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El precio de estar conectados

Imagen extraída de Pexels
Por Melanie Victoria Silva.

De la promesa de libertad al control invisible

Internet nació con la promesa de democratizar el conocimiento y conectar a la humanidad, pero en apenas tres décadas esa utopía se transformó en un sistema de vigilancia global. Al principio, compartir era un acto de confianza: mostrarnos en línea parecía sinónimo de transparencia, participación y libertad. Pero con el tiempo descubrimos que esa exposición constante tiene un precio, y no es económico, sino la cesión de nuestros datos, emociones y decisiones. Esto me recordó un podcast generado con inteligencia artificial que escuché en una de mis clases, donde una idea quedó resonando: “cada interacción es utilizada para controlarnos por empresas privadas o gobiernos”. Esa noción sintetiza con claridad el cambio más profundo de nuestra era: la vigilancia ya no necesita cámaras ni agentes secretos. Hoy la vigilancia se disfraza de comodidad, de servicio personalizado, de recomendación oportuna. Pero detrás de cada clic amable hay un sistema que observa, registra y aprende de nosotros. El scroll infinito, las notificaciones y las recomendaciones personalizadas no son inocentes: están diseñadas para mantenernos dentro del circuito, generando más datos y más dependencia.

Como señala Carissa Véliz en su libro Privacidad es poder, “no existe la privacidad gratuita en plataformas que viven de recolectar información”. Y eso nos lleva a un punto inquietante: si todo lo que hacemos deja un rastro, ¿cuánto de lo que decidimos sigue siendo realmente una elección?


La vigilancia como ecosistema: el problema colectivo

Durante la pandemia, los límites de la privacidad se diluyeron bajo la lógica de la urgencia. En nombre del bien común, se multiplicaron las apps de rastreo y los sistemas de seguimiento ciudadano. Sin embargo, como subraya Carissa Véliz en su charla “Hablemos de omisiones” (YouTube), “no fueron las apps las que controlaron el virus, sino las pruebas masivas de COVID.” El problema no fue la intención, sino el uso posterior de esos datos. Una vez recolectada, la información comenzó a circular entre empresas y gobiernos sin transparencia ni control.

Véliz insiste en que “quien tiene los datos tiene el poder”, y que el modelo económico basado en su comercialización es insostenible: no se puede construir una sociedad libre sobre un sistema que lucra con nuestras vulnerabilidades.

El caso de TikTok lo expone con claridad (YouTube). Investigaciones de medios como Forbes y CNBC revelaron que la app tiene vínculos con el gobierno chino y una política de privacidad altamente intrusiva. Según especialistas en ciberseguridad, “TikTok es una app con potencial de espionaje masivo” (YouTube). Creo que, más allá del país de origen, el verdadero problema es la naturalización de la vigilancia: aceptamos que nos observen porque creemos que no tenemos nada que ocultar.

A diferencia de lo que solemos pensar, la vigilancia digital no se reduce a un asunto individual. No basta con “configurar la privacidad” o dejar de usar ciertas redes: el problema, como sostiene Marta Peirano en su charla TED “La vigilancia es un problema colectivo, como el cambio climático” (YouTube), es estructural y sistémico.

“El problema no es Internet, sino lo que pasa y hacen con ella.” — Marta Peirano

La periodista española explica que vivimos bajo el capitalismo de plataformas: un modelo en el que las grandes empresas tecnológicas (Google, Meta, Amazon, Apple, TikTok) ofrecen infraestructuras que parecen neutrales, correo electrónico, redes sociales, nube, entretenimiento, pero que en realidad funcionan bajo su lógica algorítmica.

Es decir: podemos expresarnos, pero dentro de un espacio controlado; podemos “ser libres”, pero según sus reglas. Este tipo de vigilancia no necesita de la fuerza: se sostiene en la cooperación. Cada usuario contribuye con sus clics y reacciones, reforzando un sistema que nos controla. Por eso Peirano compara la vigilancia digital con el cambio climático: ambos problemas afectan a todos, aunque la responsabilidad individual parezca mínima. Su propuesta es tan simple como radical: “poner la tecnología al servicio de los ciudadanos, y no a los ciudadanos al servicio del poder”. Eso implica repensar los derechos digitales, exigir transparencia y construir una cultura de datos éticos, donde compartir no signifique renunciar al control. La manipulación digital ya no actúa sobre lo que pensamos, sino sobre cómo sentimos.

