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Algoritmos, experimentos y cibervigilancia: ¿Elegimos libremente lo que pensamos en la red?

 

La idea de que Internet es un territorio neutro, democrático y de libre expresión se ha derrumbado. Detrás de las pantallas que consultamos mecánicamente decenas de veces al día, opera una compleja arquitectura de manipulación algorítmica, desinformación industrializada y vigilancia masiva que moldea activamente la percepción pública, las emociones colectivas y el debate democrático a escala global.

Nuestra percepción de la realidad, nuestras decisiones políticas y nuestras emociones están siendo moldeadas por corporaciones privadas y agencias estatales. A través de experimentos psicológicos no consentidos, el encierro en burbujas de filtro y la contratación de ciberarmas de propaganda, la libertad de elección en la red revela su verdadera naturaleza: una cuidada ilusión construida sobre la atención del usuario.

La desinformación como industria a escala global

La difusión de noticias falsas y discursos polarizantes dejó de ser un fenómeno espontáneo de usuarios individuales. Hoy en día se trata de una estrategia política y comercial hiperprofesionalizada.

Un informe exhaustivo elaborado por el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford (OII) reveló que las campañas organizadas de manipulación en redes sociales están presentes en al menos 81 países, lo que representa un aumento sostenido de la desinformación producida a escala industrial.

Los hallazgos principales de la investigación confirman la gravedad del problema:

  • Estrategia sistemática: En el 93 % de los países analizados (76 de 81), los gobiernos y partidos políticos utilizan la propaganda computacional como una herramienta habitual de comunicación política.

  • Privatización de la propaganda: Se identificaron agencias estatales trabajando junto a empresas privadas de "comunicación estratégica" en 48 países, ofreciendo servicios de desinformación, acoso y difamación por encargo.

  • Inversión millonaria en ciberarmas: Se han destinado casi 60 millones de dólares al financiamiento de empresas que operan bots, cuentas pirateadas y sistemas de amplificación para falsificar tendencias y simular falsos consensos populares.

  • Ataque a la oposición y activistas: En 59 países se detectó el uso de troles patrocinados por los Estados para silenciar el periodismo independiente, hostigar activistas y erosionar la confianza democrática.

Esta "producción de consenso" artificial demuestra que la conversación pública no es orgánica, sino el resultado de ejércitos de software programados para moldear el debate a favor de intereses concentrados.

Los usuarios como cobayos: Manipulación emocional y burbujas

Las plataformas no se limitan a distribuir información; intervienen activamente en el estado de ánimo de las personas.

Un caso paradigmático analizado por la investigadora Marian Moya en la Revista Anfibia sacó a la luz el experimento secreto realizado por Facebook sobre 689.003 usuarios sin su consentimiento. La plataforma manipuló el algoritmo de la sección "Noticias" para alterar la cantidad de contenidos positivos o negativos que veían las personas, demostrando que es posible provocar un "contagio emocional" masivo mediante la simple selección algorítmica.

Esta manipulación se complementa con el concepto de "Filtro de Burbuja", acuñado por Eli Pariser. Los algoritmos de recomendación están diseñados para maximizar el tiempo de permanencia en pantalla, alimentando a los usuarios únicamente con contenidos que confirman sus sesgos previos o despiertan indignación. Como la rabia genera más clics e interacciones que el análisis pausado, la infraestructura digital premia la radicalización y penaliza el pensamiento crítico.

El cerebro hipertextual y la pérdida de la atención profunda

Esta sobreestimulación algorítmica tiene consecuencias directas sobre nuestra neurobiología. En su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, el ensayista Nicholas Carr advierte que la navegación digital constante reconfigura la neuroplasticidad del cerebro.

Al exponernos a ráfagas ininterrumpidas de información, notificaciones y textos fragmentados, la red nos adiestra para la evaluación rápida y la distracción permanente, erosionando de manera progresiva nuestra capacidad de concentración, lectura profunda y memoria a largo plazo.

Como sostenía Marshall McLuhan, "el medio es el mensaje": la tecnología no es un instrumento neutro, sino un entorno que transforma la estructura de nuestro pensamiento y anestesia el juicio crítico sin que lo notemos.



Vigilancia masiva y la ilusión del espacio libre

A la manipulación corporativa se le suma el despliegue del cibercontrol estatal. Informes de la Asamblea General de las Naciones Unidas han alertado que la facilidad tecnológica actual permite a los gobiernos monitorear el tráfico web, intervenir llamadas y rastrear datos de localización de ciudadanos comunes.

