Entrenar para estar mejor o para encajar: redes sociales y salud mental.
Hoy en día, las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana. Plataformas como Instagram, TikTok y YouTube están llenas de rutinas de entrenamiento, transformaciones físicas, consejos de alimentación y cuerpos que parecen cumplir con todos los ideales de belleza. A simple vista, este contenido puede parecer motivador, porque nos impulsa a realizar actividad física y a incorporar hábitos saludables. Sin embargo, también puede generar inseguridades, frustración y una necesidad constante de cambiar nuestro aspecto físico.
El problema aparece cuando comenzamos a entrenar no solamente para sentirnos mejor, sino para parecernos a otras personas, recibir aprobación o alcanzar un cuerpo que vemos repetidamente en las pantallas. En ese momento, una actividad que debería contribuir a nuestro bienestar puede convertirse en una fuente de presión.
Por eso, es importante reflexionar sobre la relación entre el entrenamiento físico, las redes sociales y la salud mental, y preguntarnos hasta qué punto nuestras decisiones responden a nuestros propios deseos o a las exigencias que recibimos del entorno digital.
Las redes sociales y los ideales de belleza
En las redes sociales encontramos constantemente imágenes de personas con cuerpos musculosos, abdomen marcado, poca grasa corporal o determinadas proporciones físicas. Muchas veces, estas publicaciones muestran resultados sin explicar el proceso completo, las condiciones personales o el tiempo que llevó conseguirlos.
Además, las fotografías pueden estar editadas, tomadas desde ciertos ángulos o acompañadas de filtros que modifican la apariencia. Esto puede generar una percepción distorsionada de lo que consideramos un cuerpo normal o saludable.
Como consecuencia, algunas personas comienzan a comparar su apariencia con la de quienes siguen en Internet. Aparecen pensamientos como: “¿Por qué no tengo ese cuerpo?”, “¿Por qué no consigo esos resultados?” o “Tengo que entrenar más para verme así”.
La comparación constante puede afectar la autoestima y hacer que una persona deje de valorar sus propios avances. En lugar de reconocer lo que su cuerpo puede hacer, empieza a concentrarse en aquello que considera que debería cambiar.
El informe Social Media and Youth Mental Health, publicado por la Oficina del Cirujano General de Estados Unidos en 2023, advierte sobre la relación entre ciertos contenidos de las redes sociales, la insatisfacción corporal y la baja autoestima. También señala que el 46 % de los adolescentes de entre 13 y 17 años encuestados manifestó que las redes sociales los hacían sentirse peor respecto de su imagen corporal.
La salud mental detrás de la búsqueda del cuerpo ideal
La presión por alcanzar determinados estándares físicos puede relacionarse con la ansiedad, la frustración, la baja autoestima y la insatisfacción corporal. Algunas personas pueden llegar a sentir que su cuerpo nunca es suficiente, incluso después de haber conseguido cambios importantes.
También puede aparecer una relación negativa con la comida. Por ejemplo, alguien puede empezar a considerar ciertos alimentos como prohibidos, sentir culpa después de comer o realizar ejercicio con el único objetivo de compensar lo que consumió.
En situaciones más complejas, estas conductas pueden relacionarse con una preocupación excesiva por el peso y la apariencia, conductas alimentarias de riesgo o una relación poco saludable con el ejercicio. Esto no significa que todas las personas que entrenan o cuidan su alimentación vayan a desarrollar estos problemas, sino que es importante reconocer las señales de malestar y buscar ayuda cuando sea necesario.
Otro aspecto importante es que las redes sociales muestran principalmente resultados visibles: cambios físicos, fotografías del antes y el después, marcas personales y logros. Pero casi nunca muestran de manera completa las inseguridades, los días difíciles, el cansancio o las dificultades personales que también forman parte de cualquier proceso.
La salud mental debería ocupar un lugar tan importante como los objetivos físicos. No tiene sentido alcanzar una determinada apariencia si, durante el proceso, perdemos la tranquilidad, disfrutamos menos de la vida o comenzamos a rechazar nuestro propio cuerpo.