El documental alemán sobre neuromarketing y control emocional, incluido en el material de una de mis clases, expone cómo la publicidad, la política y las redes sociales explotan las emociones para influir en nuestras decisiones. No se trata de un truco psicológico aislado: es una estrategia científica. Empresas y gobiernos utilizan sensores, estudios de ondas cerebrales y pruebas de mercado para detectar qué estímulos visuales o sonoros provocan placer, miedo o ansiedad. Con esa información, crean contenidos y campañas que maximizan el impacto emocional, moldeando la percepción de la realidad. Lo que antes era persuasión, hoy es programación afectiva. Las redes no buscan informarnos, sino mantenernos emocionalmente activos, porque las emociones generan más interacción, y la interacción genera más datos.

Imagen generada con IA

El caso de Cambridge Analytica fue apenas la punta del iceberg: millones de perfiles de Facebook fueron usados para dirigir propaganda política personalizada durante campañas electorales, incluyendo la de Donald Trump en 2016. Como resume el documental Nada es privado, “ya no votamos desde la razón, sino desde la emoción manipulada por un algoritmo.”

La neurociencia y la política se unieron en un nuevo tipo de poder: el poder de dirigir emociones colectivas sin necesidad de censura. Y, como si eso fuera poco, las plataformas que lo permiten se presentan a sí mismas como espacios “libres” y “democráticos”.


Homo Interneticus: la nueva especie digital

Imagen extraída de mapas públicos del IHMC  

El documental de la BBC “La revolución virtual: Homo Interneticus” (YouTube) retoma esta cuestión desde una perspectiva neuropsicológica. El investigador Nicholas Carr sostiene que “la tecnología nos moldea; no es neutral”. Cambia nuestras estructuras cognitivas y nuestra forma de pensar. El cerebro hiperconectado salta de estímulo en estímulo, incapaz de concentrarse: el usuario tipo se convierte en lo que el estudio de David Nicolas llama un “zorro virtual”, siempre disperso, incapaz de profundizar.

Imagen recuperada de Wikipedia 
El número de Dunbar, que establece que solo podemos mantener relaciones significativas con unas 150 personas, cuestiona la ilusión de los “miles de amigos” en redes. Sherry Turkle lo define con lucidez: “vivimos la vida de Facebook, no la nuestra.” Sacrificando calidad por cantidad. 

 

La sobreexposición, la ansiedad y la adicción, como se observa en Corea del Sur, la nación más conectada del mundo, son los síntomas de un nuevo tipo de ser humano: el Homo Interneticus, moldeado por los algoritmos y por la necesidad constante de atención.


Recuperar el control: alfabetización y conciencia digital

Frente a este panorama, la pregunta no es si podemos escapar del sistema, sino cómo aprendemos a vivir conscientemente dentro de él.

Carissa Véliz propone una respuesta clara: “la economía de los datos debe desaparecer”. No podemos seguir aceptando que el modelo de negocio más rentable del mundo se base en la explotación de nuestras vulnerabilidades (YouTube). Para ella, la privacidad no es un lujo individual, sino una forma de protección colectiva: “Mis datos no son solo míos; en ellos hay información de otros: familia, amigos, incluso generaciones futuras.” Esto plantea una nueva ética digital: la privacidad como bien común. Defenderla no es un acto egoísta, sino una manera de cuidar el ecosistema social del que dependemos. Pero también implica educación. Necesitamos alfabetización mediática y emocional, es decir, aprender a identificar las estrategias de manipulación, distinguir información de propaganda, y comprender que cada clic tiene un impacto político.

Marta Peirano y Nicholas Carr coinciden en algo esencial: entender la tecnología es la forma más efectiva de resistirla. No se trata de desconectarnos del mundo digital, sino de reapropiarnos de él, construir espacios más éticos y humanos, donde los algoritmos sirvan al conocimiento y no al control. Tal vez la pregunta no sea si Internet nos está cambiando, sino si todavía tenemos la voluntad de cambiar Internet.


🎧 Break Cultural — Para seguir pensando

La red no duerme, pero nosotros tampoco deberíamos dormirnos frente a lo que hace con nosotros. Si queres seguir explorando cómo la tecnología moldea nuestra forma de pensar, sentir y decidir, te invito a escuchar el nuevo episodio de Perspectivas, el podcast donde amplío los temas de este post.

🎙️ Capítulo 2: “Vigilados: entre la privacidad y la pantalla” — disponible en Spotify.