A través de leyes amparadas en la "seguridad nacional" o la "lucha contra el crimen", países en Europa, América Latina y Asia han instaurado marcos de vigilancia extraterritorial y retención de datos que violan el derecho fundamental a la privacidad.

Casos de espionaje masivo y la intervención del denominado "Club de los Cinco" (las grandes corporaciones tecnológicas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) confirman que la red se ha consolidado como un espacio de poder asimétrico. Las decisiones sobre qué se ve, qué se silencia y qué se censura quedan reducidas al criterio arbitrario de un puñado de directivos y agencias gubernamentales, tal como evidenciaron las idas y vueltas de las políticas de censura en plataformas como Twitter.

Hacia una resistencia digital crítica

Frente a un ecosistema diseñado para la manipulación, la pasividad del usuario deja de ser una opción. Comprender la arquitectura digital es el primer paso para desnaturalizarla. Para no ser piezas pasivas del engranaje algorítmico, resulta indispensable adoptar una postura activa: - Cuestionar la inmediatez: Ejercitar la pausa analítica antes de compartir contenidos que apelen directamente a la indignación o la emoción visceral. - Diversificar la dieta informativa: Forzar la salida de la burbuja algorítmica buscando activamente fuentes primarias, medios independientes e investigaciones con respaldo metodológico. - Exigir transparencia algorítmica: Reclamar marcos regulatorios que impidan la experimentación social con usuarios y garanticen la auditoría pública del código de las grandes plataformas.

Navegar por Internet exige dejar de asumir la tecnología como un entorno dado e inofensivo. Solo mediante el desarrollo de un pensamiento crítico y consciente podremos recuperar la soberanía sobre nuestras mentes y nuestras decisiones en el mundo digital. 🎧 ¿Preferís escuchar o ver este análisis mientras viajás o hacés otra cosa? Hacé clic en el reproductor que está de bajo de esta nota para oír el debate extendido, con ejemplos analíticos y la teoría de Marshall McLuhan en nuestro Episodio 2 del Podcast "Hoy Todo Vale" o en nuestro video de YouTube.

🔗 Enlaces externos de referencia y consulta:

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Cuando parecer real alcanza para parecer verdadero - por Eliana Silva


La inteligencia artificial permite crear imágenes, voces y videos cada vez más convincentes. ¿Cómo distinguimos lo verdadero de lo falso cuando las señales que utilizamos para reconocer la realidad también pueden fabricarse?

Durante mucho tiempo, ver fue una forma bastante poderosa de comprobar que algo había pasado. Una foto mostraba que alguien estuvo en un lugar, un video permitía ver una situación, una grabación podía mostrarnos lo que alguien había dicho... no eran pruebas perfectas, pero producirlas artificialmente de manera convincente era difícil. 

Eso evidentemente cambió. Hoy podemos crear imágenes de personas inexistentes, hacer que alguien parezca decir algo que nunca dijo o armar videos de situaciones que no ocurrieron. Pero el problema no está únicamente en la tecnología. También está en cómo interpretamos lo que vemos. Nuestro cerebro utiliza señales como la familiaridad, la apariencia, la coherencia y el contexto para orientarse, lo cual normalmente funciona bastante bien, pero el problema aparece cuando esas mismas señales pueden ser fabricadas.

Estas señales funcionan como atajos mentales: nos permiten interpretar información con rapidez sin tener que evaluar cada detalle desde cero. En psicología cognitiva, muchos de estos mecanismos se estudian a través de las heurísticas, reglas prácticas que utilizamos para elaborar juicios. Aunque suelen resultar útiles, también pueden llevarnos a conclusiones equivocadas cuando las aplicamos en contextos engañosos.

La familiaridad, por ejemplo, puede hacernos sentir que algo es verdadero simplemente porque ya lo vimos antes. Esto se relaciona con un efecto llamado "verdad ilusoria": la repetición de una información puede aumentar la sensación de que es cierta, incluso cuando carece de pruebas. Un metaanálisis publicado en 2026 en Nature Communications, que reunió 182 estudios y más de 31.000 participantes, encontró evidencias de este efecto. En redes sociales esto adquiere otra dimensión: los algoritmos, por repetición, pueden generarnos sensación de familiaridad (muchas veces, con contenidos falsos).

Esto también puede dificultar que recordemos dónde encontramos originalmente una afirmación o si alguna vez comprobamos su veracidad. Cuando una idea circula reiteradamente, podemos terminar reconociéndola sin recordar su procedencia. La sensación de familiaridad permanece, aunque hayamos perdido de vista las razones por las que deberíamos creerla.

