¿Por qué sentimos que todos viven mejor que nosotros?



 Redes sociales, comparación y salud mental en la vida cotidiana.

Entramos a Instagram, TikTok o cualquier otra red social y, en pocos minutos, podemos ver personas viajando, saliendo, teniendo éxito, comprando cosas, haciendo ejercicio o mostrando relaciones aparentemente perfectas. Aunque sabemos que estamos viendo solamente una parte de sus vidas, muchas veces terminamos comparándola con la nuestra completa.

El problema no necesariamente está en mirar lo que hacen los demás. El problema aparece cuando esa comparación se vuelve constante y empezamos a sentir que nuestra vida es menos interesante, menos exitosa o menos feliz que la de los demás.

La vida que vemos no es la vida completa

Las redes sociales funcionan a partir de una selección. Cada persona decide qué mostrar y qué dejar afuera, mientras que los algoritmos también determinan qué contenidos aparecen con mayor frecuencia. Por eso, nuestro inicio no representa la realidad tal como es, sino una versión seleccionada y organizada de ella.

La American Psychological Association advierte justamente sobre este fenómeno. Sus recomendaciones señalan que el uso de las redes para realizar comparaciones sociales, especialmente relacionadas con la apariencia, puede asociarse con una peor imagen corporal, conductas alimentarias problemáticas y síntomas depresivos, particularmente entre las adolescentes. (APA, 2023).

Entonces aparece una pregunta importante: ¿cuánto de lo que sentimos sobre nuestra propia vida está influenciado por la vida que vemos en una pantalla?

No es solamente cuánto tiempo estamos conectados

Cuando hablamos de redes sociales, muchas veces reducimos el problema a una cuestión de cantidad: “hay que usar menos el celular”. Sin embargo, también importa qué hacemos mientras estamos conectados. No produce el mismo efecto mirar videos de humor que pasar una hora observando cuerpos, viajes, relaciones o estilos de vida con los que constantemente nos comparamos.

La investigación actual tampoco permite afirmar que las redes sociales sean, por sí solas, la causa de los problemas de salud mental. Una revisión y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2024, que reunió 143 estudios y más de un millón de adolescentes, encontró una asociación positiva entre el uso de redes sociales y síntomas, como ansiedad y depresión. Los propios investigadores señalan que todavía existen limitaciones para establecer relaciones causales. (Fassi et al., 2024).

Por eso, quizás la pregunta no debería ser solamente ¿cuánto tiempo pasamos en redes?”, sino también “¿qué nos pasa cuando estamos ahí?”

Internet también está cambiando nuestra forma de prestar atención

Esta problemática puede relacionarse con lo planteado por Nicholas Carr en Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?.

Carr cuenta que, después de pasar años conectado, comenzó a notar un cambio en su propia manera de leer y concentrarse. Explica que “la lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”(Carr, 2011).

Esta idea resulta interesante porque las redes sociales funcionan justamente a partir de estímulos rápidos: una publicación, una notificación, un video, otro video y otro más. Nuestra atención pasa constantemente de una cosa a otra. 

Carr también plantea que las notificaciones pueden convertirse en “una distracción, una intrusión en nuestros pensamientos” (Carr, 2011). Esto permite pensar que el problema no es solamente lo que aparece en la pantalla, sino también la interrupción permanente que produce.

Cada notificación nos recuerda que hay algo nuevo para mirar. Y cuando dejamos una aplicación para entrar en otra, nuestra atención tampoco necesariamente vuelve al punto en el que estaba.

Leer más, pero comprender menos?

En el Foro de las dos premisas apareció una discusión relacionada con esta transformación. Una de las premisas planteaba la posibilidad de que los llamados “nativos digitales” estuvieran desarrollando determinadas capacidades de manera diferente a generaciones anteriores. La otra se centraba en la posible caída de la comprensión lectora y en las diferencias entre leer en papel y hacerlo frente a una pantalla.

Estas afirmaciones no deberían tomarse como verdades definitivas. Por ejemplo, decir que las pantallas provocan automáticamente una disminución del coeficiente intelectual sería simplificar un problema mucho más complejo.

Pero las premisas sí sirven para hacernos una pregunta: si estamos acostumbrados a saltar rápidamente entre estímulos, ¿qué ocurre con nuestra capacidad para concentrarnos, leer profundamente y reflexionar?

Carr justamente analiza esta transformación. Según su planteo, la forma en que utilizamos Internet puede favorecer una lectura más rápida y fragmentada, en la que muchas veces recorremos titulares, imágenes y pequeños fragmentos en lugar de detenernos en un contenido durante mucho tiempo.