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Internet bajo la lupa: efectos invisibles


Vivimos rodeados de dispositivos e Internet forma parte de nuestra rutina diaria. Estás leyendo este artículo gracias a su conexión, probablemente bajo la creencia de tener control sobre la tecnología. Pero, ¿realmente somos nosotros quienes la controlamos? ¿Cómo nos afecta el ecosistema digital?

Existen muchas formas para lo que la gente utiliza la red. Se convirtió en el medio de comunicación e información preferido, ofreciendo numerosas herramientas, pero a su vez, transformando nuestras hábitos y funciones cognitivas como la atención y la memoria. Curiosamente, el control de este entorno digital esta en manos de grandes compañías trasnacionales extremadamente influyentes: Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google) y Facebook.

El dilema entre el daño y el beneficio

El cerebro es plástico, por lo tanto, puede cambiar con la experiencia, las circunstancias y la necesidad. Nuestra manera de pensar, percibir y comportarnos se transforma según el modo en que vivimos y las herramientas que utilizamos. Así lo advierte Nicholas Carr, escritor estadounidense, quien expresa su postura critica respecto al impacto de Internet en su libro Superficiales ¿Qué esta haciendo Internet con nuestros cerebros? 

Según Carr (2011) "los malos hábitos pueden arraigar en nuestras neuronas con tanta facilidad como los buenos" (p.25), debido al uso constante y desmedido de Internet concentrarse es más difícil que nunca. Las tecnologías de la distracción están siempre al asecho, listas para interrumpirnos. Desde una notificación en la pantalla hasta simplemente el impulso de revisar, por miedo a perdernos de la inmediatez.

Sacrificamos la calma, la concentración y el pensamiento critico en favor de la urgencia de lo inmediato. Saltamos de una tarea a otra, sin apenas terminar lo que empezamos. Afirma Carr (2011) "esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas" (p.8). Y al final, todo esto termina afectando cómo pensamos, cómo hablamos con los demás y hasta cómo estamos con nosotros mismos. ¿Alguna vez te lo habías preguntado?

Sin embargo, Internet ofrece una gran variedad de herramientas e información que, bien utilizadas, tienen muchos beneficios. En este sentido, Gary Small, neurocientífico y autor de El cerebro digital comparte investigaciones mas bien favorables, aunque advierte sobre los riegos de un uso excesivo. Muestra que el uso moderado estimula áreas del cerebro vinculadas al razonamiento, la creatividad y la toma de decisiones, favorece un aprendizaje mas rápido y puede ayudar a frenar el deterioro cognitivo provocado por la edad. 

Lectura superficial, pensamiento débil

El declive cognitivo de los nativos digitales es una realidad a la vista. Varias investigaciones demostraron que el aumento del uso de los dispositivos digitales disminuye el coeficiente intelectual y el desarrollo cognitivo. Una de ellas: La fábrica de cretinos digitalesun libro del neurocientífico francés Michel Desmurget, quien alerta sobre los riesgos del uso desproporcionado de la tecnología en las nuevas generaciones.  

Lejos de favorecer el desarrollo infantil y académico genera serias consecuencias físicas, emocionales e intelectuales. Se estima que, a este ritmo, antes de cumplir los 18 años los niños habrán acumulado tantas horas frente a las pantallas como si hubieran cursado 30 años escolares o trabajado durante 16 años a jornada completa.  

La exposición creciente a la tecnología, con la inmediatez y la multitarea como cimientos promueve un pensamiento más superficial. Como resultado, la disminución y pérdida de la comprensión lectora se presenta como un panorama preocupante, que desalienta y pone en riesgo el ejercicio del pensamiento crítico. En Argentina, el 46% de los estudiantes de primaria no alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora, una cifra que debe hacernos reflexionar sobre la influencia de los soportes digitales en los hábitos de lectura. 

¿Qué papel juegan las grandes corporaciones?


Los "gigantes tecnológicos" (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) dominan y monitorizan el mercado de las tecnologías de la información. Actualmente, resulta impensable no estar vinculado a alguna de estas corporaciones. Sus servicios son utilizados por miles de millones de personas en todo el mundo, influyendo y moldeando tanto nuestra percepción de la realidad como la información que consumimos. 

Es evidente que las Big Tech están impulsadas, ante todo, por intereses económicos. La monetización de nuestros clics y datos se convirtieron en recursos fundamentales de su modelo de negocio, pero también en herramientas de control y manipulación. De ahí la perdida progresiva de la privacidad: cuanto más interactuamos, más información entregamos, y más expuestos quedamos.