Algo parecido pasa con la apariencia: un video con buena iluminación, sonido claro y una edición cuidada puede transmitir una sensación de profesionalismo. La estética prolija puede parecernos más seria. Una cuenta con muchos seguidores puede parecer más confiable. Pero la realidad es que nada de eso demuestra, por sí solo, que la información sea verdadera. El estudio de Bo Hu y Guanxiong Huang, publicado en 2025 en Social Media + Society, encontró una relación entre la calidad técnica percibida de los videos y la percepción de realidad. En los videos artificiales una mayor calidad dificulta su detección.

Esto no significa que todos los videos de alta calidad sean sospechosos ni que los contenidos artificiales siempre resulten convincentes. La dificultad está en que la calidad visual deja de ser un indicador suficiente para evaluar la autenticidad. Un video puede verse impecable y ser falso, del mismo modo que una grabación borrosa o de baja calidad puede documentar un hecho real.

La cuestión es que esas características que antes podían funcionar como señales de autenticidad ahora también pueden ser producidas artificialmente. Por eso, cuando vemos un contenido dudoso, quizá la pregunta más útil no sea solamente “¿parece real?”. También podemos -y deberíamos- preguntarnos de dónde salió, si existe una grabación original, si hay información sobre cuándo y dónde fue realizada, si otros medios registraron el mismo hecho, si está fuera de contexto, etc.

El nuevo problema de la evidencia

La inteligencia artificial no solamente facilita la creación de contenidos falsos. También pone en discusión algo más básico: qué consideramos evidencia. Una foto, un video, una voz o una captura de pantalla pueden parecer pruebas directas y, aún así, haber sido generados/manipulados artificialmente. Eso no significa que haya que desconfiar de todo, sino que algunas formas de evidencia necesitan algo que las acompañe, como contexto, procedencia y verificación.

En este escenario, también adquiere importancia la alfabetización mediática: aprender a evaluar quién produce un contenido, con qué propósito y sobre qué evidencias se sostiene. No se trata de convertir cada publicación en una investigación exhaustiva, sino de reconocer cuándo una afirmación merece una comprobación adicional, especialmente si busca provocar una reacción emocional intensa o presenta información extraordinaria sin fuentes identificables.

Uno de los (tantos) cambios vertiginosos que trae la inteligencia artificial es, entonces, reconocer que ya no alcanza con confiar en nuestros sentidos para saber si algo parece real, sino que también tenemos la nueva necesidad de detectar qué nos hace pensar que lo es...


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Si esta pregunta te dejó pensando, podés seguir explorando cómo la tecnología transforma nuestra relación con la mente, la percepción y la realidad.

🎧 Escuchá el episodio de iVoox “¿Y si tu cerebro ya no sabe qué es real?” y seguí profundizando en estas cuestiones desde otro formato:  ▶️ También podés seguir Científicamente Incorrecta en YouTube para encontrar más contenidos sobre ciencia, tecnología y esas preguntas que alguna vez te hiciste.

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Fuentes:
• Ye, S. et al. (2026). Systematic review and meta-analysis of the evidence for an illusory truth effect and its determinants. Nature Communications.

https://www.nature.com/articles/s41467-026-70041-x

• Hu, B. y Huang, G. (2025). What Looks Good and Familiar Seems Real: How Heuristic Processing of AI-Powered Synthetic and Real Videos Shapes User Perceptions and Detection Accuracy. Social Media + Society.

https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/20563051251401815
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Concentración, Algoritmos y Vigilancia: El costo de estar siempre conectados


Por Augusto Pomponio Hotton.


El mundo de Internet, ese espacio que nos rodea cada día, se ha transformado en un terreno de control. ¿Gira todo en torno a las grandes corporaciones? ¿Nos espían? ¿Se violan nuestros derechos digitales?


Ya nos conocen. Por qué el "club de los cinco" sabe qué votamos y qué compramos.


Cuando navegamos por internet creemos estar en un espacio libre y abierto. Pero no.
Aunque cueste creerlo, el tráfico global está concentrado en un pequeño grupo de empresas: Alphabet (Google, Youtube, Gmail, Android), Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), Amazon, Apple y Microsoft.

Este grupo, conocido como "el club de los cinco", son los que manejan la mayor parte de la información del mundo.

Los dueños de internet por Natalia Zuazo afirma: "La vida de medio planeta está en manos del club de los cinco, un manojo de corporaciones que concentra tanto poder que gran parte de la economia, la sociedad y decisiones del futuro pasan por ellas". 

Ahora, ¿Como y  dónde concentran ese poder? 
Si le preguntamos a un mayor sobre Facebook, Amazon o Google, seguro nos dice "Yo no tengo nada de eso instalado".
La realidad es que estas empresas están en todos lados, aunque no nos demos cuenta.