Esto también puede trasladarse a las redes sociales: estamos constantemente recibiendo pequeñas cantidades de información que compiten entre sí por nuestra atención.

Netflix tampoco es solamente “ver series”

El debate planteaba si Netflix puede considerarse simplemente un portal de entretenimiento o si también funciona como un medio de comunicación. La pregunta es interesante porque nos obliga a pensar que las plataformas digitales no son espacios completamente neutrales.

Netflix selecciona contenidos, los organiza y utiliza algoritmos para recomendar determinadas producciones. Las redes sociales hacen algo similar: seleccionan qué publicaciones aparecen primero, qué contenidos se recomiendan y qué estímulos vuelven a aparecer.

Esto no significa que exista necesariamente una única ideología detrás de todo lo que vemos. El punto es otro: lo que vemos está mediado por decisiones, algoritmos y formas de organización de la información.

"El algoritmo no conoce nuestra vida, pero sí aprende de lo que miramos"

Cada vez que nos detenemos más tiempo en una publicación, damos “me gusta”, comentamos, compartimos o buscamos determinado contenido, estamos dejando información sobre nuestros intereses.

Carr plantea que los algoritmos intervienen cada vez más en la manera en que encontramos información y construimos significado. En este sentido, la tecnología no solamente nos muestra información: también ayuda a organizar aquello a lo que prestamos atención. Esto puede convertirse en un círculo.

Vemos determinado contenido → nos interesa → interactuamos → el algoritmo nos muestra más contenido parecido → terminamos creyendo que eso representa la realidad.

Por ejemplo, si comenzamos a mirar videos sobre cuerpos perfectos, relaciones ideales o vidas llenas de éxitos, es posible que nuestro inicio se llene cada vez más de ese tipo de publicaciones. Entonces podemos llegar a pensar: “todos están así menos yo”.

Pero en realidad estamos viendo una selección creada por nuestras propias interacciones. "La comparación permanente también tiene consecuencias"

Compararse ocasionalmente con otras personas es algo bastante común. El problema aparece cuando esa comparación se vuelve una forma de evaluar permanentemente nuestra propia vida.

El U.S. Surgeon General también ha señalado preocupaciones relacionadas con la imagen corporal, la comparación social y la salud mental de los adolescentes. Además, advierte que una utilización muy elevada de redes se ha asociado con mayores riesgos, aunque nuevamente esto no significa que exista una relación causal simple. (U.S. Surgeon General, 2023).

Por eso, más que preguntarnos si las redes son buenas o malas, deberíamos preguntarnos qué lugar están ocupando en nuestra vida. No se trata de desaparecer de Internet

Las redes sociales también tienen aspectos positivos. Permiten comunicarnos, encontrar comunidades, aprender, expresarnos y mantener vínculos con personas que están lejos. La solución no parece ser simplemente abandonar Internet. Una alternativa puede ser aprender a utilizarlo de una manera más consciente.

¿Qué podemos hacer?

Primero: revisar lo que consumimos.

Segundo: cuestionar lo que vemos.

Tercero: recuperar momentos sin interrupciones.

Cuarto: volver a leer con calma.

Quinto: usar las redes para conectar y no para medirnos.

"Quizás el problema no sea mirar a los demás, sino dejar de mirarnos a nosotros mismos"

Las redes sociales forman parte de nuestra vida y probablemente van a seguir haciéndolo. Por eso, pensar que simplemente debemos eliminarlas puede ser una respuesta demasiado sencilla para un fenómeno mucho más complejo.

Los debates de los foros, las ideas de Nicholas Carr y las investigaciones actuales permiten pensar que la tecnología no solamente modifica lo que hacemos, sino también cómo prestamos atención, qué información consideramos importante y cómo construimos nuestra percepción de los demás y de nosotros mismos.

La próxima vez que entremos a una red social y pensemos que todos están viviendo una vida mejor que la nuestra, podríamos detenernos un segundo y preguntarnos: ¿Estoy comparando mi vida real con la parte de la vida de otra persona que decidió mostrarme?


Fuentes consultadas.

Carr, N. (2011). *Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?* Taurus.

American Psychological Association. (2023). *Health Advisory on Social Media Use in Adolescence*.

Fassi, L., Thomas, K., Parry, D. A., Leyland-Craggs, A., Ford, T. J., & Orben, A. (2024). *Social Media Use and Internalizing Symptoms in Clinical and Community Adolescent Samples: A Systematic Review and Meta-Analysis*. JAMA Pediatrics, 178(8), 814–822.

 Surgeon General. (2023). Social Media and Youth Mental Health.

Material trabajado en clase: Foro de las dos premisas y Foro de Netflix.


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