Dirigen sutilmente nuestras conductas, decisiones de consumo y el modo en que administramos nuestro tiempo. Todo está diseñado con un fin y un determinado sentido: los algoritmos y las estrategias de consumo adictivo están pensados para generar dependencia y maximizar el beneficio económico. En este sentido, plataformas como Netflix son un claro ejemplo de agentes que moldean percepciones, promoviendo hábitos de consumo pasivo dirigidos por algoritmos. 


Netflix no sólo entretiene: actúa como medio de comunicación. Con su estrategia elige qué contenido ver, cuándo y cómo, definiendo también qué narrativas sociales se vuelven relevantes. El formato del binge watching favorece a la lógica de consumo que atrapa, succiona y desorienta al espectador. Los contenidos que ofrece Netflix, muchas veces, definen qué temas se vuelven parte del debate social y mediático. 

Recuperar el control: el primer paso es entender el juego 

Saber cómo funciona el "detrás de escena" de Internet es el primer paso hacia un uso más consciente y responsable. Comprender que cada clic, cada búsqueda y cada dato que tienen un valor en este sistema. Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar los modos en que interactuamos con ella. Se trata de volvernos más críticos, más conscientes y con la voluntad de recuperar el control.

Bibliografía:

- Argentinos por la Educación. (s.f) #NoEntiendenLoQueLeen. https://argentinosporlaeducacion.org/quienes-somos/ 

- Cappelotto, L. (30 de abril de 2018). Netflix: ¿Portal de series o medio de comunicación? Cámara Cívica. https://camaracivica.com/netflix-portal-series-medio-de-comunicacion/ 

- Carr, N. (2011). Superficiales ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?. Taurus.

- Conecta Software (3 de febrero de 2024) Big Tech: Los gigantes tecnológicos. https://www.conectasoftware.com/magazine/big-tech-los-gigantes-tecnologicos/ 

- Gómez‑Cotta, C. (2023, 5 de diciembre). Igual de adictivas que el alcohol o el tabaco. Ethic. https://ethic.es/2023/12/plataformas-adictivas-mas-que-alcohol-tabaco/ 

González Pérez, E. (2024, 17 de mayo). El internet y el cerebro. Universidad Intercontinental. https://www.uic.mx/como-afecta-internet-al-cerebro-humano/ 

- Sandoval‑Almazán, R. (2011). Mentes en peligro: El daño de internet en nuestro cerebro. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-14352011000200010 






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¿REDES SOCIALES O TRAMPAS SOCIALES?

La trampa
¿Quién puede asegurar con certeza que las redes sociales son buenas? Desde ya esta es una pregunta retórica, lejos de ser beneficiosas, las redes sociales pueden generarnos grandes problemas si no tenemos en cuenta cuestiones de seguridad. Incluso también son peligrosas en el campo psicológico. En el segundo capítulo del podcast "Inteligencia No Artificial" abordaremos los peligros de utilizar ingenuamente las redes sociales.
Si tienes Instagram o Tik Tok no puedes dejar de escuchar este episodio.
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¿Existe la privacidad en internet?

Hoy en día, el uso de internet no es para un público especifico, desde chicos, adolescentes y personas mayores de edad, concurren  a las redes sociales con alta frecuencia. Pero no muchos, tienen el mismo cuidado cuando salen a la calle, que cuando navegan por diferentes sitios. El riesgo es igual en ambos lugares. Imagínese saliendo a la calle e ir dando su telefono, dni, dirección a cualquier extraño. Seguramente no se le ocurriría o tendría miedo, pero entrando a internet, sin saberlo, probablemente, brinda en cada click toda su información.


Los servicios de donde más se registra información son: Facebook, Twitter y Flickr. Aunque no lo crea, cuando saluda por facebook a un familiar o amigo, está compartiendo datos a estos sitios, los cuales toman cada click que usted hace para crear el perfil de identidad de la persona.

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La FTC y el Congreso están evaluando medidas como requisitos industriales más severos y la creación de una lista "no rastrear", similar a la lista federal "no llamar", con el proposito de detener la monitorización online.

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La venta de la privacidad

Navegar desde un ordenador, celular o tablet se volvió algo fácil y divertido, pero al mismo tiempo, esta actividad es cada vez algo mas publico.

Si navegamos por ejemplo desde facebook debemos saber que nuestras consultas van a estar limitadas a paginas o cuentas de esta red y que la búsqueda estará orientada por información personalizada que facebook va recopilando a medida que lo utilizamos. De esta manera nuestros intereses dejan de ser propios y pasan a ser controlados por otros.


