si el verdadero precio es nuestra información? Es como el dicho, si no pagás por el producto, el producto sos vos. Incluso un simple juego, el que sea, registra cada movimiento que hacíamos, que luego se vende. Es una locura cómo esa data se mezcla con otras apps para crear un perfil de consumo hiperdetallado. Y no se trata de paranoia, más del 85% de los usuarios de smartphones usamos apps que registran y recopilan nuestra ubicación o nuestros contactos. Pensando de esta forma, ¿dónde queda la privacidad?

Redes Sociales: Cuando un "Like" Define Tu Vida

El segundo punto son las redes. Cada like, cada scroll que hacés, es como darle un ladrillo a un algoritmo para que construya una casa entera sobre tu personalidad. Y realmente son buenos constructores. Por ejemplo, estudios de The Guardian demostraron que Facebook es capaz de adivinar nuestras preferencias de compra basándose solo en nuestras interacciones. ¿A quién no le pasó que hablás de X producto y al otro día te explota el feed de anuncios de ese modelo? La profesora Carissa Véliz de Oxford afirma que estamos alimentando una "estructura perfecta" de vigilancia porque vendemos nuestros datos sin dudar un segundo, aceptando políticas y cookies sin parar.   

El Hogar Inteligente: ¿Nos Están Escuchando?

Por último, hablemos de esa sensación incómoda que nos ha pasado a todos: ¿nos escuchan? Nuestros dispositivos inteligentes (Alexa, Google Home, Smart TVs, relojes) son como pequeños espías en casa. The Verge afirma en un artículo que estos asistentes pueden registrar sonidos del ambiente incluso cuando no los estamos usando de forma directa. No es raro que después de una charla sobre viajes o recetas, los anuncios en el teléfono parezcan directamente sacados de esa conversación. Y ni hablar de los smartwatches, que tienen un mapa completo de nuestra salud, patrones de sueño y rutina diaria. Cada aparato con WiFi se convierte en un recolector constante de nuestra información. Es una cosa que asombra y preocupa a partes iguales. 

Para Cerrar y Reflexionar

Al final del día, esto no es para que apagues tu celular, sino para que navegues con los ojos bien abiertos. Nuestra vida digital es la moneda de cambio más valiosa que tenemos. Entender cómo funciona este sistema es el primer paso para proteger algo tan esencial como nuestra privacidad.

¡Gracias por acompañarme en este episodio de Tu vida en línea! Soy Lucas Biondi, y nos vemos la semana que viene para conocer más acerca del mundo digital. ¡No te lo pierdas! 

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