Nicholas Carr y la influencia de Internet en nuestra atención
Para analizar esta problemática también podemos relacionarla con las ideas de Nicholas Carr, desarrolladas en su libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?
Si trasladamos esta reflexión al entrenamiento y la imagen corporal, podemos observar que las redes sociales nos exponen a una sucesión constante de imágenes, videos breves, recomendaciones y mensajes que compiten por nuestra atención. En pocos minutos podemos pasar de ver una rutina de ejercicios a una dieta, una transformación física y una persona que muestra resultados que parecen inalcanzables.
Esta circulación constante de contenido puede hacer que prestemos cada vez más atención a nuestra apariencia y que sintamos la necesidad de mejorarla continuamente. Además, los algoritmos pueden recomendarnos publicaciones similares a aquellas con las que interactuamos, haciendo que determinados ideales corporales aparezcan una y otra vez en nuestro feed.
Desde esta perspectiva, el problema no es únicamente el contenido que consumimos, sino también la dinámica de una plataforma que puede mantenernos conectados, comparándonos y buscando nuevas formas de alcanzar una imagen ideal.
Las ideas de Carr no demuestran por sí solas que las redes sociales causen trastornos de salud mental. Sin embargo, permiten construir una reflexión crítica sobre cómo los entornos digitales pueden influir en nuestros hábitos, nuestra atención y la manera en que interpretamos lo que vemos.
¿Entrenamos para nosotros o para los demás?
Una pregunta fundamental es qué nos motiva a entrenar. ¿Lo hacemos porque disfrutamos de la actividad física, queremos sentirnos más fuertes y cuidar nuestra salud, o porque sentimos que necesitamos parecernos a alguien más?
No existe una única respuesta. Podemos comenzar a entrenar por razones estéticas y, al mismo tiempo, disfrutar de los beneficios que la actividad física nos ofrece. El problema no está en querer cambiar nuestro cuerpo, sino en sentir que nuestra autoestima depende exclusivamente de conseguirlo.
También es importante recordar que cada persona tiene una historia, una genética, unas condiciones de vida y unos objetivos diferentes. Comparar procesos individuales a partir de fotografías o videos no permite conocer toda esa realidad.
Las redes sociales también pueden tener un impacto positivo. Existen entrenadores que comparten información útil, comunidades que promueven la actividad física y personas que ayudan a visibilizar la diversidad corporal. Por eso, no se trata de rechazar la tecnología, sino de aprender a utilizarla de una manera más consciente.
Construir una relación más saludable con el entrenamiento y las redes
Frente a esta situación, es importante desarrollar una mirada crítica sobre los mensajes que recibimos diariamente. Algunas acciones pueden ayudarnos a construir una relación más saludable con nuestro cuerpo y con la tecnología:
- Cambiar el objetivo del entrenamiento: priorizar la salud, la fuerza, la movilidad y el bienestar, en lugar de concentrarnos únicamente en la apariencia.
- Evitar las comparaciones constantes: comprender que cada cuerpo responde de manera diferente y que las imágenes de Internet no siempre reflejan la realidad.
- Respetar el descanso: entender que recuperarse también forma parte de cualquier rutina de actividad física.
- Seleccionar el contenido que consumimos: dejar de seguir cuentas que generan inseguridad y buscar referentes que promuevan hábitos realistas y saludables.
- Reconocer nuestras emociones: prestar atención a cómo nos sentimos después de pasar tiempo en redes sociales o de entrenar.
- Pedir ayuda cuando sea necesario: si la preocupación por el cuerpo, la alimentación o el ejercicio genera sufrimiento o interfiere con la vida cotidiana, puede ser importante consultar a un profesional de la salud.
Fuentes:
Carr, N. (2011). Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus. (Verificá el año y la editorial según la edición que utilices).
Office of the Surgeon General. (2023). Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory. U.S. Department of Health and Human Services. Leer el informe oficial.
National Library of Medicine. (2023). Social Media and Youth Mental Health. NCBI Bookshelf. Consultar el documento completo.
Te invitamos a escuchar más sobre el tema en nuestro canal de Youtube.



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