Lo mismo sucede cuando navegamos en google, su motor de búsqueda se ajusta a nuestro perfil personal, a nuestros gustos. De esta manera, al realizar una consulta los resultados que nos arroja el sitio van variando.

Todos los usuarios deben tener conocimiento de esto ya que si quieren mantener su privacidad al resguardo deberán tomar ciertos recaudos para que no sean espiados por el mercado de Internet. En primer lugar existe la opción de utilizar buscadores alternativos, en segundo termino pueden usar la función de navegación privada. Por último pueden tener todas sus cuentas vinculadas a un navegador y utilizar otro para visitar las diferentes páginas de interés.

Si queremos vivir en un mundo real debemos cuidar nuestra confidencialidad, de lo contrario la sociedad se convertirá en un gran "Truman Show" digital.


ENCUESTA
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Las redes sociales y la privacidad



En los últimos tiempos con el surgimiento de Internet a escala mundial, las personas hemos ido modificando nuestro concepto de “privacidad”: ahora en las redes sociales elegimos construir un relato nuestro utilizando en muchos casos imágenes y anécdotas que hasta no hace mucho se mantenían en el ámbito de lo privado. Selfie cepillándonos los dientes, un estado sobre lo mal que me siento sobre mi separación, etc. Aún así, pareciera que la cuestión de nuestra privacidad se encuentra bajo nuestro control, esto es, que elegimos lo que queremos mostrar y contar. Pero detrás de las redes sociales, hay una estructura que lucra con nuestros datos.



Esta es la cara oculta de muchos sitios como Facebook y Google, para los cuales el gran negocio no es otro que la utilización de los datos personales de sus usuarios, cosa que no es sabida por la gran mayoría de las personas. Aunque existan sospechas, la empresa liderada por Mark Zuckerberg ha negado que los datos se vendan a otras compañías, y que solo son utilizados para las publicidades que aparecen en la página (ads personalizados de acuerdo con tu historial de búsquedas).

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Incluso ha habido controversia por casos de censura: las fotos no pueden mostrar desnudez, sea artística o no, y han generado críticas del feminismo la quita de fotos de madres amamantando. También existe censura comercial en el caso de una red social competidora, TSU, la cual comparte las ganancias de los avisos publicitarios con sus usuarios y no puede ser nombrada en Facebook –la compañía expresa que es por cuestiones de spam, aunque lo más probable es una estrategia de negocios–, por lo que se vuelve necesario prestar atención ante estas situaciones potencialmente peligrosas para la libertad de expresión y la privacidad. 
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La privacidad 2.0

Como es la privacidad en la nueva sociedad dependiente de la web, el Internet, y las nuevas y crecientes formas de comunicación.



Un aspecto esencial de la privacidad es la capacidad del usuario de controlar cuánta información revela,

CASI TODA LA INFORMACIÓN QUE SE MUEVE EN EL MUNDO ES DIGITAL

Eso quiere decir  que no solamente sirve para que algo suceda, sino que también queda almacenada en algún computador o un centro de datos,  por lo que puede ser procesada por cualquier empresa o persona que tenga acceso a esos equipos.
Estamos cómodos, sabemos los riesgos, pero no queremos hacer nada al  respecto. Las redes sociales originan una cantidad de información digital que a veces es difícil de imaginarse. Para dar algunos ejemplos, se emiten 9.100 trinos por  segundo, lo que equivale a 58 millones por día; se suben diariamente 55 millones de fotografías a Instagram; Walmart procesa un millón de transacciones por hora y en  YouTube los usuarios observan 6.000 millones de horas de vídeo cada mes y suben a esta red social 100 horas de vídeo cada minuto.
Más de 3000 millones de personas en el mundo usan Internet,
 y existen mas de 7000 millones de líneas de celular, cada vez más personas en el mundo hacen transacciones por la web y eso implica que dejen sus datos en el Internet.


