El pánico selectivo: a quién le tememos cuando hablamos de vigilancia

En julio de 2020, Mike Pompeo, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, fue consultado en Fox News sobre si los estadounidenses debían descargar TikTok. Su respuesta cabe en una línea: "Solo si quieren que su información privada caiga en manos del Partido Comunista Chino" (CNBC, 2020). No habló de servidores ni de algoritmos, y no presentó pruebas. No le hizo falta.

Más de seis años después, la historia tuvo final. Con una ley, un fallo de la Corte Suprema y una venta forzada de por medio, en enero de 2026 TikTok quedó en Estados Unidos bajo una empresa de mayoría estadounidense. Pero lo que me quedó dando vueltas no es si TikTok recolecta datos. Lo hace, como casi todas las plataformas de las que hablé en La cárcel sin paredes. Lo que me pregunto es por qué ese caso, y no otros, activó una ley. hero-image-fill-size-1248x702-v1655488927

Qué es ByteDance y qué dice la ley

TikTok pertenece a ByteDance, una empresa fundada en 2012 con sede operativa en Beijing. Dentro de China la app se llama Douyin y funciona por separado; afuera, TikTok. En abril de 2024 el entonces presidente Joe Biden firmó la ley conocida como "divest-or-ban" (vender o prohibir): nombra a ByteDance y a TikTok, y dispone que, si no hay una venta, las tiendas de aplicaciones y los servicios de alojamiento no podrán distribuir ni actualizar la app en el país. La Corte Suprema confirmó su constitucionalidad el 17 de enero de 2025.

El desenlace llegó el 22 de enero de 2026. Nació TikTok USDS Joint Venture, con ByteDance reducida a 19,9% y tres socios principales (Oracle, Silver Lake y el fondo MGX, de Abu Dhabi) con 15% cada uno. Oracle aloja los datos en su nube en Estados Unidos, el algoritmo se reentrena con datos de usuarios estadounidenses y el CEO es Adam Presser, un ejecutivo con pasado en Warner Bros. que ya trabajaba en la empresa (Variety, 2025; 2026).

El argumento detrás de la ley es de riesgo potencial: ByteDance es una empresa china y, en teoría, el gobierno de ese país podría presionarla para acceder a datos o influir en el algoritmo. Es un argumento que se entiende. La pregunta es qué pruebas lo sostenían.

Un miedo con pocas pruebas

Fui a leer las fuentes. La nota de CNBC de 2021 que suele citarse para sostener que ByteDance controla a TikTok se apoya sobre todo en cinco ex empleados que hablaron bajo anonimato, junto con opiniones de expertos sobre lo que China podría hacer. Entre los expertos con nombre hay voces dispares: Graham Webster, de Stanford, llegó a calificar la amenaza como poco probable, porque el gobierno chino puede conseguir datos parecidos por otras vías. La misma nota señala que en los últimos cuatro informes semestrales de transparencia de la empresa no figura ni una solicitud de datos del gobierno chino (CNBC, 2021). Es información de la propia empresa, así que tampoco la tomo como prueba definitiva, pero es un documento público y no un testimonio sin nombre.

Tampoco se puede decir que no hay nada. En 2022, BuzzFeed News publicó audios filtrados de más de 80 reuniones internas en las que empleados de ByteDance en China accedían a datos de usuarios estadounidenses (Baker-White, 2022). Ese mismo año la propia ByteDance reconoció que empleados habían usado indebidamente datos de dos periodistas para rastrear filtraciones, y despidió a cuatro personas (Al Jazeera, 2022). Eso es grave y justifica regular. Pero es acceso interno: ninguna de estas fuentes demuestra que los datos llegaran al gobierno chino. Entre "podría" y un "hecho" hay una distancia que la ley dio por saldada.

Una aclaración sobre cómo leo las fuentes. Todo medio tiene intereses: uno occidental no es neutral cuando investiga a China, ni uno chino cuando defiende a China. Por eso me quedo con lo que se puede verificar en documentos públicos y con lo que las partes admiten en su contra. Me pesa más el reconocimiento de ByteDance que cualquier audio filtrado.

