¿Estamos perdiendo capacidades o aprendiendo a pensar de otra manera?
Nunca tuvimos tanto acceso a la información y, al mismo tiempo, parece cada vez más difícil permanecer unos minutos frente a una sola idea. Podemos pasar horas navegando, mirando videos o leyendo publicaciones, pero un texto extenso puede convertirse rápidamente en una tarea agotadora.
El medio también nos transforma
En Superficiales, Nicholas Carr retoma una idea de Marshall McLuhan: Señala que las tecnologías tienen una influencia profunda porque las utilizamos para organizar, expresar y ampliar nuestras capacidades mentales.
"Toda tecnología intelectual encarna una ética intelectual, un conjunto de supuestos acerca de cómo funciona o debería funcionar la mente humana."
Los medios no son solamente canales que transportan información, también pueden modificar la manera en que pensamos. No solo importa qué información encontramos en la web, también cómo el medio nos invita a consumirla. Una página puede ofrecernos enlaces, videos, notificaciones y nuevas ventanas antes de que terminemos de leer aquello que teníamos delante.
Leer en tiempos de distracción
Carr reconoce que internet tiene beneficios. Permite encontrar información en segundos, comunicarnos, estudiar y acceder a contenidos que antes podían requerir horas de búsqueda. Sin embargo, esos beneficios tienen un costo: nuestra atención también se acostumbra a la velocidad y a la fragmentación.
"cuando nos conectamos a la Red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial."
También aclara que es posible pensar profundamente mientras navegamos por internet y superficialmente mientras leemos un libro. El problema no sería simplemente pantalla contra papel, sino qué hábitos de atención desarrolla cada forma de consumo.
De la lectura al algoritmo
Plataformas audiovisuales como Netflix no solamente ofrecen un catálogo de películas y series: también organizan ese catálogo mediante recomendaciones. Su influencia puede ser tan sutil como determinar qué contenidos encontramos, cuáles aparecen primero y qué otras producciones se nos presentan como similares a nuestros gustos.
La batalla invisible entre los algoritmos y la autenticidad del gusto personal
¿Quién decide qué merece nuestra atención?
La cuestión no es afirmar que un algoritmo controle nuestra mente porque no elimina nuestra capacidad de elegir. Es reconocer que la atención se convirtió en un espacio de disputa entre usuarios, medios y plataformas. El desafío consiste en desarrollar la capacidad de utilizar distintos modos de atención según lo que necesitemos.
Recuperar el control
La batalla por nuestra atención no se libra solamente entre una pantalla y un libro. También se libra dentro de nosotros cada vez que debemos decidir entre seguir deslizando o detenernos a pensar.



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