Según un estudio:

EL 59% DE LA GENTE PIENSA QUE HA PERDIDO LA PRIVACIDAD EN INTERNET

Esto significa que las personas están  un rastro digital que no se puede evitar. Esta gran cantidad de información ha dado nacimiento a una tendencia que está caliente, y es la de Big data. Las empresas entendieron que analizar trinos, fotografías, datos en Facebook, videos en YouTube les suministra mucha más información estratégica para sus negocios que cualquier estudio de mercado que se contrate.
Cada vez que una persona use su tarjeta de crédito, haga reservas y compras por Internet, use un sitio de comercio electrónico,  viaje por cualquier aerolínea, se aloje en un hotel, visite páginas web y, en general, cualquier actividad normal de la vida diaria, estará dejando información sobre su vida,
sus gustos y sus costumbres.
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Lo más curioso ante todo este peligro que son los datos que dejamos en toda la Internet, es la ignorancia en la mayoría de los casos y no nos preocupamos por esta problemática y no tomamos consciencia de lo que nos puede causar a nosotros como persona. Los riesgos de la privacidad nos afectan directamente como consumidores de cualquier portal de Internet en el cual dejemos nuestros datos, los cuales pueden ser manipulados fácilmente por el gobierno o por empresas privadas.
Un especialista de la Universidad de Barcelona no dice e informa como se acota la privacidad en el mundo del Internet.

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En fin podemos llegar a la conclusión primero de la falta de concientización que hay para los usuarios a la hora de dejar nuestros datos en la Internet. A la hora de mostrar noticias sobre los peligros de que nuestros datos estén en la web, se presta muy poca atención a sus riesgos como consumidores.
El incremento de uso de las redes sociales no ha hecho sino abrir la posibilidad de compartir información preocupándose poco de quienes acceden a los datos, quizás confiando en que alguien más haga algo al respecto.
La explicación podría estar en que el uso de las redes sociales sigue en auge pero no la consciencia sobre como cuidarse en ellas.


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Perdiste tu intimidad, ¿lo sabias?

Pocas personas saben que su información personal se encuentra expuesta en la red y que cada vez son más las empresas que tienen acceso a todos sus datos, gustos, direcciones, hobbies y ubicaciones.



En las sociedades actuales resulta cada vez más normal encontrar casas con objetos tecnológicos conectados en red. Computadoras notebooks, tablets y celulares conviven con las personas y forman parte de la vida cotidiana de las personas que no pueden pasar un día sin haber ingresado a internet para revisar sus perfiles en las redes sociales, mirar noticias, jugar o buscar información. Sin embargo, pocos son consciente o están informados sobre la cantidad de datos personales que comparten con todo el mundo.
un chico que nace hoy crecerá sin conocer el concepto de privacidad
Nos dice Edward Snowden, aquel que hizo  público documentos de la NSA y la CIA donde dejaba al descubierto las operaciones de rastreo y seguimiento que realizaban las agencias a diferentes organizaciones y paises del mundo. El consultor tecnológico, es uno de los acerrimos defensores de la privacidad de las personas y  generó diferentes articulos sobre el cuidado de nuestra información como ser "Los 8 consejos de privacidad" y diversas conferencias como :
No debe resultarles extraño que actualmente todas las aplicaciones nos dan la oportunidad de generar una cuenta o de hacer "la forma más rapida" que es conectarrnos a través de Twitter, Facebook, Gmail o alguna otra cuenta que tengamos. Al hacer esto, no realizamos otra cosa más que darle a estas empresas la posibilidad de acceder a toda nuestra información, nuestros contactos, nuestros gustos y los gustos de nuestros amigos, para asi ellos poder publicar en sus muros, los nuestros, compartir cosas ,y asi, llegar a mayor cantidad de clientes.

todos llevamos un sensor que rastrea nuestros movimientos en nuestros bolsillos
Nos dice Edward con respecto a los smartphones con GPS. ¿Acaso nunca se preguntaron como hace Facebook o Google para darnos información sobre cosas cercanas a nosotros? ¿ O cómo nos aparecen publicidades en Facebook de articulos que estábamos buscando comprar en otras paginas? Varias respuestas a los usos de Facebook lo encuentran en la nota "Siete cosas que no sabes sobre Facebook" y especialmente en Decir Web donde desarrollamos el tema de las redes sociales en determinadas oportunidades.

Angel Barrios, responsable de seguridad de tecnologias de información de EUSKALTEL nos habla sobre la seguridad de nuestra privacidad en forma clara y concisa.(como podemos escucharlo en el audio anexo).
...

Nuestra privacidad debe ser nuestro mayor tesoro y debemos resguardarla, para eso solo tenemos que investigar, indagar, introducirnos en las opciones avanzadas de nuestras cuentas y observar lo que compartimos, para asi poder preservar nuestros datos privados que no queremos sean de alcance público.
En el siguiente video observamos algunos consejos esenciales para lograr mantener nuestra privacidad
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