El efecto dominó: cuando una serie termina, pero su historia sigue

¿Qué pasa después de que termina un capítulo?


Aparecen los créditos y nuestra plataforma de streaming favorita activa una cuenta regresiva para consultarnos si queremos seguir viendo. Pero quizá la verdadera historia recién comienza ahí.

¿Realmente dejamos de consumir una producción audiovisual cuando dejamos de mirarla?
Tal vez una ficción puede ser la ficha de un efecto dominó.

LA PRIMERA FICHA: OBSERVAR
En 1961, Albert Bandura realizó el experimento del muñeco Bobo, donde demostró que los niños podían aprender conductas agresivas simplemente observando a un adulto.

La conclusión fue clara: no necesitamos experimentar una conducta para aprenderla; también podemos incorporarla al observar a otros.

La diferencia es que ahora "el modelo" es un personaje de ficción que entra en nuestras pantallas.

LA SEGUNDA FICHA: REPETIR
Las series transmiten valores, formas de hablar, relaciones y conductas que parecen deseables o normales.

Ahí aparece el contagio social, que consiste en la propagación de comportamientos, actitudes y emociones. No significa copiar automáticamente a un personaje, sino que la repetición puede influir en cómo pensamos y percibimos ciertas situaciones.

Lo que vemos muchas veces puede dejar de parecernos extraño y comenzar a parecernos familiar. Y lo familiar, puede dejar de parecernos cuestionable.

LA TERCERA FICHA: ENTRENAR
Nicholas Carr, escritor estadounidense, en su libro Superficiales, plantea el concepto de neuroplasticidad: nuestro cerebro se adapta a aquello que hacemos de manera repetida. 

Según Carr, el uso constante de Internet puede acostumbrarnos a procesar información de forma rápida y fragmentada, dejando menos espacio para la concentración y la reflexión profunda.

Por eso, no solo importa qué vemos, sino también qué hábitos estamos entrenando al consumir contenidos.


NETFLIX

Netflix decide qué producir, qué mostrar y qué recomendar. Determinados temas, personajes y formas de representar la realidad llegan a millones de personas. 

Además, el algoritmo selecciona qué contenidos aparecen frente a nosotros según nuestros hábitos de consumo. Así, no todos recibimos las mismas historias ni las vemos de la misma manera.

EL EFECTO DOMINÓ NO TIENE POR QUÉ SER NEGATIVO

Así como podemos incorporar miedo, violencia o conductas, también podemos transmitir empatía, solidaridad, cooperación o hábitos positivos. Por eso, la pregunta no es solamente si las pantallas “hacen mal”, sino qué vemos y qué hacemos con eso que vemos.

Bandura, Carr y el concepto de contagio social permiten entender que lo que observamos y repetimos puede influir en nuestra forma de pensar y actuar. Entonces, quizás no se trata solo de preguntar ¿Qué serie estás viendo?”, sino también: “¿Qué está aprendiendo de vos tu cerebro mientras la mirás?”

Porque los créditos pueden marcar el final de un capítulo, pero no necesariamente el final de sus efectos.


Fuentes y referencias

Bandura, A., Ross, D., & Ross, S. A. (1961). Transmission of aggression through imitation of aggressive models. Journal of Abnormal and Social Psychology, 63(3), 575–582. https://doi.org/10.1037/h0045925

Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus.

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