Vivimos en un entorno donde prácticamente todo compite por nuestra atención: notificaciones, mensajes, videos, noticias, publicidad y recomendaciones. Tenemos acceso a más información que nunca, pero nuestra capacidad para atender sigue siendo limitada.
Y esto plantea una pregunta: ¿cuánto de lo que miramos lo elegimos realmente nosotros?
La atención no funciona como un recurso ilimitado. Cada estímulo que procesamos compite, en mayor o menor medida, con otros por nuestra capacidad de concentración. En un entorno digital que ofrece novedades constantes, detenernos en un solo contenido puede requerir un esfuerzo mayor que pasar rápidamente al siguiente. Esto no significa que hayamos perdido la capacidad de concentrarnos, sino que nuestros hábitos se desarrollan en interacción con las condiciones en las que utilizamos la tecnología.
Internet y nuestros hábitos de pensamiento
En 2010, Nicholas Carr publicó The Shallows, donde analiza cómo Internet puede modificar nuestra manera de relacionarnos con la información. Para el autor, el problema no es simplemente pasar muchas horas frente a una pantalla, también importa la forma en que utilizamos ese medio. Internet facilita -más bien promueve- saltar entre enlaces, imágenes, titulares y fragmentos de información. En general, escaneamos rápido, seleccionamos lo que nos interesa y pasamos enseguida a otra cosa.
En su libro, Carr explica que estas prácticas repetidas pueden terminar moldeando nuestros hábitos mentales. Una atención acostumbrada a lo veloz, la interrupción y el cambio constante puede entrar en tensión con la concentración sostenida que requiere, por ejemplo, leer un texto largo o desarrollar una idea en profundidad.
Las herramientas que usamos cotidianamente influyen en nuestras formas de prestar atención y, en otras palabras, en el funcionamiento de nuestros cerebros.
Esto no implica que cada interrupción produzca un cambio permanente ni que todas las personas experimenten los mismos efectos. La cuestión está en la repetición: cuando acostumbramos nuestra actividad cotidiana a los cambios constantes de estímulo, podemos tener más dificultades para sostener determinadas tareas. También es importante distinguir entre consultar información rápidamente, una habilidad útil en muchos contextos, y profundizar en un tema, que requiere tiempo, continuidad y elaboración.
De la industria cultural a las plataformas digitales
Décadas antes, Theodor Adorno y Max Horkheimer desarrollaron el concepto de industria cultural para analizar cómo la producción cultural podía quedar atravesada por lógicas industriales y comerciales.
Ellos hablaban de cine, radio, música y otros medios de su época, pero el concepto nos permite pensar una cuestión que sigue siendo relevante: la cultura se produce y distribuye dentro de sistemas que tienen determinados intereses económicos.
En las plataformas digitales nuestra atención se convierte en un recurso especialmente valioso, ya que hay una enorme cantidad de contenidos disponibles, pero el tiempo y la capacidad de atención de cada persona son limitados.
Por eso es que encontramos recomendaciones automáticas, reproducción continua, desplazamiento infinito y notificaciones. No tanto porque exista una intención de “controlarnos”, sino porque mantener nuestra permanencia tiene valor dentro del funcionamiento/mantenimiento económico de estas plataformas.
En este modelo, las interacciones de los usuarios también generan datos que permiten personalizar recomendaciones y orientar la publicidad. Cuanto más tiempo permanecemos en una plataforma, más oportunidades tiene de mostrarnos contenidos y anuncios. De esta manera, lo que parece una sucesión espontánea de publicaciones responde, en parte, a sistemas que seleccionan y ordenan aquello que aparece en nuestras pantallas. No necesitamos suponer que existe una intención coordinada de manipularnos para reconocer que hay incentivos económicos que favorecen la captación de nuestra atención.
Podemos decir que nuestra atención queda en medio de una disputa: nosotros elegimos qué mirar, pero lo hacemos únicamente dentro de un entorno que ya está organizado para mostrarnos determinadas cosas...
¿Qué podemos hacer?
No hace falta abandonar las redes para recuperar cierto control sobre nuestros cerebros. Algunas acciones relativamente simples pueden ayudar:
-Desactivar las notificaciones que no sean realmente necesarias.
-Evitar tener las aplicaciones más "tentadoras" (nuestras favoritas) constantemente abiertas o visibles.
-Establecer momentos concretos para revisar redes, en lugar de hacerlo cada vez que aparece un estímulo.
-Hacer actividades sin alternarlas con el uso del celular.
-Leer textos largos o realizar actividades que requieran concentración sostenida (pintar, escribir, entre otras).
-Observar cuánto tiempo usamos las redes, y también para qué las usamos.
-Si sentimos que no podemos reducir el uso aunque queramos y lo intentemos, buscar ayuda profesional puede ser una opción pertinente.
La idea no es demonizar la tecnología. Internet también nos permite aprender, comunicarnos, crear y acceder a información que de otros modos sería más difícil de encontrar. La cuestión, entonces, es no confundir tener acceso permanente con tener que estar permanentemente disponibles.
Si nuestra atención es limitada y valiosa, quizás valga la pena decidir un poco mejor dónde queremos ponerla...
Seguí la conversación
Si esta pregunta te dejó pensando, podés seguir explorando cómo la tecnología transforma nuestra relación con la mente, la percepción y la realidad.
🎧 Escuchá el episodio de iVoox “¿Quién decide qué merece nuestra atención?” y seguí profundizando en estas cuestiones desde otro formato:
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• Fournier, H., Fournel, A., Osiurak, F., Koenig, O., Pâris, F., Gaujoux, V. y Ringeval, F. (2026). Attention hijacked: How social media notifications disrupt cognitive processing. Computers in Human Behavior, 179, 108926.
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563226000233
• Wei, Z., Guo, Y., Tsang, M. H. L., Montag, C., Becker, B. y Kou, J. (2024). Social media distractions alter behavioral and neural patterns to global-local attention: The moderation effect of fear of missing out. Computers in Human Behavior, 157, 108258.
https://doi.org/10.1016/j.chb.2024.108258
• Voinea, C., Marin, L. y Vică, C. (2024). Digital Slot Machines: Social Media Platforms as Attentional Scaffolds. Topoi, 43, 685–695.
https://doi.org/10.1007/s11245-024-10031-0
• Carr, N. (2010). The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains. W. W. Norton & Company. Publicado en español como Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
• Adorno, T. W. y Horkheimer, M. (1944/1947). Dialéctica de la Ilustración. Capítulo «La industria cultural: Ilustración como engaño de masas».

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