  • Google domina las búsquedas, pero no solo es un buscador, también maneja Youtube, Gmail y  los dispositivos que tenemos en las manos (Android).
  • Meta, tiene a Facebook e instagram, pero no solo maneja redes sociales, tienen a WhatsApp, donde pasan millones de conversaciones al día.

  • Microsoft es el que está es nuestras computadoras con windows, servicios como Office y servicios de las nubes. 
  • Apple en sus dispositivos decide que aplicaciones entran o no es su sistema operativo Ios.

En definitiva, no estamos en un espacio libre, estamos en un terreno controlado por estas empresas que determinan: qué información circula y cómo nos comunicamos.


¿Somos perseguidos? 


Cada vez que estamos en internet dejamos huellas: Búsquedas, mensajes, fotos, likes.
Estos datos son oro para las compañias. Estas empresas no solo las recolectan, sino que las utilizan sin permiso para fines comerciales o políticos. 

En el documental Nada es privado afirma:
"Nuestro rastro digital alimenta la industria, nosotros somos la mercancia".

Un ejemplo es Facebook, en un artículo de la BBC se la acusa de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con la firma de consultoría política de Cambridge Analytica.
Por violar la privacidad de los usuarios, se gano una multa millonaria por parte de la unión europea.

El espionaje no termina ahí. Los estados también nos observan.
En el segundo capítulo de Revolución virtual producida por la BBC, nos explica sobre  internet: "Es una herramienta muy poderosa que tiene el estado para controlarnos, saber sobre nosotros". 

Fuera de la red podemos ser la mejor persona del mundo, pero dentro de ella somos tratados como sospechosos.

El caso de Edward Snowden nos confirma hechos.
Él filtró documentos de cómo el gobierno norteamericano recopila: llamadas, correos electrónicos y datos de millones de personas.

"No puedo en buena conciencia permitir que el gobierno de Estados Unidos destruya la privacidad, la libertad de Internet y las libertades básicas de la gente alrededor del mundo con esa masiva máquina de vigilancia que secretamente construyeron".

Y si hablamos de control, China es el ejemplo más extremo.
Su estado controla todas las plataformas locales como Weibo y aplica un sistema de crédito social que premia o castiga a sus ciudadanos según el comportamiento en línea. 

Las redes nos manipulan


Facebook, Instagram, Tik tok o Youtube no son espacios neutrales.
Sus algoritmos deciden qué vemos y qué no vamos a ver, según intereses comerciales o políticos.

Ese flujo constante de contenido, "feed", es el culpable. Está diseñado para mantenernos conectados y moldear nuestra mente.
Así se forma la burbuja de filtros: Cada usuario recibe solo la información que confirma lo que ya piensa, evitando debates de ideas diferentes.

El autor  Eli Pariser, en un ensayo "El filtro burbuja explica : Como la red decide lo que leemos y lo que pensamos". 

Un claro ejemplo: Ayer me apareció una publicación de Elon Musk, que decía que había comprado la casa de la ucraniana asesinada para que su familia no pague alquiler. 
Muchos lo creyeron, pero era una fake news. Solo circulaba en redes, sin respaldo de medios. 

¿El que posteo, queria cambiar nuestra mirada de Elon?
¿Será un bot pago, así como el ejército de los cincuenta céntimos en China?.

Este tipo de manipulación no solo busca cambiar la imagen de figuras públicas, sino también influir en elecciones.
Amnistía nos habla de cómo Facebook utilizó datos de ciertas personas que dudaban a quien votar.
En el documental Nada es privado revela cómo Cambridge Analytica segmentó a los usuarios con propagamda política personalizada: millones cieron anuncios de Trump, miestras que unos pocos los de Hillary Clinton.

Conclusiones 


Todo este recorrido demuestra que la libertad en internet es una ilusión.
Hoy estamos más vigilados que nunca. Los estados nos observan y las redes nos manipulan.

Nos conocen: Saben qué buscamos, qué opinamos, qué compramos y qué votamos.
Estamos en un terrenos diseñado para controlarnos.

  • ¿Vamos a seguir entregando nuestros datos sin pensar?
  • ¿Algún día los derechos digitales serán importantes como los derechos humanos?

Para cerrar, una reflexión de la mano invisible: 
"Debemos trabajar para revertir esta tendencia y garantizar que se devuelva el control a las personas que utilizan estas plataformas, y que sus derechos en línea se protejan y respeten".

Bibliografía: 

- Fundación telefónica.  (2017, 19 de junio). Eli Pariser: Fake news, los filtros burbuja y la batalla por la verda. 
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