"Comunista": la palabra que hace el trabajo

Volvamos a la frase de Pompeo, que está armada con cuidado. No dice "el gobierno chino": dice Partido Comunista. China es hoy una economía de mercado, con empresas privadas, bolsa y multimillonarios, y ByteDance misma es una empresa privada que compite en el mercado global. Es cierto que gobierna un partido único con ese nombre, pero la palabra no describe cómo funciona su economía. Describe un miedo instalado. Heredado de la Guerra Fría y repetido durante décadas en discursos, películas y titulares, ese miedo funciona sin necesidad de argumentar nada. Pompeo no explicó un riesgo técnico: activó un reflejo y una paranoia con una cadena de sentidos con años de propaganda. 

Y no fue un caso aislado. Según CNBC, la posible prohibición se enmarcaba en una campaña más amplia contra la tecnología china, que antes había apuntado a Huawei y ZTE con acusaciones de espionaje que Huawei negó (CNBC, 2020). Cambia la empresa y el relato se repite.

Lo que no genera pánico

Ahora, el contraste. En 2013, Edward Snowden filtró la existencia de PRISM, un programa de la NSA. Según los reportes de The Washington Post y The Guardian recogidos por TechCrunch (2013), le daba a la NSA y al FBI acceso a los servidores de nueve empresas estadounidenses (Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, YouTube, Skype, AOL y Apple), con correos, fotos, videos, documentos y registros de conexión que permiten reconstruir los movimientos y contactos de una persona. Varias empresas negaron haber dado acceso directo. Lo que no hubo fue una ley para obligar a Google o a Facebook a vender para proteger a sus usuarios.

Más cerca en el tiempo: en febrero de 2025, según reportes, el DOGE, el organismo impulsado por Elon Musk (dueño de X) dentro del gobierno de Trump, accedió a sistemas de pago del Tesoro con datos personales sensibles de ciudadanos estadounidenses. Fiscales generales de 13 estados anunciaron que lo demandarían (WBTV, 2025). No hubo ley ni cuenta regresiva. Aclaro que X no figuraba entre las empresas de PRISM: acá la conexión es la persona y no la plataforma.

Si el criterio es que alcanza con que la vía de acceso exista, ese criterio también valía para PRISM, solo que ahí la vía no era una hipótesis: estaba documentada.

Cambiar de dueño no es cambiar de lógica

Especialistas en ciberseguridad consultados por Time advirtieron que el acuerdo de TikTok corre el riesgo de cambiar la vigilancia de un gobierno por la de otro, recordaron que el gobierno de EEUU ya usa las redes sociales para vigilar y señalaron los vínculos políticos de quienes lideran la operación (Time, 2025). También señalaron que Pekín tiene otras vías para conseguir datos de estadounidenses, como los corredores de datos.

Byung-Chul Han describe un régimen de la información en el que el factor decisivo del poder es "el acceso a la información, que se utiliza para la vigilancia psicopolítica" (Han, 2022). Visto así, la discusión no es si TikTok vigila. Es quién tiene permiso para hacerlo, bajo qué criterio y a quién se le teme cuando lo hace.

Nada de esto es una defensa de Pekín. La ley de seguridad nacional que impuso en Hong Kong en 2020 sirvió para condenar en 2025 al dueño de un diario, Jimmy Lai, por "colusión con fuerzas extranjeras", entre otras cosas por reunirse con funcionarios de otros países y pedir sanciones a China (WYPR, 2025). Es el mismo recurso de la "seguridad nacional", pero con otra bandera.

Entonces, ¿le tenemos miedo a la vigilancia o a que la ejerza alguien que no es de los nuestros? Yo sigo con esa pregunta, con más bronca y menos citas, en el nuevo episodio de Total Interferencia. Escuchalo acá: 


Compartir:  

0 comentarios:

Publicar un comentario